22 de octubre de 2018
TORNEO CLAUSURA DE PRIMERA DIVISIÓN 
Por Silvio Randazzo.
Si quisiéramos valernos de una imagen para entender, de manera muy general, el partido jugado ayer en el sur, la del globo que va malogrando el aire que lo infla hasta quedar bastante achicharrado es una que podría ajustarse bien. Fue perdiendo fluidez, posibilidades ofensivas y vigor físico, hasta terminar en un trámite casi sin sobresaltos.
En esa valoración desde una perspectiva muy amplia del encuentro, la sensación es que Boca ambicionó un poco más, o al menos halló de manera más efectiva algunos (pocos) caminos para inquietar seriamente a Di Blasio. Con Gau como bandera, un “Cacho” que, en no pocas jugadas, se les hizo invisible a sus compañeros –aunque ya no sepa qué gestos hacerles para que les cedan la pelota–.
Empezó con la vara muy alta respecto a las emociones. En menos de un minuto, antes de llegar a los cinco, primero fue Di Blasio el que tapó un notorio mano a mano, dentro del área chica, a Dipietro, e inmediatamente el que dispuso de la chance fue Fernández, quien también en mano a mano pateó muy alto. Boca se imponía en el manejo y controlaba a su oponente durante bastante tiempo en su propia mitad. Al presionar como bloque (algo que luego abandonaría) y a poco que Vélez ponía la bocha en juego, el elenco boquense conseguía que la generación rival dependiese mucho del azar.
Fue demasiado clara la infracción de Íbalo ante Delippo –dentro del área– cuando éste corría hacia afuera, en diagonal, por un balón que le llegó cruzado. Coronel acertó en la sanción del penal (su arbitraje se terminaría desvirtuando) y el propio Andrés Delippo, ya con el hombro maltrecho, puso en ventaja al local.
Una ventaja de corto alcance ya que, cinco minutos más tarde, Ricardo Gau se encontraba parado ante una pelota posada sobre el otro punto de penal. Un minuto antes, un balón frontal llegó por alto hacia Dipietro, marcado por Calderón que lo tomó del brazo. Otro acierto del juez en la sanción del penal. “Cacho” Gau empató y la disputa entusiasmaba un poco más.
En la medida en que Boca perdió la capacidad de condicionar físicamente el inicio del ataque rival, el juego velezano comenzó a edificarse con algo más de mérito y sentido colectivo, aunque con cierta resignación territorial. Tenía en Marateo al jugador que transforma la transición en peligro ofensivo.
Esa paridad que fue tornándose muy grande, terminó por delinear una suerte de flipper, con el esférico yendo y viendo de accidente en accidente. Pasaban unos cuantos minutos en esa circunstancia hasta que uno de los dos salía disparado hacia uno de los arcos y lograban profundidad.
La gestación velezana tomaba forma demasiado atrás en los pies de Olivera, que lanza desde el círculo debido a que no hallaba socio en corto. Lejos de Íbalo, cuando los delanteros entraban en juego, tienen demasiada cancha por delante y tienden a la epopeya individual.
El segundo tiempo entusiasmó repentinamente, tan pronto como se apagaría ese pequeño esplendor. Las mejores ocasiones de gol surgieron en ambos extremos de la etapa: primero fue Fernández el que, ingresando al área por izquierda, cruzó una pelota que se perdió luego de rozar el travesaño. Y a los 41’ Matías Ochandategui practicó una volea en modo tijera con la cual impulsó el balón afuera, aunque cerca del ángulo diestro de Íbalo. Fueron quizá las dos únicas ocasiones que merecieron consideración de peligrosas en esta etapa.
Entre tanto, lo que sucedió fue una versión desmejorada de lo que ya habían producido. Dos equipos a los que les costó horrores ser precisos, conectarse en faz ofensiva para propiciar variantes o para fatigar al rival al momento de defenderse sin malograr la tenencia. El balance del partido lo inclinaba Boca a su favor, por momentos sin pasar de la idea de sensación de control, pues no abundaban las estridencias futbolísticas en la visita. Gau lucía como único en su especie.
El empate en el resultado no extrañó al encuentro que se desplegó a lo largo de 90 minutos. Queda la revancha y Boca tiene ventaja deportiva. Dentro de una semana, otra pequeña historia para contar.
LA FIGURA
Ricardo Gau
Una opinión que premia (disculpen la vanidad de creer que esto es un premio) al jugador que hizo lo posible, pues otra cosa no siente, para escapar de los modestísimos moldes de este partido. Boca lo necesita demasiado, de la misma manera que Gau necesita que Boca lo acompañe.
Vélez 1
Boca 1
Vélez
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