25 de enero de 2015
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Poco hay para agregar a los auténticos ríos de tinta que en estos últimos días han multiplicado la muerte del Fiscal Alberto Nisman, amplificando este verdadero magnicidio dentro y fuera de nuestro país.
La intención no es por lo tanto sumar algún aporte novedoso o alguna reflexión original que hasta ahora no haya sido escuchada o leída.
La intención, en este caso, creo que es aliviar la propia angustia, la consternación y el estupor que produjo la noticia. Aflojar las tensiones de una sociedad conmovida hasta sus entrañas por una nueva muerte que, como tantas otras veces, sacude de modo imprevisto a los argentinos e impacta sobre la conciencia colectiva de manera brutal.
Más allá del shock que produjo en las primeras horas del lunes 19 conocer el peor final de una historia compleja y que generaba enormes expectativas en amplios sectores de la ciudadanía, lo que nos queda es la sensación de que este final no debiera sorprender a una Argentina que arrastra una vieja tradición de crímenes políticos, muertes inexplicables y una violencia omnipresente que ha marcado a fuego nuestra Historia.
La muerte como solución a las disputas por el poder, la eliminación del otro como fórmula para resolver las diferencias políticas, el exterminio como recurso para dejar el campo libre a las ambiciones más desmedidas son una constante que se repite una y otra vez cuando uno repasa la Historia Nacional, cualquiera sea el período que decida analizar. Forma parte de nuestro ADN como país y es parte inescindible de nuestro ser nacional.
Ahora bien, el atroz final de un Fiscal de la Nación que investigaba una de las causas más delicadas y sensibles de los últimos años deja en cada uno de nosotros, más allá de la angustia y el desconcierto, la única certeza posible en este escenario: el desamparo en que nos encontramos, la intemperie más extrema a la que hemos sido arrojados, la vulnerabilidad en que se halla hoy la ciudadanía.
Cuando el estado de derecho es desplazado por fuerzas oscuras que desde los más sórdidos subsuelos del poder mueven los hilos y deciden sobre la vida y la muerte de las personas, ingresamos como sociedad en otro plano. Hemos cruzado un límite extremadamente peligroso y la mayoría hoy tiene conciencia de ello. Lejos de otras situaciones de abuso de poder que hemos vivido últimamente y que no eran percibidas como tales por gran parte de la población, el cruento final del Fiscal Nisman ha logrado impactar de lleno en el corazón mismo de la argentinidad.
Decía días atrás el prestigioso historiador Luis Alberto Romero en un artículo publicado en el diario La Nación, titulado Lo que está en juego es la República: “Lo que se está jugando no es simplemente una sucesión presidencial, sino la posibilidad de que la Argentina pueda volver a ser una República”.
Lo que ha puesto de manifiesto esta nueva muerte política en momentos tan inciertos y difíciles como los que atravesamos, es que estamos absolutamente desprotegidos y a la deriva, como lo están siempre los individuos cuando los regímenes se endurecen y las garantías constitucionales pasan a ser meras enunciaciones. La gravedad institucional de los acontecimientos que hoy nos conmocionan nos obliga a asumir, como quizá pocas veces antes, nuestro compromiso cívico y republicano.
Se trata de defender los jirones de institucionalidad que aún nos quedan. De salvar para nosotros y para las nuevas generaciones, los despojos de una república maltratada, violentada, avasallada por un poder inescrupuloso y sin ninguna legitimidad moral que ha avanzado sobre los valores republicanos con arrogancia e impunidad.
No nos quedan más que despojos.
Los despojos de la Nación que fuimos, los despojos de la identidad que alguna vez orgullosamente exhibimos al mundo. Los despojos de nuestra dignidad como pueblo nos interpelan hoy y nos exigen estar a la altura de las circunstancias. Cada uno desde su lugar, cada uno desde su rol, cumpliendo a conciencia con el imperativo ético de la hora: salvar la república.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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