29 de abril de 2018
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Sobre el paro docente y el bono por presentismo
El ataque a la educación pública parece no tener fin. Esta semana los y las docentes de la Provincia de Buenos Aires volvimos a parar frente a la nueva propuesta de la Gobernadora Vidal y su gabinete de aumentar los salarios en un 10 por ciento para el primer semestre (un 5 desde enero, un 3 en mayo y un 2 en junio).
Frente a los tarifazos establecidos por el gobierno en los servicios y los aumentos que conllevan en el resto de los productos, nuestros salarios van a “perder” contra la inflación (el FMI estima que en 2018 superará los 25 puntos), y por tanto, las y los docentes seguiremos por debajo de la canasta básica.
Sin embargo, la discusión no queda ahí sino que se agrega la cuestión del presentismo: tras los paros del mes pasado (5 y 6 de marzo), la provincia publicó una resolución en el Boletín Oficial donde asigna “…por única vez un pago extraordinario no remunerativo no bonificable de 4.500 pesos por persona, en concepto de gratificación para aquellos docentes que no hayan registrado inasistencia en el ciclo lectivo 2017, en cualquiera de sus secuencias, y hayan completado al menos un mes de clase”. $ 4500 de carácter “no remunerativo”, es decir en negro: que no sirven de base para futuros aumentos, ni aguinaldo y no lo cobran los y las jubiladas.
En su artículo 2 la resolución avanza aún más contra los derechos a las y los trabajadores de la educación, cuando aclara que quedan excluidos “los docentes que hubieren registrado inasistencias tanto de forma injustificada como bajo el régimen de licencia. Sólo configurarán como excepción las inasistencias por vacaciones y por desempeño de cargos de mayor jerarquía en el sistema educativo”. Por tanto, los y las docentes deberíamos haber ido a trabajar enfermos/as en 2017 para cobrar este “premio”.
Sin embargo, esta propuesta no es nueva: ya en marzo del año pasado los funcionarios de la Provincia pedían que disminuyéramos el nivel de ausentismo que, según sus mediciones, rondaba en un 17 por ciento.
Los gremios docentes aclararon que tales números no coinciden con los que ellos manejan (el ausentismo rondaría el 7 por ciento), a la vez que denunciaron que el gobierno está trasladando el problema del ausentismo a los y las trabajadoras de la educación, cuando es el propio Estado quien tiene el control de las licencias médicas y podría evitar los abusos. De hecho hace pocos meses las solicitudes de licencias se digitalizaron por lo que los datos deberían estar disponibles de forma sencilla.
La realidad es que no contamos con datos actualizados y al alcance de la comunidad. Las últimas mediciones son las del Censo Nacional de Personal de los Establecimientos Educativos realizado por el Ministerio de Educación de la Nación en 2014, donde no hay datos referidos a nivel de ausentismo. Según una encuesta realizada por el Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP) a 4.500 afiliadas y afiliados de toda la Argentina, el 60% de las personas encuestadas manifestó haber padecido “resfríos, rinitis, dolor de garganta”, “problemas urinarios, renales”, “hipertensión arterial” y “alergias respiratorias” y concurrir a trabajar en esas condiciones.
Tampoco abundan las investigaciones científicas referidas al presentismo, y menos aún en el sistema educativo. Rastreando en las publicaciones de la Organización Internacional del Trabajo, hallamos algunos escritos en relación a seguridad en el trabajo donde se expresa que pagar bonos por presentismo es por demás “perverso” ya que obliga a muchos/as trabajadores/as (entre ellos docentes) a tener que asistir a clases en muy malas condiciones de salud “quienes tenemos experiencia conocemos que las recompensas económicas a la mayor productividad o a tolerar riesgos o peores condiciones de trabajo son elementos que conspiran contra la seguridad”.
Esta cuestión se agrava si pensamos en las condiciones edilicias en las que trabajamos a diario los y las docentes de la Provincia de Buenos Aires.
Así planteado, el presentismo no es un “premio” ni un “reconocimiento” sino un dispositivo de control que atenta directamente contra el derecho a huelga que tenemos las y los trabajadores de la educación. Para las y los docentes que nos organizamos y nos movilizamos, el presentismo es una extorsión, como lo fue en 2017 la convocatoria a voluntarios/as para reemplazar a las y los docentes que estábamos de paro.
Esta propuesta del gobierno provincial cobra sentido en un contexto signado por el cierre de escuelas en las islas del Tigre y rurales, por el achicamiento del presupuesto en educación superior que llevó al cierre de carreras terciarias, por cientos de despidos en el Instituto Nacional de Formación Docente (INFOD) y en la Unidad Ejecutora Provincial, que refaccionaba y construía edificios para escuelas o centros de formación. Es decir, instalar la idea del presentismo cobra sentido en un contexto de crisis y ajuste hacia los y las docentes y el conjunto de la clase trabajadora.
Micaela Bigalli y Matías Krieger
(Docentes - militantes de Patria Grande)
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