22 de agosto de 2013
OPINIÓN
Escribe: Eduardo Víctor Lapenta
Partido Socialista de Azul
Una dolorosa información nos conmueve. Dos jóvenes obreros murieron por el desmoronamiento de una zanja en una obra de cloacas contratada por la municipalidad. Sus familias desoladas, quieren que no se repita. Nosotros también.
No me voy a referir en esta nota a las responsabilidades de la empresa privada. Tampoco a la de quienes tienen por misión controlar la seguridad laboral, como la Aseguradora de Riesgos del Trabajo, el Ministerio de Trabajo y, tal vez, el Sindicato. Esperemos que pronto lo resuelva la justicia.
Nos interesa tratar de comprender el rol del Municipio y cuáles son los factores estructurales que inciden para que estas situaciones ocurran. Me limitaré a realizar una descripción de lo que no debe hacerse y cuáles son sus consecuencias. Quienes conozcan más profundamente la realidad municipal, podrán determinar si existe o no un paralelismo con alguno de los modelos descriptos.
En ciudades como la nuestra, el gobierno municipal es el mayor contratista de bienes y servicios. Es quien fija las reglas de la contratación y quien debe procurar el desarrollo de las empresas proveedoras y contratistas locales. Una buena política municipal tiene exigencias crecientes en el cumplimiento, en la calidad, en la seguridad para con las personas, etcétera.
La empresa que se acostumbra a cumplir con altos estándares, podrá competir con ventaja en otras localidades como Olavarría y Tandil, tanto en el ámbito público como en el privado, contribuyendo a generar más trabajo azuleño. Lo público contribuye al desarrollo genuino de lo privado, que revierte en beneficio de todos. Este es un modelo virtuoso.
Pero puede ocurrir lo contrario, que estemos en presencia de un modelo vicioso, adonde lo público empequeñece todo lo que toca.
La primera cuestión que se presenta es la idoneidad de los funcionarios políticos. La Constitución es sabia, para los cargos electivos pide legitimación por votos; para los demás cargos pide legitimación por idoneidad. Un buen albañil, como Secretario de Obras Públicas, es mejor que un abogado, porque tiene afinidad en su saber y conoce al menos los límites físicos. Pero solo un ingeniero o un arquitecto con experiencia, tiene el conocimiento para priorizar la seguridad de la gente por sobre las cuestiones presupuestarias o burocráticas.
A veces se pretende saltear a los servicios permanentes, jurídicos o contables, y entonces necesitan un funcionario político que "sepa de papeles". Pero, mientras se acomodan los papeles, suceden los accidentes.
Cuando se instala la jerarquía del que no sabe, las relaciones se tornan dificultosas. Se aprende a costa de los vecinos. A veces deriva en presiones, hostigamiento o persecución de los empleados permanentes, para reafirmar su autoridad o para eludir la ley. En definitiva, se empequeñece.
La segunda cuestión es el cumplimiento recíproco. Si la municipalidad no paga a los contratistas, hay costos ocultos de la obra, tan elevados como el índice de inflación, que se compensan con economías en los materiales, precarizando personal o incumpliendo con la seguridad.
Como no cumple, la municipalidad tampoco exige. Quiere que la obra se inaugure para la foto electoral, y también que se termine.
Muchas veces se torna inviable desde la licitación, desde un presupuesto oficial, insuficiente para cumplir con todas las obligaciones a cargo del contratista. Entonces es un juego recíproco. La empresa ofrece lo que no va a cumplir, y la municipalidad cierra los ojos al incumplimiento.
Ni la Constitución, ni la ley, ni las ordenanzas autorizan a no pagar. Puede suceder que se torne imposible, pero si así ocurre hay que olvidarse del orgullo, pedir disculpas y minimizar daños a los demás, dándoles certeza de la nueva fecha de pago. La falta de consideración del otro, en lo personal o en los compromisos económicos, empequeñece.
Cuando uno no lo hace sienta las bases de un modelo de contratista: el empresario "amigo". Sólo el amigo cobra el certificado, los demás, en el cajón de las deudas. Sólo él sabe cuándo pagarán y cuanto le exigirán cumplir. No importa si es amigo del Intendente o del Director, o lo hace por amistad personal, por vínculo partidario o incluso por coima, siempre concluye igual. Cuando se vulneran los principios de igualdad y libre concurrencia, se instala la corrupción.
Ese contratista será, finalmente, el único que se presente y gane las licitaciones. Primero desertarán los oferentes foráneos, más tarde lo harán los locales. Casi nadie oferta a quien no le va a pagar en la fecha acordada, y si lo hace, su oferta será el doble del precio de mercado, para cubrirse.
La preocupación mayor de quien logre ser adjudicatario del contrato, será mantener el vínculo personal que le genera ganancias, con todos sus matices. No tendrá interés en mejorar la calidad de la obra, la capacitación del personal o la seguridad de la gente. Son las empresas prebendarias, que sólo prosperan cuanto y donde tienen el favor político.
La tercera cuestión es el control que debe ejercer la sociedad civil en toda obra pública. La comisión de vecinos que impone la Constitución provincial (art. 193 inc. 6°) y la Ley Orgánica de Municipalidades (178 inc. 3°).
El Intendente De Paula contaba que cuando se construyó el asfalto de la Avenida Perón, la obra tuvo un exhaustivo control de los vecinos y la calidad resultante permite que aún hoy transiten por ella hasta los pesadísimos tanques del ejército. Sólo se rompió el pavimento enfrente a un lugar en que no había viviendas ocupadas, ni vecinos que controlaran. La movida del pavimento generó un mayor desarrollo, porque la misma comisión de vecinos emprendió a otras actividades comunitarias: fundó el club Cemento Armado.
El municipio que relega la participación de la sociedad civil, la empequeñece.
Sucede lo mismo en las relaciones del municipio con la sociedad civil, las reglas de vinculación con las cooperadoras, comisiones vecinales, clubes, etcétera. Pero ese análisis excede el contenido de esta nota.
El rol de lo público es el de estimular, siempre, el desarrollo humano en todas sus dimensiones: educativo, social, cultural, solidario, laboral, económico, etcétera. No es lineal, no se agota en una sola dirección. Supone el crecimiento como ciudad, desde formas participativas. No hay que confundir lo público con lo propio ni con lo sectorial. Lo público es lo de todos, pero lo que tenemos en común que, además, nos brinda el soporte necesario para el logro de lo individual y lo familiar. Es lo que nos ayuda a igualarnos en oportunidades, compensando desventajas sociales o personales.
Para ello precisamos un municipio que contribuya al desarrollo y proscriba las prácticas que nos empequeñecen.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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