15 de marzo de 2020
Tadeys, la obra de Albertina Carri y Analía Couceyro inspirada en la novela póstuma de Osvaldo Lamborghini, regresa al escenario del Teatro Nacional Argentino - Cervantes tras un 2019 exitoso.
ENFOQUE
Por Francisco Bariffi
"Mujer no se nace, se hace", suele decirse evocándose la voz de una de las filósofas más recordadas del siglo XX. Estas palabras no son dichas en Tadeys (la adaptación teatral de la novela homónima de Osvaldo Lamborghini). Sin embargo, el público actual de Buenos Aires (familiarizado con el feminismo) podría comprobar en la opresión que recae sobre los personajes un pensamiento semejante al de esa frase escrita por Simone de Beauvoir en 1949.
Un transatlántico en desuso a leguas de la tierra sirve como espacio para el correccional en que La Araña Ky y la Hiena Jones (Diego Capusotto y Javier Lorenzo) llevan a cabo su "método para dulcificar las costumbres de adolescentes violentos". A fuerza de violaciones, represión y aleccionamiento, el método convierte a estos jóvenes criminales en mujeres. Muñecas que nunca fallan, listas para utilizarse como objetos serviciales y de goce por otros sujetos, son pedidas en matrimonio o invitadas a prostituirse por aristócratas, hombres de negocios, militares y demás.
La violencia del poder sobre nuestros cuerpos suele ser difícil de percibir en nuestras vidas. Pero en la adaptación de Tadeys de Albertina Carri y Analía Couceyro (quienes tambien dirigen la obra) la violencia es vista como violencia. Los cuerpos feminizados en la obra, en vez de ser los considerados de "sexo femenino" (como sucede en nuestras sociedades), son los considerados de "sexo masculino". Esto produce un efecto de desnaturalización, que deja expuesta la ficción de géneros que se impone a la fuerza sobre los cuerpos.
Con su efecto erótico e incómodo, Tadeys nos permite pensar en las categorías de identidad como efectos de instituciones e instrumentos de poder. Qué puede haber de sustancial en el ser mujer cuando queda constituido por una determinada posición intersubjetiva y por la repetición en la conducta de aquello que se considera propio del ser mujer. En el hiperbólico caso de la obra, el ser servicial, dócil y pasivo en las relaciones sexuales, frente a un otro poderoso y dominante.
Podría uno pensar, entonces, en las categorías de género no como algo que describe propiedades inherentes a los cuerpos incluidos en esa categoría (en la obra no hay castración durante el proceso de conversión de un joven en una "damita deliciosa"), sino como discursos propios de la cultura en los que se inscribe a los cuerpos y tras los cuales se desarrollan sus identidades.
"El pueblo no sabe que se puede cambiar de sexo", escribe Osvaldo Lamborghini en su novela. El pueblo no sabe, podríamos agregar, que el género no depende del cuerpo, sino de su inscripción cultural en una determinada categoría. Como podemos leer en la novela, después de poseérselos, a los chicos encerrados en el correccional se les dice: "espero que no te olvides, piba, desde hoy éste es tu culo rendido a un hombre, es tu único órgano sexual. Ya no es tuyo. Es tu Yo. Yo sé mucho de estas cosas: de vos se puede, piba, hacer una flor de hembra, para todo uso: encamarse, atender la casa y al hombre y todo lo demás".
Tadeys puede verse de jueves a domingo a las 18:00 h en el Teatro Nacional Argentino - Cervantes de Buenos Aires.
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