16 de marzo de 2014

. "Esta situación no le estaba haciendo bien a nuestro semillero"

Y había que cambiar. La presidenta de Estrellas de Juventud habló con EL TIEMPO respecto a los cambios que la comisión ha establecido para tratar de jerarquizar el fútbol de Primera División, y así envalentonar a las divisiones inferiores. En una extensa entrevista, la dirigente también trajo a la charla recuerdos de una dura adolescencia y los primeros pasos en la institución que tiñó su corazón de rojo y blanco; el tener que trabajar en un ambiente -que entiende- machista y conservador, los problemas económicos y, lo más importante, la necesidad de que el club esté por encima de cualquier conciencia personal.

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La última palabra que dijo en la entrevista fue “¡basta!”, así, bien enfatizado. Y esa indicación de una continuidad que llega a su fin (al menos, eso se pretende) es la parte por el todo del presente de Estrellas de Juventud: con el mismo corazón de siempre, hacer latir una nueva vida futbolística, lo suficientemente gratificante como para que sea una nueva vida institucional.

Cuando EL TIEMPO planteó hablar con Graciela Blanco, presidente de la entidad de Villa Fidelidad, lo que se pretendía era no sólo considerar los nuevos tiempos albirrojos, sino también atender al hecho puntual de lo que puede significar presidir un club fundamentalmente futbolero, manejarse en un ambiente que se presume machista y conservador, a la cabeza de una institución mucha veces desestimada, un club de “atrás del arroyo”, de un barrio pobre. Si bien casi todos estos puntos fueron aludidos en la conversa, el rumbo del diálogo no siempre fue obediente, y algunos resortes actuaron en favor de la adolescencia -difícil, en plena dictadura militar- de aquella chica llegada al barrio
Rucci en 1974, un amor que la llevó a enamorarse de Estrellas y una esencia barrial que, ella supone, es un legado que proviene de los pampas.

Entre lo biográfico y lo político-deportivo (presidir una institución deportiva es hacer política también, es pugnar intervenir la realidad), entre recuerdos y esperanzas, una larga entrevista con una mujer frontal.

 -Previo a que Estrellas te ocupara buena parte de tu tiempo como presidenta, ¿a qué te dedicabas y cómo era tu vínculo con Estrellas?

-Siempre trabajé y en Estrellas, mucho antes de ser presidente, yo digo que soy la primer mujer que piso el club, a los 18 años, a tomar la copa. En realidad, yo soy una adoptada del barrio Villa Fidelidad, porque fui a vivir al edificio Rucci en el año 74, mi viejo sindicalista municipal, y a partir de ahí me inserté en el barrio.  Después me caso con alguien del barrio Villa Fidelidad, el “Tola” Farías, y ahí me hice mi casa y demás. Yo tenía 13 años, con un montón de situaciones mal; época de dictadura, en ese momento habían tomado la Guarnición, cuando nosotros llegamos. Y justo en el edificio en el que viven mis viejos ahora, el de Bolívar y Laprida, es donde hoy están todavía las marcas de las balas. Era una época dura, yo la viví con mi viejo.

-A instalarse en el barrio Rucci, ¿ustedes llegan desde otra ciudad?

-No, no, yo vivía en La Mosquera, Maipú y Sarmiento. Y cuando llegamos al Rucci se desmembró la familia, porque mi viejo se tuvo que ir, estuvo preso. Fue en 1978, cuando intervienen el sindicato y él cae preso. Nosotros nos quedamos en “Pampa y la vía”, nos daban de comer los vecinos. Encima, mis viejos se separaron.

-La cuestión política del país arrasó a tu familia, como a tantas otras

-Sí, así fue. Yo que era la mayor (ahora tengo 53 años) a laburar, terminé el secundario a la noche. Mi hermano encontró a un constructor que le dio trabajo y todos desparramados buscando algo para vivir.

-¿Aún no estabas vinculada con Estrellas?

-Fue en el año 1978 que me acerqué al club.

-¿Creés que te acercás al club por ese desarraigo familiar?

-No, porque yo me hice de novio con el “Tola”. Cuando fui al club por primera vez, estaba en la esquina de San Martín y Laprida, en la esquina del 2 (se refiere al edificio del barrio). Lo único que tenía era fútbol barrial y se solventaba gracias a la cantina. Es más, gracias al acumulado de muchas de las cantinas que había tenido el club, en el año 82, 83 dicen que tienen tanta plata y primero pensaban comprar un colectivo para la pesca. Y les surgió que vendían el terreno donde estamos nosotros ahora, 9 de Julio entre Jujuy y Comandante Franco. Y lo compraron con un dinero que habían acumulado con cantina, ¡qué loco! Hoy con cantina no hacés nada.

-Es lógico pensar que ya eras entonces la mujer vinculada a la entidad que decías más arriba

-Sí, ya para esa época ya andaba en todo lo que pasaba. Pero nunca lo tomé como algo de otro mundo, nunca me pareció una vergüenza, te hacía sentir bien la gente del barrio.

 “Hay una esencia en ese barrio”

 -¿Qué tipo de tareas eran esas iniciales?

-Cuando había fiestas, yo me encargaba del cotillón, o de pelar papas, también de adornar el salón…lo que hacen las mujeres. Pero no sólo yo lo hacía, éramos muchos.

-A medida que fue pasando el tiempo, ¿se sumaron más mujeres a ese grupo de trabajo?

-Sí, sí. Hubo una comisión, antes que la nuestra, que tuvo varias mujeres, no me acuerdo en qué año. La gente de Estrellas, y ahora lo estoy pensando, se caracteriza por eso, por que ha habido muchas mujeres trabajando en la Comisión Directiva, sin llegar a ser presidente, pero laburando en el club. Yo hay algo que destaco siempre.  De Villa Fidelidad siempre se dice “el barrio de los pampas”; hoy ya no, porque está incluido en la comunidad. Pero hubo un momento que “de los ignorantes”, “de los salvajes”, que “no crucés para allá”; y vos fijate qué cosa importante. El hombre, que siempre es machista, la tuvo siempre en cuenta a la mujer, sin ponerle palos en la rueda.

Yo leí mucho del asunto de los indígenas, de los pampas que vivían ahí, y se dice que, en su momento, la que salía a laburar era la mujer, el hombre se quedaba en la casa. Algo tiene que ver eso en lo que pasa ahora, hay una esencia en ese barrio.

-Eso que podríamos llamar igualdad, y si es que es válido generalizar, ¿modificó la mujer su rol social?

-La mujer…se ha ido al diablo.

-¿Cómo es eso?

-Soy una convencida de que sí, y en un montón de cuestiones. En los valores, creo que la mujer ha perdido su esencia de mujer, por un montón de cuestiones, no porque yo esté hoy en el fútbol. Pero me parece que a la familia la ha dejado en un segundo lugar. Yo nunca me desprendí de la familia, estoy con los pies en la tierra, vivo así.

La presidenta que no quería ser 

-Graciela, ¿cuáles son las causas profundas que te impulsaron a querer presidir esta institución?

-Es que yo no me impulse a nada.

-¡Pero hubo un convencimiento en algún momento! Ya llevás tres años de funciones.

-No, voy a explicarlo. Sí, asumí el 19 de noviembre de 2011, pero no porque yo me presenté ni nada de eso. Se formó una comisión y yo quedé de vicepresidente, pero ¿vos crees que en ese momento yo pensé que iba a terminar de presidenta? ¡Ni remotamente!

-¿De qué presidente eras vice?

-Estaba Luis Gómez. Se armó esa comisión en 2009 y pasó que renuncia el presidente y estaba de vice. ¡No podía huir con él, si yo no había hecho nada! Se llamó a asamblea por la renuncia y no se presenta nadie. Era agosto de 2010, y en febrero de 2011, aproximadamente, se hace la asamblea.

-Cuándo vos asumís, en noviembre de 2011, ¿cuál era la plataforma que habían pautado para plasmar su gestión?

-(Se ríe). Teníamos que seguir, levantar lo que estaba mal, que era el tema plata. Nos hicimos un castillo en el aire, decíamos que “vamos a hacer esto”, “vamos a ampliar”, “que aquello, que esto”.

“El hombre le tiene miedo al cambio”  

-Retrotrayéndonos un poco, una vez en el cargo, ¿con qué ambiente te encontrás en el fútbol azuleño?

-En la Liga todo bien, buen trato… ¡siempre hay algún estúpido! Pero yo, hoy por hoy, debo decir que me siento bien, y tengo diálogo con todos los presidentes. Es más, con Chacarita llegamos a trabajar juntos en los corsos del año pasado, con la cantina. Después, con San José tengo muy buena relación.

Lo que debo decir que como yo no tengo compromiso con nadie, y quizá los hombres ya venían con otra escuela, por ahí choco, porque no me callo nada. Y eso al hombre no le gusta.

-¿Te parece que los hombres son más hipócritas?

-No, creo que el hombre es más de seguir con lo mismo, le tiene miedo al cambio, fue así siempre y tiene que seguir así. Incluso, me pasa que choco hasta con integrantes de mi comisión.

Quien vaya a una reunión en la Liga verá que se trata de hablar exclusivamente de cosas que después quedan en el aire.

-¿Hablás de idealismo?

-Digo que las cosas puntuales no las toman en cuenta. Una de las cosas que fue tema de debate en la Liga, fue el asunto de la Décima. Yo estoy convencida que no debe ser competitiva, no tendría que haber puntos en juego. Yo creo que es formativa, porque el nenito sale de la escuelita y lo largás a la Décima para que conozca el terreno, se relacione con los otros chicos. Pero los otros me dicen a mí que estoy equivocada, que hacer eso es retroceder en el tiempo. Para mí no es así, porque sabés que pasa –les dije-, que si vos me estás diciendo eso es que vos no estás viendo la realidad hoy. Al nene, en un partido de Décima, lo presionan de tal manera que lo vuelven loco. ¿Pero quién hace eso, el nene o los dirigentes? El dirigente. Imaginate que el nene de 9 ó 10 años va a distenderse, a jugar a la pelota, y el técnico lo presiona, le dice “¡tenés que ganar, pelotudo!”. La sociedad está retrocediendo, pero al perder los valores.

  “PROYECTO DE CAMBIO”  

Blanco asegura que Estrellas vivía una situación prácticamente limiten en torno a la Primera División, su desempeño y la imposibilidad de nutrirse de jugadores del club. Un proyecto trunco parió un impulso dirigencial y gestó una idea superadora, la cual acaba de salir al ruedo, concentrando una ilusión muy grande.

 -Lo que ha hecho Estrellas este año en la Primera, se vislumbra como golpe de timón definitivo. ¿Por qué esa necesidad de que sea tan radical?

-Pareció que cuando nosotros asumimos hace tres años, fue como sí todo se hubiera desmoronado. Y la Primera fue el gran tema. Cuando Estrellas entró en la Liga, hizo una gran campaña, pero con jugadores de Estrellas, no había muchos más, uno o dos refuerzos. Estamos cumpliendo 10 años en la Liga, la escuelita había empezado en 2004 y entonces no podías pretender mucho, tenías que traer para continuar. En realidad, hasta eso nos tocó darnos cuenta a nosotros, de que no teníamos jugadores en Primera. No había semillero porque no se había gestado todavía. Recién ahora, el semillero que surge es esta Sexta, que son quienes se van a mechar con los jugadores de esta Primera.

-Pareciera que el cambio rotundo que propusieron obedece a la necesidad de “curar”,  por todos los medios, un “enfermo” de suma gravedad

-Teníamos que hacer algo, esta situación no le estaba haciendo bien a nuestro semillero. Porque los chicos, qué entusiasmo podían tener si veían que la pantalla, que es la Primera, perdía todo.

 -El proyecto del cual hablamos ¿surgió del seno de la Comisión Directiva?

-Llega una propuesta que la llevan otras personas, pero dentro de ese grupo estaban incluidos estos chicos (alude a Carlos Balquinta,  Silvio Pantaleón, Ramiro Lotito y Andrés Layús). Por diversas cuestiones, tontas, el proyecto no corre y entonces ahí yo habló con Carlín, en noviembre del año pasado. Para nosotros era una utopía, ¡si no teníamos un mango! Él ya había estado con nosotros en 2011, y siempre nos decía “cómo laburan, qué bárbaro”. Pero parecía imposible por el momento que vivía en Athletic. Yo me mandé y le dije; primero lo propuse en comisión, y ¡Carlín dije que sí! Fue importante hablar.

 -¿Tu propuesta fue, directamente, “vení a coordinar el fútbol de Estrellas”?

-Le dije: “Acá el tema está bravo, no podemos seguir así”. Él sabía muy bien cómo venía Estrellas y ya no había otra alternativa. Y también le aclaré que la única condición era que nuestro semillero -que es el juvenil- se tuviera en cuenta, porque eso va a ser el futuro de nosotros. “Lo demás lo decidís vos, nosotros te damos todo el aval”, le dije. Y, por suerte, lo tomó al toque. Aparte de todo eso, ellos trabajan a la par de nosotros, de diez. Nosotros tenemos que estar agradecidos a esta gente por un montón de cuestiones.

Hasta ahora, y sin considerar resultados numéricos, ¿ustedes lo consideran un proyecto exitoso?

Sí, proyecto de cambio. Esta idea también tiene que ver con algo que yo creo: que la base, la escuelita, y hasta Novena u Octava, tiene que tener gente de Estrellas; es la base y tiene que estar marcando presencia la gente de Estrellas. Pero de ahí para arriba, no sirve la gente de Estrellas.

-¿En qué sentido lo decís?

-En el de dirigir el fútbol, y es así por un montón de motivos, que darían pie a otra charla como ésta. Amiguismo, familiarismo, “te pongo aunque no entrenés”, ¡basta!

 

“¡EL DINERO TE LO COME EL FÚTBOL!”  

Está establecido como uno de los grandes hilos conductores que, en desgracia, vincula a muchas de las instituciones locales, se aboquen al fútbol o no. El aspecto económico, lo peor que tiene, es que casi siempre condiciona la materialización de proyectos loables, a veces atrevidos. En Estrellas, la actual CD debió lidiar con eso en un momento inicial y crucial; y si bien esa circunstancia pudo ser superada, esa gran boca que todo lo come, incluso el fútbol, aún no sació su apetito.

 

-Para buscar salir de una magra situación económica, ¿recibieron ayuda externa?

-Recibimos la ayuda de Duclós, que se estaba yendo. Él nos da un subsidio en septiembre de 2011 y con ese dinero pagamos Liga y todo lo que se debía, lo básico. Decidimos que lo primero que debíamos hacer era pagar la deuda, porque si no se hundía el club. Lo que había que pagar era aquello que iba a mantener la estructura, porque para qué queríamos los equipos de fútbol u otras cosas si estábamos muy mal. Eso fue lo primero que hicimos  y fue un alivio.

-¿Y cómo resultó la vida institucional una vez saldada la deuda fundamental?

-Generábamos dinero, pero…hoy en día también, pasa que algunos son caretones y no lo dicen, te come el fútbol, ¡el dinero te lo come el fútbol! Nosotros este año vamos a pagar 2200 pesos de Liga por mes, 1600 pesos de Policía y 1180 de árbitros, hablo de Sexta y Primera. Hay que sumar 713 pesos de árbitros en inferiores y la cancha; nosotros le alquilamos a Athletic y cuando haya terminado el año, le habremos pagado a Athletic 40 mil pesos por la cancha.

Y ojo que los gastos de árbitros y de Policía son cada vez que somos locales, tanto en inferiores como en  Sexta y Primera, y somos locales al menos dos veces por mes. ¡Pero por qué no blanquean! A eso sumale que no va gente a la cancha. La entrada de Primera te sale 40 pesos y la de inferiores 25, entonces decime ¿qué padre o madre va a ir a la cancha con, por ejemplo, dos nenes? Y también hay que agregar que si salís afuera a jugar, tenés que costear el viaje.

-Ante este panorama que planteás, ¿de qué recursos se sirve el club para solventar los gastos de su actividad cotidiana?

-Además de lo que generamos nosotros, recibimos aportes políticos y yo lo debo decir, alguno se puede enojar pero no me importa, yo soy una agradecida. El Gobierno de Inza nos ha dado un solo subsidio, y Omar (por Duclós) se fue y siempre nos está dando algo. Está bien, nosotros vamos y le pedimos, somos cara rota. El tipo si fuera otro, capaz que nos dice “¡eh, otra vez ustedes!”. Pero no. Todo lo demás, lo tenemos que laburar: rifas, cantinas, peñas, cuota de socios, la Lotería Familiar que hacemos los domingos; alquileres del club para cumpleaños.

-¿Qué cantidad de socios tiene Estrellas hoy?

-De manera activa hay un total de 180 socios, que pagan regularmente su cuota. Su aporte nos sirve mucho. Después, quienes nos están ayudando mucho son los chicos que llegaron al club para renovar el fútbol.

 

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