27 de junio de 2020
Un equipo de investigadores de la Universidad de Oslo, dirigido por el profesor Michael Bretthauer, investigó la transmisión del SARS-CoV-2 (el virus responsable de COVID-19), y si éste es atribuible a los gimnasios. La principal conclusión de dicho estudio es que "no existe la amenaza de una mayor propagación de COVID-19 en las instalaciones de acondicionamiento físico, incluso si se lleva a cabo un entrenamiento intensivo".
El profesor Michael Bretthauer expresó que "nuestro ensayo ha demostrado que la transmisión del virus o el aumento en la enfermedad de COVID-19 no está relacionada con la apertura de instalaciones deportivas".
La investigación, la primera de su tipo en Europa, estudio a 3.764 miembros del público, con edades comprendidas entre 18 y 64 años, que no tenían comorbilidades relevantes de COVID-19. Aproximadamente la mitad (1896) de las personas tuvo acceso para visitar los gimnasios, mientras que la otra mitad (1868), un grupo de control, no tuvo acceso.
Los primeros tuvieron acceso a cinco gimnasios: SATS Sjølyst y CC Vest (dos clubes de salud propiedad del gigante de fitness nórdico SATS), STOLT Stovner y Rommen (ambos operados por la cadena de gimnasios STOLT Trening) y EVO Bryn (un gimnasio propiedad y operado por EVO Fitness Group).
Las instalaciones se abrieron a partir del 22 de mayo de 2020 específicamente para el estudio, mientras que Noruega todavía estaba cerrada, y las actividades disponibles en los gimnasios incluían servicios que los clubes normalmente proporcionarían, desde pisos de gimnasio hasta clases grupales (incluyendo spinning y yoga).
Quienes visitaban un gimnasio tenían que cumplir con las pautas de prevención de virus elaboradas por el Instituto Noruego de Salud Pública. Estas medidas incluían el distanciamiento social (un metro para ejercicio en el suelo, dos metros para clases de alta intensidad), así como una mejor higiene de manos y superficies, mientras que los usuarios de todas las estaciones de entrenamiento recibieron desinfectantes para que las limpiaran después de cada uso.
El personal del gimnasio también controló el acceso a los gimnasios, para garantizar las medidas de distancia y evitar aglomeraciones. Los vestuarios estaban abiertos, pero las duchas y saunas estuvieron cerradas.
El equipo de investigación evaluó a cada persona para el SARS-CoV-2 mediante muestreo naso, orofaríngeo y esputo autoadministrado después de dos semanas, y la enfermedad clínica mediante la vinculación a registros electrónicos de pacientes después de tres semanas.
En el grupo que entrenó en un gimnasio, el 81,8% entrenó al menos una vez y el 38,5% visitó un gimnasio seis veces o más, con el resto entre estas dos medidas.
De los 3.016 individuos que devolvieron las pruebas de PCR SARS-CoV-2, sólo se registró un caso positivo.
De todos modos, si bien la persona que dio positivo formaba parte del "grupo de gimnasia", ésta no había visitado el gimnasio antes de que la prueba saliera positiva y el seguimiento del contacto reveló que aquella persona había sido infectada en su lugar de trabajo.
Durante el estudio de tres semanas, no hubo visitas ambulatorias o ingresos hospitalarios debido a COVID-19 en ninguno de los grupos.
Además, de 91 empleados que trabajaron en las instalaciones de capacitación durante el período de prueba y acordaron proporcionar datos, 83 (91,2 por ciento) fueron analizados para detectar el SARS-CoV-2 y ninguno fue positivo.
En su conclusión, los investigadores explicaron: "Nuestro ensayo no mostró transmisión de virus o aumento en la enfermedad de COVID-19 relacionada con la apertura de instalaciones de gimnasio, si en éstas existía una buena higiene y rutinas de distanciamiento social".
Según la ley de emergencia de Noruega, todas las instalaciones de capacitación se cerraron en aquel país durante la pandemia. El cierre fue motivado a raíz del supuesto de que la actividad de ejercitación deportiva en estos lugares aumentaría el riesgo de transmisión de virus entre sus usuarios y, por lo tanto, la enfermedad COVID-19 entre aquellos, así como entre el personal y la comunidad del centro.
Sin embargo, las medidas básicas de higiene de manos y distanciamiento social, al asegurar una distancia de 1 a 2 metros entre las personas, se han revelado como medidas importantes y de probada eficacia en cuanto a la protección contra la transmisión del virus. Asimismo, se evidenció que éstas son económicas, fáciles de aplicar y no requieren grandes recursos.
Durante la pandemia de COVID-19, los países introdujeron el cierre de importantes actividades sociales porque se suponía que las medidas simples no serían suficientes para contener la transmisión del virus.
El estudio asegura que para la contención del virus, medidas como la higiene de manos y el distanciamiento social personal son suficientes para prevenir la propagación del virus. En base a ello, los autores del informe sostienen que aplicando esas medidas "se podrían evitar los cierres y, por lo tanto, reducir los daños económicos sobre el sector de los gimnasios".
Los autores del informe concluyen que "como muestran nuestros resultados, no se produjo un aumento en las enfermedades relacionadas con el COVID debido a la apertura de gimnasios e instalaciones de capacitación".
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