29 de diciembre de 2019
Escribe: Prof. María Liliana Christensen
Alea iacta est es una expresión atribuida a Julio César al momento de cruzar el Río Rubicón, en el norte de Italia, que claramente significaba un desafío al Senado Romano y un punto de inflexión en la historia de Roma.
Esta expresión es usada para referir a un suceso que justamente implica eso: un jugarse el todo por el todo, un punto de no retorno. El inicio de un camino que no tiene vuelta atrás.
Dolorosamente -y ojalá me equivoque- es lo que estamos avizorando en la Argentina en estos últimos días. Hay un punto de no retorno que conlleva el final de la república y el vaciamiento de las instituciones. El avasallamiento de la división de poderes, a partir de la llamada Ley de Emergencia que concede al Ejecutivo atribuciones extraordinarias, sumado a la presión explícita ejercida sobre el Poder Judicial, constituyen señales de alarma que los ciudadanos deberíamos considerar con más atención.
Julio César…
La historia nos cuenta que, una vez en Roma y habiendo triunfado sobre sus adversarios, Julio César se erigió como dictador perpetuo y concentró en sus manos el poder político, militar y judicial. Se hizo otorgar el título de imperator, que incluía privilegios soberanos. Designaba a los magistrados, disponía del dinero del Estado, conservaba el comando personal de las Fuerzas Armadas y controlaba el Senado. La República parecía haber muerto.
Resulta saludable recurrir a la historia porque, como sabemos, ella atesora muchos registros que nos cuentan cómo los hombres siempre han sentido profunda atracción por el poder y han llegado a cometer excesos en su nombre.
Durante su gobierno Julio César halagó a la plebe con repartos gratuitos de trigo y grandes espectáculos, extendió discrecionalmente el derecho de ciudadanía a los habitantes de determinadas ciudades y distribuyó lo que quedaba de la tierra pública entre sus veteranos y seguidores.
Argentina…
En esta Argentina inefable de las últimas semanas del año parece que las protestas se han agotado, que es razonable congelar los ingresos de los jubilados pero no los de los funcionarios políticos, que la solidaridad se impone a fuerza de normas y leyes abusivas y que la carga tributaria sobre los que producen y generan riqueza nunca es suficiente -siempre es posible exprimir al contribuyente un poco más-. Como estamos en medio de las bondades de un gobierno “que viene a solucionar los problemas de los argentinos y a poner al país de pie”, todo es válido, todo está permitido y debe ser tolerado, aún la discrecionalidad, las decisiones más aberrantes y que más gravemente atentan contra los derechos de las personas y la constitucionalidad del sistema.
Apremiados por las dificultades cotidianas los ciudadanos no advierten -o no quieren advertir- el riesgo que la nación corre y el camino arduo y pantanoso que hemos comenzado a transitar. Todos estamos bajo amenaza. Los dos pilares que sostienen el proyecto político triunfante son la impunidad y la venganza. Y nada bueno puede surgir de allí; son dos sentimientos muy negativos, configurados por el rencor que se profundiza entre los argentinos y las divisiones que se han sembrado de manera brutal en la última década.
“Argenzuela”….
Las duras experiencias por las que hemos transitado los habitantes de nuestro país deberían servir a modo de advertencia; estar alertas y dispuestos a defender los valores republicanos en los que se asientan los derechos más sagrados es un imperativo de esta hora tan difícil. Argenzuela está ahí, a la vuelta de la esquina. Las penurias, las privaciones y el asalto a las libertades públicas suelen llegar de a poco, paulatinamente y sin estridencias. El abuso de poder no siempre se anuncia ni se manifiesta de manera contundente, con un zarpazo brutal. Puede suceder, y de hecho ha sucedido en la Historia Argentina, que esto ocurre a menudo sin que la ciudadanía lo advierta y sin que oponga resistencia. Es preciso estar en atenta vigilia en salvaguarda de las instituciones y de los valores esenciales que hoy se encuentran amenazados.
No bajar los brazos…
Cuando la división de poderes está en riesgo, cuando el estado de derecho corre peligro, todos estamos bajo amenaza. Que los padecimientos sufridos por los hermanos latinoamericanos condenados a vivir sin libertades nos sirvan de ejemplo. Las calles no tienen dueño, las calles nos pertenecen a todos y si hoy ciertas protestas se han silenciado por conveniencia, complicidad o espurios pactos de cúpulas, necesariamente los ciudadanos que creemos en las instituciones de la república debemos ofrecer resistencia y alzar la voz para defender su plena vigencia. Hay mucha impostura, hay demasiada hipocresía por estos días y las palabras han perdido su auténtico sentido. Para que la suerte no esté echada, para que podamos sostener el ideal de una nación donde las palabras no se vacíen de contenido, donde esfuerzo, solidaridad, libertad y justicia sigan siendo faros de una cultura compartida, es preciso no bajar los brazos. Sabiamente lo decía Mahatma Gandhi: “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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