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Por Adrián Gelosi y Silvio Randazzo,
sección Deportes de EL TIEMPO
La cobertura mediática que concentra el fútbol local ha crecido en gran medida en los últimos 8, 10 años. Hablamos específicamente de la práctica deportiva bajo el amparo de la Liga de Fútbol, aunque de igual forma sucede con otro tipo de competencias futboleras, como, por ejemplo, los certámenes comerciales.
En el caso de la Primera División, reflejar los pormenores de los cotejos dejó de ser interés exclusivo de este diario, el canal local y Radio Azul; las transmisiones y los programas de las FM fundamentalmente han proliferado (no sólo en Azul) y con ello la asistencia de cronistas a los estadios vernáculos.
Esta circunstancia actual reclama, esencialmente, estructura en las canchas para albergar la labor periodística, estructura que -de ser posible- debe ser presentada respetuosamente en pos de la tarea de quienes jornada tras jornada la usufructúan. Nadie pretende accesorios lujosos, sino simplemente la comodidad básica para contemplar el juego y desempeñar la respectiva tarea (la radio o el canal requieren de otro tipo de infraestructura que el diario). Lo dicho aquí incumbe primariamente a las instituciones que, desde bastante tiempo atrás, ya disponen de cabinas en sus estadios, razón por la cual no deberían construir desde cero.
¿De qué se trata entonces? De que los clubes azuleños agoten esfuerzos para dotar a sus estadios de las condiciones básicas para que los medios consigan desempeñar su trabajo de manera óptima (de igual forma para los jugadores, el público, la persona que cobra la entrada). Deben pugnar por ampliar instalaciones, no por reducirlas o acotarlas, o peor aún, tornarlas selectas.
Quienes suscriben, el pasado fin de semana comprobaron -con desazón- que Alumni Azuleño hizo todo lo contrario a lo que la cotidianidad necesita (además de evidenciar un profundo irrespeto): en el Emilio S. Puente, la prensa escrita perdió la cabina que -durante años y hasta pocas semanas atrás- estuvo designada a su labor. La dirigencia albinegra, en concordancia con la emisora de FM “beneficiada”, decidieron barrer el espacio que estaba destinado a la prensa escrita y sumarlo a una pequeña cabina contigua para dar forma a un nuevo espacio -cerrado- que pasó a ser (textual del cartel pegado en su puerta) “exclusivo” de la radio en cuestión. Ahora, con esta nueva disponibilidad (porque también allí hay otras exclusividades que denostamos), en el estadio de Alumni tres cabinas están a disposición de emisoras radiales y una de la filmación del cotejo (por ello no tiene vidrio y sí una “persiana” de chapa).
Claro que cuando el cotejo que allí se dispute no demande la masiva atención mediática, un cronista de prensa escrita podrá -de manera furtiva- usurpar el espacio ajeno (tal como sucedió el último domingo, merced a que no hubo medio que filmara el partido entre Alumni y River). Pero distinto será el estado de las cosas cuando el Emilio S. Puente convoque un partido trascendental y los medios aglomeren enviados en torno a su desarrollo. ¿Haremos un ratito cada uno?
Finalmente: ¿Qué lectura debemos hacer de esta limitación de espacios? ¿No nos quieren allí? ¿Cuál es el criterio de selección para establecer exclusividades? Porque si es por “chapa” de cada medio…
Es obvio que hay resoluciones prácticas y que estamos dispuestos a adoptar cuando las motivaciones son otras, pongamos por caso, la limitante económica que impide a una institución optimizar su patrimonio. Lo hemos hecho y así será en el futuro (seguir el encuentro desde la tribuna o junto al alambrado). Pifia de manera grosera quien supone que nos movilizan los berretas resortes del vedettismo. Reclamamos, para todos los medios, igualdad de condiciones e instalaciones dignas.