25 de agosto de 2013

. LA CALLE DEL FUNDADOR DEL AZUL

LAS CALLES DEL AZUL

Pedro Burgos nació en la provincia de Santa Fe el 31 de marzo de 1777. Más allá de los diversos matices en su actuación como civil y militar, en 1832, siguiendo las órdenes de Juan Manuel de Rosas, fue el fundador del Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul, origen mismo de nuestra ciudad.

La vigesimoséptima calle de nuestro recorrido conserva su nombre primigenio desde 1879, habiendo sido bautizada en aquél entonces como Coronel Pedro Burgos en reconocimiento a quien, en 1832, fuera el fundador del Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul. Por Eduardo Agüero Mielhuerry


El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La novena calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XXVII" y fue llamada Coronel Pedro Burgos, en reconocimiento a quien más allá de los diversos matices en su actuación como civil y militar, en 1832, siguiendo las órdenes de Juan Manuel de Rosas, fue el fundador del Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul, origen mismo de nuestra ciudad.
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera, Jujuy la segunda, Las Flores la tercera, Patagones (hoy 1° de Mayo) la cuarta, Maipú la quinta, Alvear la sexta, Rivadavia la séptima, Colón la octava y Burgos la novena calle desde el Arroyo.
En el año 1953, el intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N° 18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Burgos le correspondió el número 85. Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.

Los caminos de la vida…

Pedro Burgos nació en la provincia de Santa Fe el 31 de marzo de 1777. Fue bautizado en Rosario, pero en las actas no se hallan registrados sus padres. Sin embargo, posteriormente en su testamento declaró ser hijo de Narciso Burgos e Inés Aguilar. En el mismo sentido, su hermana Martina, al contraer matrimonio confirmó poseer los mismos progenitores.
En su posible ciudad natal, Rosario, se unió en matrimonio con Manuela Giménez, el 14 de noviembre de 1806, de la cual se separó poco tiempo después.
Una descripción familiar lo pintaba con una figura mediana corpulenta, morocho, con el rostro picado de viruela y de barba espesa. Era un hombre de campo, sencillo, rudo, un típico paisano conocedor experto de la campaña de entonces y sus costumbres, con las virtudes y los defectos elementales de los hombres de su tipo. No sabía leer ni escribir; tampoco sabía firmar.
Su primer contacto con las milicias se suscitó formando parte como soldado de las filas del caudillo santafesino Estanislao López. Aunque hay disidencias entre las escasas fuentes que se pueden consultar, algunos afirman que posiblemente participó en las batallas de Cepeda y Cañada de la Cruz, desarrolladas en febrero y junio de 1820 respectivamente.
Repentinamente, sin saberse exactamente cuándo, en algún momento del segundo semestre de ese año, pasó a servir en el ejército porteño, prestando servicios en la línea de fortines.
Se estableció en Chascomús, como hacendado enfiteuta -y después propietario- de una estancia. Burgos formó una chacra en las inmediaciones del Salado, para cuyo trabajo obtuvo bajo fianza y como peones dos soldados españoles prisioneros: Ignacio y Melitón Córdoba. Al año siguiente recibió del gobierno, en propiedad, una extensión en el paraje Camarones Grandes donde formó el establecimiento "Los Milagros". El casco estaba situado junto a una laguna homónima.
Los desórdenes producidos por la Anarquía del Año XX habían dejado desguarnecida la frontera sur, por lo que habían recrudecido los malones. Martín Rodríguez dirigió entonces tres campañas al desierto, usando una extraña mezcla de diálogos de paz y guerra con los indígenas.
Más adelante, siguiendo los planes predeterminados, el nuevo gobernador bonaerense, Juan Gregorio de Las Heras, en 1825 envió al entonces coronel Juan Manuel de Rosas encabezando una expedición a la Sierra del Volcán. La intención fundamental era reconocer los parajes adecuados para establecer una nueva línea de frontera, evaluando la fundación de los diferentes fuertes que deberían protegerla. Juan Lavalle y el agrimensor Felipe Senillosa formaron parte del grupo expedicionario, el cual también estuvo integrado por los Colorados del Monte. Éstos últimos eran un escuadrón vecinal constituido por Rosas y conformado por gauchos y peones de estancias con el fin de restablecer el orden.
El 9 de abril de 1827, a través del régimen establecido por la Ley de Enfiteusis, el gobierno le otorgó a Pedro Burgos una extensión de campo que rondaba las 30.000 hectáreas en el partido de Tandil. En las vecindades, poblaban grandes campos los Anchorena, los Terrero y los Rosas, primos y socios en la actividad pecuaria. Juan Manuel de Rosas, mayordomo de los Anchorena primero y luego estanciero de participación en los problemas de la campaña, se destacaba asumiendo un liderazgo tan autoritario y efectivo en su comarca, que los vecinos estaban con él o en su contra. Por esas cuestiones a veces inexplicables de la admiración desmedida -o la obsecuente conveniencia-, Pedro Burgos se subordinó plenamente a la figura dominante de Rosas, capaz de manejar la indómita pampa como a centenares de hombres. Inclusive llegaron a ser compadres lazo considerado muy importante en la época. Y por supuesto, Burgos adhirió incondicionalmente a la política federal.

Una rara Foja de Servicio

Pedro Burgos fue nombrado Teniente Coronel el 7 de agosto de 1830 por su amigo, el gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas, quien inmediatamente le otorgó el mando del quinto escuadrón del Regimiento 5° de Milicias de Caballería, que básicamente era el mismo regimiento de los Colorados del Monte, con sede en Ranchos y Chascomús.
En un papel de la Comandancia del Fuerte Azul, emanado de Pedro Rosas y Belgrano, se refiere como antecedente de Burgos que "en el año 1828, cuando la sublevación de los salvajes unitarios, acompañó en Santa Fe al señor comandante general de campaña y no continuó a su lado por haberse enfermado". En el escrito también acredita haber servido a las órdenes del Restaurador de las Leyes cuando el desembarco del "salvaje unitario Lavalle".
La circunstancia de no figurar en las listas de revista hasta entonces, y aparecer como comandante, hizo suponer que por haber salteado los grados intermedios era un partidario investido de grado militar. Pero, en realidad, en 1821 era capitán de milicias, pues con tal grado aparece actuando como tasador de una estancia. Luego de un breve interinato como sargento mayor ascendió a teniente coronel, revistando como jefe del 5º escuadrón del regimiento, mencionado desde noviembre de 1832 hasta 1839.
Durante la campaña contra los indios, el 5º escuadrón fue separado del regimiento -que quedó bajo el mando de Prudencio Rozas (hermano de Juan Manuel) junto con el Nº 6- y colocado bajo dependencia directa de Rosas.
Por encargo de Rosas, y como parte de la campaña al desierto, en diciembre de 1832 dirigió una pequeña columna, con la que fundó un Fuerte en el Arroyo Azul. Allí, tuvo que hacer frente a las tribus indígenas, que en sucesivos malones intentaron recuperar ese lugar clave de sus comunicaciones y aguadas, pero Burgos resistió.

El Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul

Enviado con órdenes especificas del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, el coronel Pedro Burgos llegó a la vera del arroyo conocido como Callvú Leovú con la intención de establecer allí un fuerte que sirviera como nueva frontera con los "dominios de los indios".
Cuando Rosas habla de la fundación del Azul, no toma par sí todo el mérito de la misma, sino que, reconociendo el esfuerzo y los acertados arbitrios de su colaborador, le aplaude que se haya situado sobre el arroyo Azul, acepta las indicaciones y pedidos que Burgos formula y le recomienda que "anime a todos los pobres que considere ser conveniente que vayan a acompañarle (en la fundación de Azul) bajo la seguridad de que la obra ha de ser buena y segura".
Adoptando para el reparto de las tierras el modelo de Suertes de Estancias, el Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul fue erigido, además, para servir de protección y nucleamiento de los nuevos pobladores. En este punto es importante destacar que hablamos de "nuevos pobladores" sobreentendiendo la existencia de previos, los cuales estaban atomizados por la zona, e incluso en un asentamiento conocido como "San Benito" (quizás una colonia negra), en lo que es la zona del actual Balneario Municipal "Almirante Guillermo Brown".
El agrimensor Francisco Mesura fue el encargado de diseñar la cuadrícula del Fuerte. Como signo de preocupación ante los malones, la planta originaria en forma de damero, con múltiples solares, se enmarcó en profundos y anchos fosos que tenían como respaldo occidental el arroyo y abarcaban las que hoy son avenidas: Presidente Juan. D. Perón, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo.
La Plaza Mayor (conocida hoy como Plaza Gral. San Martín), no era más que un alfalfar en el cual pastaban los caballos del Ejército y se detenían las carretas de provisiones. Y en torno a ella se comenzaron a erigir los edificios necesarios para la administración y el culto, el cuartel, la habitación del cura, ranchos y tres locales comerciales. En la actual Plaza Alsina (a la izquierda del Palacio Comunal), se levantaba el faro de vigilia del mangrullo.
Según el plano del pueblo elaborado por el Agrimensor, se dispuso del solar correspondiente a la esquina oeste de las calles X y XXVI (actuales Yrigoyen y Colón, respectivamente, donde actualmente se encuentra la Estación de Servicio), para construir la vivienda del coronel Burgos. Éste último formó allí su hogar definitivo con Josefa Correa, quien integró la caravana fundadora.
Fruto de su relación con Josefa nacieron siete hijos: Hilarión, Cosme, Pedro, Dionisio, Lucas, Mariano (que falleció a temprana edad) y Petrona. Todos fueron bautizados en Azul y anotados en el registro parroquial como legítimos. Sin embargo, de acuerdo a las leyes vigentes por entonces, Burgos cometió el delito de adulterio, al tratarse de una persona casada que, voluntariamente, violó el deber mutuo de fidelidad impuesto a los esposos. Por ende, sus hijos eran adulterinos según la ley vigente. Años más tarde, al desarrollarse un pleito judicial por cuestiones testamentarias, se afirmó que Burgos tuvo otros hijos, pero ninguna otra filiación pudo ser probada.
En abierta violación a la declaración de la Asamblea del Año XIII, poseyó dos esclavos negros: Martina Burgos y Clemente Burgos (uno nativo de Angola y otro de 17 años bautizado en Azul, el 13 de febrero de 1834, por el cura Clemente Ramón De la Sota). En este punto, es importante aclarar que, a pesar de lo establecido por muchas leyes, la costumbre seguía teniendo un peso preponderante (lamentablemente).
Desde el acto de la fundación del pueblo, Pedro Burgos ejerció las funciones de Juez de Paz y Comandante militar del punto y de la frontera del Arroyo Azul, hasta el año 1836. Tuvo a su cargo, en esos tiempos, a pesar de su condición de analfabeto, todas las actividades civiles y militares indispensables para la organización y administración del nuevo y modesto núcleo urbano.
En los "primeros pasos" del Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul se registraron diversos acontecimientos que le pusieron ciertos condimentos a la historia. Por sólo mencionar algunos: el primer Sacerdote fue asesinado; casi desapareció el Fuerte tras un voraz incendio; Juan Manuel de Rosas dejó como ofrenda su espada en la capilla-rancho y hasta hubo que echar a los primeros médicos por inhumanos. La tarea de Burgos no fue sencilla y tuvo que manejar como pudo ese Azul que era un "pueblo chico, infierno grande".

Enfermedades políticas

El Dr. Juan Fernando Michemberg integró la caravana fundadora del Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul. Sin embargo, permaneció muy poco tiempo por estos lares, pues el 8 de enero de 1833 el coronel Pedro Burgos lo dio de baja. En la oportunidad, le hizo llegar una misiva al gobernador bonaerense, Juan Manuel de Rosas en la que explicaba los motivos de su decisión porque: "…no vale nada. Era un hombre inhumano, no asistía a los enfermos dejándolos padecer, y a mas de esto se había metido con una Parda de esas que vinieron destinadas, tan escandalosamente que era una publicidad…". Sin embargo, más allá de la veracidad o no de estas afirmaciones, es posible que la verdadera razón de las críticas de Burgos se haya debido a que el Doctor no era rosista.
El Gobernador designó a un nuevo facultativo, el Dr. Pedro Piscueta, de origen español, que tampoco satisfizo a Burgos y fue alejado de sus funciones y enviado de regreso a Buenos Aires debido: "… a las innumerables quejas que tenía el vecindario, por su modo incivil y grosero con que los trataba…". También corrió el rumor de que no abrazaba con "pasión" la causa del Restaurador de las Leyes.
Recién con el arribo del tercer médico, Pedro Ramos, la situación se normalizó, distinguiéndose este doctor por su acción profesional como por la comunitaria.

Letras quemadas

Mientras se daba la fundación del Fuerte, el clima no resultaba favorable a finales de 1832 en la pampa bonaerense. Tal como lo expresó Juan Manuel de Rosas en una carta a Burgos, tras la fundación del Fuerte: "solo espero que llueva para que entre usted y yo, le demos el impulso necesario a esta buena obra".
El 10 de enero de 1833, tras una sucesión de días secos y calurosos, se produjo un voraz incendio. El siniestro se inició accidentalmente en los campos del General Don Gervasio Espinosa, ubicados a un tercio de legua de la Plaza Mayor (actual Plaza San Martín). Al día siguiente, durante toda la jornada, Pedro Burgos y sus hombres hicieron todo lo posible y lograron desplazar el fuego a un lado del Pueblo, para que éste no fuese afectado. Sin embargo, cuando ya se creía que la situación había sido plenamente controlada y el fuego no haría ningún daño a la población por la distancia en que se hallaba, desgraciadamente como a las cinco de la tarde del día 12 cambió la dirección del viento reavivando las llamas.
Burgos y sus hombres emprendieron la dura tarea de abrir varios fosos para poder controlar el avance del siniestro. Merced a los denodados esfuerzos, buena parte del caserío fue devorado por las llamas, siendo los tres más perjudicados los señores Francisco Serantes (quien años más tarde será Juez de Paz), Juan Rovira y Ramón Santillán, quienes perdieron sus viviendas, sus comercios y los productos que vendían junto a numerosas cabezas de ganado tanto bovino como ovino.
En una carta, Prudencio Rozas le describió a su hermano lo que fue el incendio y los esfuerzos para sofocarlo. Asimismo, mencionó la pérdida de cuatro "casas de trato", lo que reafirma que las primeras mujeres que vinieron a estos pagos fueron mayoritariamente "mujeres destinadas".
Más allá de las pérdidas materiales, desgraciadamente hubo una víctima fatal.
Al ser analfabeto, Pedro Burgos siempre necesitó de escribientes como secretarios. Matías J. Gutiérrez fue puesto a sus órdenes por Rosas quien le recomendó a Burgos que podía "emplearlo en la enseñanza de algunos jóvenes a leer y escribir sin descuidar de ningún modo la doctrina cristiana ni excluir de la enseñanza a algunos indiecitos".
Gutiérrez llegó a la Estancia "Los Milagros" el 10 de abril de 1831 y permaneció allí hasta fines de diciembre del año siguiente, cuando siguió al Coronel en su "aventura" hacia el interior bonaerense.
Los primeros documentos y cartas en los que constan las acciones desarrolladas previa y posteriormente a la fundación del Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul, fueron escritos por Gutiérrez, quien desempeñó su labor con mucho esmero, a diferencia de su sucesor Felipe García, quien fuera despedido por Burgos en 1834. Posteriormente, su hijo Hilarión Burgos se convirtió en su secretario de confianza, quien lo acompañó hasta el final de sus días.
Lamentablemente, el primer secretario del Coronel, Matías J. Gutiérrez, falleció el 12 de enero de 1833, en el primer incendio de Azul.

La sangre de un hombre de Fe

Fray Hipólito Castañón de la Orden de los Franciscanos, llegó junto a la expedición fundadora. En el emplazamiento actual de la Iglesia Catedral, se levantó la humilde capilla rancho donde pronto se comenzó a oficiar la Santa Misa. Todo el patrimonio con que contaba la misma estaba constituido por la imagen de la Virgen Nuestra Señora del Rosario, un par de campanas de bronce "afirmadas sobre tres horcones de ñandubay" (enviadas por Rosas) y un pequeño órgano. Los demás elementos utilizados en la celebración pertenecían al Sacerdote.
Poco se sabe de la actividad del Padre en el Fuerte, sin embargo, quiso la historia reservarle un trágico final.
La fría y oscura noche del 5 de julio de 1833, Fray Hipólito Castañón apareció asesinado en una de las calles del pueblo. Las conjeturas sobre el hecho han sido muchas y hasta se llegó a especular con ciertas conductas inapropiadas del Padre y un marido violento que descubrió las correrías de su esposa. Quizá la verdad, quizá blasfemias.
En una carta de Burgos, éste afirma: "Hoy, día de la fecha hemos tenido la desgracia de perder a nuestro cura don Hipólito Castañón, siendo víctima de un exceso que no ha estado en mi alcance el remedio y que por decoro paso en silencio y nos pone en el mayor conflicto. Espero de su bondad se digne disponer esta falta proporcionando a este pueblo religioso virtuoso, capaz de lidiar con personas difíciles de reducir y que sólo el ejemplo de un cura moral y sabio, puede atraerlos a la virtud, y sobre todo, el que existen algunos salvajes deseando el momento de ser cristianos".
La carta del Coronel no deja muy bien posicionado al difunto. Aunque, considerando que la situación política por entonces no era armoniosa, es más probable que el asunto haya transitado por estos senderos y no por la muy probable falsedad de la "cuestión de polleras". Los restos del Padre Castañón, fueron trasladados al convento San Francisco de Buenos Aires, el 27 de noviembre de 1833.

El sable del Restaurador de las Leyes

En 1834, tras su regreso del mal llamado "desierto", el General Juan Manuel de Rosas se instaló con su Ejército en el Fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul.
Durante su estadía en el mismo, depositó en la modesta capilla rancho, al pie de la imagen de Nuestra Señora del Rosario, la espada que había ceñido durante las operaciones, junto a dos espigas de maíz adornadas con cintas color rojo punzó, siendo ambos símbolos inconfundibles de "la Mazorca".
Algún tiempo después, el Comandante del Azul, Pedro Burgos, le escribía a Doña Encarnación Ezcurra expresándole: "Este pueblo tiene el honor y la gloria de conservar la invencible espada que ceñía el Señor General en Jefe del Ejército de la Izquierda, el Héroe del Desierto, con la que triunfó de los amotinados del primero de diciembre y restableció el imperio de las leyes. Ella es, Señora, y será sostenida con noble orgullo por todos los que habitan en Azul de este vecindario, que no atina el ajustado encomio con que debe congratular a ese Ilustre Ciudadano, y exprimirle todos los sentimientos plausibles de su reconocimiento, puesto que no es dable que miren sus constantes sacrificios sin aquel agradecimiento digno del respeto con que la admiración suele acercarnos a los portentos. Ella, (repetimos) será una garante para las generaciones más remotas de su brillante empresa a los desiertos del Sud, inmortalizará su memoria".
Sin embargo, la historia cambió su rumbo. Se asegura que el arma permaneció muchos años en el lugar; luego se la colocó en el segundo templo que tuvo Azul, el cual reemplazó a la capilla rancho y allí permaneció, incluso después de la caída de Rosas.
Años después, el general Manuel Escalada propuso la construcción de un nuevo templo en reemplazo de la Iglesia que databa de la época de la fundación, y que se encontraba casi en ruinas.
Así, aunque demorada la iniciativa por los vaivenes políticos, en 1862, cuando era imprescindible recaudar fondos para el nuevo templo, la espada de Rosas fue vendida en 250 pesos al vecino Manuel Vega Belgrano (sobrino nieto del prócer). Se dice que éste luego la entregó al Museo Público de Buenos Aires como donación, pero se desconoce la verdad.

El desarrollo en la pampa bonaerense

En el libro "A sangre y lanza" de Lobodón Garra, se recrea el aspecto del Fuerte del Azul: "... un cuadro de cien varas construido a medio viento y paredes de adobón, con cuatro cañones sobre plataformas de tierra en las esquinas y un alto mangrullo para avizorar la extensión sin límites de la pampa, que por todos lados lo cercaba, triste, solitaria, tenebrosa...".
Más adelante prosigue señalando: "... teniendo enfrente la plaza, que era solo un hermoso alfalfar donde pastaban algunos caballos del Ejército. Alrededor de la Plaza podía verse el Juzgado de Paz, instalado en un rancho de paja con piso de ladrillos, y al lado, la Casa Parroquial, con techo de tejas. Todo se encontraba rodeado de un cinturón de ranchos (…), ceñido el conjunto por un foso de circunvalación, más allá del cual, el caserío seguía sin orden hasta terminar en el borde mismo de la llanura salvaje. El movimiento comercial era activísimo y constantemente partían del Azul las enormes carretas de dos ruedas cargadas de cuero, lanas y bultos conteniendo plumas de avestruz y ponchos fabricados por los indios mansos de Catriel, que residían en Tapalqué. La actividad se concentraba, particularmente en la llamada calle Ancha (actual Avenida B. Mitre), la cual en parte corría paralela al zanjón que defendía al pueblo, calle que siempre era circulada por jinetes que levantaban nubes de polvo y se reunían en las cuarenta y dos pulperías con que contaba la población. De noche el pueblo se alumbraba con velas de sebo fabricadas por Jacinto Suárez, las que ardían dentro de faroles en medio de aquella soledad, que solo turbaban lejanos ladridos de perros, mugidos de vacas y el croar de las ranas en las zanjas del foseado...".
Posteriormente, Azul tuvo un crecimiento muy fuerte, tanto que hasta fines del siglo XIX era el pueblo más grande del sur de la provincia.

El Presidente de la Mazorca

Durante el primer gobierno de Rosas, su Ministro de Relaciones Exteriores, Tomás de Anchorena, fue uno de los encargados de disponer la detención por parte de la policía de muchos unitarios. Éstos últimos, agrupados bajo el mote de "Salvajes Unitarios", eran confinados a la Estancia Callejas, en Camarones Grandes, al sur del Río Salado. Allí, en lo que prácticamente era un campo de concentración los esperaba el coronel Pedro Burgos. Éste, lentamente, con el transcurso de los años, fue acentuando su postura como personero de un régimen dictatorial, cruel ejecutor y beneficiario.
La Sociedad Popular Restauradora fue creada a fines de 1833 (durante el gobierno de Juan Ramón Balcarce), por los partidarios rosistas con el objeto de canalizar la acción política de los "federales netos", buscando además que el poder pasara nuevamente a manos de Juan Manuel de Rosas, quien en esos momentos se hallaba ausente por encontrarse al frente de una expedición al sur de la provincia de Buenos Aires. Conocida popularmente con el nombre de su grupo de choque, la "Mazorca", no vacilaba en recurrir a la violencia para conseguir sus objetivos y suprimir la oposición.
Al momento del nacimiento de la Sociedad, los federales se habían dividido en cismáticos y apostólicos, y sus principales promotores fueron doña Encarnación Ezcurra (esposa de Rosas), algunos militares rosistas, como Prudencio Rozas y Celestino Vidal y futuros mazorqueros como Ciriaco Cuitiño.
El término "mazorca" hacía alusión a la espiga de maíz, sugiriendo la defensa de los indígenas y criollos y de sus intereses. Según algún testimonio histórico contemporáneo a los hechos, "el signo de la mazorca deriva de unos frutos de maíz, cosechada en la estancia de Rosas en el Azul".
El primer presidente de la Sociedad Popular Restauradora fue el Coronel Pedro Burgos y su primer vicepresidente Julián Salomón. Este grupo de choque propició que Juan Manuel de Rosas volviera al poder en 1835 ostentando la suma del poder público, hecho que lo convirtió en dictador y que duró hasta su caída, luego de la batalla de Caseros.
Por entonces, no sólo se hizo absolutamente obligatorio el uso de la cintilla punzó (no exhibirla podía ser castigado con la muerte) sino que se convirtió a la figura de Rosas casi en un elemento de veneración. Múltiples y sanguinarios hechos de violencia fueron llevados a cabo por la Mazorca bajo la consigna de: "¡Mueran los salvajes unitarios!".
A la caída de Rosas la Mazorca quedó abolida y sus dirigentes fueron enjuiciados y muchos de ellos ejecutados. Entre esos dirigentes pueden nombrarse a Fermín Suárez, Ciriaco Cuitiño, Torcuato Gánale, Leandro Antonio Alén (padre de don Leandro Alem, fundador de la Unión Cívica), Antonio Reyes, Manuel Troncoso, Silverio Badía, Estanislao Porto y Manuel Gervasio López.

La vida después de Azul

En Azul, Burgos pobló la margen occidental del arroyo Azul, al norte del pueblo, a unas dos leguas de la sexta Suerte de Estancia en ese rumbo. Según el censo de 1836, poseía dos estancias, que aumentaron a seis leguas de campo en 1841 y una estancia compuesta de 8 suertes en el cuartel Cortaderas. Tenía como empleados a 62 personas: 50 blancos y 12 de color. Un censo de 1839 le atribuye en Azul unos 8000 vacunos, 600 ovejas y 100 yeguarizos.
Al alejarse de Azul en 1836, Pedro Burgos abandonó a su concubina Josefa Correa, quien se fue a vivir a Chascomús, donde se la conoció públicamente como "la viuda del coronel Burgos". Por su parte, el Coronel pasó a convivir en la ciudad de Buenos Aires con la señorita Juana Márquez, sin nunca contraer matrimonio ni tener hijos.
La escasa correspondencia conocida entre Burgos y Rosas, no obstante permite formar exacta idea de las relaciones entre ambos y sirve como indicador de su trato, siempre de "usted" (nunca se tutearon). Rosas lo distinguió con su confianza y le dio repetidas muestras de justiciera deferencia.
"Mi querido amigo y compadre", "querido amigo y compañero", son las palabras que algunas veces inician esas cartas, concordantes con la amistosa y llana franqueza de su redacción y con el saludo que las termina, nunca concretado en rígidas expresiones ceremoniales, sino efusivos, como uno en que le dice "adiós, amigo, reciba un abrazo de fraternidad y mande a Juan Manuel de Rosas".
Burgos siempre le correspondió, expresándole la sincera franqueza de sus sentimientos. En definitiva, esa profunda amistad hizo que Burgos fuera desde 1820 y hasta su muerte un hombre de Rosas. Se convirtió en agente principal del Tirano en la zona Sud de la campaña y en la parte exterior del Salado, así como Vicente González, conocido como el "Carancho del Monte", lo era en la parte interior del mismo. González y Burgos eran depositarios de la confianza del Tirano y la compartían en igual medida, desempeñando idénticas tareas de fieles ejecutores de sus planes y segundos de su política, sirviendo a un "sistema" perverso. Ambos aparecerán en la "Gaceta Mercantil" en la primera lista de los fieles federales "en medio del gran conflicto".
Burgos luchó contra los Libres del Sur, movimiento de oposición y revolución contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas, ocurrido en el entonces sur de la provincia de Buenos Aires a fines del año 1839. Los revolucionarios lograron dominar los pueblos más importantes de la zona en esa época -Dolores, Chascomús y Tandil- pero fueron vencidos rápidamente en la batalla de Chascomús, del 7 de noviembre de ese año. La satisfacción por la victoria alcanzada llevó a los rosistas a una gran celebración, la cual en pocas palabras describió Ramos Mejía: "…Celebraban con gran bullicio la derrota de la Revolución del Sud en la batalla de Chascomús, Rosas, su compadre Burgos y todos los federales que los seguían estaban completamente ebrios. Dos días y dos noches duró el beberaje…".
En 1845 pasó a ser comandante del cuartel general de Santos Lugares, en el actual partido de San Martín. A partir de 1846, creada la División del Azul, pasó a revistar en su plana mayor (hasta 1851). Volvió a Azul, pero tuvo que renunciar al mando militar por una enfermedad que no especificó.
Retornó al mando de Santos Lugares a fines de 1848.

El derrumbe del imperio de Rosas…

El 1º de mayo de 1851, Justo José de Urquiza lanzó su Pronunciamiento, por el que reasumió la conducción de las relaciones exteriores de su provincia, Entre Ríos, aceptando inesperadamente la renuncia que todos los años Rosas hacía de las mismas.
Primero atacó a Oribe en Uruguay. Lo obligó a capitular con él y entregar el gobierno. A continuación se apoderó del armamento argentino que formaba parte de las fuerzas de Oribe… y de sus soldados, que fueron incorporados al Ejército Grande.
Urquiza se trasladó a Santa Fe, derrocó a Echagüe y desde allí atacó a las filas de Rosas. Tras la defección de Pacheco, Rosas asumió el comando de su ejército al frente del cual fue derrotado en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852.
Tras la derrota, el Tirano abandonó el campo de batalla -acompañado sólo por un ayudante- y firmó su renuncia en el "Hueco de los sauces" (actual Plaza Garay de la ciudad de Buenos Aires):
"Creo haber llenado mi deber con mis conciudadanos y compañeros. Si más no hemos hecho en el sostén de nuestra independencia, nuestra identidad, y de nuestro honor, es porque más no hemos podido".
El otrora todopoderoso Juan Manuel de Rosas se refugió en el consulado británico, la tarde del día siguiente, protegido por el cónsul británico Robert Gore y finalmente partió hacia Inglaterra en el buque de guerra británico Conflict…

El mismo día…

A los 74 años, el coronel don Pedro Burgos falleció el 3 de febrero de 1852, día de la batalla de Caseros.
Los sucesos de esa jornada en Buenos Aires bien pudieron motivar que el hecho pasase desapercibido. Algunos historiadores han supuesto que Burgos participó y falleció en la batalla de Caseros, lo que debe descartarse rotundamente porque él no figura en el parte de batalla, ni entre las bajas, pero además tenía demasiada edad (74) y estaba enfermo. De hecho, pasó la noche anterior a la batalla en compañía de Juan Manuel de Rosas quien a pesar de sus preocupaciones le dedicó varias horas a su enfermo compadre.
Todo cambió drásticamente ese 3 de febrero. Casualidades del destino…

Herederos de una discordia

Burgos disponía de un importante patrimonio. En Buenos Aires vivió con holgura y cierto lujo. Más allá del importante mobiliario de su domicilio (ubicado en las actuales Alsina y Lima de la Capital), cabe destacar como curiosidad que en las paredes lucían varios cuadros, tres de los cuales representaban de cuerpo entero a Juana Márquez, a Petrona Burgos y al general Facundo Quiroga.
Juana Márquez, su última concubina, manifestó que el finado Burgos fuera de la ciudad de Buenos Aires tenía: un establecimiento de chacra en los Santos Lugares; una estancia en el partido del Azul (con unas cuatro mil cabezas de ganado vacuno); dos casas y una quinta en el pueblo del Azul; una estancia en la Exaltación de la Cruz y otro establecimiento en el partido de San Pedro.
Años después, las rencillas familiares de los Burgos se multiplicaron acusándose ante las autoridades públicas - Municipalidad y Juzgado de Paz- de robos recíprocos implicándose los familiares y descendientes de Don Pedro, especialmente su esposa legítima Manuela Giménez y la joven Petrona Burgos.
Según lo expresado en su testamento, Burgos solicitó ser sepultado en el Cementerio de la Recoleta, sin embargo no ha quedado ningún registro de que sus deudos hayan cumplido con su última voluntad. La única certeza es que todos los bienes que acumuló fueron prácticamente dilapidados.

Para culminar…

Hacia 1932, al celebrarse el centenario de nuestra ciudad, se hizo evidente la carencia de un Acta Fundacional de Azul (tal vez nunca existió o desapareció). El Dr. Bartolomé J. Ronco (según su artículo "El Fundador…" propuso como fecha el 15 de diciembre de 1832) y otros destacados historiadores como Vicente J. Porro, subsanaron la cuestión determinando, a través de diversos cálculos, que Azul probablemente nació el 16 de diciembre de 1832.
El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Intendente Prof. Rubén César De Paula, la cual durante muchos años llevó el nombre Teniente General José F. Uriburu, quien derrocó al gobierno constitucional de la UCR en la década del "30, siendo el primer presidente de facto. Empero además, originalmente la arteria se llamó Buenos Aires… Una larga historia que evidencia las paradojas argentinas y azuleñas…

La compleja figura de Juan Manuel de Rosas, constituido en el estanciero m{as poderoso de Buenos Aires, provincia que a su vez gobernó, despertó en Pedro Burgos una profunda admiración, llegando ambos a mantener una gran amistad, a través de la cual se consideraban "compadres".

¿PADRINO DE MANUELITA ROSAS?

De acuerdo al acta de bautismo de Manuela Rosas, su padrino fue Felipe de Ezcurra, hermano de su madre.
Sin embargo, según algunas cartas enviadas entre Manuelita y Pedro Burgos, y entre éste y Juan Manuel de Rosas, se habla claramente de que Burgos era padrino de Manuelita. Una muestra contundente es la carta enviada por Manuelita "a su querido padrino Don Pedro" poco después de la muerte de su madre Encarnación Ezcurra.
Es probable que tanto Felipe como Pedro hayan sido padrinos de la joven, empero en ambos casos se trató de un padrinazgo diferente, uno dado por la religión y el otro por la profunda amistad con su progenitor

EL ROSTRO DE PEDRO BURGOS

No se conoce retrato alguno de Pedro Burgos, pero de acuerdo a una versión de 1909, se decía que había sido de mediana estatura, morocho y marcado su rostro por picaduras de viruela. Lucio Mansilla que lo conoció en su edad madura lo describió "redondo como un tonel". Aseguran que era un hombre alegre y decidor, galante con las damas, de buena presencia y bien conceptuado en Buenos Aires, donde tenía afectos y vinculaciones.
En el nicho derecho del frente del Palacio Municipal de Azul, se halla la escultura del Coronel Pedro Burgos, inaugurada el 16 de diciembre de 1979, durante el gobierno del Intendente designado Coronel Carlos Manuel Ricardes. La obra fue realizada especialmente ese mismo año por la reconocida docente y artista plástica azuleña Susana Vilardebó, valiéndose de un retrato que fue hecho en base a uno de un hermano o un hijo (varia el parentesco según la versión oral), del fundador de Azul.

AGRADECIMIENTOS Y FUENTES

" Muchas gracias a Norma Iglesias por su cálida guía por los senderos de la historia local.
" Gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
" Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
" Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
" Vicente Porro. "Documentos poco conocidos sobre Azul". (1962). Archivo Histórico - Folleto N° 2.
" Bartolomé J. Ronco. "El Fundador del Azul" en "Azul, Revista de ciencias y letras". (Año I, N° 1, feb.1930; págs. 125 a 139). Placente y Dupuy. Azul.
" Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.


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