31 de octubre de 2016
El sur vuelve a pintarse de rojo, negro y blanco. Una vez más, el tricolor se impuso a Cemento y festeja la gloria barrial. Fue 4 a 0 en la tercera fecha del certamen. En los noventa minutos jugó mejor y terminó redondeando el clásico con un marcador excesivo.
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Si la historia la cuentan los que ganan, en el sur la cuenta Chacarita, al menos durante los últimos clásicos ante Cemento. Pero la diferencia con algunos historiadores, los que bien supieron elucubrar la historia de los vencedores, es que el tricolor la escribe, la encarna, y la festeja.
Volvió a quedarse con la gloria barrial, pintó su propia aldea de rojo, blanco y negro, y su propia aldea es el mundo. La goleada (exagerada al trámite global del cotejo) le aporta espectacularidad a la victoria, a la reafirmación del dominio total de las alegrías en juego, alegrías huracanas con ojo en el barrio Del Carmen.
No obstante el 4 a 0 (un resultado no siempre explica un partido), el vencedor fue el mejor de los dos, el que expresó la apuesta más arriesgada, menos previsible en la comparación. Pero, también, Chacarita se benefició notablemente con la ineficiencia de la ofensiva de Cemento (algo lógico, es verdad, en cualquier cotejo. La ineficacia de uno beneficia al otro, pero no siempre se refleja en el resultado). Por dar un ejemplo, Adami estuvo a un suspiro de marcar dos goles en el primer tiempo, de abrir el marcador, pero falló, y el tri se lo hizo pagar muy caro. El otro punto donde puede apoyarse parte del análisis es que tanto cuando Chaca anotó el primer gol como cuando marcó el segundo, el contexto futbolístico en ambos momentos lo mostraban en mejor forma a Cemento, aunque nunca de una manera avasallante (en realidad, nadie avasalló a nadie ayer en Urioste y Rauch).
Casi desde el albor mismo, el local colocó el juego en campo rival. Tempranamente sendos laterales (Burgos y Duarte) se mostraban activos y relevantes en la construcción, de manera continuada éste último, soltando amarras con confianza no sólo en el juego, sino también en el relevo de Mingochea.
Las primeras insinuaciones de Cemento fueron internas y Siris (de destacado rendimiento) era el administrador de la mayoría. Sucedía que los volantes visitantes, por momentos, se desgastaban en el plan de marcación de sus “colegas” tricolores, y en esa perdían. Palermo estaba muy firme y expeditivo y cuando desde sus pies, los balones pasaban a fase ofensiva, la banda azul perdía peso en la marca y se desgranaba, quedando una estructura larga.
A la tenencia, algo defectuosa pero productiva, que ensayaba Chaca, Cemento respondía con una verticalidad sin demasiados filtros y un destinatario casi exclusivo: Alexis García. El “Gallego” jugó un muy buen encuentro, pero se fundió tempranamente merced a las exigencias físicas de recorrer toda la borda zurda. Ahora bien, cuando el 7 tuvo resto y pudo entrar en juego en los metros finales, resultó harto desequilibrante ante Burgos y todo el fondo funebrero.
Si bien el conjunto cementista, promediando la etapa, había conseguido equilibrar dominios y el juego no siempre se hospedaba en su mitad, mostraba un déficit que preanunciaba sufrimientos en torno a Domínguez. El retroceso de los mediocampistas era tardío o poco nutrido, y los defensores, además de exponerse sobremanera ante la nutrida y expansiva avanzada local, perdían referencias en la marca (a veces por hacerla personal) y se descolocaban con facilidad. Algo de todo eso hubo cuando Raidigos, cuya “ausencia” estaba pesando, desde el costado del círculo tocó con justeza para la corrida veloz de Miglino, que llegó al fondo y cruzó un centro defectuoso pero con fortuna, pues la pelota golpeó el travesaño y cayó en los pies de Mingochea. El 11 tocó corto hacia atrás y Escribano, con sus emociones mezcladas a cuestas, empujó al gol.
En el lapso en el que la visita timoneaba el cotejo, la efectividad de Chacarita contradecía la materialidad del desarrollo. Ese primer mojón fundamental en el clásico volvía a alejar a Cemento de Cáceres.
La banda azul recibió malas noticias de cara al segundo tiempo. Agosta no volvió al partido por lesión, y a los 10 minutos, Adami, acusando un fuerte dolor en el hombro luego de una caída, fue reemplazado. Ingresaron Kevin Díaz y Ayrton Neira (de 15 años de edad), dos juveniles con escaso rodaje en Primera. Otra diferencia entre un equipo y otro.
El atisbo de reacción visitante nunca llegó a ser concluyente. No podía (o no lo deseaba) darle alternativas a las embestidas de García, las cuales habían perdido efectividad. Siris guapeaba con la pelota al pie, pero en sus ojos no aparecían demasiadas camisetas azules con las que congeniar. Mientras, Chacarita se resguardaba en cierta pasividad.
Las expulsiones de Casali y Escribano (para Cemento fue más dificultoso suplir la ausencia) fueron un error de Giobbi. Tuvieron un duro encontronazo, físico y verbal, pero todo se desactivó rápidamente. El juez los sancionó con roja directa a ambos y el partido comenzó a desnaturalizarse. En las demás expulsiones (las cuatro fueron por agresiones sin pelota, lamentablemente) el juez actuó con mucho tino.
Nunca maravilló este clásico, pero los 20 minutos finales profundizaron aún más la mediocridad. Chacarita comandaba a distancia y ostentaba mayor cohesión. Pero Cemento, convencido y ahora con la tenencia, ejercía supremacía, entibiaba a su oponente. Incluso partido y alterado, se imponía.
Ya había ingresado Diego Silva, un entrerriano (Villaguay) de 30 años llegado a Chacarita a mediados de año. Delantero hábil, atrevido, con perspectiva y buena pegada. Él resultó fundamental para que Chaca resolviera un pleito duro y lo adornara con goleada.
A los 28’, Bazán lo fauleó dentro del área, el árbitro sancionó penal y Raidigos puso el 2 a 0. De nuevo, a Cemento se le marchitaba su mejor versión con un gol en su arco. Resulta que esta vez ya no habría reacción.
A siete minutos del final, una sucesión de pases de lado a lado sobre el área visitante, Silva que observó la llegada por derecha de Miglino y actuó en consecuencia: le puso la pelota en la cabeza y “Laucho” cruzó un notorio balón por alto. Y a los 44’, otra vez por izquierda, Silva advirtió la corrida vertical de Junior Gómez en el ingreso al área mayor, lo dejó mano a mano con Domínguez y el 14 funebrero confeccionó una hermosura: dos toques cortos al balón en el aire (uno le permitió sobrepasar la estirada del arquero) para introducir la bocha en el arco.
En esa barriada sureña y sus adyacencias, allí donde un clásico vale una sonrisa de días y subraya la pertenencia, sin necesidad de una lluvia que lo incentive, el cielo lució un arco iris más minimalista del que, se dice, ofrenda oro en su final. Apenas tres colores…suficientes para dejar las cosas en claro.
LA FIGURA
Diego Silva
Muchos de los méritos de Chacarita para ganar el clásico, el equipo los plasmó previo a su ingreso. Pero fue rotunda su gravitación para dar forma a la goleada y asegurarle a Chaca los 3 puntos. Diego Silva jugó su primer clásico y no pasó nada desapercibido.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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