17 de agosto de 2015
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Ayer venció 5 a 4 por penales a Chacarita y es el primer finalista que tiene el certamen. Desde el año 2009 que la institución albinegra no consigue un título oficial y a partir del próximo fin de semana estará jugando la serie decisoria ante quien se imponga hoy en la otra semifinal.
Dentro de los noventa minutos, antes y después del tole tole. Esa podría funcionar como una pista primaria de lo que aconteció en el Emilio S. Puente. Cuando por los veinte minutos se produjeron varios y nada disimulados incidentes entre jugadores y auxiliares de ambos equipos, hechos que en la consideración del juez Grazziano merecieron, increíblemente, apenas un manojo de tarjetas amarillas y sermones varios, el cotejo comenzó a afearse progresivamente y todo ese esplendor futbolístico florecido antes (de lo más atractivo del año), se marchitó casi por completo, aunque nunca se disolvió del todo el atractivo de la semifinal.
Esta vez, Alumni fue claramente el mejor de los dos, logrando imponer varias de sus claves: el talento individual, la gravitación ofensiva fundamentalmente por los costados, la efectividad defensiva en la neutralización del juego rival. Chacarita ofreció su mejor versión en el primer tiempo, aunque nunca terminó de empardar a su oponente. Desde una perspectiva general, resultó llamativa el escaso relieve ofensivo, cuyas causas deben explorarse en un contexto colectivo.
Si bien el encuentro no les permitió estar tirando papel picado y soplando espantasuegras todo el tiempo, la fiesta de los alumnistas comenzó a tomar forma a los 3’ y merced a un tanto espectacular: Duarte avistó a Mazzante en su ingreso al área por derecha, su centro fue rechazado –corto– por Cáceres a pedir de Guevara; parado junto a la medialuna, uno de los más zurdos entre los 22 lanzó un derechazo fuerte que fue a dar en la comunión del travesaño y el poste izquierdo del arquero, que tan solo pudo atestiguar.
El albinegro dejó en claro su predisposición no bien activado el cronómetro, rápidamente se repuso del imaginario generado en la ida y una jugada muy bien concebida con la pizca de fortuna necesaria, hizo posible el objetivo que –se presumía– tardaría mucho más en alcanzarse.
Lo que se empezaba a repetir de algunos tramos del cotejo jugado en Urioste y Rauch, eran algunos nutrientes que daban como resultado un partidazo: un ritmo infatigable, atrevimiento individual, la posesión como premisa. Pero el campo estaba muy blando, con mucho barro bajo el césped, y la factura no tardaría en ser pasada.
El empate del sureño también tuvo algo de Déjà vu respecto al partido de ida: tiro de esquina desde la derecha, Gonzalo Raidigos se hizo chiquito y cabeceó cruzado al segundo palo, por donde (como aquella vez) Junior Gómez empujó al gol.
No demoró casi nada el desnivel en el marcador nuevamente para la cebra. Una justa cesión vertical puso a Mazzante cara a cara con Cáceres, con toda la defensa mirándole el número al “Paisano”. Al menos País decidió intervenir u desde atrás fauleó al volante sobre el punto penal. Duarte cobró al contado y, otra vez, estaban en los penales.
Extrañamente, Chacarita se mostraba destartalado, desconectado; sólo segundas jugadas le permitían disponer de ocasiones en los metros finales, allí por donde Ibáñez pasaba la tarde con relativa tranquilidad. La combinación Gómez, Isasmendiz, Miglino no se producía y tan solo Zirilli ensayaba con más suerte las incursiones verticales, aunque casi todas con horizontes menguados. Ante este estado de las cosas, los mayores daños los sufrían Raidigos y García en la delantera.
La realidad del cotejo le confirmaba el rumbo a Alumni, que no hallaba mayores motivos para alterar su clave del éxito: la recurrencia de los avances abiertos (Rodríguez y Guevara por izquierda/ Mazzante y Pouyannes por derecha), buscando generar el 2-1, llegar al fondo y mover lateralmente a la defensa tricolor. Las pelotas largas formaban parte ese repertorio, aunque no siempre tenían un sentido, cuando eran utilizadas como canal aliviador más que como puente de conexión.
Tenía mucho para revertir el funebrero en el complemento y, por raro que parezca, entre las urgencias no estaba el resultado. Burgos optó por José Raidigos –su capacidad para sostener el juego, asociar compañeros, jugar de espaldas– en lugar de la velocidad y verticalidad de García. Pero más allá de algunas intentonas del “Negro”, Chacarita no prosperó ofensivamente; por naturaleza (y el estado de la cancha también), José se acercaba más a la posición de Isasmendiz y aislaba todavía más a su sobrino Gonzalo. Mientras, uno de los centrales alumnistas, Hoursouripé, seguía jugando con una rodilla rota (pronto será operado) y daba tantas ventajas como méritos para el aplauso. Llamativamente, el visitante no exigía en nada la agónica resistencia del “Tincho”.
No le pesa (e incluso le reditúa) la pasividad a Alumni. Y ayer, echado a rodar el complemento, cuando Chaca ajustó clavijas en pos de controlar el desarrollo, la estructura albinegra se plantó en su mitad, reduciendo los espacios entre Boggi y la dupla central (en el primer tiempo fue un lugar de tenue gravitación rival) y ampliando la cantidad de metros hasta Cáceres, distancia que potencia la contraofensiva alumnista, necesitada de espacios grandes para sacra provecho.
Pero de ese segundo plano el local emergió sobrepasada la mitad de la etapa, habiendo comprobado que el sureño no conseguía revertir sus falencias; sin enormes determinismos pero efectivamente, recobró las riendas.
De todas formas, la alegría de Alumni era una alegría tensa, fría, pues un tanto rival lo sacaba de la final. Y cualquiera podría imaginar que Chacarita era una tromba en pos de esa conquista que atomizara las esperanzas albinegras, pero no: haciendo gala de su eterna paciencia (y en parte por desméritos propios), el funebrero jugaba como sabiendo de antemano que el cielo nublado de sus posibilidades se iba a despejar en una única ocasión que, tarde o temprano, iba a llegar.
Y esa especial oportunidad de gol llegó a los 46’ y fue el segundo disparo al arco de Chacarita en el complemento (el primero se había producido seis minutos antes): Gonzalo Raidigos desperdició un muy ventajoso mano a mano ante Ibáñez, luego de recibir un envío largo que su arquero hizo desde el área.
El triunfo de Alumni fue tan bien argumentado como la derrota que padeció en la ida. Esta versión, con matices, fue más ambiciosa y estuvo bien respaldada por destacables rendimientos (Guevara, Mazzante, Boggi, Duarte, Norte). La clasificación en los penales vino a premiar la apuesta de ayer.

El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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