El camping municipal es una de las cartas de presentación que tiene Azul para fomentar el turismo.
Por Augusto Meyer
ameyer@diarioeltiempo.com.arEl espacio público es epicentro de situaciones que difícilmente puedan generar el interés y tranquilidad entre quienes nos visitan. Ayer, en el marco de la visita que este diario realizó con motivo de la presencia de un grupo de exploradores, se pudo tomar contacto con distintas circunstancias que alejan el foco al que se apunta cuando se habla de crear atractivos y fuentes laborales devenidas del desarrollo de la denominada “industria sin chimenea”. Insuficiente infraestructura en la prestación de servicios básicos; falta de recursos humanos idóneos para la atención al turista; escasa mano de obra para tareas de limpieza y mantenimiento; ausencia de personal para realizar vigilancia y control; y una falta de consideración del momento elegido para trabajar en mejoras en el predio. Todo eso, y algo más, lamentablemente, representa desde hace años el camping municipal de Azul.
Llamativamente el espacio cuenta con un único casero y encargado, quien además debe cumplir con las labores de mantenimiento de las instalaciones, corte de pasto, y restarle horas al descanso para impedir el accionar de quienes pretenden sustraer pertenencias de los turistas.
El camping viene acrecentando la demanda –allí se realizan encuentros de autos y de motos, y se da alojamiento a atletas y artesanos foráneos- y, con ello, el ingreso de recursos provenientes del cobro al turista por su estadía (uso de parrilla, electricidad, agua y sanitarios) y por la permanencia de carpas, casillas rodantes o motorhome.
Sin embargo, esos dineros que se suman al aporte a las arcas municipales de los contribuyentes por distintos conceptos, no se ven reflejados en obras y/o mejoras a dicho espacio.
El sitio está, desde hace algunos meses, a cargo de Luis Díaz, ex responsable del área de Vialidad Municipal.

La “reserva del camping municipal” que pocos azuleños conocen. Claro que la cartelería –totalmente inexistente- no ayuda.
Disparidades incomprensiblesDe acuerdo con los datos que este diario pudo recabar no hay una distribución equitativa y proporcional del personal municipal para las tareas de mantenimiento que se hace en espacios públicos clave situados en la zona del balneario.
Teniendo en cuenta los 1.852 trabajadores comunales en la plantilla -según reveló el año pasado el secretario de Gobierno Alejandro Vieyra-, no se entiende que el camping esté atendido por una sola persona; que en torno de la pista municipal se desempeñen tres empleados y que diez, lo hagan en el balneario.
El sentido común indica que se debería reforzar la asignación de personal al camping.
Un lugar por descubrirNo todos los azuleños saben de la existencia de la “reserva del camping municipal”, un sitio al que se accede básicamente bordeando la margen sur del arroyo, en dirección a la cancha de Cemento Armado, en el corazón del barrio Los Pinos. A menos que –como sucedió en los últimos días- haya algún contingente acampando en ese lugar, el lugar es prácticamente inhallable.
No sólo no existe cartelería alguna; tampoco la infraestructura de servicios básicos acorde con las circunstancias. De hecho, el grupo de exploradores de Boulogne que pernoctó once días allí, lo hizo en condiciones precarias aún cuando se realizó el pago de una suma de dinero como si se tratase del camping propiamente dicho. Les hicieron sendas “bajadas” de electricidad y agua.
La “reserva” está a unos 200 metros del camping principal y carece in situ de sanitarios, mesas, bancos, parrillas y demás prestaciones que este tipo de espacios suelen tener. La iluminación dista de lo ideal, a punto que los acampantes tenían que llegar al baño, bordeando el arroyo, alumbrándose con teléfonos celulares.
Un conocimiento previoTeniendo en cuenta que la “reserva del camping” no figura en ninguna folletería, los grupos interesados en acampar allí deberían recorrer previamente el lugar para evitar malos entendidos posteriores. Esa es la sugerencia que hace el encargado del predio, quien garantiza que los usuarios podrán contar con servicios de luz y de agua potable, y de baños y duchas en el sector central del espacio.
“Tienen que venir en diciembre y se les muestra dónde tienen que ir a buscar leña, dónde se tienen que bañar, la seguridad”, comentó
Jorge Bardas.
Al decir del trabajador municipal, son constantes las discusiones que tiene con vecinos azuleños que se acercan al camping para hacer un uso del espacio que contrasta con la tranquilidad que, por lógica, buscan tener los turistas. Los altercados son comunes entre los meses de noviembre y marzo, cuando obviamente se procura preservar el sitio para que lo usen los visitantes.
EL ARTE DE LA IMPROVISACIÓNCon decenas de turistas alojados en el camping, en el inicio de la temporada estival el Municipio llevó adelante distintas mejoras en el sector central de dicho espacio. Hubo construcción y reparación de parillas, de mesas y bancos. Lo inapropiado del caso fueron los horarios de esas labores, que se concretaron mientras los visitantes dormían.
Por otro lado, dentro del predio permanecían ayer montículos de escombros y de ramas y hojas que llevarían varios días o semanas sin ser levantados.
En tanto, durante la última noche de los carnavales se vivieron momentos de zozobra entre los acampantes cuando decenas de efectivos policiales se presentaron en el camping en varios móviles. Hubo corridas de madres buscando a sus hijos hasta que las fuerzas del orden –que buscaban a los responsables de los incidentes que hubo esa noche/madrugada- se retiraron.
Finalmente a la visible falta de una mano de pintura en las paredes perimetrales de la edificación que contiene a los sanitarios, se agrega la misteriosa “desaparición” de tablones y otros elementos que formaban parte de los utensilios del quincho emplazado en el camping.