10 de julio de 2013
La Argentina en crisis generalizada no es tema de conciencia de la ciudadanía cristiana, ha expresado el Obispo Emérito de Viedma Miguel Esteban Hesayne. Para la mayoría de los católicos la culpa de la hambruna argentina la tienen los males políticos o el gobierno de turno.
La consecuencia de la indiferencia y la inoperancia social-política de los creyentes en Jesucristo ha llegado a tal punto que ya emerge un neo ateismo construyendo una sociedad violenta, dividida, decadente con alarmantes focos de corrupción. En una palabra inhumana. Esta realidad no es producto de la voluntad de ningún grupo o sector político. Nadie pretende una sociedad violenta dividida, decadente, corrupta. Pero la sociedad es el resultado de relaciones humanas que están animadas, orientadas por pensamientos, sentimientos, por aspiraciones e ideales.
¿Qué pensamientos y sentimientos son los que animan las relaciones sociales y políticas de la Argentina de hoy? Las relaciones ciudadanas de los habitantes en la Argentina naciente estuvieron animados y en forma explícita en Dios. Por eso queda consignado en el preámbulo de la Constitución Nacional. Vale decir que nuestros constituyentes reconocieron como verdad fundante de una sociedad y humana y humanizante la existencia real de Dios creador del ser humano a imagen y semejanza suya. Entendieron que una sociedad sin el verdadero Dios es una sociedad que se desmorona. Todo intento por buena voluntad que se suponga es frustrante y termina siendo inhumano.
La causa del desmoronamiento o decadencia o corrupción es que se pretende construir sin Dios. La realidad es lo que es y no cómo se la imagina o se la piensa o querría que fuera a gusto y paladar.
Nuestros compatriotras que forjaron los principios de nuestra Patria reconocieron a Dios y en consecuencia han reconocido que los seres humanos están creados a su imagen y semejanza. Por eso concluyen que una sociedad que pretende construirse en forma humana y humanizante ha de construirse atendiendo en primerísima instancia a la realidad de Dios, como comunidad, como familia, como comunión de amor.
Nuestros primeros constituyentes comprendieron que todas las relaciones humanas han de llevar el sello de Dios, si se pretende formar una sociedad fruto de comunión de personas unidas, buscando el bien común desde el bien de cada persona y no un conglomerado de individuos enfrentados unos contra otros en forma caótica, porque busca por cualquier medio, tan sólo el propio bien.
El compromiso socio-político no es competitivo. Es un aporte de fraternidad para construir una sociedad de hermanos que reflejen en sus relaciones ciudadanas la bondad y justicia de Dios en quién creen.
La fe cristiana no es una expresión religiosa. Es participativa. El auténtico creyente transforma su historia humana en imagen y semejanza de Dios-Amor. Sostiene monseñor Hesayne, la fe cristiana es una actitud humana con densidad divina.
Para los creyentes, ya sea en Dios o en un ser superior como los egipcios el sol, la fe es una actitud humana con densidad divina. Pero también todos los seres superiores buscan el bien común desde el bien de cada persona y no un conglomerado de individuos enfrentados. Por eso es imperioso construir una sociedad de hermanos que reflejen la bondad y justicia a imagen y semejanza de ese ser superior a quien se le cree y que transmite amor.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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