26 de diciembre de 2015
Por Adolfo Mirande
Los fieles ofrecen su oración postrera. Y van los peregrinos monte abajo por el sendero del Montserrat con la bendición de la Virgen Morena.
Están cayendo las sombras en el valle, se enrojece el cielo de Cundinamarca y el copetón irrumpe en la tarde con su bulliciosa canción.
Juan Andrés va saliendo de la plaza La Santamaría entre paso dobles, corridos, estridente clarín y la alegría del vino.
Y de ahí lo llevan sus pasos al lugar y momento donde se sucedieron los hechos notables que aquí se narran de su encuentro con un bello fantasma y de las románticas peripecias que entrambos sucedieron. Los carteles rojos y brillantes lucen ampulosos de colores con las ultimas luces de la tarde . El niño de la Capea, Palomo Linares y Paco Camino exhiben en el afiche sus perfiles quebrados.
Las brujas terribles que cuidan de los maleficios a los toreros están atentas a los malos augurios, a los gatos negros, a los curas con sotana y a las mujeres que acechan a los diestros.
Palomo a regalado un toro y es un día de gloria con cuatro vueltas al ruedo, las dos orejas y el rabo y las capelinas de las damas flameando al viento como bellas aves de los cielos.
Con las estrellas sigue la fiesta en la plaza y en la tasca con mas tinto y jamón de la serranía.
Y así fue para Juan la historia de esta borrachera que llego a culminar como estos escritos lo cuentan, en los mas cálidos, ponderados momentos y alucinantes sucesos que creerse pudieran.
Perdido en la noche y enamorado de la tierra
de la cumbia, lo sorprendió en un bar el encuentro con un personaje de luz y belleza.
Era un espectro, una aparición fantástica.
La oscuridad se rasgaba, amanecía, Bogotá despertaba estremecida cual despierta una amante al otro día.
Era la hora de la Colombia profunda.
Y era la hora de un borracho poeta y de todas sus imaginaciones hechos fantasmas.
Hablaron de playas blancas como la nieve, de mares de ocho colores, de tesoros de piratas con perlas para reinas, y de románticos amores con la Luna colgada de las palmeras y de los hipocampos retozando en noche calida de mar serena.
El cielo ya estaba azul y un alba deslumbrante enjoyaba las nubes vaporosas.
Etéreo personaje ¡aparición entrañable! bañada por la primera luz de la mañana era el misterio con su presencia espectral.
Fantasma extraño y vagabundo, un mensaje en sus ojos intensos y una cabellera de oro reflejando la luz del alba.Entonces Juan comprendió, y aquí se narra, que la aparición era una idea.
Era un ideal, que hace brillar a la idea. Era una ilusión.No tenia peso. No se apoyaba, se deslizaba, levitaba y flotaba etérea como un suspiro.
La gravedad no existía, ella era tenue, evanescente.
Podría habérsela descrito como a un ángel, o a un pensamiento, era una belleza sin sustancia como un holograma.Era un fantasma y una síntesis de lo que los sueños de Juan concebían.Es un fantasma del amor le decían los ojos del misterio de la noche bogotana.Y se lo repetían los duendes y las hadas y también el grito profundo de su presto corazón.
En un momento el amante del alma caribeña se hizo luz y se hizo espíritu.
Y con el fantasma luminoso se fue volando por sobre los ríos caudalosos, por los cafetales, por encima del Caribe de cristal, de las montañas y de los Llanos Orientales.
Ambos se fueron volando por el cielo colombiano.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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