17 de diciembre de 2018
HISTORIAS
La inclusión social para las personas con problemas de audición sigue siendo motivo de una lucha constante, en buena medida en el ámbito laboral. Así se desprende de los testimonios de Lucía Pica y Nicolás Orengo, quienes manifestaron cómo llevan su vida adelante en un mundo donde la discriminación sigue golpeando.
Nicolás Orengo. A través de WhatsApp se comunicó más de un vez, entusiasmado para saber cuándo salía su testimonio. Él quiso contar su historia al mundo.
Por Laura Méndez de la Redacción de EL TIEMPO
Parece mentira que aún haya personas que merced a afecciones permanentes en alguno de sus sentidos, en este caso el oído, reciban discriminación, una discriminación que en la mayoría se fortalecen en el ámbito laboral. Esas son las personas postergadas.
ASHU es un proyecto de una agrupación que desea, incansablemente, tomar forma con el objetivo principal de ayudar a la inclusión de la gente que padece hipoacusia (fundamentalmente niños y niñas y a sus familias).
La historia de ASHU comenzó cuando Nicolás Orengo realizó una convocatoria a través de Facebook, cuyo impulsor es Juan José Lambusta. La primera reunión se realizó en la casa de Nicolás hace seis meses, aproximadamente. Posteriormente se desarrollaron más reuniones, la última de las cuales tuvo lugar en noviembre. Según Lambusta, “aparecieron cinco o seis hipoacúsicos nuevos y familiares. Aunque cuesta mucho porque el que sufre la discapacidad tiene vergüenza y no participa, pero creo que de a poco lo vamos a lograr”. A modo de deseo expresó que “para el año próximo tenemos varias ideas que queremos impulsar para ayudar y dar algún tipo y respuestas a los discapacitados auditivos y sus familias”.
Pero independientemente de ASHU, EL TIEMPO entrevistó a Orengo, quien padece hipoacusia. Es muy desenvuelto, se hace entender, siente que sufrió discriminación en varias etapas de su vida y no dejó de abordar esos casos en esta charla. Otra de las consultadas fue Lucía Pica, también con hipoacusia, a lo que se suma una parálisis cerebral. Es de Tapalqué, aunque vive con su novio en Olavarría. Se manifiesta con lenguaje de señas, gestos, de hecho su misma mirada demuestra que se lleva el mundo por delante. Es temperamental. “Nadie se la va a llevar por encima puesta”, aseguró su papá Carlos.
Este hombre vive en Tapalqué y trabaja en Azul y junto a su esposa Daniela viajaron especialmente para hablar con este diario. Lautaro es el otro integrante de la familia.
Tanto Nicolás, Lucía y sus papás contaron sobre sus experiencias, sobre cómo es la vida de una persona sorda y los matices del entorno en el que se mueven.
“En el año 2009 conseguí trabajo y me emocioné muchísimo”
En principio, Nicolás Orengo que tiene 27 años y trabaja en Maxiconsumos, vive con su mamá Andrea y una de sus hermanas Micaela y Luisina. Lleva una vida normal aunque admite que recibió discriminación psicológica.
Además, según manifestó “a veces me cuesta creer que la gente me valora como soy, otras no”. Ejemplificó “en los boliches cuando la música está fuerte se me complica conversar con alguien y la gente se enoja cuando le pido repetir letras. Algo que es totalmente absurdo”.
Su historia data de cuando tenía dos o tres años y debido a su bajo nivel de audición comenzó a utilizar audífonos.
Contó qué tipo de tratamiento realizó “empecé con fonoadiología con Silvia Zeberio. Aprendí a hablar y aprender a escribir gracias a ella. Además, estuve 16 años en la escuela 505 y tuve diferentes maestras Ana, Leila, Jaqui, Ivana, Maria, Ines y Marite”.
La vida le cambió cuando fue a la escuela común.
Asimismo expresó que estuvo en la Escuela Nº 16, Pje. La Colorada. Con respecto a ese lugar sostuvo que “ahí aprendí a progresar, sin embargo tuve un problema psicológico por maltrato de parte de una maestra y volví a la 505. Tres años después fui a la escuela 18 donde me sentí cómodo”.
Algo que recuerda que lo marcó es Maris Turon. Él la describe como “una maestra humilde y gran persona. Además me gustaba el aire del patio de la 18 y jugar al fútbol”.
Claro que había cosas que a Nicolás le costaron como que en el recreo “no jugaba ni hablaba con los compañeros, con lo cual me puse triste. Así que volví a 505, por tercera vez, y por último en 2008 regresé a la escuela 64 donde me sentí mucho mejor gracias a mis compañeros que se portaron de diez conmigo”. “
“Ahí culminé la primaria, por motivos personales decidí descansar un tiempo para seguir el secundario”, manifestó.
Consultado al trabajo, lo primero que hizo fue hablar de su papá. Lo recordó como un “laburador incansable. Era empleado, viajante y siempre que podía lo acompañaba. Me gustaba lo que mi papá hacia, siempre pensé y dije que me gustaría ser como él”.
“En el año 2009 conseguí trabajo y me emocioné muchísimo”.
Un año después su papá se enfermó. Pero Nicolás pese a las adversidades nunca bajó los brazos. Siempre pensó cómo seguir adelante.
“En diciembre de 2010 mi viejo falleció, quería bajar los brazos aunque mi mamá me insistió para que siguiera adelante. Siempre tuve apoyo de su familia. Gracias a ellos y a Dios estoy dónde estoy”, reflexionó.
Treinta grados de sensación térmica el pasado jueves. Viajó desde Olavarría, donde convive con su novio, para reunirse con sus papás y este diario.
“Me siento parte de este deporte tan lindo y es otra manera de comunicarme”
Además del trabajo, otra de sus pasiones es el padel. Desde los 15 años que lo practica. “Conocí gente humilde y grandes personas como Eduardo García y Nancy Vera, quienes me abrieron las puertas como uno más. Además recuerdo a mi primer profe. Aprendí juegos que me gustaban, aunque en 2009 me alejé un poco”.
“Este año participé en dos torneos provinciales donde la pase espectacular con amigos en Mar del Plata y otro en Olavarria. Me siento parte de este deporte tan lindo y es otra manera de comunicarme”, aseguró.
“No me importa ser sorda”
Por su parte Lucía recién llegada de Olavaria, se mostró con mucha confianza frente a un grabador.
“Nací sorda, además de tener una parálisis cerebral, en realidad es hipoacusia bilateral severa, y diparesia espástica, lo cual me trajo problemas motrices. Es decir, no es tanto un problema de audición sino neurológico”, expresó Lucía.
En tanto su papá Carlos aseguró que “la estructura de pensamiento no es la misma de una persona sorda a una que quedó sorda. Ella no tiene ningún tipo de cultural oral”.
Sobre su crecimiento y educación, Carlos dijo que “nosotros supimos que Lucía era sorda al año y pico que nació. Nos otorgaron el certificado de hipoacusia. Mientras tanto estuvimos con un diagnóstico de patología crónica no evolutiva del tipo pre natal que es una parálisis cerebral. Además, cuando nació hubo sufrimiento fetal agudo que pudo haber derivado en esta parálisis cerebral”.
Posteriormente “arrancamos con una parafernalia de tratamientos por la PC (Parálisis Cerebral), Lucía caminó a los 18 meses, cuando lo hizo tardaba 4 minutos en hacer 30 metros. No obstante 14 años después Lucía tardó 27 segundos en hacer seis metros en México (ver subtítulo)”.
Continuando con tratamientos Lucía empezó con estimulación temprana, creció normalmente hasta los 18 meses y cuando tuvo un accidente en la bicicleta terminaron en un traumatólogo.
“El médico la sentó y dijo ´esta nena no tiene nada, es una parálisis cerebral`. Cuando en realidad a nosotros nos dijeron que iba a evolucionar. La realidad era otra. Así que enseguida fisiatra, fonoudióloga que lógicamente no fue en Tapalqué. Así que buscamos mejor lugar que es IDEO (Instituto de Enseñanza Oral), en Olavarría. Allí comenzó el jardín de infantes y también fue al de su ciudad natal. A los 6 años, cuando termina el jardín, el IDEO me propuso su educación primaria por una educción bilingual: oral y gestual. Finalmente ingresó a la 505 en Azul, fue un esfuerzo inmenso porque viajábamos a diario durante ocho años. Egresó a los 16 años y la docente me recomendó que la integre en un secundario”, explicó el papá de Lucía.
Con relación a esto último Carlos sostuvo que “en ese momento era prácticamente imposible. Pero igual la anotamos en una escuela secundaria común con una profesora a la par que hacía que ella se pueda comunicar, una intérprete, en la Media Nro. 2 de Tapalqué. Terminó sus estudios sin problemas, no se llevó materias y tiene hasta inglés aprobado”.
Después de recibirse con un título secundario completo comenzó a estudiar cursos de formación profesional. Tiene cursos de operador de PC bajo entorno Windows, Limpieza institucional y Auxiliar en Instituciones Educativas. Como portera está anotada en el Consejo en Tapalqué.
Lucía al igual que Nicolás, sufrió discriminación. Ella tuvo una entrevista de trabajo en un banco la cual no estaba preparada para gente hipoacúsica.
Ellos argumentaron que “entrevistan a todos por igual”, marcó con enfado Carlos.
Dijo al respecto “les pude haber hecho una denuncia al INADI, pero no hice nada porque se le fue el entusiasmo con ese trabajo”.
Lucía intervino “quiero trabajar en Olavarría, ahí vivo con mi novio, no me importa ser sorda, sinceramente. Fui y soy feliz, exceptuando ese trabajo no sufrí discriminación, me hice entender en todos los ámbitos, tengo amistades, aunque no me gusta salir. Como proyecto de vida me gustaría tener una familia, trabajar y viajar. Me ayudan las redes sociales, me comunico por ahí y conozco gente”.
Además aseguró que “soy temperamental, reconozco que el banco era un trabajo difícil y si alguna vez tuve un problema en mi vida fue porque no me entendían. Dejé el deporte porque era cansador”.
Para terminar, sobre si es consciente de todos los logros que obtuvo siendo hipoacúsica y padeciendo una parálisis cerebral, y respondió que “es natural, lo tomo como algo natural”.
Sin embargo, reconoció que tiene “materias pendientes”. “No logré estudiar. Me gustan las matemáticas, al igual que la computación y la lectura que no me cuestan”, resaltó.
En cambio, sus papás destacaron que “nos sentimos muy orgullosos de vos”.
Uno de los tantos logros obtenidos de Lucía: el deporte
Durante el proceso del secundario Lucía a los 14 años tuvo un destape deportivo. Comenzó a competir, ganó un torneo provincial por discapacidad en Mar del Plata. La ve el director técnico Ariel González y la convocó para que vaya al Torneo Nacional Evita. O sea que paralelamente al secundario ella competía en la Selección Nacional Paralímpica y formó parte del equipo incluso siempre en atletismo. Obtuvo más de cien medallas, llegó a México y después dejó por decisión personales.
EL DATO
Según los testimonios, los sordos no se sienten discapacitados.
Daniela Negretti, Lucía y Carlos. Junto a Lautaro conforman la familia Pica, de Tapalqué. El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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