8 de noviembre de 2017
El ciclista rauchense establecido en Azul, viene corriendo promovido por Corvi desde diciembre. En septiembre, las autoridades del equipo español lo convidaron a que se llegase a Cataluña para tomar parte de dos competencias en 15 días. “Querían ver cómo me desempeñaba en las carreras que el equipo proponía allá”, contó a EL TIEMPO Fausto. Terminaron siendo cinco semanas, cinco carreras y un nuevo boleto en mano.
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Dice que su abuelo Julio le dijo que algunos trenes pasan una sola vez, y que quedarse en el andén y más adelante arrepentirse, puede ser más doloroso que subirse y tal vez caerse. Fausto Palma no se olvida de aquella suerte de consejo de su abuelo y el tren está casi llegando al andén donde se halla parado.
En septiembre, luego de superar inconvenientes relacionados con su familia, llegó a Cataluña para abordar un notorio desafío deportivo que no puede disociarse de sus implicancias emocionales. El ciclista rauchense de mountain bike, azuleño en la práctica, recibió de parte de su equipo, Corvi Equitaciones, una invitación para llegarse a suelo catalán, dado que si bien lo estaba promocionándolo desde diciembre, su dueño y su manager ahora querían comprobar directamente los dotes de Palma sin océano ni pantallas de por medio.
Seis años atrás, Fausto comenzaba a canalizar su pasión ciclista con manubrio en mano. Ahora, con 21 años y tres de dedicación exclusiva, Palma se ha convertido en integrante oficial de Corvi (de momento por tiempo indefinido), señal concluyente de que Palma aprobó el “examen” al que fue expuesto durante 40 días.
“Todo esto surgió porque estoy corriendo para un equipo español, Corvi –dice Palma a modo de coordenadas iniciales en la charla con EL TIEMPO–. El equipo me quería conocer personalmente, ya que me conocían mediante mi entrenador y mis resultados; querían ver cómo me desempeñaba en las carreras que el equipo proponía allá”.
–A la primera convocatoria no pudiste asistir, ¿verdad?
–En julio me llama el dueño del equipo, Cristóbal Viciana, y me dice que con su hijo Santiago y un manager querían que para tal fecha estuviera corriendo allá (creo que era el 24 de julio); “queremos ver cómo corrés”, me dijeron. Me surgió un problema personal y se me vino abajo toda la posibilidad de correr. Me entendieron en el equipo y me dijeron que la posibilidad se mantenía.
Salió adelante todo este asunto familiar y cuando organicé el “Desafío del Parque”, el 20 de agosto, Corvi me manda algo para entregar en la carrera, y me avisa que en septiembre me querían allá.
–Esta vez, al menos así suena, te querían sí o sí
–Sí, tenía que ir. Me dijeron que tenía todo cubierto lo que era hospedaje, comida e inscripción a carreras, y de lo único que te me tuve que ocupar fue de los pasajes. El 18 de septiembre salí para Cataluña.
–¿Desde diciembre hasta que subiste al avión, el vínculo con Corvi era económico o más del tipo padrinazgo, como diciendo “Fausto Palma corre para nosotros”?
–Comenzó así, “Fausto corre para Corvi”. Cuando llego a España, me dicen “sos corredor del equipo”. Eso implica un contrato. Pero antes me habían dado más de 20 mil pesos en indumentaria.
–¿Antes de pisar Cataluña, sabías cuántas y qué carreras tenías que afrontar?
–En sí yo fui con la idea de hacer dos carreras, porque yo iba por quince días. Eran dos carreras: la Catalunya Bike Race, por etapas, y otra carrera, de tres horas y de resistencia, que organiza el equipo. Las dos en Cataluña.
–¿Cómo fueron las relaciones personales con el equipo y qué momentos eligieron para darte las buenas nuevas?
–Llegué el 19 a las 4.40 de la tarde, cansado. Me fue a buscar la señora de Cristóbal y fuimos a su casa. Luego conocí la fábrica de Corvi; ellos fabrican indumentaria de ciclismo así como también de colegio. Hablé con los empleados de la fábrica, con todos. Fueron muy cálidos conmigo.
Cinco carreras y un pasaje que cambiar
Fausto Palma planeaba correr dos competencias en Cataluña. Ese era el planteo original de los directivos de Corvi para atestiguar sus méritos sobre pedales. Pero…
“La primera carrera que corrí fue la prueba de resistencia que organiza el equipo. Se corrió el domingo después del martes que yo llegué, en Ripollet, a 20 minutos de Terrassa (donde estaba yo). ‘Queremos ver cómo te encontrás con el terreno español, con los corredores españoles’, me dijeron. Aún no me había acostumbrado al horario, pero corrí, me sentí bien y el nivel de corredores que hay en Europa… El nivel europeo es muy bueno. No es por despreciar a nadie, en Argentina estamos muy bajo. Terminé la prueba, me sentí bien, con buenas sensaciones”.
–Cumplida tu primera semana, ¿cuál era tu rutina más allá de los entrenamientos?
–Entrenaba, descansaba, estaba en la fábrica, porque los días que no tenía entrenamiento estaba ahí.
–¿Te hicieron coser remeras?
–(risas) No, no, coser remeras no, pero sí estuve aprendiendo, trabajando. Casi todos los días salíamos con Santiago, el hijo de Cristóbal, a entrenar. Todo bici. A 5 minutos de la casa teníamos la montaña, así que enseguida empezábamos a subir por senderos. Allá los entrenamientos son duros, entrenábamos entre 4 y 6 horas por día. Acá 40 kilóemtros los hacemos en menos de una hora; allá 40 kilómetros tardábamos son casi 5 horas de entrenamiento por la altura de terreno y la falta de oxígeno.
–La segunda carrera ya te encontró mejor adaptado?
–Fue la Catalunya Bike. En las tres etapas me fue muy bien. De los 1000 corredores en la general, terminé 188. Y en la categoría Elite (en Argentina soy Sub 23) terminé entre los 100 primeros de más de 400 corredores.
–Ahí se terminaba el plan inicial, ya tenías que volver. ¿Tenías pasaje de vuelta fechado?
–Se me terminaba todo ahí. Yo tenía pasaje con fecha, el 28 de septiembre volvía. Después de que corrí la carrera de Cataluña, Cristóbal me dice “quiero que te quedes más tiempo, quiero que hagas más carreras”. Eso me sorprendió. Te soy sincero, no esperaba que me dijera eso.
Hablé con mi familia. Al principio no…no les gustó mucho. Pero enseguida me entendieron y me apoyaron. Tuve la posibilidad de cambiar el pasaje y quedarme más tiempo.
–Aceptás quedarte en Cataluña y te ponen a prueba en tres carreras más? Cuáles fueron?
–La siguiente que hice fue una carrera de ruta, que se llama Vuelta a Estenallas, 135 kilómetros con un acumulado de desnivel de 2500 metros sobre el nivel del mar. Fueron 4 horas 35 minutos de carreras…muy duros. Era mi primera carrera en ruta y de 420 corredores, quedé 40 en la general. Anduve muy bien.
Al otro fin de semana llegó la cuarta carrera.
–¿Todas ellas en Cataluña?
–Sí, las cinco carreras en la zona de Cataluña. La cuarta que corrí se llama Tossa de Mar, de 45 kilómetros de extensión, mountain bike. Iba ganando la general hasta que en un momento surge un error de la organización (faltaban las marcaciones) y me paso de largo y hago más de un kilómetro. Me perdí, volví y me alcanzaron. Pude conectar nuevamente con ellos, pero en una bajada el manubrio me toca con una planta y salí despedido de manera espectacular. Me levanté y pude seguir. En la general no recuerdo cómo terminé, en la categoría fui segundo.
–¿Cuáles comenzaron a ser las reacciones del equipo a partir de la tercera carrera?
–Allá es más serio, menos expresivo quizá. Es más, cuando me estaba volviendo quería que me quede, y cuando me fueron a despedir al aeropuerto, se largaron a llorar. Me tomaron tanta confianza, yo lo mismo con ellos, y no querían que me viniera.
–¿Recibías críticas, observaciones a tus desempeños?
–Sí, sí, tanto por el dueño del equipo, su hijo y el manager de Corvi. En las carreras que podían iban junto a mí, asistiendo, y en otras se guiaban por los parciales, me iban viendo.
–Llegás a la quinta carrera, la última que el equipo había previsto para terminar de analizarte por ahora. ¿Tu estado físico era el mejor?
–Fue en Sabadell, “La Falconada”, de mountain bike. Fueron 63 kilóemtros, con más de 1500 metros de desnivel y más de 700 corredores. La verdad que fue, dentro de todo, me sentí mejor que las otras. Y me quedé contento con el resultado. Largamos, todos muy tranquilos, nadie quería arriesgar, hasta que veo un repecho cortito y pensé “pruebo acá, si me da se me da”. Me escapé y conmigo se escapó un ciclista master, o sea, más de 40 años. Nos cortamos e hicimos hasta el kilómetro 30 juntos. Pinchó y me quedé solo en la punta, hasta el kilómetro 55. Ahí empezó a pasarme factura el entrenamiento de los días anteriores, el sobreentrenamiento.
–¿Qué síntomas tuviste?
–Las piernas empezaron a quemar, se empezaron a poner duras, mucha fatiga. Me alcanzaron cinco corredores, me pasaron e intenté seguirlos. No daba más. A falta de un kilómetro y medio pude recuperarme un poco y terminé la carrera en la sexta posición de la general. ¡Muy contento! Y gané la categoría Elite.
¿FUTURO CATALÁN?
Siguiendo con aquellas palabras de su abuelo, el tren se le ofrece a Fausto diligente y presto para llevarlo a Cataluña. La experiencia consumada en el comienzo del otoño europeo le valió el crédito suficiente para delinearse una nueva experiencia con epicentro en Terrassa. Palma lo explica así.
–Firmaste un contrato, te convertiste en corredor oficial de Corvi. ¿Cuáles son las implicancias de todo esto en tu futuro deportivo?
–Está la posibilidad de que tenga que volver, en diciembre o en enero. Una chance es volver a España y tener trabajo en la fábrica de Corvi, que no sería un trabajo pesado. Sería para poder bancarme el hospedaje allá. Pero lo que quieren es que corra para ellos.
–¿A cuántos corredores incluye el plantel del equipo?
–En el equipo somos 25 corredores, pero no todos somos de la misma modalidad: mountain bike, ruta y ciclocross. Yo soy el primer corredor internacional que tienen. Mi novia Johanna también está en el equipo, pero yo soy el primer contratado. Es más, me han dado la posibilidad (hay que charlar bastante) de formar un equipo acá, Corvin Argentina.
INDEPENDENCIA: “A TODA COSTA”
–Estuviste en Cataluña en el punto cúlmine de la ebullición social por el deseo de independencia. ¿Cuál es tu mirada a partir de las relaciones que trabaste durante 40 días?
–Te voy a ser sincero, ellos lo que quieren es la independización a toda costa. No quieren estar más con España, quieren estar separados de todo, del reinado, de España. Quieren ser Cataluña, un país aparte.
–¿Particularmente, la familia con la que convivías qué consideraciones planteaba?
–El motivo es que como Cataluña es muy rico, le da mucha plata, muchos recursos a España. Y los españoles tienen muchos privilegios en comparación. Por ejemplo, un catalán no puede tener un hijo inscripto en un colegio porque tiene esa posibilidad un español, un “gallego” digamos. La obra social no tiene, la tiene un “gallego”. Les dan más posibilidades a los españoles que a los catalanes.
Algo que me sorprendió es que los catalanes, en manifestaciones o algún tipo de pelea, no que se pegan o tiran piedras. Ellos toman flores, las rosas, y se las tiran a los autos del gobierno…No hacen quilombo como se ve acá, se manifiestan tirando flores, por ejemplo, a la casa de gobierno. Y sí los españoles, que son más parecidos a los de acá. En Cataluña le llaman “fachas” a los “gallegos”: son los soberbios, los que pegan, los que hacen disturbios. La verdad es que fui en un momento muy complicado de Cataluña. Quieren la independización y hace más de 400 años que vienen luchando por eso.
–¿Y qué transmitían los medios? Al menos los que recurría esta familia que te albergó
–Todos los días, mañana, tarde y noche, en la tele se hablaba de la independencia. Todo el tiempo estaban muy pendientes. Y esta familia me pedía que si hablaba con mi familia, les preguntara qué decían los medios de acá de todo aquello. Yo les comentaba, ya que querían saber todo lo que se decía.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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