15 de julio de 2018

. "Hilados del Azul": de Azul para el mundo


“Hilados del Azul” tuvo una exitosa estadía en Caminos y Sabores, la feria que se realizó en el predio de la Rural en el barrio porteño de Palermo. FACEBOOK AZUL SOLIDARIO

Por Augusto Meyer

ameyer@diarioeltiempo.com.ar

Integrantes del emprendimiento que nació por iniciativa de Azul Solidario participaron de Caminos y Sabores, la feria que se realiza en la Rural de Palermo. Las prendas que se elaboran tienen la particularidad de ser el fruto de una tarea en equipo. Dos de las referentes de la organización dieron su testimonio a este diario.

“Hilados del Azul” es una red de personas, en su mayoría mujeres radicadas en el campo, que trabajan desde hace diez años en la elaboración de prendas artesanales con una materia prima (la lana) de origen netamente local. Lo producido por este grupo de entusiastas viene de tener, por sexto año consecutivo, una amplia aceptación en Caminos y Sabores, la feria que se realiza en la Sociedad Rural con sede en el barrio porteño de Palermo.

El emprendimiento, que carece de apoyo estatal, cuenta con el acompañamiento de la Sociedad Rural de Azul y la oficina local del INTA, y fundamentalmente crece a partir del esfuerzo y compromiso de sus integrantes y de quien fuera generadora de la idea: Verónica Torassa.

“Hilados del Azul” es una brillante posibilidad que tienen aquellas mujeres que por el hecho de acompañar a sus esposos trabajadores rurales, ven coartada su voluntad de tener empleo fuera de la tarea propia del campo.

Por la evolución que esta iniciativa viene teniendo, ha pasado a representar al Partido de Azul en eventos como la citada muestra, que reúne de visitantes por miles y de distintas nacionalidades.

Norma Liliana Conte y Verónica Soler son integrantes de esa red de trabajadoras que estuvieron en la feria y, en representación de sus compañeras, comercializaron las elaboraciones artesanales en un stand.

Soler, por ejemplo, es egresada de una escuela rural, aunque en la actualidad tiene domicilio en Azul. Eso hace que cuente con mayor disponibilidad de tiempo como para asistir a la muestra. En el local de costura que regentea en la Avenida Perón le contó a EL TIEMPO sobre el conocimiento que tiene de quien fue la generadora de esta movida. “A Verónica Torassa la conozco de toda la vida; mi mamá trabajaba en su casa y yo le he cuidado a sus hijos mientras estaba en el secundario. Ella siempre me quiso dentro del grupo de ‘Hilados’”, dijo. “En ‘Hilados’ se trabaja en equipo. Una bolsita de auto tiene el trabajo de tres o cuatro personas: la lana de una de las chicas, el telar de otra y la costura de una tercera”, explicó.

Soler dijo que, tras las sucesivas participaciones en Caminos y Sabores, la superación es constante. “Este año vendimos muy bien, la gente nos conoce y va directamente al stand. Una señora que el año pasado había llevado un pie de cama de color azul, este año fue a buscar un almohadón que le combine”, señaló.

Norma Conte, en tanto, lleva cinco años en el grupo y una cantidad de tiempo similar asistiendo a la feria. Su especialidad es el bordado y a “Hilados del Azul” llegó a instancias de la recomendación para sumarse que le hizo una hiladora. Su capacitadora fue Inés Louge, en la Escuela 18. “Me siento orgullosa, lo disfruto mucho, en especial el hecho de poder participar de Caminos y Sabores. Nos integramos re bien y vemos que el grupo crece”, afirmó.

Valoró el hecho de que, con la tarea que realizan, se recupere una técnica ancestral. “Hilamos en público, estamos permanentemente informando de cómo comienza el proceso, con la generación de la lana; que hacemos el tejido, el teñido y el bordado; que lo hacemos artesanalmente, a mano”, amplió.

La fascinación por la rueca

El público que asistió al stand de “Hilados del Azul” quedó maravillado con el trabajo que las hiladoras realizan con la rueca. “La gente se para alrededor de la rueca porque no lo puede entender. ‘Hilados del Azul’ se caracteriza por utilizar lana sucia. Es al revés de lo que se hace en general, cuando primero se manda a lavaderos industriales y después se hila. En Buenos Aires hasta hay chicos que no saben que eso sale de las ovejas. Entonces le regalamos un poco de vellón, le sugerimos que lo lleven a la escuela y que se lo muestren a sus compañeros. Se genera un clima muy lindo allá”, indicó Soler.

Las entrevistadas destacaron la tarea que realizan las hiladoras, lo que es el puntapié inicial del trabajo que, luego de pasar por la mano de distintas personas, se termina comercializando.

“Nos parece muy bueno que a los jóvenes les interese tanto saber cómo es esto y que, una vez que le contás toda la historia, te compran una prenda. Y te la compran con gusto”, describió también Soler.

Segunda fuente de ingreso

La tarea que realiza “Hilados del Azul” tiene una trascendencia muy importante. No obstante, determinadas circunstancias hacen que, en general, para todos los que participan no sea la primera fuente de ingresos en sus hogares. “La mayoría tenemos otro trabajo. Las que están en el campo en general trabajan de empleadas domésticas y, aparte, hace esto. Cuando se avecina una feria como Caminos y Sabores, se quedan hasta entrada la madrugada preparando la lana para llevar y, las que podemos ir a la feria, vamos. Nos podemos organizar pero no es sencillo”, explicó Soler.

Cuando se le consultó si, proporcionalmente, tienen en Azul la misma repercusión que encuentran afuera, respondió: “La realidad es que vendemos muy bien siempre que vamos a otros lados, y en Azul vendemos, pero poco. Si uno considera que el producto es cien por cien azuleño, deberíamos vender mucho más”.

Igualmente remarcó que, en el grupo, hay alguien que termina siendo directamente responsable de que los productos puedan ofrecerse en ferias como Caminos y Sabores.

“Esto viene de la mano de Verónica Torassa. Ella es quien consigue esos lugares, tiene los contactos y mueve lo que sea para organizar y que podamos llegar. INTA y Sociedad Rural nos dan una mano porque hay que ir un día antes para armar el stand, lo que es una regla de esta exposición en particular”, manifestó Soler. La ayuda del Municipio se limitó a traer de regreso a algunas de las mujeres que atendieron el puesto.

Soler admitió que la idea de tener local propio en Azul “siempre la tenemos”, pero que por cuestiones de costos “se hace muy difícil” poder avanzar con el proyecto.

Además sostuvo que las posibilidades de formar una cooperativa conllevan otras circunstancias a considerar. “No somos siempre las mismas porque algunas a veces consiguen otro trabajo; por ahí  hiciste un chaleco y se vende dos meses después; a algunas chicas se han tenido que mudar de campo y hasta de ciudad por el trabajo de sus esposos”, indicó.

UN ESTADO AUSENTE

“Hilados del Azul” es uno de los tantos emprendimientos locales que nació y se mantiene gracias al esfuerzo de particulares, y que es representativo del potencial que tiene el distrito. En principio, el Estado no está llamado a ser un mero testigo sino muy por el contrario. Sin embargo, cuando se lo necesita no aporta ni lo más elemental. Las hiladoras carecen de un espacio donde poder reunirse ni trabajar. El traslado del mobiliario necesario para el armado del stand en Caminos y Sabores se hizo gracias a la colaboración de la agencia local del INTA, y merced al compromiso total y absoluto de Verónica Torassa.

La tarea de “Hilados del Azul” es un ejemplo que excede el valor de lo artesanal y la recuperación de un oficio ancestral. Hay un trabajo en grupo que cabe rescatar. La distancia geográfica entre algunas integrantes del grupo, además del deficiente estado de los caminos rurales, condiciona la rapidez de los trabajos, pero la complementariedad existe y eso da buenos resultados, que en este caso se tradujo en ventas sobresalientes en la muestra que se realizó en la Rural de Palermo.

Este proyecto de Azul Solidario surgió para destacar la tarea que la mujer realiza en el campo, y a la vez darle una salida al potencial que ellas tienen como generadoras de productos que recuperan una costumbre ancestral y artesanal.

“Si el hombre se fue a recorrer, la que hacha la leña es la mujer rural. Si aprendió a hacer asado, ella se encarga de hacerlo. Cuando viene gente al campo (veterinario, mecánico de una maquinaria vial, los patrones, etc) cocina para todos y se encarga de los chicos”, dijo Verónica Soler, quien rescató el origen que “Hilados del Azul”. “Esto nace de cuando Verónica Torassa iba con los equipos de salud a las escuelas veía que las mujeres se quedaban cuatro horas esperando a los chicos sin hacer nada. Ahí empezó a pensar qué se podía hacer y surgió esto del hilado”.

“La idea es que Azul valore esto que tiene. Tenemos que estar pidiendo y esperando para ver si se puede o no se puede. Esto es una opinión personal: ¿cómo es posible que, después de tantos años, no tengamos el apoyo mínimo por el sólo hecho de decir que vamos a representar a Azul?”, se preguntó Soler.

El pedido de las hiladoras es tan justo que cae por su propio peso. De todas maneras, nada garantiza que el apoyo aparezca, aunque sea a cuentagotas y en un contexto de crisis como el actual.

Personas que trabajan en muchas instituciones no se dejan doblegar por la coyuntura, y hasta incrementan los esfuerzos. Bueno sería que ellos reciben del Estado señales de aliento.

APTO PARA HOMBRES

No está escrito que el hilado es trabajo reservado a mujeres. De ahí que, ante la consulta de este diario, Verónica Soler afirmara que “hombres se recontra puede”. “En las escuelas 43 y 41 hay un chico que está aprendiendo y el esposo de otra chica hila divino. Esto nació como un proyecto de mujeres y para generar una posibilidad de trabajo para mujeres que están campo adentro y no tiene otra salida laboral porque su esposo son puesteros. Necesitamos tejedoras y gente que quiera aprender a hilar”, aseguró, para plantear qué objetivo máximo se propone el grupo: “Lograr una buena producción de lana que salga de Azul”.

“Sería muy importante que se pudiera comprender que esa es nuestra meta para, a su vez, poder generar trabajo para mucha gente. No es tan sencillo. Necesitás gente que te ayude, que te capacite, que te brinde las herramientas (tenemos pocas ruecas). Son muchas cosas que se necesitan y la realidad es que, detrás de todas esas cosas, hay dinero. No queda otra”, añadió.

 

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