8 de febrero de 2026
Desde los laboratorios de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, un equipo de docentes, investigadores y estudiantes impulsa proyectos que parecen extraídos de la ciencia ficción, pero son una realidad argentina. Entre ellos se destaca Atenea, un microsatélite diseñado íntegramente en la universidad pública que viajará en una misión de la NASA. Santiago Rodríguez, ingeniero electrónico nacido en Azul, es una de las piezas clave de este desarrollo que combina ciencia aplicada, formación académica y soberanía tecnológica.
Santiago Rodríguez emigró a La Plata a fines de 2007 para estudiar en la Universidad. Hoy es ingeniero electrónico, investigador y docente del grupo SENyT (Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Desde allí integra el equipo que desarrolló Atenea, un microsatélite universitario que será lanzado rumbo a la Luna.
"Para nosotros es muy importante porque nunca habíamos hecho un satélite de este tipo y, además, lograr que la NASA confíe en subir tu instrumento a un cohete tripulado, no es algo menor", explicó Rodríguez a EL TIEMPO.
El proyecto se apoya en una experiencia previa: en 2021 la facultad inició el desarrollo de un satélite propio (USAT-I). A partir de ese trabajo, y tras una revisión técnica realizada por especialistas de la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), surgió la posibilidad de adaptar parte de ese diseño a un nuevo satélite, que formaría parte de una misión de alcance internacional.
"Cuando apareció esta oportunidad de la NASA, CONAE se acercó a la facultad a ver si podíamos reutilizar algunos sistemas del satélite que ya teníamos. Hubo que modificar cosas, pero entramos al proyecto basándonos en lo que ya habíamos hecho", puntualizó Rodríguez.
Un desafío científico y humano
Atenea es un microsatélite CubeSat 12U, de apenas 30 centímetros de alto. Su tamaño compacto contrasta con la complejidad del proceso que llevó a su concreción: dos años de reuniones, informes técnicos, correcciones y estrictas pruebas de seguridad. Para dimensionar el tamaño del microsatélite ejemplifica que son como "cuatro bolsas de pan lactal grandes, una al lado de la otra formando una base cuadrada".
La NASA ya había hecho una misión en 2022 a la Luna, sin tripulación, iba a repetir esta vez con tripulación y ofreció nuevamente llevar a bordo del cohete microsatélites, pero esta vez, de tamaño 12 U. Quienes deseaban participar, presentaban una solicitud justificando su participación en el programa, armaban el satélite en caso de que esta fuese aceptada y la NASA lo subía y lo lanzaba sin costo. "Esto es bueno porque un lanzamiento siempre es caro, a partir de los 100 mil dólares. Otro plus que tiene es que como es un vuelo a la Luna, el cohete hace una trayectoria extraña para lo que son los lanzamientos comunes de órbita baja. Eso es muy interesante desde el punto de vista científico, porque va a estar muy lejos de la Tierra en un momento; entonces, hay varias cosas para probar y ensayar. Para nosotros es de gran importancia porque nunca habíamos hecho un satélite. Y convencer a la NASA de que lo que vas a subir al cohete es suficientemente seguro lleva muchísimo trabajo. Las normas se duplican o triplican. Pero pudimos cumplir y lograr que nuestro satélite forme parte de la misión, eso nos tiene muy contentos", refirió Rodríguez.

El equipo que desarrolló Atenea, un microsatélite universitario que será lanzado en una misión de la NASA.
El desarrollo fue colectivo. Desde el CTA (Centro Tecnológico Aeroespacial) se realizó la estructura mecánica, capaz de soportar vibraciones extremas durante el lanzamiento. Desde el SENyT se diseñó la computadora, el receptor GPS, las antenas y el sistema de comunicaciones. Rodríguez estuvo a cargo del GPS de abordo y de una placa clave, que evita que el satélite se encienda antes del tiempo de seguridad establecido por NASA luego de su despliegue en órbita, a unos 50.000 kilómetros de altura.
Del proyecto participaron otras universidades: la UNSAM (Universidad Nacional de San Martín) aportó un instrumento para medir radiación espacial y la UBA (Universidad de Buenos Aires) una placa de carga de baterías. También instituciones como la CNEA (instalando los paneles solares) y el IAR (realizando el ensayo de antenas) colaboraron enormemente para poder completar el satélite. Todo bajo supervisión de la CONAE.
"Calentamos, enfriamos, vibramos el satélite. Tenía que funcionar en todas esas condiciones. Y se logró", afirmó Rodríguez.
Tecnología nacional en órbita
Entre los principales objetivos de Atenea está validar en vuelo un receptor GPS desarrollado íntegramente en la UNLP.
"Es como los GPS del auto, pero diseñado para naves espaciales. Los comerciales suelen tienen restricciones de velocidad, altura o aceleración. Nosotros hicimos el nuestro para evitar esas limitaciones y que la CONAE pueda usarlo sin depender de equipos importados, que además suelen ser bastante caros", explicó el ingeniero azuleño.
La órbita del satélite será altamente elíptica y lo llevará a distancias de hasta 70 mil kilómetros de la Tierra, mucho más lejos que los satélites geoestacionarios.
"Queremos demostrar que nuestro GPS funciona como debe funcionar. En la industria espacial tiene mucho valor que algo ya haya volado. Eso te permite ofrecerlo para futuras misiones", subrayó.
También se pondrá a prueba un sistema de comunicaciones desarrollado localmente. Si todo funciona como esperan, será la comunicación argentina más lejana de la historia. El primer contacto se realizará desde la estación de la CONAE en Córdoba, con antenas de 13 metros de diámetro. Luego, debido a la órbita y a la rotación terrestre, el seguimiento continuará desde una estación en Vietnam.
Universidad pública y soberanía tecnológica
Para Rodríguez, Atenea es una prueba concreta del valor estratégico de la universidad pública: "La principal ganancia para estudiantes y recién recibidos es la experiencia real. Participan de reuniones con gente que hace 30 años trabaja en el tema. Eso no se aprende en los libros".
El financiamiento del proyecto estuvo a cargo de la CONAE, que es estatal. El costo total del satélite es bajo en comparación con el de misiones de satélites tradicionales y se redujo aún más porque muchos componentes se fabricaron en la propia facultad.
"Ahorramos miles de dólares haciendo nosotros sistemas que en el mercado son carísimos. Y sin contar la mano de obra, que fue nuestra", explicó Rodríguez.
Pero el investigador advierte sobre el presente del sistema científico. "Tenemos una calidad técnica y humana comparable con instituciones del exterior, aun con pocos recursos. Eso se debe a inversiones anteriores en educación. Si no se sostiene, se pierde. Hoy cuesta que los chicos se queden investigando: con sueldos bajos muchos se reciben y se van. No sirve formar gente para que emigre".
Mirada personal
Santiago Rodríguez recuerda que desde el inicio supieron que podía ser un proyecto histórico. "Hubo muchos momentos en que pensamos que no íbamos a llegar. Pero todos los eslabones funcionaron y el trabajo valió la pena".
Y, también, deja un mensaje para quienes hoy están cursando en las escuelas secundarias: "Es un camino duro, pero la recompensa se multiplica. Cuando todo cuesta y se logra, la gratificación es enorme. Esa resiliencia es muy argentina. En ingeniería todo tiene aplicación y eso vuelve las materias más interesantes".
Desde Azul hasta la Luna, Atenea es también el reflejo de una comunidad científica que, pese a las dificultades, sigue apostando al conocimiento como motor del desarrollo nacional.

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