24 de febrero de 2017
Por Matías Verna (*)
Se llamaba Jorge Rojas antes que el cantante, tendría 45 años, 1 metro 80 y 60 kilos con ropa mojada. Poco pelo, anteojos sin aumento (“para achicar el naso”, decía y se reía casi sin dientes), zapatos gastados, un jean Motor Oil y una campera rompe viento negra con un bolsillo lleno de remedios para el HIV y en el otro un Nuevo Testamento con Salmos y Proverbios.
“¿Usted es nuevo no?”, me preguntó desde el pasa platos de la celda 94 del pabellón N° 2 en la Cárcel de Sierra Chica.
“Si”, contesté. “Y en poco tiempo me voy”, retruqué con voz nada creíble de suboficial malo y pseudo fascista.
“Uuuuuu”, decía y se golpeaba la frente, “mal ahí encargado”.
Seguí caminando por ese pasillo frío por donde se asomaban caras curiosas por conocer al nuevo y de paso aprovechar para pedirle un cigarrillo, una salida hasta el teléfono, una audiencia o simplemente interrogarlo para conocer sus movimientos e inexperiencia.
Los cables cruzaban por todos los sectores. Las luces casi no se veían, la humedad se metía por los borceguíes y yo me creía el supremo mientras caminaba por ese pabellón nauseabundo con todos los presos encerrados.
No miraba para atrás.
Sólo me acercaba a las celdas para saber el nombre de sus habitantes.
Un olor indescriptible se adueño del uniforme y de mi cuerpo. Mezcla de vomitonas, cagaderas, comida en mal estado y perfumes adulterados. Tal vez más, tal vez menos.
“Tumba, encargado”, dijo Jorge Rojas, que veía mi nariz hociquear por la ropa azul. “Es olor a tumba”, sentenció.
Caminé en silencio. Levanté un pan del piso y lo puse en el pasaplatos de la celda 101 de la que sólo se asomaron unos dedos y se lo llevaron.
Yo también me voy, dijo Jorge Rojas, y desde el pasaplatos sacudió los blisteres de su medicina.
Hacía casi un año que Jorge Rojas estaba esperando el traslado a la Unidad N° 9 de La Plata. Su causa era estafas reiteradas, robo calificado y doble homicidio con algo más que lo condenaban a 25 años de cárcel en la Unidad N° 2, sumado al HIV, la humedad, la soledad, y finalmente casi la locura.
Supe que fue taxista, que tuvo muchas mujeres y en una de esas noches con cocaína alcohol y otras cosas, con una amante ocasional contrajo la enfermedad.
Era gracioso. Y los jueves o los miércoles me pedía a las 18.30 hacer una llamada telefónica. Nunca supe con quien hablaba. Cuando colgaba el tubo me miraba y decía: “Todo bien encargado. Gracias”.
Murió unos meses después de mi traslado a la Unidad N° 7 de Azul. Antes de irme, lo saludé con un apretón de manos. Estaba pálido y siempre de buen humor.
Me dio su Biblia autografiada. Decía así: “La mala suerte de esta vida me dio la buena suerte de conocerte. JR”
(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría y se encuentra trabajando en la publicación de su séptimo libro titulado “Crudo”, el cual será editado en el mes de abril. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026