26 de agosto de 2019

. Gritando este gol de mujer

El siguiente informe huelga de recovecos argumentativos y de conclusiones periodísticas rutilantes. No obstante, quien se suscribe lo considera eso, un informe. El testimonio directo, coral, a partir de las inquietudes en las preguntas entrama la savia de la gran historia que aquí se pretende reflejar.



Giovanna Di Blasio, Caterina Peralta y Noelia Gérez son jugadoras de Primera División de Piazza, Athletic y Vélez respectivamente. Denota cierto esplendor, remite a “meta” alcanzada pertenecer a la máxima divisional en el ámbito oficial de la Liga de Fútbol de Azul. Pero ¿qué hay del camino recorrido? Es en ese punto precisamente donde toma razón de ser esta pequeña serie de tres entrevistas de EL TIEMPO con ellas. Se trata de tres charlas que permiten abordar, aunque sintéticamente, el devenir de estas chicas: un devenir no exento de gratitudes, pero con mojones bien definidos por un contexto machista (incluso contextos muy cercanos) que hicieron lo suyo para ningunearlas, subestimarlas, irrespetarlas y, quizá no directamente, frustrarlas. Pero ellas aquí están, a tono –pese a las disidencias– con la revolución feminista que hace resquebrajar los cimientos culturales que admitíamos naturalizados. Ni hablar en el fútbol, “deporte de hombre”, de machos. Ese deporte que hoy deja de mirarse el ombligo varón para gritar el gol de mujer.



“Siento que las mujeres ganamos un respeto deportivo” 



Giovanna Di Blasio tiene 22 años. “Peca” es volante derecha de Piazza y es la única de las entrevistadas que jugará la final del Apertura femenino: hoy, ante Alumni. Vive el fútbol apasionadamente, tal la horma federada de su hogar (puntualmente de sus tres hermanos y su papá): así siente, con la misma la intensidad, por San Lorenzo y por el Vélez azuleño.



–¿Empezaste a jugar al fútbol en el barrio?



–En el barrio, en la calle. Plaza Oubiñas. Salir a jugar con los vecinos, todos chicos y una vecina. Teníamos canchita a la vuelta, pero jugábamos en la calle. El portón de mi casa era el arco, portón de chapa.



–¿Había una mirada de extrañeza? Eras “Peca”, la varonera?



Sí, olvidate. Mi abuela misma, a todos los decía que yo era machona. Incluso por la ropa que usaba, a mí me gusta mucho deportiva y mi abuela que me quería comprar vestidos.



–¿Cómo influía tu gusto por el fútbol en la relación con las demás chicas?



–Tenía sólo una amiguita que vivía enfrente y era igual de machona que yo. Jugábamos todos juntos con sus hermanos y Peteco, mi hermano más grande.



–¿Y para los chicos cómo era jugar a la par tuya?



–Por ahí notabas que te discriminaban. La mujer al arco o “ella no juega porque no sabe”. Después me ponía a jugar y cambiaban de opinión (risas).



–¿Cómo fue el camino que te llevó desde la calle del barrio a un club y otro tipo de contexto donde jugar?



–Me parece que me fue a buscar mi profe, Daniel Uballes. Sabía que yo jugaba en el barrio y vino a verme. Como antes no era muy bien visto, él iba por los barrios buscando jugadoras. Tenía 6 años y me invitó al CEF 35; iba solita, mis viejos laburaban todo el día. Fui una vez y ¡chau!, no dejé de ir nunca más.



–Uballes te incorpora al CEF, tu primera institución. ¿Jugaban en encuentros, algún torneo?



–Encuentros no había, porque el único club con fútbol femenino que había era el CEF. Nos preparábamos para la Copa Jetix en Buenos Aires, se hacía en el estadio de Marangoni e iba gente de todos lados. Nosotros nos preparábamos para eso, se jugaba una sola vez al año, un único día. Después, lo que hacíamos era ir a entrenar y divertirnos, nada más que eso.



–¿Las chicas que compartían equipo en el CEF, también mostraban esa pasión tan grande por el fútbol?



–¡Sí! Ahí conocí a mis tres mejores amigas, que ahora somos muy unidas, y también, salían de ahí y derecho al barrio para jugar con los pibes. Una vivía en el Riva, la otra en el San José y todo el día jugando en el barrio. Yo iba a la casa de mis amiguitas y jugaba al fútbol, no hacíamos otra cosa.



–¿Te regalaban muñecas? ¿Buscaban distraerte del fútbol?



–Yo las tenía, pero no jugaba con ellas. Me las regalaban, no las pedía. Yo quería jugar al fútbol. Para la Comunión, junté toda la plata y me compré el equipo entero de San Lorenzo (risas). Me lo compré yo. ¡Y lo tengo todavía!



Mis viejos nunca me presionaron con eso de ser mujer y las muñecas y los vestidos. Era mi abuela Gloria más que nada; cuando yo tenía 17 años, recién ahí ella dijo “bueno, ya está”. Aparte, una vez me fue a ver y como que dijo “¡guau!”. Después estaba re orgullosa. Necesitó verme jugar y necesitó ver a otras chicas. Capaz que se creía que yo sola era así.



Yo no me pintaba, jamás, y mi abuela era re coqueta. Yo todo lo contrario. Encima la única mujer, la única nieta. Ni cumple de 15 hice, nada. Pedí que me regalaran una entrada para ver al Indio y el viaje. Fue un recital en Tandil.



–¿De qué manera comenzás a dejar atrás los años en el CEF?



–Además del torneo que jugábamos en Buenos Aires, también nos preparábamos para los Bonaerenses. Pero no había otra cosa. Igual, yo siempre me quedé con Uballes, hasta el año pasado, o el anterior. El mismo grupo siempre. Llegó un momento en que el CEF se tuvo que ir, no sé bien qué pasó, y ahí nos fuimos todas juntas (sin Daniel Uballes) al Club San Lorenzo. De San Lorenzo no me acuerdo a qué otro equipo y de ahí a Piazza.



–¿En San Lorenzo hallaron mayores oportunidades para jugar y competir?



–Sí, los torneos que se hacen de fútbol 7, en sintético y en los barrios. Te digo la verdad, mucha importancia no le daba; jugábamos un domingo y yo el sábado salía e iba a jugar casi sin dormir. No es que me preparaba, íbamos a jugar un rato al fútbol, eso.



Se jugaba en Villa Piazza Norte, en el Sur también; en el Regimiento también, en el parque me parece que también se hacían. Eran partidos bravos.



Un nivel terrible 



–A propósito, hay una mirada machista que opera para varios deportes, que discrimina la impronta femenina por considerarla carente de carácter. ¿Por cuánto erra esa perspectiva?



–Y…el que piensa así debería darse una vuelta por un partido de nosotras y fijarse. Acá hay un nivel terrible, acá y en Olavarría también. Yo estuve jugando en El Fortín también, cuatro años jugué allá, cuando en Azul no había fútbol 11. Es como la liga que ahora se hizo acá.



–Tu equipo en Azul es…



–Yo soy fanática de Vélez. En casa somos todos hinchas de Vélez, menos mi papá. Aunque lo tenemos cerca de convencer (risas).



–¿Cómo llegás a Piazza?



–Anduvimos vagabundeando un poco. Después Daniel dice que hacían un convenio el CEF con Piazza para que podamos estar ahí. Pero Uballes se va, fuimos todas a Piazza y él se va, deja el fútbol por tema personales. Llega Alexis Pouyannes, trae sus jugadoras, empezamos a entrenar y así se formó el equipo en Piazza.



–Un equipazo hicieron



–(Se ríe). Es que, humildemente te digo, nosotras y el equipo de Pouyannes eran los mejores que había en los torneos barriales que se hacían. Cuando nos unimos… Piazza hoy es Las Rebeldes y el CEF. Éramos el clásico, si no ganábamos nosotras, ganaban ellas. Nos costó (risas), pero ahora nos re llevamos.



La Liga Femenina local 



–¿Cómo recibiste la creación de la Liga Femenina en Azul?



–Me pareció buenísimo, ¡muy bueno! Igual, siento que la Liga lo hizo por obligación, viendo cómo crecía todo esto. No le dan mucha importancia al fútbol femenino…en algunos clubes, porque la verdad es que en Piazza no me puedo quejar. Pero he hablado con chicas de otros clubes y no les dan la cancha para entrenar, no les dan camisetas, necesitan botines y no les dan, y están jugando en Primera.



–¿Y cómo entender ese contrasentido? ¿Qué razones tienen esos clubes para jugar la liga?



–Lo presenta por compromiso al equipo, era una obligación, creo, para los clubes presentar equipo femenino, por reglamento, me parece. Y lo tuvieron que hacer, y para mí no todos los clubes pensaban en presentar un equipo de Primera.



–¿Y del funcionamiento de este primer torneo, su organización y devenir, horarios, canchas y días en que se juega, que opinás?



–Para mí está buenísimo que se juegue antes de la Sexta. Por ejemplo, en Olavarría se juega, el domingo, todo el femenino en una misma cancha. Pero acá lo vivo de otra manera, está buenísimo que la gente vaya a ver a Primera y de paso te ve a vos. Me parece que es una gran idea.



–A partir de esta oficialización, ¿qué reacción tuvo para con ustedes las jugadoras, lo que podemos llamar “el ambiente” futbolero, que básicamente es masculino?



–Al menos en Piazza, la dirigencia anda muy encima nuestro, mirándonos, viendo lo que necesitamos. Es como que ahora nos miran de otra forma, te alientan, antes…ni pelota. Ahora sí, incluso los jugadores que se ponen a ver nuestros partidos y dicen “¡mirá cómo juega aquella!”. Siento que pasa eso, siento que ganamos un respeto deportivo, como competidoras.



Feminismo y fútbol 



–¿Hasta qué punto te ampara y te representa la revolución femenina dentro de la cual se motoriza la futbolística?



–Yo solamente fútbol. Después, me parece bárbaro todas las cosas que vienen pasando, pero yo no me dedico a otra cosa que al fútbol. El crecimiento por el lado del fútbol me parece bárbaro, pero de lo demás me alejo porque…no sé. A nivel nacional también se da algo muy grande; yo recién ahora estoy siguiendo el fútbol de mujeres a nivel nacional.



–¿Te pasó lo que incluso a muchas otras chicas les ha ocurrido: descubrir también ellas una nueva dimensión del fútbol femenino a partir, por ejemplo, de la televización de partidos, o algunos pasos que dio la AFA merced a la lucha de jugadoras de instituciones grandes como, justamente, San Lorenzo?



–Sí, olvidate, ahora si pasan un partido lo miro. Igual, lo tengo que decir, a mí no me gusta mucho mirar fútbol femenino (risas). Obvio que apoyo todo, pero no lo miro demasiado, ¡es muy lento! Miro más el de varones. A mí el fútbol me gusta jugarlo. Cuando juego, por la adrenalina adentro de la cancha, no te das cuenta, pero cuando miro otros partidos de chicas digo ¡qué aburrido!



–Decías que has mirado a la selección femenina. ¿Te sentís parte de eso, de ese crecimiento, de esa visibilidad?



–Y…a la distancia, sí, un poco. Es más, en Argentina hay chicas con las que yo me he enfrentado en los Bonaerenses, con las que he tenido contacto y están ahí, en la Selección. Mica Cabrera es una y Vanesa Santana es otra. En los Bonaerenses, Azul siempre llegó a la final y jugábamos contra La Matanza. Esas chicas son de La Matanza. Yo no sé si podría estar ahí, pero algunas que conozco sí.



“Al fútbol lo tomamos de una manera muy profunda”





Caterina Peralta, la joven número 10 de la estrellita. GENTILEZA CATERINA PERALTA



Caterina Peralta admira a Pity Martínez, una de las últimas grandes figuras que ha tenido su River. No es casual, su posición en la cancha y gusto por el juego la asemejan.



En el barrio San Francisco, fue “alumna” de su papá Raúl y compañía predilecta de los nenes que tocaban la puerta de su casa para que jugara con ellos. “Cati” tiene 19 años y es volante ofensiva de Azul Athletic Club, equipo donde también juega una de sus hermanas.



–¿La predilección por el fútbol viene de tu casa?



–De chiquita me gustaba jugar a la pelota. Somos tres hermanas mujeres y un varón. Mi papá nos llevaba a la canchita de enfrente de mi casa, en el barrio San Francisco. Compraba pelotas…nos daba a elegir y le pedíamos que nos comprara pelotas, botines. Él nos enseñó a patear, a pegarle a la pelota, con los cordones y eso.



–¿Cómo reaccionaba tu papá a ese placer de sus hijas por jugar al fútbol?



–A mi papá, lo que más le asombraba era que a mi hermano no le interesara tanto el fútbol. Las que más entusiasmo teníamos éramos nosotras. Lo nenes de nuestra edad iban a mi casa, golpeaban la puerta y en lugar de preguntar por mi hermano, preguntaban por las chicas, mi hermana Valentina y yo (la otra hermana vino después). Preguntaban si podían salir a jugar las chicas (risas), porque nosotras teníamos la pelota. Era todo el día en la canchita.



–¿Qué edad tenías por entonces?



–Teníamos 11, 12 años. El fútbol de mujeres no estaba tan desarrollado como ahora.



–Qué opinaban de “Cati, la futbolera” las demás chicas del barrio, tus compañeras de escuela o, por caso, tus primas?



–Nada. En la escuela tenía una mejor amiga y era nosotras dos jugar a la pelota con todos los varones. Si me decían cosas, nunca me enteré. No me importaba, a mí me gustaba muchísimo y jugaba.



–Mientras tu papá hubo de desarrollar esa tarea formativa en lo que hace al fútbol, ¿qué actitud tomó tu mamá respecto a tu dedicación al fútbol?



–Nunca nos dijo nada, nunca dijo “no vayas” o “no te juntes tanto con los nenes, andá un poco más con las nenas”. Ella ni un problema.



–¿Qué pasó después con tu vínculo con el fútbol? Me refiero a cuando tu entorno en parte se fue modificando al ingresar a la secundaria



–Ahí…mis compañeras ya no eran de jugar a la pelota, me empecé a dedicar más a la escuela, y en educación física no se jugaba a la pelota. Yo era la única a la que le gustaba jugar al fútbol, todas mis compañeras elegían vóley. Igual, me gustan todos los deportes, ninguno me ha costado.



“Yo quería jugar” 



–Cuando advertiste que te apasionaba el fútbol, quizá cuando tu padre observó que tenías talento, ¿buscaste un club para empezar jugar?



–Jugaba en el barrio. Había otra chica, que actualmente juega en Vélez, con la que jugábamos. Iban profes y nos enseñaban cosas en la canchita. Había equipos chiquitos (hay actualmente) y uno de esos me vino a buscar para jugar. Jugaban fútbol 7 por los barrios. Mi papá no me dejaba, decía que era muy flaquita y tenía miedo que me lastimen. ¡Pero yo quería!



Después se armó un equipo en el barrio, Estrellita se llamaba, y ahí sí me dejó. Pero no hace mucho. Yo no empecé a competir desde hace mucho.



–No obstante ese permiso que te ofrecía, ¿te seguía de cerca, te acompañaba a los partidos?



–Actualmente, mi familia no falta un solo día a la cancha, todos saben que el domingo es de cancha, siempre al pie del cañón. Nos cuidan muchos.



–¿Ese torneo qué canchas utilizaba y qué modalidad tenía?



–Se armaban torneos con plata, tenías que pagar para jugar. En Villa Piazza se armaban siempre todos los torneos, jugaban muchos equipos. Nosotras competíamos ahí solamente, porque también se jugaba en el potrero donde entrenábamos, pero no jugábamos en ése. Era domingo por medio y sentíamos que no podíamos estar todos los domingos jugando en todos los torneos. Aparte, algunas compañeras tenían familia.



–A medida que fuiste modificando el contexto en el que jugabas al fútbol, a medida que comenzó a ser una competencia, ¿aparecieron en vos nuevas dimensiones del fútbol más allá de lo que sucede al jugarlo?



–No, no creo. Es como que todo lo nuevo lo estoy descubriendo ahora. Anteriormente era que nos compraran camisetas nuevas, era re lindo. Ir a jugar y estrenar camiseta estaba buenísimo. O que se interesaran tanto por los equipos chiquitos, que les regalaran pelotas los mismos técnicos.



En nuestro caso, nuestros técnicos siempre nos brindaron todo; desde su bolsillo ponían para comprarnos pelotas, pecheras, conos. Eso te incentivaba mucho.



Llegada a un club



–Si seguimos la película de tu devenir futbolero, ¿lo que sigue es tu llegada a Athletic? ¿O hay alguna otra “estación” en el medio?



–No, terminó ahí: de Estrellita a Athletic. Nosotras en realidad…es verdad, antes estuvimos en Cemento (risas). Cuando se dio que se iba a formar el fútbol femenino 11, que todos los equipos tenían que tener, nuestro primer club fue Cemento porque nuestro técnico, Flamengo, estaba en un equipo ahí. Entonces nos llevó ahí, era técnico de nenes y de nosotras, hacíamos fútbol 11 con los chicos.



A Cemento le pedimos una ayuda, no algo económico, queríamos pelotas y elementos, pero no se interesaron mucho. Entonces nos fuimos todas al club que sí dijo que nos iba a dar camisetas, pelotas y demás. Era Athletic.



–Cuando decís “nos fuimos todas”: ¿quiénes, cuántas?



–Todo el equipo, o sea La Estrellita y las que se había sumado cuando llegamos a Cemento. Llegamos a tener un plantel de 25 jugadoras en Cemento.



–¿Qué impacto (no sólo deportivo) tuvo para ese grupo de chicas convertirse en jugadoras albas?



–Sí, re lindo. Lo primero que hicimos fue ver la cancha, distintas dimensiones a las que estábamos entrenando nosotras, que era de fútbol 7. O sea, la cancha ya la conocía, mi hermano juega en San José y lo había ido a ver ahí. Pero internamente nunca…recorrer los vestuarios, el túnel, re lindo. Es una sensación…muy linda. Al que le gusta el fútbol, el clima de vestuario antes de salir a jugar, estar con tus compañeras, cambiarte, escuchar música, charlar.



–¿Cómo te recibió la mirada masculina de Athletic: jugadores, dirigentes, hinchas?



–Te incluyen en todo. Igual, con los varones no nos cruzamos tanto en la cancha. Los días de semana, cuando entrena Primera o Sexta, nosotras vamos a la parte escuelita o la parte de atrás de la cancha. Y si algún viernes ellos no entrenan, ahí sí usamos la cancha para practicar tiros libres y jugadas. Nunca sentimos miradas raras.



Liga: “Muy competitivo se vive”



–¿Qué apreciación hiciste en su momento ante la oficialización, por parte de la Liga, del torneo de Primera Femenino?



–De por sí los equipos siempre han sido super competitivos. Y en fútbol 11, pareciera que se lo toman las chicas como si les pagaran por jugar, por defender la camiseta. Al fútbol lo tomamos de una manera muy profunda, muy competitivo se vive.



–¿La decisión de la Liga te parece que es un genuino reconocimiento o una decisión que es forzada por el momento histórico?



–Lo vi muy interesante que le pongan algo de interés oficial al fútbol femenino. Nosotras jugábamos en canchitas de 7 y en potreros porque nos gustaba como hobby. Ahora tenés un seguro, si te pasa algo, les interesa lo que nos pasa. O lo que vivimos para el Nocturno, que nos hacían notas. Nunca habíamos vivido algo así.



–Bueno, ahora estás acá.



–(risas) Sí, es verdad. Es raro, no sé cómo explicarlo.



–¿Te interesa y estás al tanto de todo el empoderamiento que ha logrado (si bien falta mucho) el fútbol femenino a nivel nacional? Desde el reconocimiento de AFA hasta la vuelta a un Mundial y el desempeño en los Panamericanos.



–Justamente, antes de venir estaba mirando ESPN y estaban hablando dos jugadoras. Decían que antes les pagaban viáticos nomás y ahora les pagan un reconocimiento por haber ganado la plata en los Panamericanos. Para mí está bien. Igual que las hayan profesionalizado también me parece bien. Hay jugadores que juegan como hombres, no te das cuenta que son mujeres en cuanto al juego.



–¿Seguiste la campaña de la selección en el Panamericano y, antes, en el Mundial?



–¡Sí! Me miré todos los partidos. Ya sea en el trabajo, cuando podía, me miré todo. Siempre me interesó. Hubo un tiempo en que Crónica pasaba partidos de mujeres, y en el grupo de WhatsApp de nosotras cuando éramos Estrellita, avisaban “che, miren que en Crónica están pasando Boca-River”. Y todas los mirábamos.



–¿Y en cada caso, cuando mirás esos partidos por tele, te parece que hay un destino posible, accesible para vos en ese nivel?



–Miraba y por dentro decía que no está tan lejos, no es un imposible. Esas chicas juegan como cualquiera de las que juegan acá. En algún momento pensaba “esas chicas de la selección deben jugar super bien”. Obvio, se lo ganaron ese lugar. Pero no juegan tan bien como para decir que es imposible estar ahí. Con Athletic fuimos a jugar un amistoso con Gimnasia de La Plata y ahí vi que no estamos tan lejos.



Si tuviera la oportunidad me encantaría jugar en un club grande y en la selección. No juego al fútbol porque tengo tiempo libre.



–Una de las tantas miradas machistas suele considerar que el gran esfuerzo es siempre masculino.



–Yo juego al fútbol porque me gusta de verdad. Me hago un tiempo para ir a entrenar. Hay días que trabajo a la mañana, salgo a la 1 y entrenamos a las 2. Y los días que ando en bicicleta, llego a mi casa a la 1.30 y menos veinte ya me voy a entrenar. O sea que ni como. Y a las 5 al trabajo de nuevo. Si yo a esto lo hiciera por hacerlo, pondría la excusa el cansancio y el trabajo, me acuesto a dormir la siesta y solo voy los domingos a jugar.



–Y más allá de las implicancias que puede haber tenido en el fútbol, ¿qué vinculación mantenés con el movimiento feminista y su lucha que se expresa a nivel mundial?



–Me interesa. Yo quiero tener los mismos derechos, por supuesto. Pero el mío no es el interés de exterminar al hombre que tienen algunas mujeres. Me interesa el aborto y esos temas importantes, sí me interesa. Estoy al tanto de todo.



–¿Son temáticas que se abordan habitualmente con las chicas del plantel?



–Más que nada de lo que hablamos es del aborto, pero los otros temas no tanto. No todas pensamos lo mismo, pero se charla mucho. El tema está siempre, en un entrenamiento, en el vestuario, en todos lados.



“Una mujer hace mucho más sacrificio que el hombre” 





Noelia Gérez (derecha) y dos compañeras de Vélez Sarsfield. GENTILEZA NOELIA GÉREZ



Noelia Gérez también comparte con sus compañeras de informe aquello del hogar futbolero y la práctica del deporte como algo mucho más abarcativo que mover las piernas. También fue atleta de las disciplinas resistencia y velocidad, pero hoy es el fútbol el que comando su placer y su dedicació. Tiene 33 años y es defensora de Vélez, la camiseta que ama y a la cual no sustituiría por ninguna. Admira a Matías Almeyda y es hincha de River.



–¿Cuáles son los primeros recuerdos que tenés de vos con una pelota en una cancha de fútbol?



–De chica, tendría 10 años en el barrio San Francisco. Jugaba los barriales, ahí empecé a jugar en la canchita que está en la esquina del famoso Solito. Éramos todas mujeres, nunca me tocó de chica jugar con varones.



–¿Quién incentivaba ese grupo?



–Estaba Claudio Ferreira, mi papá (que siempre estuvo al lado mío y de mis hermanos). A él siempre le gustó. Estaban también Pascal, Román, Cullerés, toda gente del barrio.



–¿Por qué el fútbol?



–Fue un deporte que me gustó siempre. Incluso, a la par yo hacía atletismo, pero el fútbol me encantaba. Con mis amigas del barrio nos sumamos al equipo barrial y nos gustó. Seguimos un tiempo y yo dejé después.



–¿A qué escuela ibas en ese momento? ¿Con tus compañeras, el vínculo se asimilaba al que tenías con las nenas del barrio?



–Iba a la Escuela 28. Siempre fui de un grupo cerrado, pero nos llevábamos bien. Había muchas chicas que querían jugar, pero no a todas las dejaban. Lo mismo que pasa ahora, los papás no las dejan.



–¿Cuál era el fundamento para no dejar jugar a una chica al fútbol?



–¡Porque es un deporte de hombres, lo que pasó siempre. “La nena tiene que se más femenina”, decían. A mí no me pasaba de chica que me dijeran “parecés un varón”. Uno antes hacía lo que quería; por ahí, los prejuicios están más de las personas grandes que de los chicos. Yo soy una mujer y me gusta jugar al fútbol, nada más.



–En San Francisco estaba más naturalizado quizá.



–Sí, ahí y en Villa Piazza, donde íbamos a jugar también. Era el rival que teníamos.



–¿Quién organizaba esos torneos?



–Los barrios, como se empezó a hacer ahora, de vuelta. Encuentros barriales.



–¿Recordás a mujeres adultas, tal vez ex jugadoras, que en ese entonces estuvieran alentando la actividad de ustedes?



–Me acuerdo de las chicas de Olivetto, que eran más grandes que yo cuando jugaba. Del barrio eran, pero una las miraba y quería ser como ellas, jugar bien como ellas. Cuando fui creciendo, ellas jugaban conmigo.



–¿Tu crecimiento como jugadora tuvo lugar en el barrio o llegó el momento en que cortaste amarras?



–Dejé de jugar a los 19, en 2006, cuando quedé embarazada de mi nena mayor. Jugué hasta los 3 meses de embarazo. Hasta ahí siempre jugué en el barrio. Dejé de jugar y nunca pensé que volvería a jugar. Pasaron años en los que no toqué la pelota.



Noelia, la “Pantera” 



–¿Llegaste a esa idea por haberte convertido en mamá?



–¡Tal cual! Y estar con una pareja. Eso pensaba. Y un día –en 2010, creo– me invitaron a jugar para distraernos un rato. Fuimos a jugar a Pipo, en Piazza, y ese primer día me di cuenta que jugando al fútbol era yo. Empecé a no poder dejar de jugar. Me enteraba que iban a haciendo encuentros o torneos y yo les decía “¡vamos, chicas, a probar!” y me respondían que no. No querían porque estaban como yo, todas mamá. Yo no me quedé con eso. Se jugaba de cinco, así que salí a buscarme un equipo. La primera que me dijo que sí fue mi hermana, que es arquera. Armamos el equipo y nos pusimos a jugar.



Mi papá siempre nos va a ver. Entonces le dije si no se animaba a manejar el equipo, a ayudarnos a entrenar, a quedarse conmigo. Me dijo que sí enseguida. Y ahí empezó.



–¿Cómo se llamaba ese equipo?



–Un día había que ponerle un hombre al equipo, ya éramos unas siete chicas. Y mi mamá…mi mamá también está siempre, porque nosotros somos una familia que si no van todos, no va ninguno. Mi mamá me dice “llamensé Las Panteras”, porque teníamos una remera rosa. Y había otro equipo que se llamaban Las Pumas.



–¿Cómo ha sido con tu compañero de vida el vínculo de la Noelia futbolera?



–No sé si le gusta o no. Pero él me conoció así. A veces uno se guarda para evitar conflictos, hasta que llega un momento…Él no juega. Antes me acompañaba, pero ahora, por el tema de trabajo, no tanto.



–Tu hija juega al fútbol. ¿Cómo te comportaste vos al momento de acompañar ese camino suyo?



–Al principio no la dejaba jugar (risas). Soy jugadora y no la dejaba a ella, a la más grande. Por mis miedos no la dejaba. Pasa que no es lo mismo, ahora hay mucha rivalidad de mujeres. El partido de hombres queda en el partido, el partido de mujer no, en el partido no termina. Sigue los otros domingos, sigue en la calle, donde sea. Si tuviste un problema grave, sigue. Tenemos que estar más bravas ahora, ¡el rival te viene con todo!



–Con Las Panteras empezaron a jugar e incluso hoy sigue ese equipo. ¿Quién organizaba esos torneos y dónde?



–Lo organizábamos en la cancha de Estrellas, frente al Regimiento, ahí se jugaba casi siempre. A veces organizábamos Las Panteras, otras lo hacía otro equipo. Se iban turnando porque por ahí, con eso, te comprabas la camiseta. Eran torneos de fútbol 7, relámpagos que le llaman. Se jugaba en Alumni, Sarmiento, Arenales, Pipo, muchos lugares. Hemos ido a jugar a Las Flores, a Olavarría. Panteras llegó a tener 30 chicas, había que armar tres equipos. Donde iba Panteras, el organizador sabía que tenía tres equipos. Muchas de las jugadoras que hoy están jugando pasaron por Las Panteras.



–¿Cuándo formas Las Panteras, en 2010, cuántos equipos había en simultáneo?



–No, éramos poquito, después comenzó a multiplicarse. Estaba Las Pumas, de Claudia Basualdo; de Tapalqué venía siempre uno, y estaba también Hay equipo.



Vélez, la única camiseta 



–¿Por qué termina siendo Vélez el equipo con el que te convertís en jugadora de Primera?



–Cuando se empieza a hacer el 11, le ofrecieron a mi papá de agarrarlo. Teníamos jugadoras, aunque no tantas. Y a mí me preguntaron y dije que sí.



Yo soy de Vélez desde que nací, creo que no me hubiera podido poner otra camiseta. No. Me llamaron cuando empezó el torneo, no sabía que yo estaba en Vélez, y me preguntó si quería jugar en otro equipo y le dijo que no. Yo ya estaba jugando, pero aunque no hubiera estado en Vélez no me hubiera probado otra camiseta.



Llegué el año pasado a Vélez. Primero jugábamos amistosos, una vez jugamos con Alumni un preliminar también.



–¿Cómo tomaste la decisión liguista de oficializar una Primera División femenina?



–Bien. Por un lado me encanta, porque represento al club que siempre íbamos a la cancha y mirábamos de afuera a los 11 que estaban jugando con la camiseta que a una le gusta. Me encantó el primer día que me puse la camiseta de Vélez. Pero en parte me parece bueno y en parte, por ahí…



Creo que lo hicieron por todo lo que está pasando con las mujeres. Desde que empecé hasta ahora, el fútbol de mujeres creció un montón, y creció un montón para generar dinero para cada uno.



El fútbol femenino lleva un montón de gente, pero la lleva al potrero, no a la cancha. Nosotros jugamos y no hay nadie, creo que están mi mamá y mis hijas, los familiares de las jugadoras.



–¿Esa es una de las fallas más grandes de esta nueva Liga?



–No me gusta que nos pongan en una hora en la que nadie va a ir a vernos. Quisieron hacer lo que pasaba en el potrero. Vos vas a las canchas de barrio y es un mundo de gente, haga frío o un calor tremendo.



–¿Qué habrá empujado a la LFA a presentar esta competencia en este momento?



–Tiene que ver con toda la movida de la mujer en todo el país. Cada uno lo analiza diferente, quizá a algún equipo le sirva. Desde que empezó el torneo, yo no he visto un partido de mujeres con gente; creo que el otro día había un poco de gente, en la final.



Ambiente machista



–¿Sentís que el ambiente machista todavía las relega?



–Sí, sí. A mí, jodiendo, de chiste, me han dicho “andá a lavar los platos” o “¿le lavaste la ropa y le cocinaste a tu marido?”.



–El tema es que eso, más allá de la mueca con lo que lo digas, sigue siendo machismo.



–Obvio, y yo le contesto. Porque una mujer hace mucho más sacrificio que el hombre para poder jugar al fútbol. Más teniendo una familia.



–¿Cómo las considera el ambiente varonil que maneja el fútbol? ¿Hay un reconocimiento real?



–Me parece que no. Sinceramente, me parece que no. No lo digo por mí sola o por mi equipo solamente. Está buenísimo de todos modos…



–¿Se lo ganaron ustedes a ese lugar?



–Sí, por supuesto. A las mujeres que juegan al fútbol, nadie les regala nada. Comote dije, es sacrificio y a ponerle el pecho. Con la gente que te sigue: la persona que te entrena, la que está con vos, la que te lleva el agua cuando hace calor, la que te lleva un almuerzo. Esas son las personas que se ganan un lugar con nosotras.



Para mí hay gente que tira de verdad para que las mujeres crezcan. Hay muchas adolescentes que juegan muy bien al fútbol. Mi hija mayor va a una escuelita y hay un montón de chicas jugando.



–¿Te hizo alguna vez algún planteo sobre tu dedicación al fútbol?



–¡No! Y me acompaña. A veces me enojo y digo “¡no juego más!”. Y me dice: “mami, ¿por eso no vas a jugar más? Vos tenés que seguir”. La más grande, que sabe de fútbol y siempre está. Son fanáticas de Vélez las dos. Que ellas estén atrás y que los domingos se quieran levantar temprano para no perdérsela, para mí es un montón.



–¿Qué provoca en vos toda la revolución femenina que es transversal en buena parte del mundo? ¿Te incluye, te representa?



–En muchas no me representa. Respeto toda la lucha, pero no acompaño muchas cosas. Las causas de la violencia de género, eso sí lo banco y me gusta. Otros temas, no.


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