8 de abril de 2019

SOCIEDAD

SOCIEDAD. El regreso de "Los Ibañez", el trío más mentado de la música tropical

ARRANCA “LA IBAÑEZMANÍA"

Los hermanos Gustavo, Damián y Esteban Ibañez vuelven a formar parte del histórico grupo con el que tocaron en infinidad de lugares hasta el año 2001. Dieciocho años después, están de regreso para despedirse como el público les pedía y ellos querían. En este viaje los acompaña “Tito” Caballero. El tour arranca el sábado próximo en el Club Porteño de Cacharí. Con presentaciones ya confirmadas en ciudades de la región, aún no definieron la fecha y el lugar del show que tienen previsto hacer en Azul para cerrar esta gira.

“Tito” Caballero y los hermanos Gustavo, Esteban y Damián Ibañez. El grupo ensaya su regreso, que será en Cacharí el sábado próximo.MARTÍN LABORDA

Entrevista y nota: Fabián Sotes

De la Redacción de EL TIEMPO

fsotes@diarioeltiempo.com.ar

Dentro de seis días, Gustavo, Damián y Esteban Ibañez volverán a recrear una rutina que hasta el año 2001 llevaban a cabo un fin de semana tras otro.

En aquel entonces, estos hermanos nacidos en Punta Alta y radicados desde chicos en Azul -cuando toda la familia se mudó porque al papá de los tres, un militar de la Armada ya retirado, fue trasladado al Arsenal Naval Azopardo- subían a infinidad de escenarios para, en formato de grupo de música tropical, darle vida a “Los Ibañez”.

Ninguno de ellos recuerda hoy, dieciocho años después de que tocaron juntos por última vez, cuántos shows hicieron. Pero saben que fueron muchos y en lugares de los más variados. En aquel entonces, no hubo boliche, bailanta, club o baile de campo de Azul y la zona donde el grupo no tocara.

Ahora, la gran noticia gran para sus seguidores, esa que ellos anunciaron hace poco más de un mes, es que vuelven a los escenarios.

El regreso tiene nombre y varias fechas ya confirmadas de presentaciones. Se llama “La Ibañezmanía”, una gira ideada para celebrar lo que ya son más de tres décadas haciendo música, aunque los hermanos hayan estado silenciados desde ese momento en que resolvieron decir basta a un trajín que -según ellos contaron- llegó a agotarlos.

Pero una deuda había quedado pendiente en ese punto y aparte. Y los Ibañez han venido a saldarla. Sobre todo, con ese público que los siguió desde siempre. El mismo que, cada vez que veía a Gustavo, Damián o Esteban, lo primero que hacía era preguntarles cuándo iban a volver.

Esa pregunta ya tiene una respuesta. Es ahora, en lo inmediato. Faltan tan sólo seis días para el regreso, ya que el próximo sábado “Los Ibañez” comenzarán a despedirse como querían hacerlo: tocando en esos mismos lugares donde fueron felices arriba de un escenario.

La primera escala de la gira señala que habrá un show en el Club Porteño de Cacharí. Y ese recorrido tiene marcado en su hoja de ruta más presentaciones en otras ciudades de la región.

Además, está latente la idea de cerrar este tour con sabor a despedida en Azul, en un lugar y en una fecha que todavía no están confirmados.

Según contaron a EL TIEMPO, en un principio evaluaron la idea de tocar en el Teatro Español; aunque después concluyeron que podría ser más adecuado otro espacio donde, junto con el show, la gente que los vaya a ver también baile, como lo hizo siempre, con sus temas.

“Nosotros estamos más acostumbrados a tener a la gente bailando mientras tocamos, y no tanto como espectadores viendo lo que hacemos. Por eso, por ahí hacemos una presentación estilo baile en Azul. Pero por ahora no descartamos nada y queremos cerrar todo esto acá”, dijeron.

Mientras esa idea se gesta, hay un integrante más de un trío que hoy ya no lo es y que tiene mucho que ver con este regreso.

Se trata de Roberto “Tito” Caballero. “El cuarto Ibañez”, el ingeniero motorizador de este regreso y el dueño del estudio donde ahora vienen ensayando día tras día, teniendo en cuenta lo inminente de esa primera presentación en Cacharí.

“Tito” es también, según contaron Gustavo y Esteban, el que se encargó de conseguir los instrumentos originales que los hermanos Ibañez usaban hasta que dejaron de tocar. Y el que con su búsqueda musical le ha dado nuevamente a la banda ese mismo perfil e identidad en materia de sonido que tenía en cada una de aquellas presentaciones.

La idea es que todo vuelva a ser como era en ese entonces, que la magia siga intacta y que ese reencuentro entre “Los Ibañez” y su público sea perfecto, tal como lo vienen soñando cada uno de los tres hermanos y también el propio Caballero.

“Queremos llegar con todo a estas presentaciones”, dicen al unísono Caballero y dos de los hermanos: Gustavo y Esteban, que es lo mismo que decir el mayor y el menor de los Ibañez.

Años atrás, ellos se encargaron de acuñar ese apellido a la música tropical local, para después escribir infinidad de historias a través de lo que fueron sus presentaciones en Azul y ciudades de la zona.

Algo de todo eso es lo que cuentan en esta entrevista, mientras transitan por esa cuenta regresiva hasta que llegue la hora, una vez más, de despegar con destino a un escenario, tal como sucedía hasta el año 2001.

Con pelos y señales

Gustavo Ibáñez tiene 50 años de edad, trabaja en un banco y ya formó una familia. Damián -de 48 años- y Esteban (42) son empleados de comercio. También, esposos y padres.

Respectivamente, son el tecladista y corista; la voz líder; y el bajista y corista del grupo.

A la conformación actual de “Los Ibañez” se suma Roberto “Tito” Caballero, de 39 años de edad y que “subo al escenario como músico”. En su caso, tocando teclados y haciendo coros. También es “el productor de todo”, según afirman los hermanos.

En el caso de “Tito” hay un dato más: había empezado a tocar con “Los Ibañez” cuando el mayor de los hermanos dijo basta y dejó de formar parte del grupo.

Aquello sucedió, recuerda Gustavo y hace cuentas sobre la base de la edad que actualmente tiene, “cuando yo tenía 32 años”.

“Ahora tengo 50, por lo que ya hace 18 años que dejé de tocar. Esa última vez, no sé bien la fecha, recuerdo que fue en el Club San Martín”.

En ese entonces “Los Ibañez” era un grupo numeroso. “Como seis o siete, ya que había un violero, uno que hacía percusión y otro que tocaba el wiro”.

Corría el año 2001 cuando Gustavo Ibañez dijo basta. Y tiempo después, el grupo abandonó los escenarios.

Ahora llegó la hora de volver. Un regreso -señaló Esteban- que era algo que “hacía rato nosotros veníamos charlando”.

“Cada vez que nos juntábamos, hablábamos de las ganas que teníamos de volver a tocar. Al mismo tiempo, era darle un cierre a todo esto. Algo que nos había quedado pendiente de que fuera como queremos ahora que sea”.

Esas juntadas tenían desde hace tiempo, como un tema que se reiteraba, la vuelta del grupo. “Hasta que un día hablamos con Tito y nos dijo de hacerlo”, recuerda también el menor de los tres hermanos.

Caballero tiene mucho que ver con este regreso de “Los Ibañez”. “Él armó todo. Desde los temas hasta encargarse de conseguir los instrumentos originales, ya que la idea es volver con la estética y el sonido que teníamos cuando tocábamos antes”, cuenta Gustavo.

Esa obsesión por mantener la estética musical del grupo es entendida como algo fundamental en el perfil de “Los Ibañez” arriba de un escenario. “Queremos -dijo Caballero- que suene igual a cuando fueron los inicios de ellos, allá por la década de los noventa”, razón por la cual en este regreso del grupo, de su mano se encargaron de poner mucho énfasis a “lo estético desde lo musical”, en una propuesta donde también hay diseñado un cuidado trabajo de iluminación, sabiendo que por encima de todo “el público lo que más va a esperar es ver a ellos tres”.

Un grupo de música tropical

Sin vueltas ni aires de divismo, los hermanos Ibañez se definen como “un grupo de música tropical que hacemos temas variados, de todo lo que es cumbia, cuartetos… Hacemos covers, siempre lo hicimos así”.

En YouTube es posible encontrar hoy una de las canciones que más definió al grupo. Se llama “Baby” y aquellos que siguen a “Los Ibañez” saben que se trata de uno de sus hits. Lo mismo sucede con las versiones de “Corazón de hielo”, “Amor en llamas” y “Boquita venenosa”, temas todos que van a sonar en este regreso y por los cuales “la gente nos identificaba”, señalan Gustavo y Esteban.

A modo de otro registro musical de la carrera del grupo, en 1.998 editaron un cassette. “Esa grabación la hicimos en el estudio del ‘Chima’ Chiodi”, recuerdan en la entrevista.

Pero al principio el repertorio de “Los Ibañez” no se nutría pura y exclusivamente con lo estrictamente tropical.

“Cuando Gustavo empezó tocando como solista, trabajamos mucho en las llamadas tertulias, que casi siempre se hacen en los bailes de campo. En ese entonces él tocaba en el teclado milongas y paso dobles. Lo que se llama música típica. Pero después, cuando Damián se sumó y empezó a cantar y yo fui el tercero en integrarme, a las presentaciones que hacíamos de música típica le empezamos a agregar ese perfil tropical”.

Nunca llevaron un registro de todos los shows y los lugares en los que estuvieron. Pero saben que son muchos.

“Esto arrancó como una experiencia en la que no nos dimos cuenta de lo que vino después”, recordó también Gustavo sobre los primeros pasos del grupo.

De esa manera, aquello que comenzó en una reunión de índole familiar después se trasladó a los clubes y, más tarde, a escenarios de los más variados.

“Cuando nos quisimos acordar, estábamos tocando durante todos los fines de semana los días viernes, sábado y domingo. Capaz que un viernes tocábamos en un boliche o en una bailanta en Azul, al día siguiente estábamos en General La Madrid y el domingo íbamos a una tertulia bailable en La Sofía”, señaló el mayor de los Ibañez.

Hubo algo -reconoce Esteban- que a ellos los ayudó muchísimo: “Cuando empezamos con esto, al mismo tiempo la música tropical comenzó a sonar en los boliches bailables. Eso nos abrió mucho las posibilidades de las presentaciones. En verano me acuerdo que arrancábamos los miércoles y no parábamos hasta el domingo”.

“Y hasta tocamos en un Azul Rock, que fuimos tapa del diario”, recuerdan y se ríen sobre lo que fue esa presentación.

“Cumplimos la promesa de volver”

Aquella vorágine un día los desbordó. Sobre todo a Gustavo, quien -contó- fue el primero en bajarse de una rutina que en ese entonces lo terminó agotando. Algo que fue de la mano -reconoce también Esteban- de “la situación del país”.

De esa manera, allá por el año 2001, pusieron un punto a su carrera como grupo. “Más que nada fue el agotamiento -afirma el Ibañez tecladista-. Nuestros fines de semana empezaban los viernes, terminaban los domingos y al otro día ya estaba la rutina de tener que ir a nuestros lugares de trabajo. A mí me agotó eso”.

La idea de dejar de tocar se vio sustentada también porque ya los hermanos eran más grandes, tenían familias y les costaba cada vez más seguir en ese ritmo de una presentación tras otra durante todos los fines de semana.

 “Cuando yo dejé de tocar, me acuerdo que al fin de semana siguiente, un sábado a la noche, estaba en mi casa y llegaba la hora en la que siempre me iba y esa vez me senté a comer tranquilo y a mirar una película. Tenía como una sensación distinta. Son cosas que hicieron que yo parara”, señaló Gustavo.

Aquel desgaste no fue producto de que hubiera peleas entre los hermanos. “Lo que habían eran discusiones de las más normales, ya que convivíamos no sólo en nuestra casa sino a través de la música. Obviamente diferencias existían, pero eran diferencias con armonía, por lo que después siempre surgía el consenso”, afirma Esteban. Y Gustavo -entre risas y desde ese lugar de supuesta autoridad que le da ser el hermano mayor- le retruca: “Terminábamos haciendo lo que yo decía”.

Con el grupo en modo “off”, el paso de los años fue para sus integrantes, cada vez que se encontraban con gente que había ido a verlos, un permanente pedido en formato de pregunta, relacionado a cuándo iban a regresar a un escenario. “La gente siempre nos preguntaba cuándo íbamos a volver. Y ahora estamos en eso. Nos propusimos presentarnos en cada una de las ciudades a las que íbamos. Ahora regresamos con la formación original, como era en ese momento, para festejar estos 33 años con la música. Cumplimos la promesa de volver”, declaró Gustavo.

“Cuando llegue el momento de estar otra vez con tanta gente conocida, a la que no vemos desde hace tantos años, va a estar buenísimo. Va a ser muy emocionante, además de volver a estar juntos los tres, que va a ser la última vez”, agrega Esteban.

Ya falta poco, tan sólo seis días.

El dato

Las entradas para el show en el Club Porteño de Cacharí del sábado próximo ya están a la venta. Y “Los Ibañez” ya tienen confirmadas más presentaciones: el 18 de mayo estarán en el Club Estrella Azul y Blanca de General Alvear; el 8 de junio tocan en el Centro Recreativo de Laprida y el 23 de ese mismo mes, en el Club Botafogo de Rauch.

EL ABUELO AURELIO, UN ÓRGANO Y UN BAJO

Al rastrear el árbol genealógico de los hermanos Ibañez, sin querer queriendo aparece un primer atisbo musical en Aurelio Elgart, el abuelo materno de los tres. Si bien ese berretín por la música de Gustavo, Damián y Esteban no fue algo surgido de un mandato familiar, Aurelio tocaba la guitarra y sus nietos recuerdan todavía hoy aquellas escenas que él protagonizaba.

Después de que se instalaron en Azul, el primero que empezó a coquetear con la música fue Gustavo, el hermano mayor.

“Yo fui el que arranqué primero. Me acuerdo que fue porque una vez estaba mirando televisión y había un tipo que tocaba el órgano y hacía cosas increíbles. En ese entonces yo era un nene. Y le dije a mi mamá que iba a tocar el órgano”.

El mayor de los hermanos tenía nueve años de edad cuando toda la familia se instaló en Azul. “Nosotros nacimos en Punta Alta. Nos vinimos para acá porque a mi viejo, que era militar, lo trasladaron al Arsenal Naval Azopardo”.

“Con una plata que había cobrado, él me compró mi primer órgano: un ‘Yamaha’ de madera. Ahí empecé a tocar”, algo que implicó que comenzara a estudiar música.

La historia del grupo está marcada también por un dato que para Gustavo es tan curioso como divertido.

“Los primeros que nos ayudaron a nosotros fueron grupos de Olavarría que venían a Azul a tocar. En ese entonces yo no sabía hablar y no me animaba a estar frente a un micrófono”.

“Me acuerdo que estaban ‘Los Francos’ y ‘The Wonderful’. Ellos nos prestaban sus equipos y así tocábamos. Una noche queríamos tocar con Damián, pero dos teclados no teníamos. Entonces, nos pusimos yo de un lado, acompañando, y mi hermano del otro, que hacía los punteos en el mismo teclado. Los dos estábamos sentados en una banqueta larga y, por la posición en que habíamos quedado, para la gente que nos miraba desde abajo parecía que estábamos arriba de un sulky. Los del grupo de Olavarría que nos prestaron el teclado nos decían así, que nosotros éramos ‘los del sulky’”.

Esteban, tal vez por ser el más chico, fue el último en sumarse a tocar con sus hermanos. Pero en su caso eligió el bajo, a diferencia de Gustavo y Damián, que ya habían empezado con los teclados.

“Si bien conocía de música por mi hermano Gustavo, mucha idea al principio no tenía. Él estudió música y yo aprendí a tocar el bajo con Quique Ferrari, que estudié con él como once años. Siempre toqué mucho de oído, por lo que no fui mucho de estudiar, a pesar de que esa formación con Quique me sirvió muchísimo”.

“El bajo -recordó- me atrajo siempre y le prestaba atención a cómo sonaba. Gustavo me dijo que fuera a estudiar para empezar a tocar con ellos. Me acuerdo que iba a la casa donde ensayaban los ‘Ayuntay’, que estaba por calle Necochea, pasando la Mitre. Ahí estaban los hermanos Chiodi y todos los demás; y Quique Ferrari daba clases”.

“Cuando mis viejos me compraron el primer bajo yo llegué a mi casa y estaba ahí, esperándome en la cama”, contó Esteban.

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