28 de agosto de 2015
Dos casos idénticos sucedieron en el partido de Azul con una diferencia de tres años de diferencia. En ambos, por un accidente de tránsito cuando concurrían con sus padres al Hospital de Niños “Juan P. Garrahan”, sito en Capital Federal para un control de rutina, fallecieron dos niños trasplantados y sus padres, recibiendo lesiones las madres.
En el primero el automóvil que los transportaba fue embestido a las 8,15 en la Ruta Nacional número Tres, kilómetro 306, por un camión. En el segundo, a las 5,13 horas en la avenida Manuel Chaves de esta ciudad cerca de la Ruta provincial Nº 51, se cruzó un caballo y fue envestido por el vehículo automotor.
Los afectados fueron una familia de Tres Arroyos y otra de Azul.
En ambos casos la comunidad había sido testigo de la fortaleza y valentía que habían demostrado los pequeños y sus familiares que no bajaron nunca los brazos hasta conseguir luego de meses de angustia un donante para cambiar el corazón enfermo por un órgano sano.
Los dos niños y sus familiares sabían que solamente un trasplante era posible para que pudieran seguir con vida. Para conseguirlo estuvieron internados en el mismo nosocomio donde iban para hacerse los controles de rutina, soportaron el respirador artificial a la espera del órgano nuevo por mucho tiempo hasta que un día apareció el corazón y fueron trasplantados con total éxito quirúrgico.
Esta novedad produjo un alivio generalizado en ambas comunidades, aún en aquellos que no tenían contacto cotidiano con los niños y sus familias, a partir de la esperanza que transmitían los semblantes de los niños una vez que fueron intervenidos quirúrgicamente y regresaron a Tres Arroyos y Azul.
Para ellos comenzaba una vida normal, asistiendo a establecimientos educacionales, jugando con compañeros y amiguitos, realizando todas las actividades que realizan los chicos de su edad, y recibiendo el afecto y el amor que le dispensaban sus padres, familiares y amigos.
Pero el destino, una mañana, quiso que, lo que la ciencia y la capacidad de los profesionales trataron de evitar, fuera una realidad. Ya no se los puede ver más jugando en el patio de la escuela, riéndose, gozando de la vida.
Estas tragedias causaron un profundo pesar, dolor, impactando terriblemente en el seno de ambas comunidades: tresarroyense y azuleña, dada la lucha que habían encarado y el apoyo con el que contaron por parte de la población de cada una de las ciudades.
La vida de estos dos niños se la puede sintetizar como generadora para su familia y seres queridos de alegría, cuando nacieron. Angustia cuando se enteraron de la patología que tenían. Felicidad cuando la ciencia y la capacidad de los profesionales lograron transplantarles un corazón con la esperanza de tener una vida normal durante muchos años. Y dolor por la pérdida de sus vidas por un accidente de tránsito después de vivir no más de once años.
¿Es la sucesión de hechos que guían la vida de las personas de manera inevitable? ¿Es una adversidad inevitable? ¿Es una doctrina donde todo lo que sucede esta predeterminado y no se puede escapar al destino? Para los creyentes ¿Es una actitud de Dios? No se sabe. Solamente se puede decir que son esos grandes misterios que tiene el universo. Lo que sí es cierto es el dolor, el desazón que deja estos hechos desgraciados en las personas que lo aprecian.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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