8 de febrero de 2015
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Por priorizar el orden y el cero en su arco, en el primer tiempo vimos una magra versión de Alumni, que no fomentaba la ilusión. Por el contrario, Jekyll dio paso a Mr. Hyde en el complemento, el rendimiento ganó en virtudes, mereció el elogio del final y deparó un triunfo que posiciona al conjunto que dirige Mariani en la segunda colocación de la Zona 11.
Puede pecar de despampanante la comparación, pero ayer vimos, en el Emilio S. Puente, una bastante fiel representación de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, aunque el trastorno no se haya manifestado tan radicalizado (yendo un poco más allá en los parangones, Mariani vino a ocupar el rol del escocés Robert Louis Stevenson, el escritor de la insigne obra).
El contraste de versiones del albinegro ante Estudiantes de Olavarría fue muy notable, y seguramente a todos los alumnistas les reconfortó la esgrimida en el complemento, incluso más allá del triunfo y la segunda posición en la Zona 11 del Federal C.
Salió a presumir orden y fuerza defensiva Alumni, y fue un equipo mezquino e poco agresivo; optó por arriesgar, por hacerse cargo de la pelota e hizo cambios de hombres, y fue claramente el mejor de los dos. Le salió bien y el festejo fue importante, pero vale preguntarse por qué no querer ser siempre el de los segundos 45 minutos.
De entrada nomás, las normativas en el conjunto azuleño se transparentaron. Situaba lejos a Pouyannes y a Guevara y desde la línea de volantes (cuando no desde el fondo) pugnaba por habilitarlos contra el área a través de pelotazos frontales y poco eficaces. El bataraz, por su parte, engendraba en base a la paciencia, ensanchando la posibilidad de lateralizar e involucrando mayor cantidad de intérpretes. Compartían la niebla que les alejaba de meritorios caminos ofensivos.
Durante los primeros 15, 20 minutos, la sensación que emanaba del desarrollo podía representarse diciendo que ninguno de los dos tenía pensado complicarse con nada, entendiendo por eso el buscar alternativas futbolísticas que puedan traducirse en asumir riesgos, comprometerse con mecanismos más complejos en pos de vulnerar el arco rival.
El que primero se repuso de ese estado de desgracia fue Estudiantes, que durante el cuarto de hora final de la etapa hizo propio el centro del ring. Con muy pocas posiciones fijas de mitad de campo hacia adelante, con asociaciones en espacios cortos y buscando llevar a que Alumni deba descomprimir sus líneas, lo único de lo que carecía era de la cesión final. En el conjunto local, la gravitación ofensiva estaba supeditada a los arrebatos individuales, y los más efectivos eran elaboración artesanal de Mazzante.
La variante plasmada en el entretiempo por el DT alumnista, la de Duarte por Norte, fue el principio de lo que sería el fin exitoso de anoche. De la Canal abandonó el doble 5 y pasó al lateral defensivo derecho y el “Gordo” arribó al partido como un falso enlace. A los 3 minutos, el ingreso de Canelo por Pouyannes, lesionado, aportó aún más a la nueva versión alumnista. La propia mejora, lograda bien temprano en el complemento, se combinó para su gracia con el inicio de la distorsión del bataraz, que llamativamente desgranó el circuito que antes lo había tornado el dominador del juego.
Alumni supo cómo poner el partido en la mitad olavarriense, consiguió distraer a su oponente, plantearle un ataque que involucra la pelota al hombre más que al espacio. A Estudiantes, el agua le mueve mucho el barco y perdió referencias claves.
La progresiva virtud del desempeño azuleño pudo coronarse, a los 25 minutos, en la red olavarriense. Un desborde desde la izquierda, contra el fondo del campo, cayó en el pie derecho de Marcelo Duarte que, infiltrado ante un manojo de defensores que corrían contra su valla, cruzó apenas el balón y doblegó a Berdún.
Se modificaron las referencias ofensivas y Alumni fue otro, pero su mejora (de difícil presunción una vez culminada la primera mitad) no sólo se debió al agregado de delanteros, sino fundamentalmente a la decisión de modificar los artilugios futbolísticos. Ahora, a la solidez defensiva se la combinaba, para gracia de la esencia de este deporte, con una vocación ofensiva distinta y definida, que incluso pudo haber deparado un marcador con mayores diferencias. Y esa virtud, en parte condicionó a Estudiantes para tornarlo un equipo arrebatado, improvisado y sin reales chances de gol.
Dos semanas atrás, Alumni volvía de Tapalqué avergonzado y convulsionado puertas adentro por la derrota ante Sarmiento. Hoy, la imagen accesible para la mayoría es la de un equipo con carácter y con potencial para aumentar su nivel de juego. Y, claro, escolta de El Fortín, el gran candidato del grupo.
Alumni 1 - Estudiantes 0
Alumni

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