18 de diciembre de 2018
UNA TARDE NOCHE INOLVIDABLE
El Salón “Juana Azurduy”, de la Escuela Normal, una vez más mudo testigo de un acto de egresados. FOTOS NACHO CORREA
Por Augusto Meyer
ameyer@diarioeltiempo.com.ar
La actividad se llevó a cabo ayer en el salón de actos del establecimiento de Av. 25 de Mayo 777. Discursos de docentes despidiendo a la promo y de los flamantes egresados para dar cuenta de la etapa que finaliza, marcaron el pico emotivo de la ceremonia, que se extendió por espacio de casi dos horas y media.
En sus 131 años de existencia, el salón de actos “Juana Azurduy” de la Escuela Normal “Bernardino Rivadavia” de Azul, en el histórico edificio sito en Av. 25 de Mayo 777, ha sido escenario de infinidad de actos de egresados.
Varios centenares de jóvenes han recibido sus diplomas y medallas en ese recinto, y familiares -por miles- se han emocionado al ser testigos, y en parte protagonistas aunque con un rol secundario, de un acontecimiento por demás movilizador.
En estos encuentros se pone fin a una etapa y, al fin y al cabo, muchos caemos en la cuenta que el “pichón” o la “pichona”, según corresponda, está literariamente por volar del nido.
Ayer, en un salón de actos claramente incómodo para la cantidad de gente que concurrió, escenas como las descriptas, con padres y otros familiares lagrimeando, y un nudo en la garganta de docentes, preceptores y alumnos, se repitieron una vez más.
Y está perfecto que así sea; es saludable que las emociones fluyan. Es un momento que marca el cierre de un ciclo para los jóvenes y sus padres. Muchachos y muchachas que se han esforzado estudiando, y padres que han depositado energías y entusiasmo en ese “pichón” o “pichona” que busca tener su propio vuelo.
Como viene sucediendo desde hace unos cuantos años, es tradición que los egresados ingresen en el salón con una rosa en mano, escoltados por uno o dos compañeros y en presencia de las banderas de ceremonias. Al paso por las diferentes hileras de sillas, mamás, papás, hermanos, sobrinos, tíos y abuelos, aplauden y vitorean a los homenajeados. La música de fondo le da una sonoridad inolvidable a esa entrada “triunfal”.
Son no menos de diez minutos hasta que los sextos años de los turnos mañana y tarde se ubican en las gradas para dar inicio al acto formal.
Luego, lo de rigor en cada ceremonia. La entonación de las estrofas del himno nacional y el discurso de la directora de la Escuela Secundaria N° 6, María del Rosario Molina. También una enumeración, con fotografías que se proyectan en una pantalla, de diferentes actividades curriculares realizadas durante el año y la entrega de certificados a quienes han cursado en la “Normal” los tres niveles de enseñanza: desde el preescolar, pasando por el primario y finalmente secundario.
Mucha emoción se vivió en la ceremonia de ayer, tanto entre familiares como los propios egresados.
Los minutos pasan y crece la impaciencia, hasta que llega el momento más esperado: la entrega, arriba del escenario, de la medalla y diploma a los egresados.
El instante más fuerte se produce en ese encuentro mágico entre el “pichón” o “pichona”, que acaba de recibir el “aval” para volar, y sus seres queridos.
Los flashes de las cámaras no son excusa para atribuirles a nuestras lágrimas. Tampoco un repentino aroma a perfume que nos haya producido alguna irritación ocular.
Por lo demás, aún cuando las lágrimas no estén a la vista un cosquilleo le corre a muchos por dentro, mitad recuerdo y otro tanto por el hecho de tomar conciencia sobre lo que está sucediendo.
Y de todo eso, más que los centenares de testigos circunstancias que pueda haber en cada acto de egresados, es el emblemático salón de actos de la querida Escuela Normal, hoy Unidad Académica por la concurrencia simultánea en el mismo edificio de distintos niveles de enseñanza.
Vaya paradoja: en un lugar que lleva el nombre de una guerrera que a nivel mundial tuvo un reconocimiento a su trayectoria casi un siglo después de su muerte, la comunidad educativa de la Escuela Secundaria N° 6 “reconoce” y despide a una camada de “pichones” que está en condiciones de emprender su propio vuelo.
El deseo es de muchos “vuelos” más, y que no se acabe jamás la emoción espontánea que sobrevuela en este tipo de actos escolares.
El tradicional ingreso de los egresados sobre alfombra roja, y con una rosa en mano.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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