30 de diciembre de 2017
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Por Fabián Sotes - fsotes@diarioeltiempo.com.ar
Se los están llevando. Y lo peor es que el Estado lo está haciendo.
A los “fabriqueros” de FANAZUL, como ellos orgullosos cantan que son, les están sacando el trabajo. Y así, les están arrancando la dignidad.
Les está pasando lo mismo que le ocurriría a cualquier vecino de esta ciudad que entiende que la única manera de vivir de una manera decente es así, trabajando.
Después de la movilización de ayer a la tarde en el centro, verlos ahí saltando, abrazados entre lágrimas y gritando con orgullo lo que son se transforma en una escena tremendamente dolorosa. Un cuadro que al mismo tiempo comparten alrededor de mil personas, según los cálculos estimativos -entre oficiales y no tanto- de la cantidad de asistentes a lo que fue esta marcha.
El sentimiento ante semejante escena es también de solidaridad y de apoyo a todas esas caras que, al fin y al cabo esto es Azul y nos conocemos todos, pueden parecer ajenas desde lo laboral pero ahora ya no lo son desde lo afectivo.
Se trata de las mismas caras de cientos de personas que son totalmente conocidas en el día a día. Algunas, por ejemplo, por una cuestión de haber vivido en el mismo barrio. Otras, por haberlas encontrado en esos lugares a los que los caminos de la vida a cualquiera lo llevan.
Por ahí anda el querido Jorge Menchaca, que en algún tiempo supo ser compañero de tareas en EL TIEMPO, allá cuando durante los domingos escribía crónicas de partidos de fútbol de la Primera División que al día siguiente le daban forma a las páginas de la Sección Deportes de este diario.
Jorge ha sido uno de los rostros de este legítimo reclamo ante el cual, a excepción de quienes tienen que hacerlo desde el Estado, seguramente hasta un muerto se conmovería.
“El Bagre” Laporte, Marcelo -el más grande de los dos hermanos de esa familia que se crió en una casa de una calle que, cuando ellos eran chicos, se llamaba Tucumán y ahora se llama Bogliano- es otro de los rostros de este reclamo. No puede hablar mucho; aunque sí saltar, gritar, pedir por la defensa de esa fuente laboral que le pertenece y está en peligro, del mismo modo que les sucede a todos los demás que están inmersos en esta acuciante problemática.
“El Bagre” también pintaba casas con “Teté”, su viejo. Laporte padre, décadas atrás, además arreglaba pelotas de cuero. Hace dos años que ya no está físicamente, pero si estuviera seguro hubiera ido a la plaza ayer para acompañar a su hijo más grande.
Pero Marcelo no está solo. Por ahí anda su mamá, “La Vivi”. Y también están su mujer y sus hijas, apoyándolo en este fin de año tan doloroso.
Del mismo modo, están los familiares de los demás trabajadores. De esos “fabriqueros” entre los cuales se siguen asomando caras conocidas.
Gente que en el día a día forma parte de una escenografía que parece que ya no será tan habitual como lo era hasta ahora.
Una secuencia que tiene que ver con observarlos, a la mañana bien temprano, parados en alguna esquina de la ciudad, esperando a que pasen por ellos los colectivos para trasladarlos a la planta situada en la Ruta 80.
Los mismos micros que ahora, según cuentan, ya no están en Azul y se los llevaron para Córdoba, como una manera más de ir apretando la soga en el cuello de todo este grupo de laburantes.
Hay un tipo que tendrá unos cuarenta y tantos y que vive cerca del Tiro Federal. Estaba ayer en la marcha pidiendo por la preservación de su trabajo. Estaba siempre, también, parado en una de las esquinas que están ahí cerca de su casa, esperando ese colectivo de FANAZUL que ahora parece que ya no volverá a pasar.
Y hay más rostros de trabajadores marcados por el dolor. Mientras se escuchan los discursos que le dan forma a la protesta, basta ir mirando sus caras para asociarlos con diferentes escenas de la vida cotidiana. Escenas que ahora, lamentablemente, comenzarán a modificarse.
Con esa mutación en sus vidas, como si fuera un efecto dominó comenzarán a cambiar las de todos los demás en esta ciudad donde, de un lado o del otro, al final se terminan conociendo todos.
En ese contexto es que el conflicto en FANAZUL se convierte en el conflicto de todos los que forman parte de este lugar en el mundo.
Un Azul que se vuelve distinto, destiñe desde su nombre y se torna cada vez más oscuro si ahora empieza a quedarse sin sus “fabriqueros”.
Los mismos que ayer demostraron que todavía hay una luz de esperanza. Los tipos esos a los que se podrá conocer más o menos; pero ante quienes el peor pecado es dejar de apoyarlos.
Son hombres a los que hay que abrazar en esta causa y acompañarlos. Y ahora más que nunca.
Mientras transitan por una situación tan triste y dolorosa, que en nada significa que la batalla está perdida, ellos tienen que saber que en esta lucha no están solos.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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