11 de octubre de 2017
“Ya que la vida os parece insoportable, ¿por qué no os imponéis la obligación de luchar contra ella?” Yoritomo Tashi
Escribe Matías Verna (*)
Gabriel Moreno Arguello miraba la grasa del foco que colgaba del cable y su sombra se perdía entre otras sombras que habitaban por esos pabellones más oscuros que las tristezas y las penas de los culpables y los inocentes.
“Estar preso -decía- no es un castigo, es más bien un cóctel a la muerte, una excursión hacia el más allá, una despedida a medias”
Salir en libertad, irse a la calle, cumplir la condena; no era tarea fácil. Todo sigue, el mundo no se detiene y volver a subirse en ese tren no era para cualquiera.
Gabriel Moreno Arguello al igual que muchos liberados recibió portazos de todos los tamaños y volvió a delinquir porque en la cárcel era alguien. Buscó un camino que no era el acertado y siguió caminando por ahí asumiendo algunos riesgos y no sabiendo las consecuencias totales.
La soledad y el desamparo lo hicieron fuerte detrás del muro. Estudió, trabajó, imaginó y soñó con otra cosa, pero despertaba rápido para no sufrir en libertad.
Se acostumbró a dormir de a ratos, en cualquier colchón, con cualquier compañero. La ducha fría, los hongos en el piso, cagarse encima o esperar que le abran la celda para salir. Comer en una mesa enclenque o apoyar el plato en las rodillas, hablar con las cucarachas, espantar las ratas y mirar los pájaros.
Gabriel Moreno Arguello se enamoró en una profesora del secundario, como tantos compañeros suyos que se enamoraban de la primera mujer que veían. Escribió poemas y resignó el papel para armar cigarrillos o hacer tubitos para curarse el dolor de oídos.
Inesperadamente alguien preguntó una vez por él cuando trabajaba en el salón de visitas llevando mate cocido y pan a la familia visitante pero tuvo miedo, se puso colorado y prefirió seguir encerrado a todo.
Con el tiempo se hizo conocido en el ámbito carcelario y también fue trasladado a algunos penales. Salió en libertad, dicen, de la Unidad N° 9 de La Plata y no quería estar ni libre ni encerrado. Se fue a la estación de trenes y en Tolosa, cerca de las siete de la tarde, cuando la novela es mejor y todos quieren llegar a su casa aunque el mundo se derrumbe, se tiró boca abajo y cerró los ojos cinco segundos antes de que las ruedas lo cortaran. Nadie lo reclamó ni preguntó por él.
(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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