14 de octubre de 2019
Quizás haya sido aquel día. Creo que era viernes. Comenzaba la primavera de 1996.
Con Fito decidimos juntarnos en casa para cenar, ver el partido y después ir al boliche. Nos quedamos en la cocina, cerramos la puerta para no hacer mucho ruido. Abrimos una cerveza para “empezar a calentar el pico”, como le gustaba decir a él. También hincha del Rojo, pero no de herencia. Fito fue siempre un rebelde y en su familia eran todos “cuervos”, y fue por esa razón que cambió el azulgrana por el color de la sangre. “Gracias a Dios”, asegura mientras otro Parisiennes se enciende en sus labios y la nicotina tiñe de un amarillo oxidado los dedos de su mano derecha. “Me los lavo con limón y quedan una pinturita”, afirmaba con la sapiencia de un viejo druida.
El partido era parejo. Independiente dominaba pero el Lobo de contra, con Guillermo y el “Pampa” Sosa también llevaba algo de peligro. Mondragón y Rotchen eran garantía de seguridad. En el segundo tiempo, el “Flaco” Menotti mandó a la cancha al “Negro” Usuriaga y el “Palomo”, en dos minutos, definió el partido. “Gol”, dijimos muy bajito mientras apretábamos el puño. Nos abrazamos casi en silencio. No queríamos molestarlo. Es que el dolor no lo dejaba descansar muy seguido. Ganamos en La Plata y eso era motivo pasa salir a surfear la noche con otro ánimo. Mientras apurábamos el último vaso de cerveza se escuchó la puerta de su pieza. A través de la luz tenue de la casa parecía deambular un fantasma. Poco quedaba del 5 de Boca de Azul y de la Selección de la ciudad. Saludó con un gesto porque hasta las palabras eran como dagas para ese cuerpo atravesado por la crueldad del cáncer. “¿Cómo salimos?, preguntó casi sin aliento. “Dos a cero, con goles de Usuriaga”, le respondí. Una mueca parecida a una sonrisa se dibujó en aquella huesuda y pálida cara. Nada más que eso. Se sirvió un vaso de agua y lo bebió con esfuerzo. Levantó una mano a modo de despedida y regresó al cuarto.
La esperanza es lo último que se pierde, dicen. Pero en el caso de mi viejo -“El Ruben” como le decían en el Estadio Ricardo Infantino en sus épocas de futbolista- no hubo tiempo ni para darle lugar a una pizca de esperanza. Fue rapidísimo. Después de aquella noche vino la internación, la morfina, el suero y no sé cuanta medicación más para paliar un sufrimiento que a él le destrozaba el cuerpo y a nosotros el alma. La última vez que entré en el cuarto de la Clínica de Olavarría él estaba sentado en la cama pero no podía hablar. “¿Mirá quién vino?”, le dijo mi vieja. Sonreímos y nos abrazamos fuerte.
“Lo único que resta es esperar”, nos aseguró un médico mientras el sabor de la tristeza nos rasgaba el paladar sin piedad alguna. Y fue así. Esperar. Nada más.
Ese cruce de miradas silencioso, ese abrazo que pareció eterno, fue nuestro último encuentro, pero no hubo palabras.
hablando de él con sus nietas, se entreveró en mi cabeza la idea de recordar qué fue lo último que nos dijimos. Seguramente fue ese viernes. Quizás tuvo que ver con aquel vuelo del “Palomo” por el vértice derecho del área de Gimnasia. Y me gusta creer que es así. Sí. ¿Por qué no? A ambos nos unía el amor por la misma camiseta. El me transmitió esa pasión que a muchos les puede resultar incomprensible (pobre de ellos). “Dos a cero, con goles de Usuriaga”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026