3 de noviembre de 2013
LAS CALLES DEL AZUL

La trigésima quinta calle de nuestro recorrido fue bautizada como Dolores en 1879, en reconocimiento al primer pueblo bonaerense que se fundara luego de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Años más tarde, la misma arteria fue renombrada como General Francisco Leyría, homenajeando humildemente al destacado militar que, más allá de su carrera militar, se preocupara y trabajara por el desarrollo de nuestra ciudad.
Por Eduardo Agüero Mielhuerry
El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La decimoséptima calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XXXV" y fue llamada Dolores, en reconocimiento al primer pueblo que se fundara en territorio bonaerense tras la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera, Jujuy la segunda y, tras una sucesión de varias calles, la Dolores ocupaba el decimoséptimo lugar desde el Arroyo Azul.
El "Primer Pueblo Patrio"
La región donde actualmente se halla la ciudad de Dolores estaba habitada por las tribus de los conocidos como indios pampas, quienes eran nómades y generalmente pacíficos. Desde mediados del siglo XVII, su hábitat y cultura se vieron alterados por la invasión de los mapuches o araucanos procedentes desde el oeste.
Hacia fines del siglo XVIII se inició la ocupación de los territorios al sur del río Salado, que integraban el partido de Monsalvo, con el establecimiento de estancias dedicadas a la actividad ganadera, este proceso fue pacífico ya que los colonos tenían buena relación con los indígenas.
Luego de declarada la Independencia en 1816, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a cargo del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, dispuso una serie de medidas destinadas a reforzar la seguridad en áreas rurales de frontera, entre ellas la de los Montes del Tordillo, afectadas por el accionar de grupos marginales.
El comandante general de la frontera de Buenos Aires, Francisco Pico, fue enviado a reconocer y explorar la zona de la laguna Kakel Huincul, para asentar sobre esta una nueva población.
En 1817 se creó un destacamento de frontera de Blandengues, al mando del capitán Ramón Lara, este se asentó en una guarnición militar que alojaba como prisioneros a oficiales y soldados realistas y en algunos casos disidentes de la independencia argentina. Este destacamento primero se llamó Tagle, Las Bruscas y luego Santa Elena; estaba junto a la laguna de Las Bruscas, a unos cinco kilómetros al noreste de la actual ciudad.
En abril de aquel año, el Cabildo de Buenos Aires designó como comandante militar y juez de paz de la zona, al capitán Pedro Antonio Paz y decidió la creación de una capilla y un nuevo curato con el presbítero Francisco de Paula Robles como titular.
Estos dos, junto con Ramón Lara y un grupo de vecinos se reunieron en la estancia de Domingo de Lamadrid en Monsalvo. El 21 de agosto de 1817 acordaron la fundación del nuevo pueblo de Dolores en unas lomas ubicadas entre la estancia Dos Talas de Julián Martínez de Carmona y la de Miguel González de Salomón.
El nombre del flamante pueblo provino del "Curato de Nuestra Señora de los Siete Dolores", creado en 1817.
Conocida como el "Primer Pueblo Patrio", fue la primera población creada por el naciente Estado argentino luego de la Declaración de Independencia.
Las construcciones del pueblo eran de barro y paja y se pobló con vecinos de la zona y con el traslado de la población que vivía en la guarnición de Las Bruscas.
Desde Dolores se continuó la población hacia el sur y el este, internándose más en la pampa. La forma predominante de poblamiento fue la de las estancias, establecimientos dedicados a la cría extensiva de ganado vacuno.
El principal destacamento militar fue instalado en la laguna Kaquel Huincul, cerca de la actual Maipú, y se formaron incipientes poblaciones en las regiones intermedias, especialmente en los Montes o Islas de Tordillo, en el pueblo de Monsalvo y en las cercanías de la Laguna del Vecino, cerca del actual pueblo de General Guido.
En 1821, una represión dirigida por el gobernador Martín Rodríguez malogró las relaciones pacíficas de los indígenas con los pobladores; como resultado, el 30 de abril de ese año, un malón al mando del gaucho José Luis Molina, devastó el pequeño asentamiento de Dolores, y el pueblo quedó desierto tras ser arrasado e incendiado.
Fue reconstruido por el Capitán Lara en 1826. Ese año el gobierno le encomendó al ingeniero José M. Romero el deslinde y trazado del ejido del nuevo pueblo de Dolores. En junio del año siguiente, estando Lara en Buenos Aires, solicitó diez prisioneros portugueses para levantar una capilla, sin éxito. Luego la Revolución de 1828 y nuevas incursiones de indios malograron sus esfuerzos para repoblar y dar mayor impulso a Dolores.
Sin embargo, años después, en 1831, logró que fuera erigida la capilla y repuesto definitivamente el Curato, al que afluyeron los pobladores que harían progresar a Dolores. Previamente había comenzado el reparto de solares, por todo ello se considera a ese año el de refundación de la localidad.
Los límites del Partido de Dolores eran imprecisos, e incluían territorios muy extensos, desde el río Salado hasta regiones cercanas a las sierras de Tandil. En diciembre de 1839, el gobierno de Rosas decidió desmembrar el territorio creando los nuevos partidos de Pila y Tordillo. Empero, recién el 18 de Julio de 1865 y por Ley Provincial se creó oficialmente el Partido de Dolores.
En 1835 Juan Manuel de Rosas, reasumió el cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires con la Suma del Poder Público. Los opositores a este, especialmente los unitarios y los ganaderos se reunieron bajo el mando del general Juan Lavalle para derrocarlo.
Los opositores de Dolores junto con los de Chascomús y Tandil formaron el movimiento Libres del Sur, al mando de Pedro Castelli, planificando una revolución en contra de Rosas. El descubrimiento por parte del gobierno de la conspiración aceleró los acontecimientos y el 29 de octubre de 1839 se proclamó el Grito de Dolores contra la tiranía de Rosas buscando el apoyo de otros opositores.
El 2 de noviembre se plegó Chascomús; Castelli acudió con sus tropas hacia esa ciudad pero fueron derrotados por las fuerzas del gobierno en la Batalla de Chascomús. Los revolucionarios huyeron hacia Uruguay desde las costas del Tuyú, Castelli fue capturado y ejecutado en los Montes del Tordillo. Su cabeza fue expuesta durante algún tiempo en la plaza de Dolores (que actualmente lleva su nombre), donde años más tarde se erigió la Pirámide de los Libres del Sud (hoy Monumento Nacional).
También cabe destacar que, años antes de la designación de la ciudad de La Plata como capital provincial, Dolores fue candidata a serlo por encontrarse en un lugar estratégico y por la importancia que había logrado con el desarrollo de sus Tribunales de Justicia y Educación Terciaria.
De Dolores a General Leyría
A través de la Ordenanza N° 659 del 23 de septiembre de 1911, el Concejo Deliberante de Azul, presidido por Enrique Squirru, dispuso:
"Considerando, que los servicios prestados por el benemérito general de la Nación don Francisco Leyría, a la cultura y el progreso azuleños, desde sus luchas con el salvaje hasta nuestros días, han ligado su nombre a la historia del Azul, siendo un deber de las autoridades rendir justo y merecido homenaje a los buenos servidores, el Concejo Deliberante acuerda y resuelve: Art I: Desígnase con el nombre de "General Francisco Leyría" a la actual calle Dolores."
Seis días después, el intendente Manuel Castellár firmó la Resolución que promulgó dicha ordenanza.
Los primeros pasos de un gran luchador
Francisco Leyría nació el 4 de octubre de 1845 en la ciudad de Córdoba. Fue hijo de Juan Francisco Leyría y Cayetana Camelo.
En 1861 ingresó como soldado al Batallón N° 3 de Infantería de Línea con asiento en el Fortín (hoy Río Cuarto), y fue enviado a luchar contra los caudillos Ángel Vicente Peñaloza, Francisco Saá, Juan de Dios Videla y Francisco Clavero. El 4 de marzo de 1862 fue promovido a subteniente y destinado por primera vez a Azul a la frontera con el indio.
En 1865, iniciada la Guerra del Paraguay, fue trasladado a la provincia de Corrientes con el grado de Teniente 1°. Participó de la reconquista de la ciudad de Corrientes combatiendo luego en Yatay, Uruguayana, Pasaje de Paso de la Patria, Itapirú, Estero Bellaco, Tuyutí y Yataytí Corá, en el cual fue herido de bala por lo que fue enviado a Buenos Aires para su recuperación.
Dos meses después volvió al frente e intervino en el pasaje del campamento de Tuyutí a Tuyú-Cue en 1867, en Paso Pacú y en el segundo combate de Tuyutí en el mismo año. En 1868 fue promovido a sargento mayor graduado. Pasó luego al frente del Chaco participando en varios combates, entre ellos Humaitá, La Laguna y La Península.
En marzo de 1870 bajo las órdenes del general Ignacio Rivas marchó a combatir la rebelión de los partidarios de López Jordán en la provincia de Entre Ríos. Intervino en El Tala y participó de la victoria de Santa Rosa, siendo portador del parte a Buenos Aires. De regreso al frente marchó contra Gualeguaychú amenazada nuevamente por los revolucionarios consiguiendo derrotarlos.
Con esmero, propició los medios para lograr la instalación del Batallón 2 de Ingenieros en Azul.
Comandó una columna en la batalla de San Carlos, la retaguardia, compuesta mayormente por "indios amigos", entre ellos varias lanzas de Catriel. Allí fue vencido Calfucurá, el más bravo de los guerreros indígenas. Leyría fue recomendado por Rivas en el parte de guerra de ese combate. Ello le mereció una distinción: fue nombrado jefe del Regimiento 9 de Caballería de Línea, asentado en la frontera. Luego, participó en la marcha hasta Salinas Grandes y se dedicó a perseguir a la indiada.
El 25 de enero de 1873 fue nombrado Teniente Coronel efectivo y con ese grado participó de la Revolución del "74. Fracasado el movimiento y retirado del ejército, se dedicó al comercio, agricultura y ganadería en Azul, actuando como "voluntario" en las milicias que luchaban contra las incursiones indias. Con el general Zacarías Supisiche persiguió a los indígenas recuperando numerosos arreos.
Víctima de los pendencieros
El 8 de noviembre de 1875, en el Café de Tristán Aguerre, en pleno centro del pueblo del Azul, Francisco Leyría se vio envuelto en un episodio violento que lo tuvo como víctima.
Eufemio "Grillo" Álvarez -quien acompañado por otros individuos previamente había interceptado a Leyría en el frente de la imprenta del periódico "El Eco del Azul" para insultarlo-, volvió a cruzarse con su objetivo. Tal vez excedido en copas o guardando algún viejo rencor, "Grillo" increpó duramente al militar. Con una daga, le tiró una estocada que dio en el revólver que Leyría llevaba en la cintura. La segunda puñalada lo hirió levemente en el brazo.
Tras un breve forcejeo, Leyría recuperó su revólver, tras lo cual "Grillo" salió corriendo del local. Leyría salió persiguiéndolo y ya en la calle hizo un disparo al aire como para ahuyentar definitivamente a su agresor. Sin embargo, afuera se hallaban los cómplices de Álvarez, Crisóstomo Gaitán y Tránsito Cabrera, quienes abrieron fuego contra el militar.
Francisco Leyría -quien se defendió como pudo abriendo fuego- recibió dos balazos, uno en su pierna y el otro en el omóplato derecho. Afortunadamente, una cuadrilla de policías del Juzgado de Paz intimó a la rendición de los atacantes, quienes fueron arrestados.
Más de treinta días le demandó a Leyría recuperarse plenamente
Amigos son los amigos
Más allá de su dilatada trayectoria militar y de haber alcanzado un alto rango habiéndose iniciado con la menor jerarquía, Francisco Leyría tuvo una exquisita vida social en la cual habitualmente su hogar se constituía en un atractivo centro de destacadas reuniones de la alta sociedad. Tenía una gran predilección por la música y eso lo llevó a establecer un estrecho vínculo con el que fuera conocido como el "decano de los guitarristas", el artista Juan Alais (1844-1914).
Asimismo, dentro del mundo de intelectuales con el que solía mantener amplias charlas sobre los más variados temas, se destacaba como amigo personal el brillante santafesino Estanislao Severo Zeballos, por quien tenía un especial afecto.
En el mismo sentido, dentro de las fuerzas armadas y la política cosechó la amistad de dos personalidades sumamente destacadas como el general Ignacio Rivas y el que fuera el más progresista de los Intendentes del Azul de la primera mitad del siglo XX, el señor Manuel Castellár.
También es importante agregar la estrecha afición que mantenía con el maestro y periodista Paulino Rodríguez Ocón, con quien más allá de la relación laboral que los unió en un principio, con el correr de los años mantuvieron un excelente vínculo.
La Conquista del Desierto
A fines de 1877 Francisco Leyría se reincorporó al ejército.
El 14 de agosto de 1878, se había presentado en el Congreso de la Nación un proyecto cuyo objetivo consistía en una guerra ofensiva contra los indígenas que habitaban la Patagonia, con el fin último de ampliar el territorio bajo soberanía de la Nación
Así nació la "Conquista del Desierto". Roca, arribó en tren a Azul el 17 de abril de 1879, donde se lo agasajó fervientemente y pernoctó. Al día siguiente, partió desde estos pagos al mando de un ejército moderno con una considerable tropa.
Varios azuleños acompañaron la expedición en la que el comandante Francisco Leyría actuó como ayudante de campo del general Julio A. Roca.
Luego de la campaña hasta Río Negro, Leyría volvió a radicarse en Azul.
A lo largo de su vida, mientras vivió en nuestra ciudad, Leyría estableció su hogar en la esquina norte de Alvear y Alsina (actual Yrigoyen) y, según algunas versiones, también se radicó algún tiempo en la esquina oeste de Belgrano y Buenos Aires (actual De Paula) y luego en una amplia casona en la calle San Martín entre Rivadavia y Alvear (propiedad de la familia Laffose).
Un año revolucionario
El 13 de febrero de 1880 el gobierno del presidente Nicolás Avellaneda prohibió a los comandantes José Inocencio Arias, Hilario Lagos y Julio Campos, continuar apoyando al Tiro Nacional de Buenos Aires, donde más de 2000 jóvenes porteños se entrenaban militarmente. Los tres renunciaron al ejército el mismo día y fueron imitados posteriormente por Leyría, Benito Meana, Eliseo Acevedo, el coronel José María Morales, Segundo Bonahora, los mayores Francisco Faramiñan, Herrera y Antonio M. Silva, y el capitán Ramón Lorenzo Falcón, entre otros.
Iniciada la Revolución de 1880, a pesar de que Leyría había pertenecido a las fuerzas nacionales, adhirió a los rebeldes apoyando a Carlos Tejedor. José Inocencio Arias le encargó la defensa del puente de Barracas, reforzándolo con una división de quinientos hombres y dos cañones al mando del coronel José María Morales. Leyría distribuyó sus hombres en el puente mismo, en las márgenes del Riachuelo, en la estación de Barracas al Sud, en las azoteas de la esquina de Mitre y Pavón, en el Teatro Rivadavia y en la iglesia de La Asunción.
El 20 de junio de 1880 el general del ejército nacional Nicolás Levalle ocupó con sus hombres un expreso del Ferrocarril del Sud en las inmediaciones de la actual estación Lanús, cargó a parte de sus tropas en el tren y avanzó hacia Barracas al Sud. La batalla de Barracas se inició cerca del mediodía y se extendió por varias horas. El Batallón N° 7 de las fuerzas nacionales se lanzó sobre el puente con el tren pero el fuego enemigo lo obligó a frenarse del otro lado del Riachuelo.
En momentos en que las fuerzas provinciales estaban ya por retirarse, llegaron refuerzos al mando de Julio Campos con cuatro cañones Krupp, que volcaron la acción a favor de los sublevados. La locomotora fue rápidamente retirada de la acción cuando los Krupp enfilaron sus disparos sobre ella y al morir el jefe de la escasa artillería nacional, Levalle ordenó replegarse hacia la estación Lanús.
La Revolución de 1880 puede considerarse el último episodio de las guerras civiles que pusieron en pugna a las provincias argentinas con Buenos Aires. El enfrentamiento, signado por la sucesión del presidente Nicolás Avellaneda y la federalización del territorio de la ciudad de Buenos Aires, se saldó con cruentas luchas que culminaron con la derrota de la Provincia, la ciudad convertida en territorio federal y el inició de la larga hegemonía de Julio Argentino Roca en la política argentina.
Por su parte, la provincia de Buenos Aires se vio en la necesidad de construir su nueva capital. El gobernador Dardo Rocha ordenó un completo estudio para establecer el asentamiento de la sede del gobierno bonaerense; las opciones eran: Azul, Campana, las Lomas de Ensenada de Barragán, Zárate, Moreno y Mercedes. Por entonces, nuestra ciudad era llamada la "Gran Capital del Sud" (ocupaba el primer lugar en cantidad de población de la Provincia con poco más de 26.000 habitantes).
A pesar del respaldo de muchas personalidades de la época, incluido el mismísimo ex presidente Domingo F. Sarmiento, la balanza se inclinó en favor de la creación "desde cero" de una nueva ciudad: La Plata.
Tras haber sido derrotado el movimiento, Leyría permaneció dado de baja de las fuerzas armadas por un breve período de tiempo.
El primer gran paso
Entre muchos otros, el 14 de noviembre de 1880, Francisco Leyría fue uno de los fundadores del pronto afamado "Club Unión". Se hallaba ubicado en la calle Alsina (actual Yrigoyen), entre Buenos Aires (De Paula) y Burgos, en el actualmente en desuso ex Club Social. El mismo cumplía actividades culturales de significación, como conferencias, exposiciones y conciertos. Poseía un salón de fiestas lujosamente amueblado, una biblioteca para los socios, una sala de billares y salas menores destinadas a juegos de naipes.
Leyría tenía una casa de remates frente a la Plaza Colón (actual Plaza San Martín), en la esquina de las calles Burgos y Alsina (actual Hipólito Yrigoyen), donde el joven Paulino Rodríguez Ocón se desempeñó primero como dependiente y luego Gerente.
Entre el 21 y el 24 de septiembre de 1884, la Sociedad Rural de Azul realizó la primera Exposición Rural del Partido. En la oportunidad, además de un nutrido número de productores locales, también participaron varios expositores de distintos puntos de la Provincia. La misma contó con Francisco Leyría como el principal referente; dada la importancia de su casa comercial -dedicada a los remates, la compra-venta de campos y hacienda y las operaciones bancarias-, y su interés presto a contribuir al desarrollo de la ciudad, fue el organizador de una feria exposición que se constituyó en referente regional, de la cual Rodríguez Ocón resultó el martillero.
Un año después, repentinamente, Leyría decidió cerrar su comercio y se estableció en Buenos Aires, donde prosiguió su carrera militar al incorporarse nuevamente al ejército. De todas maneras, su nexo con Azul continuó siendo estrecho, gestionando desde la gran metrópoli varios avances para su tierra de adopción.
La educación como pilar
Junto a Paulino Rodríguez Ocón, realizó diversas tramitaciones en el Ministerio de Instrucción Pública para que se construyera la Escuela Normal Mixta. Es importante destacar que Azul contó, junto con San Nicolás, Mercedes y Dolores, con uno de los cuatro primeros establecimientos de éste tipo en la provincia de Buenos Aires.
En idéntico sentido, la misma dupla se interesó por la sanción de la ley para la creación del Colegio Nacional local, aunque su concreción sería muy posterior a los pedidos.
Siempre atento a afianzar la mejora cultural de la ciudad, Francisco Leyría contribuyó -como tantos otros vecinos- con profunda convicción a concretar la creación de la Biblioteca Popular de Azul, de la cual fuera Socio Honorario.
El campo como descanso
En 1888 nuestro destacado militar fue promovido a Coronel.
Pensando en un futuro más tranquilo, manteniendo una distancia prudencial de las fuerzas militares, y volcado al campo y la producción rural, Francisco Leyría junto a su esposa, Justina Leal (hija de Manuel Leal, quien había sido Juez de Paz de Azul hasta 1874), planeó el centro agrícola "General Rivas". Para dar el puntapié inicial, el 19 de diciembre de 1889, le compró al comerciante Emilio Mallmann un total de 30.142 hectáreas, éste a su vez se las había adquirido al Estado el 17 de septiembre de ese mismo año. Francisco y Justina tenían el anhelo de fundar un asentamiento poblacional. Sin embargo, ante el repentino fallecimiento de su esposa, Leyría cayó preso de una dura depresión que lo llevó a vender los campos. El comprador resultó ser Guillermo Seré, quien finalmente donó las tierras para que, el 5 de septiembre de 1903, fuera fundada la Colonia Seré (en el actual Partido de Carlos Tejedor).
Volcado nuevamente al Ejército, Leyría fue jefe del Regimiento 11 de Caballería de Línea, hasta su reemplazo por el coronel Genaro Racedo.
Hacia 1890 la República Argentina se sumía en una crisis institucional compleja. El gobierno de Miguel Juárez Celman se hallaba en una ininteligible encrucijada social y política. El 26 de julio de 1890 se produjeron nutridas manifestaciones en distintos lugares del país. En nuestra ciudad, varios grupos se desplazaron por las calles céntricas hasta concentrarse en la Plaza Colón (actual San Martín), vivando a la "Unión Cívica" y sus partidarios. Como contracara, en la Capital Federal, Francisco Leyría participó activamente contra este movimiento -al que la historia recordará como la Revolución del "90-, respaldando sólidamente la estructura verticalista del "régimen".
Poco después fue ascendido a General de Brigada.
Vinculado estrechamente con las más diversas personalidades del ámbito nacional y provincial, muchos de ellos miembros activos de algunas de las tantas Logias Masónicas del país, Francisco Leyría se inició el 7 de noviembre de 1892 en la Logia "Confraternidad Argentina N° 2". Asimismo, continuó manteniendo una nutrida vinculación con la Logia local "Estrella del Sud N° 25", de la cual su suegro Manuel Leal fuera Hermano (léase miembro activo).
El 9 de junio de 1894 fue designado Jefe de la Brigada formada con los cuerpos de Guardia Nacional de la Capital.
Tiro Federal del Azul
En 1895, como parte de una extensa estructura de stands de tiro al blanco creada en el país para enseñar a la ciudadanía el manejo de armas de fuego, se creó en Azul el "Centro de Instrucción Militar y Tiro al Blanco", núcleo fundacional del actual "Tiro Federal".
El 28 de febrero de aquel año, la Comisión Directiva de la Institución, nombró a los generales Francisco Leyría y Zacarías Suspisiche como representantes del Centro ante las autoridades militares para gestionar armas e instructores "así como el establecimiento de un polígono de tiro para la instrucción de la guardia nacional".
Dentro de los primeros partícipes de esta institución, que con el paso del tiempo logrará arraigarse férreamente en la comunidad, se destacaron Manuel Castellár y Paulino Rodríguez Ocón.
Los últimos años
En los primeros años del deslumbrante siglo XX, Leyría le solicitó al reconocido artista azuleño Alberto López Claro la concreción de una obra. Así nació el "Retrato del General Francisco Leyría", que fuera ejecutado con una pintura clasicista y moderna, demostrando los sobrados dotes artísticos de quien adoptara el pseudónimo "Claudio Lantier".
Ya habían pasado unos cuantos años desde que, casualmente en la Capital Federal, había conocido a la mujer que sería su compañera por el resto de sus días. Después de un discreto noviazgo, en segundas nupcias, Francisco Leyría contrajo matrimonio en 1908 con la alemana Ana María Recklinger.
El gobierno argentino, presidido por José Figueroa Alcorta, decidió organizar las festividades del Centenario como un acontecimiento internacional al que asistieran personalidades de todo el mundo. Buenos Aires fue el centro de los festejos, realizándose diversas ceremonias organizadas por el gobierno y particulares con participación del mundo de la cultura, militares, escolares y de colectividades extranjeras.
En la formación del Centenario, Leyría fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la División Especial de los Institutos Militares, y desempeñando tal función formó parte del desfile cívico-militar del 25 de mayo de 1910. La misma fue su última aparición pública
A los 65 años, en plena madrugada, Francisco Leyría falleció en Buenos Aires el 11 de septiembre de 1911.
En las necrológicas del diario "La Prensa", con acierto y mesura, escribieron que con su fallecimiento desaparecía "una de las figuras más características de nuestra milicia de tradición, constituida por hombres formados en las filas y que habían conquistado sus galones en meritísimas acciones. Fue uno de los militares que prestaron servicios eficientes al país, distinguiéndose por su lealtad y valor".
Leyría fue sepultado en el Cementerio de la Recoleta, en el Panteón de la Sociedad Militar (sección 20, tablones 5 y 6). Alrededor de 1930, todos los restos que se hallaban en dicho mausoleo fueron trasladados al Cementerio de la Chacarita y depositados en el "Panteón de la Sociedad de Socorros Mutuos de las Fuerzas Armadas".
Un intento fallido
En el año 1953, el intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N° 18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle General Francisco Leyría (otrora Dolores) le correspondió el número 77. Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.
Para culminar
Como ya hemos dicho, Francisco Leyría y Manuel Castellár mantuvieron una estrecha amistad durante toda su vida. Tras la muerte de Leyría, Manuel Castellár, que se desempeñaba por entonces como Intendente Municipal, propuso el cambio de nombre de la calle Dolores. Años más tarde, cuando falleció el laborioso Jefe Comunal, sus amigos propusieron que la arteria Bahía Blanca pase a denominarse con su nombre. El intendente Juan José Mujica, atendiendo a la inquietud de los vecinos, mediante la Ordenanza N° 812 del 3 de julio de 1926, efectivizó el cambio sugerido. Así, ambas calles paralelas, llevan los nombres de dos grandes y entrañables amigos
El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Intendente Manuel Castellár (otrora Bahía Blanca), para completar de alguna manera esta historia...

El 29 de octubre de 1839 se proclamó el Grito de Dolores contra la tiranía de Rosas. En la actual Plaza Castelli, de la ciudad de Dolores se halla la Pirámide de los Libres del Sud, la cual fuera declarada Monumento Nacional.

La foto del Estado Mayor fue tomada en Choele-Choel, la mañana en que terminaba la primera etapa de la expedición denominada "Conquista del Desierto". Francisco Leyría (séptimo desde la izquierda) participó de la misma como Comandante ayudante de campo del general Julio A. Roca.
"VIAJE A LA CIUDAD DEL MÁRMOL"

Estanislao Severo Zeballos (Rosario, Santa Fe, 27 de julio de 1854 - Liverpool, Gran Bretaña, 4 de octubre de 1923), fue un jurista, político, periodista, catedrático, historiador, etnógrafo, geógrafo, legislador y novelista argentino, que ocupó tres veces el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país. Fue uno de los más destacados intelectuales y políticos de la generación del "80. Investigador y escritor incansable, fue probablemente el mayor publicista del nuevo orden económico establecido por su generación.
En su reconocida obra "Viaje al país de los Araucanos", hizo observaciones sobre el desarrollo económico, social y cultural de los pueblos que había recorrido, y al estar en Azul escribió un extenso informe, del cual es interesante resaltar varios puntos de rico contenido: "El teniente coronel D. Francisco Leyría es un amigo que recuerdo complacido. Mi presencia en el Azul era para Leyría un motivo de regocijo. No se separaba de mí un momento, y le debo servicios de consideración. (
)".
"Conocía el pueblo desde 1874; pero sus progresos durante los seis años trascurridos me llenaron de asombro. En 1831 era un fortín; en 1879 es una ciudad extensa, con edificación opulenta y con una riqueza palpitante
(...)
Las calles han sido rectamente delineadas de Sudoeste a Nordeste y de Sudeste a Noroeste, correspondiendo la mayor extensión urbana al primer rumbo, cuyas calles, densamente pobladas, miden veinte cuadras de ciento cincuenta varas, mientras que las de S. E. a N. O. no exceden de diez y ocho (sic) cuadras. Así, el área poblada más o menos densamente es de trescientas cincuenta manzanas, con mil doscientos edificios de importancia y numerosos de segundo orden (
).".
"Es esta una de las ciudades argentinas, en cuyo trazado han sido mejor consultadas las reglas de la higiene, que prescriben un sistema de amplia ventilación, que bien podemos denominar sistema pulmonar de las ciudades
(
)
el Azul presenta, además de sus anchas calles, tres bulevares de treinta y dos varas de ancho, denominados: Tapalqué, 25 de Mayo y Comercio".
Haciendo un alto en el relato es importante aclarar que Zeballos hace referencia a las actuales Av. Pte. Gral. Juan D. Perón, Av. 25 de Mayo y Av. Gral. Bartolomé Mitre, respectivamente.
El autor continúa: "El Azul será llamada con razón la Ciudad del Mármol, porque en ninguna, como en ella, veremos las veredas enlosadas con hermosos cuadros de mármoles variados, traídos de las sierras inmediatas. Nuevo es aún este descubrimiento y reciente su explotación, mas con todo, las veredas centrales del Azul, están ya cubiertas de tan lujoso material en una extensión de numerosas cuadras (
).".
"El aspecto de las ciudades revela por lo general el estado económico de un país. El adelanto de una sociedad, así como su estacionamiento o decadencia son también exhibidos por la fisonomía de aquellas. El Azul presenta un aspecto y una actividad que impresiona agradablemente. Se siente palpitar donde quiera el bienestar de los habitantes y la riqueza del distrito (
).".
"Bajo los auspicios del buen tiempo salí con Leyría a visitar los molinos, grandes establecimientos industriales que constituyen un adorno y una fuerza de progreso para el Azul. Me acompañaba también un amigo de la escuela, Juan Garlos Baigorri, redactor de "El Eco del Azul", uno de los diarios de la localidad (
).".
"Sobre la margen del arroyo, perdido el edificio entre encantadoras y elevadas arboledas, levantase el Molino Azul, propiedad de la sociedad francesa de los señores Dhers y Barés. Las construcciones ocupan una manzana y la fuerza motriz empleada es doble: el agua y el vapor. (
).".
"El otro molino, situado un kilómetro más abajo, sobre la misma corriente de agua, pertenece también a dos franceses, los hermanos Riviére, tipos francos y expansivos del colono, amantes del país que los hospeda. (...).".
"Son las doce de la noche. La fatiga me rinde. Escribo la última página en mi cartera, hela aquí: - "Poco puedo decir de esta sociedad. La conozco de paso, pero lo suficiente para agradecer la cordialidad y el afecto con que recibe al viajero. Las familias son modestas y morales, eficazmente secundadoras de la laboriosidad del hombre. El extranjero encuentra en ellas franca y cariñosa acogida, vinculándoseles con frecuencia para constituir nuevos y venturosos hogares".".
"Hablábamos, como quien de sueños conversa, que hace apenas tres años, en 1876, los indios arrasaban la tierra que con tanta seguridad pisábamos. Entonces había peligro a quince cuadras de la plaza del Azul; y hoy por todas partes se detenía la vista en las poblaciones recientes, en los puestos de hacienda, en las quintas cercadas de tapia y de zanja, en las extensas praderas de trigo, en los fecundos ganados; y la tranquilidad del trabajo y de la civilización palpitaban en el aspecto de la comarca.".
Zeballos sostiene además: "... el nervio económico del Azul procedió de tres factores: primero, la concentración de una múltiple actividad ocasionada por la guerra contra los indios (esta plaza era cuartel general de la civilización); segundo, la subdivisión de la propiedad llevada a límites no comunes en nuestro sistema administrativo, de suerte que la pequeña propiedad explotada por una colonización enérgica y emprendedora, convirtió en fuente de producción a toda la zona ocupada, y atrajo nuevos brazos; tercero, el Ferrocarril del Sud hizo de Azul su cabecera sudoeste, centralizando allí el movimiento...(
).".
- Muchas gracias a Emiliano Tuinstra por su colaboración inconmensurable.
Muchas gracias a Vicente Lencioni Severino por sus invalorables aportes documentales y fotográficos.
Muchas gracias a Norma Iglesias por su inmensa generosidad y su respaldo incondicional al transitar los senderos de la historia azuleña.
Gracias a Stella Tumminaro del Honorable Concejo Deliberante de Azul.
Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
Gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
Vicente Osvaldo Cutolo. "Nuevo diccionario biográfico argentino 1750-1930". (1968). Editorial Elche.
Marcial Luna. "Cuando el Gral. Leyría fue agredido en Azul". (25 de julio de 1996). Diario El Tiempo.
Municipalidad de Dolores. "Dolores, Primer Pueblo Patrio". (2005).
Yuyú Guzmán. "Historia de la Sociedad Rural de Azul. 1883-1983". (1983). Diario El Tiempo. Azul.
Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.
- Estanislao S. Zeballos. "Viaje al país de los araucanos". (1881). Facsímile digital de la primera edición de la Imprenta de Peuser.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
16 de octubre de 2026
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15 de octubre de 2026
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14 de octubre de 2026
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