14 de julio de 2013
LAS CALLES DEL AZUL

El arquitecto Pedro Petrocchi, fue el encargado de diseñar el Palacio Municipal de Las Flores. La obra se inició en 1873 y se concluyó cinco años después. En su interior, son admirables el Salón Azul y el Salón Rojo, que representan una verdadera reliquia con valor artístico e histórico. Su pintura y decoración fue realizada por el estucador y decorador Felipe Fiori, quien reprodujo en el Salón Rojo uno de los salones del Palacio de Versalles.
La vigesimoprimera calle de nuestro recorrido conserva su nombre primigenio desde 1879, habiendo sido bautizada en aquél entonces como Las Flores, en reconocimiento a la ciudad vecina, caracterizada por su rica actividad agropecuaria y una importante labor cultural. Por Eduardo Agüero Mielhuerry
El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La tercera calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XXI" y fue llamada Las Flores, en reconocimiento a la ciudad vecina (y el Partido homónimo), destacada por su actividad agrícola y ganadera, como así también por su labor cultural.
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera, Jujuy la segunda y Las Flores la tercera calle desde el Arroyo.
En el año 1953, el Intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N°18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera calle paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Las Flores le correspondió el número 91.
Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.
Carmen de Las Flores
En 1772, el entonces gobernador de Buenos Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, envió a los oficiales Ramón Eguía y Pedro Ruiz, a reconocer las tierras situadas más allá del Río Salado. Siendo la primavera, les llamó la atención que los campos estuviesen teñidos de rojizo por las verbenas silvestres, por ello, al encontrar un curso de agua, lo bautizaron Arroyo de Las Flores.
A principios del siglo XIX, el dominio de los blancos en lo que hoy es Buenos Aires apenas llegaba hasta el Río Salado. Al sur del mismo, incluyendo al actual territorio de Las Flores, se erigía un escenario de conflicto entre indígenas y blancos, por la apropiación del ganado cimarrón. Poco a poco, lucha tras lucha, malón tras malón, el espacio geográfico se fue organizando.
Las enormes extensiones de la provincia de Buenos Aires fueron repartidas de diversas maneras. Hasta el arribo de Bernardino Rivadavia al poder, quien desease podía solicitar cuanta tierra quisiera (miles de hectáreas se "regalaban" de esta forma), siempre que demostrara que la fracción solicitada no tenía "dueño". Así los campos quedaron "abandonados" en manos de unos pocos.
Para poner un freno a la fantasía de los peticionantes desmedidos, Rivadavia estableció a través de la Ley de Enfiteusis que la tierra solicitada no podía ser menor de 12 leguas cuadradas, ni mayor de 90 leguas cuadradas (unas 2024 hectáreas). Además, la tierra se entregaba en préstamo, de por vida, pero el agraciado no podía venderla ni dejarla en herencia y por la cual debía pagar un cánon anual.
Con tal ley, que tuvo una corta vida (1826-1832), sin embargo, se llegaron a repartir tierras hasta el centro bonaerense, aunque en forma precaria porque no se contaba con mesuras correctas, ni alambrados, ni límites concretos.
La fundación de la Estancia "Los Carrizales", cercana al Arroyo Las Flores y distante a 25 Km. de la actual planta urbana, se remonta al año 1827 cuando Eladio Otamendi adquirió por el sistema de enfiteusis tierras ubicadas al sur del Salado. Poco después construyó el casco y lo llamó Los Carrizales, ya que el sitio se hallaba poblado de carrizos, que formaban los pajonales.
Hacia finales de los años "30, la Estancia fue adquirida por Juan y José Garay (primos de Manuel Venancio Paz). Esta estancia, en sus comienzos fue el refugio de muchos caminantes y troperos; y paso obligado de las carretas que marchaban a las Salinas desde Buenos Aires. En su lugar existía un almacén de ramos generales que era el centro comercial de la zona.
Siendo Rosas gobernador, un grupo de estancieros del sur se levantó contra el gobierno. Si bien la revolución fue reprimida, este acontecimiento puso en guardia a Rosas, en cuanto a la necesidad de organizar mejor el territorio, con el objetivo de controlar con mayor eficiencia las tierras de la provincia.
El Partido de Las Flores se creó el 25 de diciembre de 1839 por Decreto del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, pero permaneció por más de dos décadas solo como distrito rural. Cuando creó el Partido, casi en su totalidad las tierras le pertenecían a él mismo y a sus parientes, incluso, era propietario del Paraje de la Laguna "La Blanca", la cual se extendía hasta la actual Plaza Mitre (la principal de la ciudad), pero que hoy en día dista más de dos kilómetros de la misma.
En 1840 se instalaron la primera sede administrativa y el primer Juzgado de Paz en la Estancia "San Agustín", propiedad de Juan Genaro Chaves (cuñado de Mariano Díaz, uno de los primeros pobladores de la zona), en el Paraje Andrés Gorchs (actual Partido de General Belgrano), pues aún el pueblo de Las Flores no había sido fundado. El primer Juez de Paz fue el Sargento Mayor Pascual Peredo, amigo de Rosas, quien daba órdenes, era Comisario y Comandante, y hasta clasificaba a los vecinos. Para garantizar el orden y aplicar las medidas de fuerza, contaba con la Partida Celadora, formada por un sargento y diez soldados, quienes usaron hasta 1852 el típico gorro colorado de manga, chiripá, poncho rojo y un enorme sable.
En sus comienzos, el Partido de Las Flores tenía una superficie mucho mayor a la actual, sin embargo, con el transcurso de los años, muchas tierras fueron cedidas a otros partidos, como General Alvear, Tapalqué, Pila y General Belgrano.
Con la caída de Rosas en la batalla de Caseros, sus campos fueron expropiados, y el nuevo Juez de Paz, Manuel Venancio Paz, decidió trasladar el centro político y social del Partido, al despacho de su Estancia "Los Carrizales"". La casa principal era de material, tenía forma de rancho con techo de chapa a dos aguas, que formaba galerías a ambos lados; el cielorraso era de arpillera y las puertas y ventanas tenían troneras para avistar la llegada de posibles malones y para pasar las armas en caso de ataque. Estaba rodeada de un amplio foso de unos ocho metros de ancho y se podía acceder a ella mediante un puente levadizo accionado por una polea de cadenas que se levantaba al atardecer.
El 25 de marzo de 1856, el mismo Manuel Venancio Paz resolvió fundar -sin ningún tipo de ceremonia- el pueblo del Carmen de Las Flores, secundado por el agrimensor Adolfo Sourdeaux, quien realizó la delimitación del ejido. Aunque en el lugar ya existían algunas casas anteriores al poblado, el progreso edilicio fue lento.
En 1869, el presidente Domingo Faustino Sarmiento, ordenó realizar el primer Censo Nacional. Las Flores registró 7.252 habitantes, con gran mayoría de población rural y una considerable cantidad de extranjeros. En los censos sucesivos, quedó en evidencia una marcada disminución de residentes rurales y, como contracara, un importante incremento de pobladores urbanos.
El impulso definitivo para el desenvolvimiento económico y general de la localidad, llegaría de la mano del ferrocarril, que hizo su arribo triunfal en 1872. Desde entonces el territorio comenzó a recibir una importante cantidad de nuevos pobladores que contribuyeron con su incansable labor al engrandecimiento del pago chico.
La Argentina comenzó a organizarse económicamente en torno a la exportación de granos y carnes, y Las Flores hacía lo propio, inclusive, incrementando la explotación ovina por sobre la vacuna, debido a la demanda mundial de lana y ampliando la superficie cultivada, incrementando la producción de maíz, trigo y alfalfa, entre otros.
Tres magníficas obras pintan a las claras el proceso de crecimiento del pueblo. En el año 1873, el intendente Apolinario Cisneros, contrató al arquitecto italiano Pedro Petrocchi, para la construcción de la Intendencia Municipal, la Iglesia y la Escuela N°1, respetando las antiguas consignas de que estos edificios debían estar en una misma cuadra, frente a la plaza principal, y que el primero de ellos se asemejara a un cabildo.
Concluido en 1878, el Palacio Municipal conserva prácticamente intacta su estructura original. En su interior, son admirables el Salón Azul y el Salón Rojo, sede -éste último- de las sesiones del Honorable Concejo Deliberante, que representan una verdadera reliquia con valor artístico e histórico. Su pintura y decoración fue realizada por el estucador y decorador Felipe Fiori, quien reprodujo en el Salón Rojo uno de los salones del Palacio de Versalles. Los muebles, las alfombras y las arañas de cristal de bacará fueron importados desde París.
Por otra parte, la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, levantada en honor a la Patrona del Pueblo, se comenzó a construir el 15 de abril de 1873, demorando cinco años hasta su culminación. En el armónico templo es admirable la belleza de los vitraux que se pueden observar en la puerta principal, realizados por Carlos Pallarols y Carlos Ruiz Santana.
Sumándose al progreso, pronto llegarían una sucursal del Banco de la Provincia de Buenos Aires, la remodelación de la plaza principal, un periódico y la luz eléctrica
En 1908 el pueblo del Carmen de Las Flores fue declarado Ciudad.
Tres detalles para destacar
Al momento de ser elegido el nombre de Las Flores en 1879 para una de nuestras calles, sin lugar a dudas primó el hecho de que se trata de una localidad vecina -y hasta podríamos decir hermana-, pues recién comenzó a proyectarse cabalmente a finales del siglo XIX y comienzos del XX, es decir con posterioridad a aquella fecha, a raíz de lo acaecido en sus localidades y los personajes que por allí nacieron o vivieron.
Los tangos de un florense
Roberto Firpo nació en Las Flores el 13 de mayo de 1884. Desde pequeño su inclinación por la música lo llevó a convertirse en un eximio pianista, director de orquesta y compositor, destacado como músico de tango. Hizo que el tango evolucionara desde sus formas primitivas e impuso el piano en la orquesta típica tanguera.
Compuso las bandas musicales de varias películas y su tango emblemático fue "Alma de bohemio".
Su primer grupo fue un trío que integró con Francisco Postiglione (violín) y Juan Carlos Bazán (clarinete), con el que tocaron en "Lo de Hansen", uno de los lugares de tango clásicos. En 1913 formó su primera orquesta.
En el café La Giralda de Montevideo, en 1916, Firpo estrenó "La Cumparsita", del uruguayo Gerardo Hernán Matos Rodríguez, convirtiéndolo en uno de los tangos más conocidos de todos los tiempos. Asimismo, realizó la grabación más antigua del tema (Odeón 483). Firpo sostuvo siempre que él le incluyó al tema original, que le presentó Matos Rodríguez, una parte de sus tangos (poco conocidos) "La gaucha Manuela" y "Curda Completa", y un tramo de la ópera "Miserere" de Giuseppe Verdi. Lo ejecutó por primera vez con "Bachicha" Deambroggio y "Tito" Roccatagliatta. Pero los "laureles" se los llevó Matos Rodríguez, quien se negó a firmar en conjunto la autoría.
Roberto falleció en Buenos Aires el 14 de junio de 1969, añorando siempre a su querida Las Flores.
El Trigo de la Revolución
A través de la Ordenanza N° 1917, dictada en 2004, se le impuso a "El Trigo" como fecha fundacional el 1º de febrero de 1926, momento en el que se habilitó la estación del Ferrocarril Provincial. Pero su origen fue muy anterior...
El primer propietario de las tierras donde está ubicada la Estancia "El Trigo" fue don Juan Miller, quien las obtuvo por el sistema enfitéutico en 1826. Cuando el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, creó el Partido de Las Flores, todo el campo pasó a formar la Sección Nº 1.
Tras el arribo del Ferrocarril Nacional a Las Flores, "El Trigo" también se vio beneficiado, debido a su estrecha vinculación con la localidad. De esta manera, se dio un interesante movimiento social que movilizó a trabajadores y profesionales, llevándolos a incrementar la población del paraje. El doctor Carlos S. Cometto, instaló su consultorio médico y una farmacia en "El Trigo" en las últimas décadas del siglo XIX. Sumamente querido en esos pagos, la figura del Doctor cobró relevancia a partir de su labor en la ciudad de La Plata. De hecho, la escuela que funciona en el Hospital de niños de La Plata lleva el nombre de este ilustre médico, quien -como director del nosocomio- fue la persona que designó a Sor María Ludovica como administradora de dicho Hospital.
En 1888, dentro del período que se conoce como "El Retiro de Hipólito Yrigoyen" (en el que se alejó de la vida política), el caudillo adquirió la estancia "El Trigo" en el Partido de Las Flores y "El Quemado" en General Alvear, como así también "La Seña" en Anchorena, provincia de San Luis.
Entrado el invierno de 1893, Yrigoyen se recluyó en "El Trigo", por donde fue incesante el desfile de personalidades del radicalismo, entre ellos Marcelo Torcuato de Alvear, Juan Carlos Belgrano y Leandro N. Alem.
Yrigoyen se había retraído para pergeñar una importante movilización o revolución contra un régimen político fraudulento y autoritario que, según su visión, hundía al país en una profunda crisis política, social y económica. Tras un gran esfuerzo logró reunir un número importante de hombres a los cuales se ocupó de armar y abastecer para alcanzar su cometido.
El 30 de julio de 1893, procedente de Las Flores, Hipólito Yrigoyen arribó de incógnito en tren a Azul.
La Revolución del "93 fue la primera en concretarse en la provincia de Buenos Aires y comenzó, tal como lo había decidido el "Peludo", con la toma de la ciudad de Azul. Aquel frío día invernal Yrigoyen llegó con una considerable fuerza revolucionaria armada con la cual buena parte del pueblo azuleño hizo causa común "porque el gobierno municipal era un semillero de escándalos y latrocinios" de la mano de los hermanos Manuel y Evaristo Toscano.
Las autoridades municipales y los toscanistas se atrincheraron en el Palacio Municipal. Sin embargo, pronto debieron deponer su actitud. Hipólito Yrigoyen armó una comisión y puso al frente de la Comisaría al "Gorra Colorada", el Comisario Luis Aldaz, quien supo con habilidad persuadir a los que se resistían. Empero, además, Yrigoyen había traído en el tren un valioso rehén: ni más ni menos que Evaristo Toscano, el conflictivo diputado e intendente de Azul. Encontrándose en Las Flores ansioso de llegar a su ciudad, Toscano se había enterado de la llegada de un tren y creyendo que era ordinario se subió en uno de los coches. Así cayó en la trampa
Constituida la Junta Revolucionaria, y acompañados por la tropa radical, nombraron al Dr. Isidoro Sayús como Comisionado de la Municipalidad. Yrigoyen se fue tan silencioso como había llegado
La revolución que se había iniciado simultáneamente en 82 ciudades, triunfó en todas partes de la provincia, llegando a constituir un ejército radical de casi 8.000 hombres bien armados. El día 8 de agosto tomaron la Capital bonaerense e instalaron como Gobernador provisorio a Juan Carlos Belgrano (vinculado familiarmente a Azul).
Cuando ya se celebraba el triunfo de la Revolución, sus dirigentes cometieron errores garrafales que los llevaron a la derrota. El 25 de agosto, el Comité Provincia de la Unión Cívica Radical decidió entregar las armas y puso punto final al arriesgado y casi exitoso plan elaborado en los lares florenses.
Un año después, en 1894, Hipólito Yrigoyen debió vender la estancia "El Trigo" como consecuencia de las deudas contraídas, no sin antes haber pasado unas cuantas semanas retraído en la Estancia, quizá evaluando los errores cometidos o tal vez preparando una nueva acción.
Años más tarde -como anticipamos en un comienzo-, el 1 de febrero de 1926 se habilitaron las vías del Ferrocarril Provincial, produciendo en el pequeño poblado una importante modificación de su estructura social. Sin embargo, el auge ferroviario no provocó el efecto esperado.
Pardo en torno al "Rincón Viejo"
El pueblo de Pardo se desarrolló en torno a la estación ferroviaria inaugurada en 1876, debiendo su nombre a Remigio y Felipe Pardo, quienes fueron los primeros pobladores de la zona.
La localidad -también conocida como Villa Pardo- posee como principal institución al Club Social y Recreativo Unión Deportiva (fundado en 1920), que aún hoy mantiene su vigencia, junto a la fluida actividad educativa y religiosa desarrollada por las Escuelas N° 7, 13 y 34, el Jardín de Infantes N° 903 y la Capilla María Auxiliadora.
Sin embargo, Pardo cobró verdadera trascendencia a partir de la estrecha vinculación del escritor argentino Adolfo Bioy Casares con sus pagos.
Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1914 y fue el único hijo de Adolfo Bioy Domecq y Marta Ignacia Casares Lynch. Perteneciendo a una familia acomodada, pudo dedicarse exclusivamente a la literatura y, al mismo tiempo, apartarse del medio literario de su época. Escribió su primer relato, "Iris y Margarita", a los 11 años, cuando vivía en la estancia paterna en Pardo. Cursó parte de sus estudios secundarios en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza de la Universidad de Buenos Aires.
Comenzó y dejó las carreras de Derecho, Filosofía y Letras. Tras la decepción que le provocó el ámbito universitario, se retiró en 1935 a la Estancia "Rincón Viejo", a la cual añoraba desde su adolescencia, repitiendo hasta el final de sus días que ese era "su lugar en el mundo". Allí vivió por un lustro junto a su novia Silvina Ocampo (escritora y pintora), con quien estuvo en concubinato hasta su repentino casamiento en 1940 en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen de Las Flores.
En su amado "Rincón Viejo", Adolfo Bioy Casares escribió lo mejor de su obra: "La invención de Morel", "El sueño de los héroes" y "Memoria sobre la pampa y los gauchos", entre otras obras magistrales, incursionando por la literatura fantástica, los policiales y la ciencia ficción.
Alejado de los comentarios maliciosos de la gente del pueblo (ya que la diferencia de edad con su pareja era de más de una década y convivían sin estar "unidos por la Santa Iglesia"), cuando no recibía visitas, se dedicaba casi exclusivamente a la lectura. Su cuñada, Victoria Ocampo, le presentó a Jorge Luis Borges, quien se convirtió en su gran amigo y con quien escribió en colaboración varios relatos policiales bajo diversos seudónimos ("Honorio Bustos Domecq", el más conocido).
Entre sus premios y distinciones se destacan la membresía a la Legión de Honor francesa recibida en 1981, su nombramiento como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1986, el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes en 1990 y el Premio Konex de Brillante en 1994.
Bioy Casares murió el 8 de marzo de 1999. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.
Para culminar
Sin dudas, Las Flores ha sabido ocupar en la historia bonaerense un lugar destacado y ha conseguido una proyección por demás importante, la cual hoy la ayuda a gestar un próspero futuro.
El próximo domingo nos ocuparemos de la calle 1° de Mayo, la cual otrora supo ser Patagones.
La Iglesia Nuestra Señora del Carmen, levantada en honor a la Patrona del Pueblo, se comenzó a construir el 15 de abril de 1873, demorando cinco años hasta su culminación. En el armónico templo es admirable la belleza de los vitraux que se pueden observar en la puerta principal, realizados por Carlos Pallarols y Carlos Ruiz Santana.
AGRADECIMIENTOS Y FUENTES
" Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
" Gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
" Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
" Axel Díaz Maimone. "Bioy y Pardo". (2010). Sitio Web.
" Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.
" José María Vitale. "Reseña histórica de Las Flores". (2000). Las Flores.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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