4 de enero de 2015
Por María Liliana Christensen
Siempre que las últimas hojas del calendario caen de manera inexorable, nos asalta una cierta urgencia por hacer un repaso de lo acontecido en el año. Impulso “tan humano como la contradicción”, como diría Alejandro Lerner, que nos alienta a revisar lo hecho, a repensar las decisiones tomadas y a mirar con alguna perspectiva el camino recorrido.
El cierre del año implica también el comienzo de uno nuevo. Y siempre estos cambios traen consigo un soplo de aire fresco, una promesa de tiempos mejores, una esperanza que se renueva.
Obstinados en seguir creyendo a pesar de los datos desalentadores de la realidad y aún en contra de todas las señales concretas que día a día nos muestran un panorama inquietante y desolador, los argentinos iniciamos un recorrido que se presenta difícil y complejo. Los informes abrumadores de todos los analistas serios que demuestran con cifras irrefutables el aumento del desempleo, la falta de inversiones, la pérdida de poder adquisitivo del salario, la degradación de las condiciones de vida y de trabajo de millones de personas, la expansión de la pobreza, son datos dolorosos pero que deben darnos impulso para seguir avanzando sin perder la esperanza de construir una sociedad más justa.
Es tarea ardua renovar la ilusión en el corazón de cada uno de los argentinos. Estamos escépticos, decepcionados, resignados quizás. Tantos años de mentiras y desencantos, tantos años de despojo, de abusos, de engaños sistemáticos, han minado la confianza y han logrado que nos cueste cada vez más creer en discursos y promesas. Han sido muchos los desengaños, demasiados los atropellos que hemos soportado en los últimos tiempos.
Pero este andar sinuoso de las últimas décadas nos ha permitido aprender muchas cosas.
Aprendimos que entre los dichos y los hechos hay una enorme distancia, “mucho trecho” como decían las abuelas.
Aprendimos que el autoritarismo puede vestirse con los ropajes más diversos.
Aprendimos que nada nos interpela de un modo más brutal que los ojos sin luz de los niños con hambre.
Aprendimos que en nombre de los mejores objetivos y las más sanas intenciones se pueden cometer enormes injusticias.
Aprendimos que se puede atropellar al Poder Judicial, cuando un poder cuasi hegemónico busca desesperadamente los atajos de la impunidad después de haber transitado la ancha avenida de la corrupción.
Aprendimos que la hipocresía es un lenguaje que no conoce límites, que el cinismo de estado puede conducir a extremos impensados y que la mentira es nefasta para cualquier sociedad, porque destruye la confianza en la palabra.
Aprendimos que la violencia en todas sus formas contamina los vínculos personales, familiares, sociales e institucionales.
Aprendimos que los ciudadanos merecemos respeto, consideración y atención de los problemas más acuciantes por parte del estado.
Aprendimos que la resistencia colectiva es una fuerza invalorable que puede dar vuelta el curso de la historia.
Aprendimos que la corrupción mata.
Aprendimos que una sociedad fracturada, quebrada, partida en dos, no está en condiciones de resolver sus conflictos y sólo puede acrecentar sus dificultades.
Aprendimos que las carencias de muchos son la contracara del desmesurado enriquecimiento de otros; que la riqueza no es inocente de la pobreza; que los recursos que se escapan por los amplios viaductos de la corrupción son los que faltan para mejorar hospitales, rutas, escuelas.
Aprendimos que nuestra responsabilidad cívica es indelegable, y que en una democracia los gobernantes están allí porque los hemos puesto nosotros con el voto.
Aprendimos con el sufrimiento propio y el ajeno que el abuso de poder siempre se vuelve en contra del pueblo.
Aprendimos…. ¿Aprendimos?
Ojalá el año que comienza nos dé muestras de este aprendizaje; ojalá los argentinos podamos decir que hemos aprendido la lección y que no estamos dispuestos a repetir los viejos errores.
La esperanza es el camino. La fe que nos permite imaginar un porvenir más digno para todos es la experiencia sanadora que nos dará fuerzas para seguir adelante. El 2015 ha dado ya sus primeros pasos y será un año decisivo para el presente y el futuro de nuestra Patria; es de esperar que podamos superar las miserias cotidianas y avanzar hacia la construcción de una sociedad signada por la honestidad, el respeto, la decencia, el compromiso y la búsqueda impostergable del bien común.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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