24 de abril de 2019
Por Ana María Castagnino (UNICEN – UCA) y Javier Marina (UNICEN).
Tradicionalmente en Argentina, se realiza, por un lado, el jardín, y por otro (y sólo en algunos casos), la huerta. En tal sentido, es un desafío transformar dichas huertas en verdaderos jardines comestibles, que permitan contribuir a optimizar la dieta propiciando el bienestar de las familias, brindando los colores que habitualmente se buscan en los jardines y permitiendo un ahorro considerable. Es el objetivo desde ASAHO (Asociación Argentina de Horticultura) es difundir alternativas que puedan ser de interés no sólo para los productores, sino también para las familias.
Hortalizas en el jardín
La horticultura tradicional viene evolucionando tanto a nivel productivo como familiar, sumando nuevas alternativas respecto de especies, variedades y técnicas de manejo. En el caso particular de las huertas familiares, la tendencia actual es lograr un aprovechamiento integral de los espacios e inclusive el aprovechamiento productivo de aquellos lugares que hace unos años hubiera sido impensado. En tal sentido, representa un desafío transformar los espacios que cada familia pueda disponer, en verdaderos jardines comestibles, en donde la estética y los colores provengan tanto de especies ornamentales como de hortalizas.
A nivel global numerosos son los países en los que se crean jardines con hortalizas, incluyendo gran biodiversidad de especies que van desde hortalizas de hoja de las más variadas como lechugas, rúcula, acelga, espinaca, remolacha, etc. a mini hortalizas, entre otras; cultivadas en canteros de múltiples formas, transformando en productivos espacios que anteriormente solo eran destinados a especies ornamentales.
Techos verdes
Una novedad de la horticultura urbana está representada por la difusión de los llamados techos verdes y jardines verticales (apoyados sobre los muros de las paredes), los que en el ecosistema urbano, pueden llegar a ser una excelente alternativa adicional de biodiversidad y bienestar para la población. Está comprobado que la presencia de naturaleza urbana, incluyendo la horticultura urbana, en general es sinónimo de bienestar y facilita la recuperación de la población del estrés cotidiano. En el caso particular de la horticultura suspendida, presenta objetivos multifuncionales, por lo que también se considera una alternativa valiosa para la sostenibilidad alimentaria, que adicionalmente brinda confort urbano, propiciando una mayor seguridad alimentaria. Estos espacios productivos, aunque limitados en superficie, pueden permitir otros beneficios, como contribuir a incrementar el sentido de utilidad de las personas, en particular a aquellas con capacidades diferentes, aumentar la autoestima, contribuir a aceptar la realidad cotidiana y propiciar la reinserción social y/o interacción entre grupos distintos de personas.
Alternativas
En algunos países están surgiendo además los llamados “jardines / huertas corporativos / institucionales” en empresas e instituciones, y huertos urbanos en espacios públicos con función ornamental, con formas geométricas que exaltan el impacto estético. Asimismo en las escuelas, las huertas son una realidad cada vez más presente, a fin de motivar el trabajo de equipo, aumentar la percepción sensorial y la educación ambiental y de sana alimentación, de los alumnos y, al mismo tiempo, permitirles disminuir la incidencia de la realidad virtual, que se ha ido intensificando estos últimos años. Dichas huertas son consideradas además un instrumento para reforzar el sentido de atención de chicos y grandes. Tan importante es el rol social y funcional que las huertas urbanas y/o jardines comestibles, que hoy son consideradas un privilegio para quienes pueden disponer de ellas e, inclusive los restaurantes, están intentando disponer de sus propias huertas.
Para que Argentina acompañe la tendencia creciente que el fenómeno global de la agricultura urbana representa, es necesario: a nivel familiar la decisión de integrar la huerta al jardín; y a nivel institucional, se requiere un trabajo interdisciplinario de agrónomos, arquitectos, ingenieros, etc. quienes, trabajando en equipo, puedan transformar las ciudades en espacios cada vez más compatibles con las exigencias y necesidades alimentarias actuales de la población, integrándolas de una manera armónica al verde urbano, periurbano y rural.
Variedades de cultivo
Para la realización de estos jardines comestibles puede recurrirse al cultivo de mini hortalizas, también llamadas “hortalizas baby”, que es una categoría creciente a nivel global y de la que Argentina no es ajena, dado el creciente consumo de tomates cherry, hoy presentes la dieta todo el año. Este tipo de hortalizas tiene propiedades nutricionales superiores, son más fáciles de producir, de ciclos más cortos, y en la mesa, son más tiernas, de sabor más intenso, admitiendo preparaciones novedosas y tentadoras. Requieren un menor espacio para ser producidas y un manejo simplificado. Numerosas son las especies que pueden ser cultivadas como minihortalizas, entre las que se destacan: papa, tomate cherry, zanahoria, espinaca, achicorias rojas (radicchio rosso), escarola, apio, acelga, lechuga, repollo, coliflor, brócoli, rúcula, pepino, zucchini, arveja, maíz dulce, remolacha, pimientos, berenjenas, etc.; siendo su época de producción similar a la del cultivo convencional.
En algunos casos de hortalizas “baby”, se trata de variedades que requieren semillas especiales, y mayores cuidados durante la siembra y la cosecha; y en otros, simplemente de variedades más pequeñas que las tradicionales, con igual forma, de menor tamaño y con la ventaja de que se pueden servirse enteras en el plato, brindando un atractivo adicional a guarniciones y ensaladas.
En síntesis, la incorporación de jardines comestibles a las familias representa una valiosa estrategia en un contexto nacional en el que el 62% de la población presenta problemas de sobrepeso y el 25% de obesidad, según los resultados de la cuarta encuesta nacional de factores de riesgo 2018 y comparación con el período 2005-2018 que indica un importante crecimiento.
A esta problemática se suma la baja diversidad de hortalizas en la dieta según datos del Mercado Central que indican que 4 hortalizas representan el 70% del consumo de vegetales y que éste es tan sólo de un tercio de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.
(Nota realizada desde la Secretaría de Prensa y Publicaciones de la Asociación Argentina de Horticultura)
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