La mamá de Felicitas y pareja de Rodolfo Lazarte, única sobreviviente del accidente del lunes en la Avenida Chaves, cuando los tres viajaban en un auto al Hospital Garrahan y chocaron contra un caballo suelto que se les vino encima, contó que de ahora en más seguirá luchando para que casos así no vuelvan a suceder. Dijo que quiere justicia. Y denunció que episodios similares ya habían ocurrido en el mismo lugar, aunque no de consecuencias tan graves como el que les tocó protagonizar a ella, su pareja y la nena, que en 2011 había sido trasplantada de corazón. [gallery ids="76538"]
La realidad demuestra de vez en cuando, a veces de una manera tremendamente dolorosa y despiadada, que es capaz de llegar hasta lugares donde la más absurda de las ficciones jamás podría hacerlo.
Desde el lunes pasado, puede dar cuenta de ello
Adriana Edith Fossat, una mujer a la que ese dolor latente que aún tiene por lo que le pasó se le nota a simple vista en el rostro, aunque seguramente mucho más en su alma.
Como si fuera una pesadilla para ella, ahora está hablando de las dos muertes de sus seres más queridos: Felicitas, su hija de nueve años, esa
“leona” -como ella misma la definió- que había luchado tanto para vivir hasta que fue posible trasplantarle el corazón; y Rodolfo Lazarte, su pareja, su
“compañero de toda la vida” y el papá de la nena, un tapalquense con el que estaban juntos desde hacía ya dieciséis años.
A dos días de haber ocurrido lo que ya todos conocen con relación al accidente donde ambos fallecieron, Adriana Fossat no encuentra explicaciones sobre lo que pasó. Y las pide. Pero no hay quien, racionalmente hablando, pueda dárselas por eso que sucedió, cuando el pasado lunes los tres viajaban en un auto al Hospital Garrahan de Buenos Aires -el mismo donde Felicitas había sido trasplantada de corazón en mayo de 2011- y de la nada se les vino encima un caballo suelto que se estrello contra ese Chevrolet Corsa en el que iban los tres por la Avenida Chaves en dirección hacia la Ruta 51, accidente donde fallecieron el hombre que conducía el rodado y su hija.
En medio de ese dolor todavía caliente por lo que pasó y que seguro no calman las lágrimas que a cada rato la invaden mientras habla de lo que pasó, Adriana promete que de acá en más luchará.
Eso es algo que ha sabido hacer desde que a Felicitas le diagnosticaron esa irregularidad en su corazón que, como única forma posible para que siguiera viva, obligó a que le colocaran otro.
En este caso, a esta mujer de 43 años de edad ahora le tocará seguir luchando para evitar que accidentes como el que derivaron en las muertes de su hija y de su pareja vuelvan a suceder, según ella misma lo afirma.
No tiene rango de entrevista esta nota con la mamá de Feli. Es, teniendo en cuenta quien la protagoniza y el estado en que se encuentra luego de lo que pasó, simplemente la posibilidad de escucharla. De que pueda, como ella misma lo aseguró cuando el miércoles por la noche vino a la Redacción de EL TIEMPO, canalizar esa necesidad de
“contar realmente cómo fueron las cosas”. En ese contexto, lo que sigue es prácticamente el monólogo de una mujer que, desarmada así como está, es capaz todavía de mostrar que sigue en pie, con algo por lo que seguir luchando, aunque de acá en adelante ya no estarán físicamente a su lado ni su hija ni ese hombre con el que tenían proyectos y hasta pensaban casarse.
Desde que Felicitas recibió un nuevo corazón en mayo de 2011, los viajes de la nena con sus papás al Hospital Garrahan de la ciudad de Buenos Aires eran algo habitual. Cada dos meses, cada un mes o quince días, siempre estaban en el centro asistencial porteño.
Lo más reciente en torno al estado de salud de la nena databa de dos semanas antes a su fallecimiento, cuando estuvo internada en el Garrahan cinco días, haciendo
“un tratamiento porque había sufrido un síncope” y en el hospital
“querían saber la causa”. El lunes último Felicitas y sus papás viajaban a un control después de eso que había ocurrido y por lo que a la nena
“le habían cambiado la medicación”, con el fin de comprobar cómo continuaba su estado.
Y como siempre lo hacían, cuando iban a Capital Federal viajaban por la Ruta 51.
“Yo a la Ruta 3 siempre le tuve miedo. Por eso siempre íbamos por ahí”, dijo Adriana.
“Salimos a las cinco de la mañana. Si bien había neblina, se podía ver”, recordó también ella sobre lo que estaba siendo esa primera etapa del viaje, en busca de llegar a la Ruta 51 por Chaves, la avenida donde el accidente se produjo.
Adriana recordó que vio pasar a un primer caballo por un costado del auto.
“Íbamos en cuarta, a sesenta o setenta, porque mi marido recién iba a tomar velocidad”.En ese entonces, la única que todavía no se había colocado el cinturón de seguridad era ella, mientras Rodolfo Lazarte iba al volante y Felicitas, en el asiento de atrás, estaba
“jugando con la tablet”.El segundo caballo fue el que provocó la tragedia.
“Se nos vino porque, supuestamente, dicen que cuando ven una luz es como que se te vienen encima”. El animal golpeó prácticamente en el medio del auto. Y la violencia de ese impacto hizo que pasara por arriba del vehículo.
“Era una velocidad tremenda a la que venía ese caballo. No era que no se veía, a ver si me explico. Si vos no ves, no viajás. El caballo venía a toda velocidad. Cuando vi que encaraba el auto, no le dio tiempo a nada a mi marido. Cayó sobre el lugar de él y lo mató en el acto”.Ese primer golpe del que Adriana habla fue suficiente para que Rodolfo Lazarte, que tenía 51 años de edad, muriera. Y el auto, sin control, fue a parar a la banquina opuesta a la de la mano por donde venía circulando.
Con la cara golpeada, Adriana lo primero que hizo fue rescatar a su hija del interior del rodado. También, comenzar desesperadamente a pedir auxilio, al tiempo que desde su celular pudo llamar al teléfono de emergencias de la Policía.
“No sé por qué me salvé. Me tendría que haber muerto con ellos”, dice ahora.
Y después recuerda sobre ese tremendo momento:
“Cuando miré, era sangre, sangre y sangre...”.Mientras que a su pareja no le podía ver el rostro, Felicitas la empezó a llamar.
“Me decía mamá, mamita, mamá... Abro la puerta. Me caigo, me levanto y le digo mi amor... Tenía la piernita caída hacia el lado de abajo del asiento. La saco... Tenía el celular en mano y llamo a Emergencias para decir que por favor vinieran, que tenía un accidente”. Una camioneta 4x4 de color blanco que pasó por el lugar fue la primera en detenerse a auxiliarla.
El joven que la conducía descendió del rodado y trasladó a la nena hasta su vehículo, a la espera de la llegada de la ambulancia.
Cuando esa ambulancia del Pintos se hizo presente en el lugar, con el Dr. Hernán Combessies, fue el propio médico quien constató los decesos de Felicitas y de su papá. Y el encargado de tener que informarle sobre eso a Adriana, que fue trasladada al centro asistencial municipal por esas lesiones leves que sufrió, que se tradujeron en que perdiera un diente y se golpeara la cabeza.
“Yo le dije a Hernán, que lo conozco, que me dijera la verdad: si Feli se había muerto. Y él me dijo que sí. Y me dijo que también había muerto mi marido. Me quedé sola en medio de todo eso. Y no tenía una explicación de por qué”.
“Se me fueron mis dos grandes amores”“Se me fue la vida, se me fueron mis dos grandes amores. Ayer (por el martes, cuando ambos fueron sepultados)
tuve que dejarlos ahí, bajo tierra”, dijo ya sin poder parar de llorar.
“¿Sabés que busco en esto? Busco justicia. Feli peleó nueve años. Tuvimos un trasplante. Ustedes vivieron todos a la par nuestra lo que a ella le pasó. No hay una explicación, no la encuentro ¿Un caballo matar a dos personas? ¿Un caballo matar a mi hija después de tanto que ella luchó para vivir? ¿Y también a su papá?. Él fue un padrazo, un ejemplo. La última vez que Feli estuvo internada él se quedó durmiendo en la cochera del Garrahan, con frío, cuidando a su bebé”. “Feli era lo más grande que teníamos. Éramos re unidos. Teníamos proyectos, nos íbamos a casar... Estábamos felices y de repente un caballo me arrebata la vida... No lo entiendo, no sé si alguien me puede entender”.Adriana se llama a silencio por unos instantes. Respira, le ofrecen agua e intenta seguir con eso que todavía no tiene explicación. Y dice:
“Yo quiero que se sepa realmente cómo fue y que alguien se haga cargo. Yo no busco plata. No hay plata en este mundo que me devuelva a esos dos tesoros”.“¿Sabés cuál es la bronca que tengo? Que con todo eso que pasó yo estoy viva, porque sólo fue un hematoma lo que sufrí y perdí un diente, nada más”. “Quiero que se diga la verdad. El caballo se vino contra el auto y está bien clarito que así fue. Al caer el caballo, que cayó arriba del techo y hacia atrás, mi marido ya estaba muerto. Y el auto siguió andando y se cayó a la zanja esa donde estaban todos esos juncos”.Más adelante, fue tajante en su confesión con relación a lo que vendrá:
“Yo no busco plata. La plata a mí no me sirve de nada. Nada me devuelve en este mundo lo que a mí me arrebataron”. Y también se preguntó:
“¿Dónde está la justicia? ¿Dónde están los que realmente tienen que estar si hay animales sueltos?”. “Si hay animales, que estén donde tienen que estar. Voy a luchar y no voy a parar. No voy a descansar en paz hasta no ver que las cosas se hagan como realmente se tienen que hacer. Hoy esta mierda me tocó a mí, pero mañana va a venir otra familia y le va a pasar lo mismo. Y no tiene que ser así. Voy a pelear para que no pase más esto. A mí me destruyeron. No hay palabras con esto que pasó. Me enterraron viva. Sólo respiro porque tengo que respirar”.“La voy a pelear para que mañana no pase de vuelta, para que no maten a nadie más. Y no es la primera vez que sucede, porque ya hubo denuncias. La chica que estaba en el hospital y me estaba poniendo el suero me dijo que siempre que viene de Tapalqué hay caballos sueltos en esa zona”.Aquella gran luchaEn mayo de 2011, después de mucho esperar, Felicitas Lazarte pudo ser trasplantada de corazón.
“Dije que nunca me iba a pasar y me tocó el trasplante. Volví a decirlo, y ahora me toca esto. Por eso, esto no va a quedar acá”. “Yo siempre luché. Estuve durante nueve meses esperando el corazón para mi hija, que mientras tanto estuvo con uno artificial. Pasé un año en una Terapia con mi hija. Y ustedes bien lo saben a eso. Estábamos felices con la llegada de ese corazón para Feli, felices porque la teníamos viva. ¿Y un caballo me va a destruir todo eso? No, no lo voy a permitir. Y no me voy a quedar acá. Como peleé y esperé por ese corazón, que no era ir y comprar un kilo de corazón en una carnicería, ahora voy a arrasar con todo. Y no es por la plata. Es para que pongan permanentemente custodia en las rutas para que nadie tenga caballos. Si hay caballos, que estén donde tienen que estar. No en las rutas ni en los campos o chacras cerca de las rutas”. “Fue una gran lucha la que tuvimos y no es justo que por un caballo pierda todo eso”, dijo también.
“En mi cabeza hoy no caigo que ya no los tengo. Voy a mi casa y están las ausencias de los dos. No están mi bebé ni mi compañero, el amor de mi vida que me acompañó en todo esto. ¿Y eso quien me lo devuelve? ¿Un caballo me lo devuelve?. Juro que esto no se va a archivar. Por ellos dos. Y por esa leona que peleó día y noche en la Terapia en todo momento para vivir, mientras nosotros, su mamá y su papá, le dábamos todas las fuerzas para que siguiera”. “Dar vuelta la página no es de un día para el otro. Ahora entro a mi casa y está todo vacío. No me puedo deshacer de las cosas de él, ni de los abrazos de mi hija. Yo dormía con ella todas las noches. Y recién ahora me estoy dando cuenta de que a los dos ya no los tengo”. El dato
Alejandra Lazarte, cuñada de Adriana Fossat, la acompañó durante la entrevista en EL TIEMPO. Según contó con relación a la presencia de animales sueltos sobre la Avenida Chaves, “esto no es de ahora”. En ese contexto, se refirió al caso de una mujer, “una partera de acá de Azul que trabajaba en Tapalqué”, que le pasó algo similar, aunque en su caso resultó ilesa cuando el auto en el que iba por Chaves chocó contra caballos sueltos que había en ese lugar. “Esto no es de ahora. Está pasando desde antes”, afirmó. Luego, al referirse a lo que sucedió con su hermano y su sobrina, declaró: “Esto fue negligencia”.