7 de agosto de 2015
Los pobres no sólo padecen la injusticia sino que también luchan contra ella. No se contentan con promesas ilusorias, excusas o coartadas. Tampoco están esperando de brazos cruzados la ayuda de una ONGs, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan o, si llegan, llegan de tal manera que van en una dirección, o de anestesiar o de domesticar.
Se siente que los pobres ya no esperan y quieren ser protagonistas, se organizan, estudian, trabajan, reclaman y, sobre todo, practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres y que esta civilización parece haber olvidado.
Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre, que no se duda en decirla, pero es una palabra mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos, ha dicho el Papa Francisco. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiación de bienes por parte de algunos.
También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del dinero: los desplazamientos forzados, las emigraciones dolorosas, la trata de personas, la droga, la guerra, la violencia y todas esas realidades que se sufre y que es necesario transformar.
La solidaridad, entendida en un sentido más hondo, es un modo de hacer historia.
La voz del Magisterio del mismísimo Papa no responde a una ideología. Los pobres no trabajan con ideas, trabajan con realidades.
Se quiere que se escuche su voz que, en general se escucha poco. Tal vez porque molesta, tal vez porque su grito incomoda, tal vez porque se tiene miedo al cambio que se reclama, pero sin su presencia, sin ir realmente a las periferias, las buenas propuestas y proyectos que se escuchan en las conferencias internacionales se quedan en el reino de la idea, de un proyecto.
No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos. Que triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad, se lo niega o peor, se esconden negocios y ambiciones personas hipócritas.
Cuando se ve en los movimientos a pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes. Entonces sí se siente el viento de promesa que aviva la ilusión en un mundo mejor. Que ese viento se transforme en vendaval de esperanza.
Estas ideas que forman el entendimiento pueden generar irritación en algunos sectores de no cristianos e incluso en no pocos católicos. Pero es la voz de la Iglesia en este tema, expresó Miguel Esteban Hesayne, Obispo Emérito de Viedma.
Si bien la pobreza y la solidaridad son conceptos universales, pero para la Argentina es actualidad, pues el Observatorio de la Deuda Social Argentina menciona la cifra del 28,7%, y de indigencia mucho más de dos millones de personas. Según el rector de la Universidad Católica Argentina esos datos significan un cuestionamiento, ya que su objetivo es poner de manifiesto y reclamar una deuda social todavía no saldada.
Esta temática, si al Papa Francisco le preocupa, más nos debe preocupar a los argentinos por los índices tan elevados que se tienen de pobreza e indigencia.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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