10 de octubre de 2016
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El elenco albinegro le ganó a Piazza en el Félix Piazza, un triunfo que argumentó con una propuesta que sin grandes resistencias superó la escasez futbolística del renovado elenco industrial. Canelo y Duarte para el vencedor, Parodi el descuento, los goleadores del encuentro.
Si recurriésemos a la gastronomía para elaborar –de manera muy humilde– una opinión general sobre el partido que ayer se disputó en el Félix Piazza (primera fecha del Clausura 2016), puede decirse que Alumni se sentó a la mesa y durante 90 minutos comió del plato sin contrariedades mayúsculas en el juego. Quizá por momentos se le enfrió un poco la comida, en otros momentos la notó un poco desabrida, pero nunca interrumpió la degustación. Y cuando, en el momento más complejo, la mosca cayó en su plato, la quitó y terminó de completar la ingesta.
Piazza, un equipo con cuatro incorporaciones y al cabo de casi 3 meses sin competencia oficial, fue –con suerte– una sombra de lo que el potencial de plantel que posee le permite ser. Una estructura desestructurada, debilitada notoriamente en función ofensiva a la que tampoco respaldaron los rendimientos individuales. Hubo individualidades que marcaron desniveles profundos (Ridao jugó de manera muy buena), pero el mayor claroscuro estuvo dado en el desempeño de uno y otro colectivo.
SI de señalar síntomas del partido este ejercicio se trata, uno que comenzó a evidenciarse desde el albor fue la fragilidad defensiva del local, para nada auxiliada por los volantes. Alumni optaba por un juego expansivo, por momentos ancho y casi exclusivamente por derecha. Con Canelo y Ridao en el ejercicio de correr en diagonal hacia la zona opuesta, el vacío por la diestra no era tal, pues allí surgía Mazzante (de destacado primer tiempo). Giménez veía al Diablo en calzoncillos en cada acción del 8 albinegro, que siempre lograba la ventaja en la carrera y desbordar hacia la zona central del área, por donde la visita desperdició ocasiones destacadas (luego que el industrial dispusiera de una notable en los pies de Sánchez, antes del minuto). La referencia de los medios, a los defensores de Piazza les quedaba lejana; tampoco acertaban con el adelantamiento y termina por diagramarse una figura escalonada que favorecía con creces la filtración de rivales. Un mal de todo el cotejo para el villero.
La visita ostentaba cierto control territorial, en tanto la superioridad futbolística comenzaba a esclarecerse. La diferencia física también comenzaba a gravitar, aspecto que después decantó en una diferencia asombrosa. La cebra tuvo siempre dos velocidades más que su oponente.
En cada avance Alumni poblaba la mitad industrial, muchos de sus jugadores superaban rápidamente la línea de la pelota; de un juego interno en corto con Blando como eje, se traslada a un plano ofensivo de mayor abertura, variantes y movimientos.
Piazza se fue partiendo como un témpano hasta quedar flotando a la deriva. Facundo Parodi (en su debut) y Sánchez se entibiaban lejos de un mediocampo que chispeaba sólo cuando Tavare y Bedoya compartían toques y criterios. Con eso Piazza se amalgamaba intermitentemente. Sobre la izquierda, es una posición extraña para él, Hugo Iztueta se marchitaba minuto tras minuto. Mientras, “Oveja” Díaz tenía un campo enorme que cubrir en un sector donde sus colegas de línea no ocupaban espacios cuando el equipo retrocedía, desobedecían el compromiso con la marcación. En ese estado de las cosas, el 5 supo quedar a contramano, fatigado y muy lejos de la pareja de centrales.
Comenzó el complemento y comenzó Alumni a materializar lo que el juego gritaba. Ridao recibió solo por la derecha, cerca del área mayor y con tiempo para decidir; optó por cruzar por bajo un balón justo a la carrera, también vacía, de Canelo que empujó al gol sin que Barbieri pueda hacer más que comprobar lo desprotegido que estaba.
El gran momento groggy del elenco de Hourcade se multiplicó cuando, otra vez, Ridao garabateó por izquierda, dentro del área y contra la meta, se escapó de Villarejo (jugador que llegó de Capital) y con mucha inteligencia jugó hacia atrás un pase corto para Duarte; el “Gordo”, en su retorno al club centenario, abrió su pie derecho y convirtió un notorio tanto.
La sensación era que Piazza no estaba en condiciones de defender lo que proponía. Esa disposición (no siempre bien materializada) para adentrarse en ofensiva, no hallaba respaldo en la disposición táctica al momento en que la visita respondía. Y ya sabemos cómo suele responder Alumni. A modo de simple referencia: se habían jugado 25 minutos y la escuadra piazzista no había logrado generar una ocasión de gol en todo el complemento.
Con la inercia, con el empuje descorazonado no le alcanzaría a Piazza. Montó y cabalgó en su desesperación, logró que el albinegro ya no lacerase tanto, pero ni Sánchez ni Parodi conseguían disponer, en un sector conveniente, de una ventaja ante el fondo visitante. Alumni no perdía su confort y controlaba sin relegar cierta preponderancia. Cuando el 9 tuvo una oportunidad relevante, a los 46’, el ex Athletic descontó con un buen cabezazo. Demasiado tarde para transformar una historia que no merecía otro final del que tuvo.
LA FIGURA
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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