23 de enero de 2020
Por Moira Goldenhörn (*)
El (nuevo) caso de los rugbiers homicidas
En unas semanas en las que trascendió a estado viral lo cruento de los ritos de iniciación de los deportistas masculinos, a raíz de un estudio de la Psicóloga Cecilia Ce que reunió relatos en primera persona de víctimas de ellos, en su mayoría de rugbiers[i], y la carta abierta del ex rugbier Julián Princic en Twitter [ii]donde define al rugby como "un refugio de hombres que necesitan reafirmar su masculinidad constantemente. Bautismos, abusos sexuales, peleas bolicheras" y nos despertamos este pasado fin de semana con un nuevo homicidio grupal a la salida de un boliche, perpetrado por 11 jugadores de rugby de la ciudad de Zárate contra un adolescente de nacionalidad paraguaya. La Unión Argentina de Rugby manifestó "lamentar el fallecimiento".
La violencia basada en el género no es sólo hacia las mujeres
Lejos de demonizar al rugby en abstracto, entendemos que es hora de cuestionar con perspectiva de género la socialización que opera sobre niños y jóvenes a través de los clubes deportivos, y las tradiciones familiares, sobre todo en atención a la perpetuación de estereotipos de género dañinos, disfrazados de valores sociales.
Porque aquí opera un error típico del desconocimiento: el creer que la violencia "de género" es dirigida solamente hacia las mujeres. Estas manifestaciones de violencia, que preferimos denominar "basadas en el género", pueden manifestarse también hacia otros hombres, porque se fundamentan en estereotipos de género, es decir, en "una opinión o un prejuicio generalizado acerca de atributos o características que hombres y mujeres poseen o deberían poseer, o de las funciones sociales que ambos desempeñan o deberían desempeñar", y aquí es donde "los valores" del rugby cobran protagonismo en clave siniestra, o sea, cuando lo cotidiano amigable y ameno, se vuelve oscuro y amenazante: la camaradería es confundida con pacto de silencio; el origen familiar distinguido con impunidad; el temple con imposición de torturas y tratos vejatorios hacia adentro, hacia "nosotros"; y la fortaleza y resistencia físicas con manifestaciones brutales de violencia hacia afuera, hacia "los otros", a ser doblegados por medio de ella.
Como dice Julián Princic, el problema no es el rugby, es "el estereotipo del rugbier", que se promueve por los mayores y se perpetúa en el tiempo y hacia las nuevas generaciones. Debemos ser conscientes que hablar de estereotipos nos está abriendo el análisis más allá del hecho de violencia visible concreta en cuanto ésta es manifestación necesaria de relaciones de dominación.
"No podemos medir con la misma vara"
La violencia es un problema general de la sociedad. Sí, pero con matices que agravan:
No podemos medir con la misma vara la violencia que media en la comisión de delitos contra la propiedad privada, la violencia social por hartazgo ante la opresión económica y la persecución política, que la violencia hacia las mujeres, ancianes y niñes como grupos vulnerables, ni tampoco la que se ejerce desde el abuso de poder hacia las personas "pobres", o desde las instituciones a les ciudadanes. Porque en estos últimos casos, a diferencia de los primeros, hay relaciones estructurales de desigualdad que facilitan la dominación a través del ejercicio de la violencia, y no de cualquier manera sino a través de formas muy eficaces de crueldad que imposibilitan a la víctima salir de la situación de violencia y garantiza impunidad al perpetrador, y eficacia a quien se encuentra en posición dominante. Podríamos decir que asemeja por su estructura a crímenes corporativos, a los modos de la mafia que actúan en complicidad tras un pacto de silencio y garantía de impunidad, para ejercer su poder sobre los miembros de la organización.
La violencia, la crueldad y la socialización...
El abuso de poder como forma de personalización: Ahora bien, según parece, las sociedades, al menos en occidente, han surgido de una organización cerrada que garantizara la supervivencia y también se han expandido mediante el ejercicio de la violencia como método y la dominación por el miedo como constante ejercicio del poder para mantener el statu quo.
Entonces, me pregunto ¿no estaremos todes socializades como personas en tanto personas violentas? Cuando se nos socializa mediante amenazas de castigos y aplicación de castigos, cuando se les ha dicho a nuestras madres que debían dejarnos solos llorando hasta dormirnos, que no nos alcen al reclamar su contacto porque las estamos manipulando, y a nuestros padres que los hombres no se involucran en lo afectivo para desentenderse de la ternura de la crianza; cuando se alienta a los varones a imponerse a otros "débiles" mediante la fuerza física y a las mujeres a competir y eliminar a través de la competencia por el logro de los estándares de belleza y "conquista" de los hombres más fuertes para garantizarles un buen pasar económico y procrear con ellos... ¿no estamos naturalizando la violencia como constitutiva de los vínculos humanos?
Cuando el respeto social se asienta en la capacidad de intimidación y la certeza de la inflición de un daño, ¿no estamos repitiendo por la eternidad la fórmula romana del poder absoluto del paterfamiliae y la dominación militar que garantizaba la paz?
Estas consideraciones generales nos posibilitan entender al ejercicio de la violencia y la crueldad como una lógica operativa en los vínculos interpersonales. Puntualicemos ahora en la socialización de los varones en cuanto la misma responde a la masculinidad hegemónica. En este punto me parece crucial el concepto de "pedagogías de la crueldad" acuñado por la antropóloga Rita Segato, haciendo referencia a que, en la socialización de los hombres, se les enseña a insensibilizarse mediante el uso de la violencia y la crueldad y su participación como espectador de actos violentos y crueles.
Así es como se aprende a ser cruel para dominar, a ejercer el poder mediante la violencia explícita o la amenaza de padecerla: en lugar del respeto por el cuerpo del otro, de su deseo en sentido lato, de su forma de vivir, se aprende y enseña a inhabilitarlo y/o destruirlo porque su otredad, su radical diferencia a nosotros, nos amenaza. Así, la masculinidad hegemónica se asienta sobre la eficacia en el ejercicio de la violencia y la crueldad en cuanto factor de dominación.
Y si hablamos de dominación, no debemos omitir el concepto de clase. Desde el feminismo interseccional no podemos evitar explicitar la existencia de diversos campos en cuya coexistencia los privilegios se suman como opresión a quien no disfruta de ellos. Cuando a la masculinidad hegemónica se le suman los privilegios de clase (que como sabemos, no son sólo económicos sino sociales de toda índole), aparenta como más cruel la violencia y más efectiva en su cometido de impunidad, se acerca más a un sentir y práctica de impunidad.
La ESI: respuesta superadora
La Educación Sexual Integral como respuesta superadora: La propuesta de la ESI nos ayuda a entender cómo la violencia basada en el género no es sólo dirigida a mujeres y disidencias sexuales sino también a hombres heterosexuales bajo el dominio de los, digamos, "machos alfa" que ejercen una suerte de "vigilancia de género" para controlar que todos los hombres se comporten "como hombres", es decir, según las pautas culturales previstas para los varones heterosexuales.
Porque así como las pedagogías de la crueldad educan desde la casa, los clubes y otros espacios de socialización, la escuela, al implementar la ESI, educa en el respeto de las diferencias y en la aceptación del otro como otro que me completa y me mejora, no que me amenaza y destruye.
[I] Viralizado por Nahuel Suárez en Twitter: https://twitter.com/nahuelsuarez17/status/1207054289887215617/photo/1?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1207054289887215617&ref_url=https%3A%2F%2F
[II] https://twitter.com/JulianPrincic/status/1214916678313762816
(*) Abogada feminista
Docente-Investigadora
PG en Cultura y Comunicación
Maestranda en Cs. Sociales y Humanidades
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026