26 de noviembre de 2012

Por José Manuel Lucía Megías
José Manuel Lucía Mejías, padrino del Festival Cervantino, participó de varias actividades y hasta expuso fotografías de su autoría en el Refugio Morena Carús.
Cuando termina un festival y a uno se le agolpan las actividades y los recuerdos en la retina y no es posible destacar uno por encima de los demás, es que algo se está haciendo bien. Muy bien. Y así está sucediendo desde que comenzó el proyecto de los festivales cervantinos allá por el año 2007, un proyecto que no ha dejado de crecer, en calidad y en cantidad, en actividades y en propuestas. Un festival que no dejará de crecer en los próximos años, no me cabe duda. Y crecer en varios frentes, consolidando algunas de las características que lo hacen único, singular en el panorama internacional. Siempre que vuelvo a Madrid después del Festival Cervantino, familiares, amigos, conocidos y curiosos me preguntan sobre el festival, sobre su naturaleza, sobre lo vivido y visto en esta ocasión. Y la verdad es que me quedo sin palabras porque lo quisiera contar todo y todo lo quisiera hacer compartir. Desde las actividades de los grandes personajes que visitaron la ciudad (desde Adolfo Pérez Esquivel a Juan Sasturain, sin olvidarme del siempre genial Miguel Rep) a las actividades que llenaron de proyectos los barrios, las escuelas, como el desfile del domingo en la Costanera o el magnífico proyecto de "Cocinando el Quijote" en la escuela de San Francisco. ¿Cómo explicar además los viajes a las escuelas rurales que se han hermanado con escuelas de Alcalá de Henares, el ir con las cartas de los niños complutenses y volverme con otras de los niños azuleños para sus amigos españoles? Imposible. Así que ante la insistencia de las preguntas y la expectación de sus miradas ante mi respuesta, tan solo puedo hacer una cosa: sonreír y mostrarles cómo lo más importante del Festival cervantino de Azul no son las actividades que se realizan en los días de su celebración, sino la vida que se ha puesto en ella, en las horas que ha llevado su organización, cada uno desde su responsabilidad, las risas y los debates que han generado, la capacidad de movilizar a una sociedad, que la cultura no se convierta en algo que se realiza de puertas para adentro sino que se expande de puertas para fuera
la cultura que impregna todas las actividades. El Festival Cervantino de Azul es un festival de vida, frente a los festivales de escaparate (que solo albergan actividades externas durante un período de tiempo) o los festivales de momias (donde los participantes se aíslan en las pirámides de sus locales, sin comunicación con la población). Un Festival de vida que no tiene límites, que permite soñar, seguir soñando. Seguir planteando nuestros retos y desafíos para el año que viene.
Los Festivales cervantinos de Azul no han dejado de crecer en una línea de continuidad que resulta conmovedora, admirable. Si el V Festival Cervantino en el 2011 fue el Festival de la participación, en del 2012 lo ha sido del entusiasmo. Y esa es la senda que se ha de transitar. Esa es la senda que hará todavía más fuerte e importante el Festival en los próximos años. El VII Festival Cervantino de Azul, el del 2013, debe ser el Festival del desafío. Ha llegado el momento de invadir la ciudad con actividades durante el próximo festival; ha llegado el momento en que todos los azuleños, desde su propia esfera personal y vital, se desafíen para participar en el Festival Cervantino, que es participar en la construcción de un proyecto comunitario de identidad integradora. Durante el Festival Cervantino, la ciudad se ha de convertir en un inmenso salón de actos donde se realicen mil y una actividades. Es necesario que se impliquen las escuelas, que sean generadoras de actividades y debates dentro y fuera de sus aulas; es necesario implicar a los comercios, que conviertan sus vidrieras en una fiesta, más allá de premios; es necesario que el Festival esté presente en la calle, que las paredes se llenen de propuestas, que en las aceras podamos cruzarnos con don Quijote, Sancho, el Martín Fierro y mil personajes que salgan de los libros a la vida; es necesario que estemos esperando la cola del banco y que de pronto unos actores nos representen una pequeña obra de teatro
Es necesario, en fin, que seamos capaces de desafiarnos a nosotros mismos para demostrarnos qué podemos ofrecer al Festival Cervantino, qué podemos ofrecer a Azul para el próximo año. Y de este manera, al margen de las actividades puntuales que pueda (y debe) programar la organización, que permita tener en nuestra ciudad un diálogo con artistas, escritores, músicos, actores, bailarines, intelectuales, cómicos
que vengan de fuera, el desafío que ahora tenemos todos los azuleños es ser capaces de generar ideas, proyectos, iniciativas a lo largo del año para convertir el Festival en el punto de llegada de nuestro compromiso con la sociedad, en la seña de identidad de nuestra propia visión del mundo. Las más de 130 actividades que se han podido ver y se han programado en el VI Festival Cervantino llevan detrás mucho trabajo, muchos desafíos. Algunas de ellas son fruto de talleres realizados a lo largo del año, de escuelas y proyectos como los de Inés; otras se han llevado a cabo en los últimos meses, pero han permitido practicar destrezas y modos de conducta que es muy difícil llevar a las aulas, a las reuniones de empresas, a las salas de la Universidad a no ser que haya un proyecto integrador como el Festival Cervantino. Nunca podré olvidarme de las caras de satisfacción de los chicos y chicas de la escuela de San Francisco cuando terminaron sus duelos y quebrantos y sus rosquillas. El acto duró una hora durante el Festival, pero llevaban meses preparándolo, aprendiendo y ensayando. Pero no solo aprendiendo a cocinar, a conocer en qué pasaje del Quijote se hablaba de estas comidas; sino, y eso es lo importante, aprendiendo a convivir, a compartir, a convertirse, cada uno de ellos, en un "don quixote".
Este es el desafío que tenemos por delante. El desafío que tenemos todos los azuleños con el Festival Cervantino. Este es el desafío de un Festival que comienza a prepararse en el momento en que se clausura el festival anterior. No se trata de una cita anual. El Festival Cervantino de Azul nos convoca a todos, a todos nos desafía a lo largo del año.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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