27 de mayo de 2019
La materia de la que están hechos los sueños –las ensoñaciones más tajantes– suele llevarse pésimo con los resortes económicos, que son la ganzúa que abre las puertas que, en ocasiones, el talento y el fragor no alcanzan a flanquear. Un indeseable condicionante, dado que no tiene relación directa con los méritos deportivos que son los que permiten a Joaquín Bastos moldear tal vez su más grande deseo desde que juega al padel: competir en el Mundial Juvenil que del 14 al 20 de octubre tendrá lugar en Castellón, Valencia, España.
Nacido el 2 de marzo de 2007, a los siete años aceptó un convite de su papá para ir a jugar al padel y esa paleteada fue un antes y un después en su vida. Viene de ganar un torneo selectivo Sub 12 en San Luis en dupla con Aarón Guevara, junto a quien también resultó subcampeón en Capital Federal, en un selectivo que se les escapó en el tie break. Antes, cuando no pasaba de los 10 años, en 2016, ganó el Provincial junto con Valentín Sánchez.
Actualmente, Bastos se entrena en Olavarría bajo la tutela de Leo Silveri, quien desarrolla tanto el aspecto técnico como el físico del jugador azuleño que cursa estudios secundarios en SAFA. Todo el actual devenir deportivo de Joaquín es, si se quiere, un conglomerado de situaciones que orbitan en torno al objetivo mundialista. Sucede que más allá de sus notorias condiciones para jugar al padel (que lo mantienen como el jugador número 1 del ranking Sub 12 de la Asociación del Padel Argentino) y su decisión de vivir la vida en torno a este deporte, si su familia no reúne la cantidad de dinero suficiente, su participación en el certamen internacional será un tren que pasa y al que él no sube.
Bastos y su mamá, Paola Veltri, recibieron en su casa a EL TIEMPO. Una charla que se movió entre las latitudes biográficas de Joaquín, su derrotero paleta en mano y las implicancias que hoy actúan de cara a la chance de jugar un Mundial.
–¿Quién te entrena en Olavarría?
–JB: Leo Silveri, desde hace más de un año. Entreno allá porque acá me quedé sin entrenador.
–PV: A los 7 años Joaquín arrancó con Luciano Poncio, en escuelita. A medida que iba avanzando, con los nenitos ya no podía estar y lo pasó a las clases individuales. Luciano dejó de dar clases y nos quedamos sin profesor. Él ya había ganado torneos, entonces nos comentaron que había un profesor en Olavarría, de esto hace tres años, que era Federico Chingoto. Era el mejor jugador del país y después de un año de clases, se lo llevan a España a Federico. Nos quedamos de nuevo sin profesor. Volvió a entrenar con alguien de acá, Maxi Fernández, que es un chico que juega muy bien al padel, de Segunda Categoría, pero que no es profesor. Luego de eso dimos finalmente con Leo.
–¿Cómo empezaste a jugar padel desde tan pequeño?
–Desde los 7 años que juego. Fui a fútbol, fui a otros deportes que te imagines y no me gustó, me aburrían todos. Un día mi papá fue a jugar padel con sus amigos, me llevó y me gustó, me enganché.
–¿Fue tu papá el que te enseñó lo básico?
–Yo no sabía que existía hasta que él fue a jugar y me llevó. Pero después le dije a mi papá que me gustaba y empecé la escuelita con Luciano Ponzio, y después ya fui a entrenar particular.
–Entre tus amigos, una vez que el padel se volvió central en tu vida, ¿tenías con quién jugar?
–Siempre jugué con gente más grande, porque chicos de mi edad no había. Siempre tenía que esperar que jugadores más grandes me invitaran a jugar. La única vez que pude compartir fue con un vecino, un tiempo, pero después dejó.
–¿Te hacía sentir mal esa soledad?
–No, no, porque en el ambiente hay gente que juega. Hay mucha gente que no lo conoce o nunca lo ha practicado. Pero hay gente para jugar, en el ambiente hay compañerismo.
–¿Notabas que cuando, probablemente en la escuela, hablaban de deportes preferidos y vos mencionabas el padel, eso causaba alguna sorpresa?
–No. Hay chicos que no juegan torneos y eso, pero me acompañan, vamos al club y jugamos, nos divertimos.
–PV: Pasa que todos quienes han conformado su entorno, en la escuela, sus amigos del barrio, desde los 7 años que lo ven con una paleta en la mano. Vive así, tiene paletas por toda la casa.
El entrenador, el amigo, “lo más”
Veltri cuenta sobre los méritos profesionales de Silveri, el entrenador de su hijo: “Es EL entrenador, lo más. Es muy exigente, pero han logrado un vínculo muy fuerte, son muy compañeros y lo banca a morir en todo. Está en todos los detalles. Nos dijo que para no viajar tanto a Olavarría y que Joaquín pudiera también generar vínculos en Azul, busquemos un gimnasio acá. Y nos encontramos con una bendición que es Fernando Bageneta, otro genio, en su gimnasio SportLife. Entre ambos articulan sobre cómo trabajar con Joaquín. Está todo en función de un máximo rendimiento en el padel, no es un entrenamiento cualquiera”.
–Dado el nivel en el que compite Joaquín y con el Mundial tan próximo, ¿qué grado de exigencia tiene el entrenamiento que desarrolla?
–PV: Joaquín hace dos pretemporadas por año. En las vacaciones de invierno, Joaquín no va a estar acá, se la va a pasar en Olavarría, a full. Hace natación a la mañana, gimnasio y padel, y terminan a la tarde con natación para relajar los músculos. En el verano hizo pretemporada en la playa. Con su profesor salen a correr, nadan, hacen movimientos con técnica debajo del agua, contra el viento, con pelota mojada, con lo que sea, fuerza, resistencia, aeróbico. Todo acompañado por la dieta que corresponde. No es que vamos de vacaciones, ¿se entiende? Va a entrenar.

“Desde los 7 años que juego. Fui a fútbol, fui a otros deportes que te imagines y no me gustó, me aburrían todos”. NACHO CORREA
–¿Cuándo fue que el padel era algo serio para vos, Joaquín?
–Cuando le dijeron a papá que había entrado a los selectivos. Fue en abril del año pasado. Hasta ahí yo jugaba provinciales, pero común; no iba a entrenar a Olavarría ni nada de eso. Ganamos un Provincial en Olavarría y la Asociación de Padel le dijo al papá de mi compañero que estábamos seleccionados.
–¿Te resulta fácil no estar todo el tiempo pensando en la chance de jugar un Mundial?
–Sí, a veces pienso. Estaría muy bueno. Yo ni me imaginaba que iba a jugar ni siquiera un selectivo. No sabía ni cómo era el padel.
–¿Qué importancia tiene para vos viajar a cada lugar junto con tu familia?
–Viajo con mi familia y con el profe. Nunca viajé sin ellos, nunca jugué un partido sin que estén ellos. No sé cómo sería.
–¿También estarían viajando todos a España?
–(duda, mira a su mamá, sonríe). Eh…va a ir mi papá
–PV: El viaje al Mundial es una situación que ya está hablada, porque económicamente es imposible que vayamos los cuatro. Y queda ver si logramos hacerlo ir, porque por más que clasifique y esté jugando de maravillas, el factor económico es lo que acá va a definir su viaje al Mundial.
–Ese dinero lo tienen que aportar ustedes como familia
¡Claro! Hoy no podríamos ir, si no tenemos un apoyo desde algún lugar, va a ser muy difícil que Joaquín viaje. En España, la organización se va a hacer cargo de una comida, de un hospedaje, pero hasta allá tenés que llegar vos. Vamos a tratar de que llegue, es su objetivo. Joaquín siempre quiso llegar a España. Necesitamos la ayuda de la ciudad, de las empresas, del Municipio. Cada aporte será fundamental.
Y no se trata únicamente de los posibles gastos para que llegue al Mundial: Ahora vamos al Provincial en Tandil, 1 y 2 de junio; después tenemos el selectivo de Santa Fe, 29 y 30 de junio, o sea un segundo viaje en este mes (y venimos de San Luis la semana pasada); después tenemos San Francisco, Córdoba, luego viene San Nicolás y después hay un Master en Mar del Plata. Son muchas fechas, muchos viajes y muchos días, hasta desembocar en el Mundial de Valencia.

Paola Veltri y Joaquín Bastos, en su casa durante la charla con EL TIEMPO. “Nunca viajé sin ellos, nunca jugué un partido sin que estén ellos. No sé cómo sería”, dice él. FOTOS NACHO CORREA
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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