ENFOQUE
Escribe: Padre Juan Carlos Ormazábal - Párroco de Lourdes
Este domingo recordamos, en las lecturas bíblicas de la Misa, el anuncio del primer Concilio Ecuménico en la historia de la Iglesia. Rondaba el final del primer siglo. Son lecturas del libro de los Hechos de los Apóstoles (Hechos 15,1-29). Libro llamado "del Espíritu Santo".
Narra las vicisitudes y las experiencias de las primeras comunidades cristianas. El Evangelio vivido era "una novedad de vida". "Como una "sinfonía concorde" diría el P. Benedicto. Eran las primeras alegrías y las primeras persecuciones. Se experimentaba el "amar de Jesús", "sin medida"? "el hasta dar la vida"? "El regalo súper": "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Los doce apóstoles convocan el primer Concilio para resolver un grave problema. Peligraba la unidad y la paz. El problema era: ¿Los paganos convertidos al cristianismo se tenían que circuncidar antes de bautizarse? O se debían bautizar solamente sin circuncidarse? Se tenían que hacer todos primero judíos? Y después cristianos?
Las conclusiones del primer concilio fueron éstas: "que los paganos se bauticen solamente, no se circunciden pero se abstengan de comer la carne inmolada a los ídolos. Todavía mantenían ciertas costumbres paganas que no podían erradicar. Aceptaron las resoluciones, retornó la unidad. Llegaron a un acuerdo a pesar de las discrepancias teológicas y prácticas. Así nacieron los concilios que definirían quien era Jesús, quien el Padre, quien el Espíritu Santo?
En este "año de la fe" celebramos los cincuenta del Concilio Ecuménico Vaticano II. Fue como el de Jerusalén: un Concilio pastoral. ¿Cómo llevar a la vida los "dichos, gestos y hechos de Jesús". ¿Cual era el problema? Se había dado una separación entre fe y vida practica, un divorcio entre fe y cultura, una separación de la liturgia y vida? ¿Cuál es la clave que da este Concilio para estos tiempos? ¿Cómo retomar el camino ensombrecido? Volver a los fundamentos de los primeros cristianos: volver a centrar la fe y la vida en el encuentro personal con Cristo Resucitado. ¡Respuesta histórica, inédita y revolucionaria de los primeros tiempos!. No fueron las doctrinas ni las normas. El triunfo grande en la historia del cristianismo fue llegar hasta ser "Sangre de mártir, semilla de cristianos" (Tertuliano. s.III). "Para que todo el mundo al vernos unidos más allá de lo que nos pueda destruir, glorifique al Padre que está en los cielos". "En esto los reconocerán: en que se aman unos a otros como Yo los he amado".Volver a dar estos signos para atraer al alejado, al que sufre es el nuevo gran desafío: "Para que todos sean Uno como nosotros somos Uno" Concluyamos: "Nuestros oídos y nuestros corazones son para los demás". (Palabras del P. Cachito Gardey).