13 de diciembre de 2017
Por Augusto Meyer
ameyer@diarioeltiempo.com.ar
El autor de “Cambio de época” estuvo el lunes por la tarde en el Salón Cultural. “Si la hipótesis del cambio de época se cumple, es importante ver cuáles son aquellos aspectos en los que yo estoy más fuerte para poder adaptarme y en qué otros necesito trabajar. Hace 400 años pensábamos que éramos seres racionales que nos dábamos el lujo de tener alguna emoción y hoy nos damos cuenta que somos seres emocionales que pensamos”, expresó a este diario quien además es Director General del Centro de Entrenamiento Ontológico y Profesional (CEOP).
“El tema de pensar la emoción que nos atraviesa y nos hace ser quienes somos y lo que hacemos, es tan importante como la manera en que nos comunicamos”, expresó Alejandro Marchesán a EL TIEMPO. Luego presentó el libro “Cambio de época” en el Salón Cultural. NACHO CORREA
Alejandro Marchesán, Director General del Centro de Entrenamiento Ontológico y Profesional (CEOP), estuvo el pasado lunes en Azul para presentar su tercer libro: “Cambio de época”. La actividad tuvo desarrollo en el Salón Cultural. Desde el inicio de su disertación, Marchesán propuso un animado ida y vuelta con el público. Previo a la exposición, el coach dialogó con EL TIEMPO.
-Hablar de ‘Cambio de época’, como se titula su libro, deja mucha tela para cortar.
-Sí. No es el cambio de época referido a un solo cambio sino a varios cambios que impactan de manera sistémica para establecer un cambio.
-¿Qué le propone al lector?
-La propuesta tiene que ver con poder hacer un alto en la acción sin dejar de accionar; un alto para reflexionar. Y reflexionar acerca de que hay un montón de cosas y cambios que están sucediendo en distintos ámbitos del quehacer social; esto se da en las juventudes, en la política, en la economía, en la cultura. Estos cambios, si los trabajamos de manera aislada y no los vemos en un contexto más amplio, nos pueden poner frente a la situación de que haya cambiado la época y sigamos pensando y actuando con el modelo mental de la época anterior. Parto de una idea comparada de lo que fue de la edad media a la modernidad y ver cuáles son los requerimientos para uno poder ir adecuándose a este cambio de época.
-¿Hacia dónde deberían dirigirse esos cuestionamientos?
-La pregunta en este cambio de época es un recurso inagotable. No podemos dejar de hacernos preguntas porque la velocidad del cambio y la volatilidad, hacen que las respuestas que ayer nos servían, hoy quizás no nos sirvan o nos sirvan menos. Si la hipótesis del cambio de época se cumple, es importante ver cuáles son aquellos aspectos en los que yo estoy más fuerte para poder adaptarme y en qué otros necesito trabajar. Hace 400 años pensábamos que éramos seres racionales que nos dábamos el lujo de tener alguna emoción y hoy nos damos cuenta que somos seres emocionales que pensamos. La pregunta de cuál es mi educación emocional es importantísima.
Tecnología y comunicación
-Cómo sociedad ¿qué deberíamos replantearnos primero: el manejo de la tecnología (en especial el uso de las redes sociales) o la comunicación? Las dos cuestiones van de la mano pero, cuando parece que nos comunicamos más, en realidad nos comunicamos menos.
-Sí. Tal cual. Esta época toma un poco de distancia de poner esas prioridades porque puede ser que a vos te impacte por tu trabajo más el ambiente tecnológico de lo que me puede impactar a mí, y viceversa. El tema de la comunicación en la organización y con gente tiene, en mi caso, mayor relevancia que la tecnología. Sin embargo, van juntas. Si yo tuviera que elegir empezaría por dos ámbitos. Primero por la comunicación humana; es decir, cómo nos estamos comunicando los seres humanos y de ahí tomaría el trasfondo del tema emocional de las relaciones humanas. Hay mucho de emocionalidad desbocada en el mundo. El tema de pensar la emoción que nos atraviesa y nos hace ser quienes somos y lo que hacemos, es tan importante como la manera en que nos comunicamos.
-Trabaja usted en una tarea difícil, por etapas, con vistas a propiciar cambio de situaciones que están conduciendo a la sociedad o al mundo casi que a un abismo.
-Sí. Tus preguntas son muy interesantes y muy sentidas. En algún momento, quizás cuando era más joven, pensaba en cambiar el mundo, como cualquiera de nosotros lo podía imaginar. Ya entrados los 55 años no tengo la vocación de cambiar el mundo, pero sí de que el mundo sea un poquito mejor. La ides es que después de esta conversación nuestro mundo sea un poquito mejor y, si eso se complementa con otros pequeños mundos mejores, quizás a futuro tengamos mejores realidades. Yo no hablo de abismo sino de una extinción social donde hayamos perdido el para qué en nuestra socialización. Esto es una especie de anticipación para no llegar a ese punto y hacernos cargo de la crisis del sentido de la humanidad, que es superior a una crisis de petróleo, comida, calidad del aire, etc.
“Cuando escucho decir que ‘todo tiempo pasado fue mejor’ digo que el tiempo pasado, es el que nos llevó al tiempo que estamos viviendo hoy. Yo cuestionaría cuán mejor fue”, señaló el disertante y escritor a este diario.
-El coaching ontológico cambió la forma de ver las cosas a quienes realizaron el curso.
-Sí. El coaching ontológico vino a atender una necesidad, que es que los seres humanos comiencen a trabajar consigo mismo pero sin partir de una patología o de una carencia, sino de una responsabilidad de hacerse cargo de su propia vida y desde ahí los cambios personales y relacionales que se dan son muy importantes; se pueden observar y medir empíricamente. Cambia la acción de la persona y por lo tanto su manera de ser, que deriva en un comportamiento diferente. El coaching ontológico tiene un impacto emocional y social muy grande.
El descubrimiento del coaching
-¿Cómo descubrió el coaching?
-Cuando todavía no existía en la Argentina. Hace veinte años atrás yo trabajaba en una empresa, era gerente y un fin de semana nos llevaron a todos los gerentes y tuve la posibilidad de conocer a quien terminó siendo mi entrenador durante tres años y dije ‘este es el futuro, es mí futuro, por acá viene la cosa’. Ahí me reposicioné organizacionalmente, me formé como coach y después abrí una propia consultora y escuela de coaching. Asistimos desde hace dos décadas a empresas y entrenamos coaching con el fin de poder ampliar la superficie. El coaching lo conocí cuando pensaba que tenía el juego resuelto de mi vida y todavía no había empezado a jugar el juego.
-En veinte años el mundo cambió y el coaching ¿se ajusta a la realidad que vivimos?
-Cuando escucho decir que “todo tiempo pasado fue mejor” digo que el tiempo pasado, es el que nos llevó al tiempo que estamos viviendo hoy. Yo cuestionaría cuán mejor fue. En una reunión me decían que tenemos una profunda crisis de valores y la pregunta que me hago es quién lo dice. Se supone que el que lo dice se refiere a otros, no así mismo. Quienes hablan de la crisis de valores, algo que comparto, habría que ver a qué nos referimos. Es como decir que los jóvenes no tienen valores o que no se comprometen. Eso es no entender a los jóvenes. Ellos se comprometen de una manera diferente; tienen un compromiso con la calidad de vida que quizás nosotros no teníamos. ¿Qué es mejor? ¿El tiempo anterior donde nuestros padres y abuelos daban la vida por el trabajo o el tiempo que empieza a vislumbrarse, con algunas nuevas generaciones que dicen que hay que trabajar para vivir, por supuesto, pero no vivir para trabajar?
-¿Qué alcance tiene el coaching en situaciones de la vida cotidiana?
-El coaching es una práctica profesional; ni siquiera es ciencia porque la ciencia trabaja desde el estudio del objeto y nosotros trabajamos con sujetos, con personas. No es la solución pero sí es una oferta importante para que en esta fragmentación de lo que denomino desgarro del tejido social, pueda haber hombres y mujeres que trabajaron consigo mismo y después con otros para conferir sentido, que es lo que el coaching ofrece aún en situaciones complejas de la vida. A veces escuchamos que la vida no tiene sentido. La vida es la vida; el sentido se lo confiere uno. Lo que hemos perdido, como dice el profesor Rafael Echeverría, autor de “Ontología del lenguaje”, es la capacidad de conferirle sentido a la vida. Ante esas situaciones críticas el coach puede colaborar en restaurar ciertos espacios del tejido confiriendo sentido.
Masificar el entrenamiento: ¿por qué no?
-¿Si lo llama el presidente de la Nación y le pide que sus charlas sean masivas, que se transmitan por la televisión pública y en escuelas, como si se tratara de parte de un aprendizaje?
-Un futuro diferente está a una conversación de distancia. Tendría que aparecer la conversación y tenerla. Las conversaciones son para ser tenidas. Más allá de la conversación, si la cuestión pasa por el valor agregado que esto podría generar, creo que sería enorme no sólo por lo que yo pudiese contribuir sino por lo que puedan aportar otras personas. Si esa conversación se diera sería viable; sería una gran posibilidad y, si queremos un futuro diferente, tenemos que tocar la conversación. Tenemos que preguntarnos cómo estamos conversando los seres humanos con nosotros mismos y con otros. Muy bueno sería si en esta conversación pudiésemos como líderes sociales, políticos y de otros ámbitos, no sólo arreglar los problemas de Argentina sino empezar a pensar cuál es la Argentina que vamos a dejar. Arreglamos problemas y tenemos la gran frustración que pasa porque los problemas vuelven a aparecer. ¿Cuánto hace que en el país venimos hablando de la inflación?: décadas. Un filósofo argentino dice que tenemos la capacidad de no renovar nuestros problemas. Si vamos a tener problemas como parte del devenir, es bueno al menos una conversación que genere nuevos problemas para tener una visión de país.
-¿Le entusiasma encontrar gente en las charlas y lectores de sus libros?
-Esta es la ciudad trece o catorce en el recorrido nacional. Mañana (por ayer) culminamos en Pilar. Hemos llegado a alrededor de 1.500 personas, que es un granito de arena en una playa de una sociedad. Estamos contentos de que esta conversación de un cambio de época nos invite a pensar y reposicionarnos en lo individual y colectivo. Es el tercer libro que tengo la posibilidad de escribir y es notable lo que genera. Se habla mucho en los medios de comunicación de cambio de época, pero me parece que se habla sólo de política, de gestión, y eso es sólo una parte.
¿QUÉ ES EL COACHING?
El Coaching Ontológico (entrenamiento del ser y hacer humano) es una disciplina basada en la elección (compromiso), el poder como capacidad de acción y la superación del coachee (persona que busca la asistencia del coach).
Es una nueva disciplina que nos acerca a la obtención de objetivos, permitiéndonos un decidido desarrollo personal y profesional basado en el fenómeno del compromiso. También, un sistema de preguntas que se realiza desde la aceptación del otro y el no juzgamiento; y una relación donde el coach asiste al coachee para pensar de una manera diferente mientras lo acompaña y sustenta en el proceso de transformación y obtención de resultados.
USO DEL LENGUAJE
Un coach opera en la construcción de sentidos y para esto, utiliza el lenguaje para tal construcción, integrando los diferentes dominios que constituyen al individuo, equipo u organización. Si bien el coaching no es una técnica, como disciplina emergente y en construcción, es portador de un conjunto riguroso de distinciones, prácticas y metodologías de intervención, que lo presentan como una poderosa profesión, cuya demanda creciente, lo propone como una adecuada y efectiva respuesta a los desafíos sociales contemporáneos.
Un coach es una determinada manera de “ser servicio y compromiso” con el otro. Un coach, para quien lo esencial es la valoración del ser humano, lo cual se expresa en el servicio, el compromiso, la acción elegida y los resultados que generen en el otro una manera de ser y hacer que lo complete y, especialmente, lo satisfaga.
DESTINATARIOS DEL COACHING
Según el CEOP son destinatarios del coaching: quienes tengan una meta o un objetivo sin concretar; quienes estén abiertos a la transformación, el crecimiento personal y profesional; quienes deseen mejorar su mundo de relaciones; quienes consideren necesario aumentar su capacidad de comunicarse con otros; quienes están buscando una oportunidad para diseñar su futuro; quienes están frenados en algún área de su vida; quienes quieran encontrar el sentido de su vida y dar propósito a lo que hace; quienes estén dispuestos a jugarse por sí mismos; quienes quieran más, mejores y/o diferentes resultados; quienes simplemente deseen como logro, completarse o estar en paz consigo mismo.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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