13 de marzo de 2013
ENFOQUE
Escribe: Juan Carlos Ormazabal
Párroco de Lourdes
El cuarto domingo de Cuaresma leíamos la muy conocida parábola del "Hijo Pródigo". El salmo que la acompaña canta diciendo: "Gusten y vean?". Esta oración y canto poético, nos invita a saborear los impulsos de un corazón tocado por la reconciliación. Se trata de un padre que no deja de mirar a lo lejos a su hijo perdido y que seguramente está destruido, porque ha malversado sus bienes en vida. El padre con la esperanza de que regrese algún día, espera. Cuántos de esos padres conozco aquí en Azul. Que si encontrara a ese hijo buscado lo abrazaría de todo corazón e inmediatamente le prepararía una fiesta con el mejor ternero engordado. Le daría lo mejor.
Este hijo estaba perdido y ha sido encontrado. Estaba muerto y ha resucitado. Fiesta y milagro que se irá reviviendo en cada misa. Es así la realidad de fe que todavía está en los cristianos.
¡Muchos son los bienes saboreados! (S.33, 2-7). Desde el principio se gustaron los frutos de la tierra. El Espíritu ya aleteaba sobre las aguas. Dios vio que esto era muy bueno. Después, se produjo un silencio para ir contemplando sus huellas y vestigios, su imagen, su semejanza: "Todo ser humano es la gloria de Dios". Es su pasión.
Millones de años se sucedieron hasta que al fin nació la historia de nuestra fe. Abraham, el padre de los creyentes, se encontró con el Dios vivo en su débil ancianidad. Escuchó su voz y su Palabra y se lanzó tras ella. Fue su grandeza. Así dejó los ídolos engañadores, conducido en medio de éxitos y fracasos. Es este un acontecimiento que marcó etapas en su vida. Y dos mil años más tarde, dice Jesús: "Se alegró cuando vio mi día". Fue cuando Abraham después de dejar de lado sus falsas seguridades, caminó por el desierto obedeciendo esta voz desconcertante. Vio, y se alegró que de las "entrañas muertas y estériles de Sara, su mujer, naciera un hijo a pesar de la ancianidad: este fue Isaac. Sara reía. Anunciaba por anticipado el día en que Jesús pasaría de la muerte a la vida. Jesús, el hijo definitivo, el Samaritano, el hijo pródigo, el cargado y dolido llevando al matadero sobre sus hombros los pecados y heridas de todos.
El gran próximo (o prójimo), el Reconciliador. Ahora este Dios, que es su Padre le daría en herencia el pueblo de Abraham, "que será más numeroso que las arenas del mar y las estrellas del cielo". Jesús obedece hasta la muerte y muerte de cruz. Eleva su oración con gritos desgarradores a aquel que lo podía librar de las angustias de la muerte. Por fin en la cruz abraza a Dios su padre, le entrega su espíritu, perdona a sus enemigos y lo da a conocer. Su fe llega al máximo esplendor y belleza. Reveló el verdadero rostro de Dios, que es su padre. Ya todos podemos confiar y ponernos en sus manos. Ya abrió un camino para que creyendo gustemos su pan y escuchemos su palabra. Así decían los primeros cristianos como quedó plasmado en las escrituras: "Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos". Se sentían todos hijos pródigos resucitados. Así dio a vivir la vivencia de un amor sin límites, totalmente don gratuito. Cultivando esta fe podremos perdonar "hasta setenta veces siete". La cruz desató al amor. Dejó de ser cruz de maldición para pasar a ser fuerza bendita de lo alto.
Pero hubo un tiempo intermedio, un tiempo de hermosa pedagogía, de donde la iglesia sacó el modelo para llevar y atraer los alejados y paganos a la fe. Se llama "cuaresma", es una pedagogía especial para gustar y saborear las maravillas que se recogieron en el camino de la esclavitud de Egipto a la libertad de la Tierra Prometida. 40 años de travesía por el desierto son para nosotros los cuarenta días de cuaresma.
Digamos con el profeta: "Dios enamorado de su pueblo, nos lleva al desierto para hablarnos directo al corazón, como un amado a su amada. Quiere enamorarse de nuevo para que nada nos falte. Nos va devolviendo el saborear y el gustar el pan ácimo y el cordero de la fiesta; signos servicio y entrega. Y en la misma noche de la vigilia pascual el 14 de nisan (fecha judía) pasamos de la esclavitud a la libertad. La Pascua es el mandato divino de generación en generación. Será la celebración central del memorial del Dios vivo que vuelve a nuestro encuentro para hacernos hijos suyos y hermanos entre nosotros. La Pascua es la fiesta del Padre y de los hijos pródigos.
¿Los cristianos de hoy perdimos la punta del ovillo y no encontramos la fe liberadora de los comienzos? El anuncio de un amor que no muere es lo que nos puede orientar al hilo conductor de la vida auténticamente cristiana. ¿Cómo continuar después de este encuentro personal y vivo, de ojos abiertos y corazón palpitante, en las comunidades sencillas, orantes y misioneras? "Jesús se entregó por mí y lo llevo vivo en mí". Esa es la clave para el nuevo gusto y sabor que debemos encontrar en nuestras celebraciones y en las comunidades cristianas.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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