19 de octubre de 2026
El Centro de Formación Laboral N° 402 adapta su propuesta educativa a las demandas del sector socioproductivo y busca fortalecer las posibilidades de inserción laboral. Con 150 alumnos y una oferta que incluye construcción, instalaciones y energías renovables, la institución enfrenta una demanda creciente que también plantea el desafío de ampliar sus recursos.
La formación para el trabajo no consiste únicamente en aprender una técnica. También implica reconocer las capacidades propias, construir nuevas herramientas para desenvolverse en el mundo laboral y encontrar oportunidades en una comunidad que cambia y presenta necesidades diferentes a lo largo del tiempo. En ese proceso, los centros de formación laboral (CFL) cumplen un papel que excede el espacio del aula: articulan conocimientos, prácticas concretas y demandas del entorno productivo.
En Azul, el Centro de Formación Laboral N° 402 trabaja con esa perspectiva. Bajo la dirección de Daniel Corrado, la institución desarrolla cursos vinculados principalmente con la construcción, la metalmecánica y la energía, a partir de una propuesta que busca responder a las necesidades de la ciudad y generar mejores condiciones para que las personas puedan acceder al mercado laboral.
Corrado inicia explicando que "el establecimiento funciona en la calle Alvear 973, en el edificio donde antiguamente funcionaba el colegio de técnicos, en el horario vespertino de 18 a 22, de lunes a viernes. Se trata de un centro conveniado con la Fundación UOCRA, una vinculación que orienta buena parte de su oferta hacia los oficios y las actividades relacionadas con la construcción".
Sin embargo, la propuesta no permanece fija. La planificación de los cursos contempla tanto las transformaciones de las actividades productivas como la posibilidad efectiva de que quienes se capacitan encuentren una salida laboral.
Una oferta que responde a la demanda
La definición de los cursos parte del análisis de las necesidades locales. En ese sentido, Corrado explicó que las reuniones de la mesa del Consejo Provincial de Educación y Trabajo (COPRET) constituyen una instancia para observar los sectores socioproductivos y evaluar qué capacitaciones pueden resultar pertinentes para Azul. "Nuestro centro no tiene cursos estáticos, se maneja en función de la demanda y también que haya posibilidad laboral para todos", señaló.
La idea supone un equilibrio entre las expectativas de quienes buscan capacitarse y las posibilidades reales de inserción. Abrir una formación responde a una necesidad, pero también requiere considerar cuántas personas podrán incorporarse posteriormente a esa actividad y qué condiciones ofrece el mercado local. Corrado lo explicó con un ejemplo concreto: "No pueden salir recibidos 200 gasistas y pelear entre ellos el trabajo, así que se va balanceando en función de las necesidades de la comunidad".
En esa planificación se inscriben los cursos de gasista de tercera categoría, instalador sanitarista, yesero y distintas propuestas vinculadas con instalaciones y terminaciones de obra. La institución también ofrece "capacitaciones del área administrativa orientadas a la producción y la construcción, entre ellas administración de pymes y auxiliar en marketing de productos y también tenemos el curso de colocador de revestimiento en base humedad que son los cerámicos".
La formación en oficios, de esta manera, no se limita a una salida laboral única. La posibilidad de combinar conocimientos de distintas especialidades puede ampliar las herramientas de una persona al momento de buscar empleo, desarrollar una actividad independiente o responder a trabajos que requieren competencias complementarias.
Energías renovables: interés y nuevos desafíos
Entre las propuestas que despiertan mayor interés se encuentra la vinculada con las energías renovables. Para 2026, el centro comenzó con la formación de colocador y montador de paneles solares, una continuidad del recorrido de capacitación en el que algunos estudiantes ya habían comenzado con electricidad domiciliaria y luego avanzaron hacia los sistemas solares. La demanda quedó reflejada en la inscripción: 80 personas se anotaron para un curso que tenía un cupo de 30 alumnos. La diferencia entre quienes quieren acceder a la formación y las vacantes disponibles muestra tanto el interés que despierta esta especialidad como las limitaciones materiales que enfrenta la institución para ampliar su alcance. "La cantidad de gente que estamos teniendo y la cantidad que tuvimos que decirles que no para ingresar, por el tema de cupos y entornos formativos con las aulas, siempre es limitante", indicó Corrado.
La capacitación también busca acercar a los estudiantes a experiencias concretas relacionadas con el campo en el que se preparan. El mes anterior a la entrevista, los alumnos participaron de una visita al parque solar de 16 de Julio, invitados por integrantes de la empresa que lleva adelante el montaje de las instalaciones. Para quienes se forman, ese contacto permite observar cómo los conocimientos adquiridos se relacionan con una actividad real. La experiencia directa complementa los contenidos trabajados durante la cursada y contribuye a construir una referencia sobre las características y exigencias del ámbito laboral. El interés por las energías renovables se incorpora así a una planificación que debe contemplar nuevas actividades sin abandonar oficios tradicionales que siguen siendo necesarios en la ciudad.
Aprender haciendo: la práctica como parte de la formación
La propuesta del CFL 402 combina contenidos teóricos y prácticos. No se trata de completar primero una etapa de aprendizaje abstracto para después pasar a la actividad concreta, sino de relacionar ambas dimensiones durante el proceso de capacitación. "Para garantizar los espacios necesarios, el centro articula con la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 1 Pedro Burgos, cuyos talleres permiten desarrollar parte de las actividades prácticas. Las clases teóricas, en tanto, se realizan en la sede de Alvear 973", explicó.
A esa dinámica se suman las prácticas profesionalizantes, que acercan a los estudiantes a situaciones en las que pueden poner a prueba lo aprendido y reconocer las responsabilidades que implica el ejercicio de un oficio.
Corrado recordó una experiencia realizada el año anterior con estudiantes del curso de gas, mediante un convenio con el Consejo Escolar. En esa oportunidad, participaron en tareas de revisión y limpieza de calefactores de distintos establecimientos educativos. Acompañados por los instructores, retiraban los equipos, los revisaban, realizaban la limpieza correspondiente y volvían a colocarlos.
Durante este año también se desarrolló una práctica de instalación completa de gas en una vivienda particular. Corrado detalló que "la persona que necesitaba el trabajo aportó la totalidad de los insumos, mientras que el centro contribuyó con los conocimientos del instructor y la participación de los estudiantes". La experiencia permitió vincular una necesidad concreta con una instancia de aprendizaje. Para quien recibe el servicio, representa la posibilidad de resolver una necesidad a un costo más accesible; para los alumnos, significa ejercitar los conocimientos adquiridos en una situación real, bajo el acompañamiento correspondiente.
Este tipo de propuestas muestra que la formación laboral también puede construirse a partir de la articulación entre instituciones y comunidad. El aprendizaje adquiere otra dimensión cuando los conocimientos dejan de ser solamente ejercicios dentro de un taller y se convierten en herramientas capaces de dar respuesta a problemas cotidianos.
Sumar conocimientos para ampliar las posibilidades
La trayectoria de una persona dentro del centro no necesariamente termina al completar un curso. La propuesta de formación integral permite continuar con otras especialidades y sumar conocimientos que pueden resultar complementarios. Corrado señaló que quienes se capacitan en instalaciones de gas, por ejemplo, pueden continuar con electricidad o albañilería. Esa combinación permite ampliar el abanico de tareas que están en condiciones de realizar y responder a distintas necesidades dentro del ámbito de la construcción.
En paralelo, la institución trabaja con listas de espera para algunos cursos. Cuando se producen abandonos durante el primer tramo de la cursada, esas vacantes pueden ofrecerse a otras personas interesadas, de acuerdo con la organización de cada propuesta. La búsqueda de una inserción laboral efectiva también continúa después de la capacitación. "Nosotros hacemos seguimiento de los egresados también, cómo les está yendo, si tienen trabajo, si necesitan alguna ayuda o contacto, ya que sabemos la capacitación que tienen", explicó el director. Ese acompañamiento permite mantener un vínculo con quienes pasaron por la institución y conocer qué sucede una vez finalizada la etapa de formación. También aporta información para evaluar las posibilidades de inserción y las necesidades que aparecen en el camino hacia el empleo.
Los oficios tradicionales y las nuevas necesidades
La planificación para el próximo año contempla la incorporación de nuevas propuestas y la continuidad de otras que ya cuentan con una demanda sostenida. Entre los cursos previstos se encuentra el de zinguería, una especialidad que, según Corrado, tiene poca presencia en Azul y resulta necesaria. También se proyecta continuar con la formación vinculada con las energías renovables y otras actividades relacionadas con la construcción, en función de las posibilidades de organización y de los entornos formativos disponibles.
A la vez, el curso de yesero representa una apuesta por recuperar un oficio que ha perdido presencia. Corrado distinguió esta especialidad del trabajo con placas de yeso, como el durlock: "Se refiere a los revestimientos y terminaciones tradicionales que todavía pueden encontrarse en viviendas antiguas y que requieren reparación o renovación", planteó.
La observación permite reconocer otra dimensión de la formación laboral: además de preparar trabajadores para actividades emergentes, también puede contribuir a conservar conocimientos necesarios para atender el patrimonio construido y las demandas de mantenimiento de las viviendas. En ese sentido, las decisiones sobre qué enseñar se relacionan tanto con los cambios tecnológicos como con las características particulares de la ciudad y sus construcciones.
Ampliar la oferta, una necesidad pendiente
Actualmente, el Centro de Formación Laboral N° 402 cuenta con 150 alumnos y seis instructores. Corrado, que está a cargo de la institución desde octubre de 2024, trabaja junto con la regente Viviana Franco, la secretaria Alejandra Blando y la preceptora Giuliana Aducci. El director destacó el compromiso del equipo de trabajo y de los instructores, que en distintas oportunidades acompañaron prácticas fuera del horario habitual de cursada, incluso los sábados, para que los estudiantes pudieran completar sus experiencias formativas.
La institución cuenta con 60 horas desde su apertura, en 2011, y se encuentra realizando gestiones ante la Dirección General de Cultura y Educación para obtener una ampliación. La disponibilidad de horas incide directamente en la posibilidad de incorporar nuevas capacitaciones y responder a una demanda que, en determinados cursos, supera ampliamente los cupos existentes. A esa limitación se suman las condiciones materiales necesarias para desarrollar cada propuesta: aulas, talleres, herramientas y entornos adecuados para que los estudiantes puedan aprender haciendo.
Mientras avanza la planificación para 2027, el centro también prevé visitar escuelas secundarias para dar a conocer su oferta educativa. La intención es acercar las alternativas de formación a más personas y fortalecer el vínculo con quienes están definiendo sus próximos recorridos educativos y laborales.
En una ciudad donde conviven oficios tradicionales, nuevas tecnologías y necesidades productivas diversas, la formación laboral constituye una herramienta para conectar capacidades individuales con oportunidades concretas. El desafío del CFL 402 consiste en sostener esa articulación, actualizar sus propuestas y ampliar sus posibilidades de respuesta, de modo que el interés por aprender pueda transformarse en una oportunidad real de trabajo.
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