13 de mayo de 2019
Escribe:
Prof. María Liliana Christensen.
Final del juego.
Argentina sin redención posible asiste al derrumbe definitivo de lo que en algún momento pudo asemejarse a la esperanza.
El soplo de aire fresco que pareció oxigenar a una sociedad ahogada en su propia frustración cuando se percibió que la Justicia estaba resuelta a estudiar los más graves y escandalosos casos de corrupción, enriquecimiento ilícito de muchos funcionarios y saqueo a las arcas del estado, ha empezado a desmoronarse como un castillo de naipes.
Las señales son inequívocas. La impunidad sigue su vuelo infinito; los acusados pasan a ser acusadores y vuelcan sus irrespetuosas declamaciones, sus consideraciones falaces y su indignante victimización ante la mirada desconcertada de un pueblo que se siente defraudado. Burlado, estafado en su buena fe y en su razonable expectativa de ver cómo los responsables de tanto daño y sufrimiento reciben el correspondiente juicio y castigo.
No hay esperanza posible cuando día a día la ciudadanía es sorprendida, impotente, por los acuerdos espurios que se tramitan a sus espaldas. Cuando se habla de sumas de dinero imposibles de imaginar, de operaciones oscuras destinadas a garantizar la impunidad de los poderosos, de acuerdos tarifados que se trafican en los sótanos de los poderes de la República y que desnudan la peor tragedia de los argentinos: la ausencia de justicia.
Es el final. La sensación colectiva de decepción es inexorable. La desesperanza, que es un sentimiento paralizante, lo ha invadido todo… Pocas cosas socavan tanto la vida democrática como la falta de confianza. Es el quiebre, es la certeza de que la impunidad se consagrará como tantas otras veces y no dejará lugar a la reparación. La reparación sólo es posible con justicia.
Lejos estamos de alcanzar justicia cuando asistimos a un juego de máscaras perverso que intenta demostrar lo que no es, que oculta el auténtico rostro del proyecto hegemónico tras el disfraz de la sonrisa impostada y las palabras medidas. Sólo hay una razón para tamaña provocación: la garantía de impunidad. La certeza de que más temprano que tarde el final del juego llegará y la sociedad se quedará contemplando, vacía, semejante acto de consagración de la cobardía o la complicidad por parte de los encargados de impartir justicia.
En este juego de máscaras e imposturas es oportuno dedicar un breve párrafo a organizadores de eventos culturales, directores de editoriales y mercaderes varios, que permiten denigrar y prostituir espacios prestigiosos dedicados a la difusión de la cultura habilitándolos para que sean utilizados con fines que nada tienen que ver con sus genuinos principios. También es una cachetada en el rostro de la sociedad que clama por justicia.
El efecto sanador de la justicia es insustituible. Es preciso saber, conocer la verdad, tener como ciudadanos la palabra final de un tribunal insospechado que diga finalmente qué ocurrió en la Argentina durante tantos años de desfalco y apropiación indebida de los dineros públicos. Que señale y condene a los responsables que contribuyeron a generar con su codicia desmedida y su atropello a la ley y a las instituciones este presente de pobreza que tanto duele, que tanto agobia.
La pérdida de credibilidad es una de las peores infecciones que atentan contra la salud del cuerpo social. Cuando quienes pierden credibilidad son precisamente quienes deben dar las respuestas y plantarse frente a la sociedad develando con la debida argumentación, fundamentada en pruebas concretas, quién es culpable y quién inocente, no hay nada que se pueda agregar.
No se trata de eliminar al Poder Judicial, como pretenden algunos que prefieren burlar la Ley a cumplirla. Se trata de que el Poder Judicial honre las atribuciones que la Constitución Nacional le ha conferido y definitivamente se ponga a la altura de las demandas de una sociedad ultrajada.
Como sabiamente reza el Talmud, “desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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