24 de agosto de 2015
Los méritos de Alumni fueron más y mejores que los de Sarmiento en los primeros 90 minutos de la serie que definirá el campeón. Pero el merecido triunfo alumnista apenas pudo cifrarse por la mínima diferencia ayer en Tapalqué, gracias al gol de Emiliano Mazzante. El próximo domingo, en el Emilio S. Puente, el fútbol azuleño consagrará un nuevo campeón.
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Una vez consumada la victoria alumnista, una vez puesta a girar la perinola de preguntas de cara a la revancha, un interrogante puede que se halla destacado por sobre muchos otros: incluso contra su voluntad, ¿no le habrá dejado demasiadas ilusiones Alumni a Sarmiento? Dicho de otra forma y apelando a esa espectacularidad típica en el relato futbolero, ¿es el albinegro el que le permite vivir al albiceleste?
Más allá de la convertida por Mazzante, el conjunto azuleño dispuso de unas seis chances perfectas para convertir, la mayoría protagonizadas por Canelo, y no consiguió doblegar a Toledo (responsable del mínimo marcador). Ese poderío ofensivo se vio bien solventado por un funcionamiento colectivo adecuado, que naturalmente se impuso y que, por momentos, atolondró a la estrellita. El demorado pero concreto triunfo en Tapalqué de ayer es harto valioso, quién pudiera negarlo, pero la mínima diferencia tiene gusto a poco, como el asador de grandes banquetes que apenas si consigue paladear un choripán.
Un matiz que nunca se perdió en el cotejo fue el control de Alumni, por momentos muy holgado. Incluso en esos tórridos minutos iniciales, donde el repertorio se ajustaba al imaginario común de cada final: espacios cerrados, imprecisiones, sin chances de gol. Sin que pasara demasiado tiempo el mediocampo visitante (Boggi y Mazzante por el centro, Guevara a la izquierda de esa dupla, Arrigoni a la derecha), adentrado en la mitad rival, comenzó a determinar el control albinegro; fundamentalmente Boggi y Mazzante (altos rendimientos los dos) se erigían como sostén de la estructura e ideólogos del rumbo ofensivo.
La borda izquierda del campo devino en preferencial para que Alumni dotara de profundidad a su ataque. Como en todo el cotejo, Peredo quedaba muy expuesto a la avanzada de Guevara, Pouyannes y, a veces, Mazzante y Rodríguez, Bazán debía cruzar muy lejos, De los Heros también se desorientaba y todo ello confluía en una importante vulnerabilidad sarmientista que empezaba a demandar mucho mérito del arquero. Antes de los 25’, la cebra ya había malogrado unas cuantas oportunidades notorias.
La mayoría del tiempo, Sarmiento dedicaba todo su esfuerzo en resolver asuntos en su mitad, muy cerca de su área. Carecía de retención de juego en ofensiva, por lo que el ‘advenimiento’ azuleño ganaba en continuidad; el fondo evidenciaba muchos errores individuales en la resolución, y en parte su exposición se debía a ingravidez de los volantes, que parecían jugar a una velocidad menos que sus pares oponentes. Fácilmente, algunos mediocampistas de Alumni rompían líneas con maniobras individuales y generaban superioridad numérica ante los defensores (siempre con una velocidad muy desequilibrante). El equipo dirigido por Mariani no ganaba el partido por sus propias carencias en la resolución (Canelo erró mucho) y por las atajadas de Toledo.
Como para esclarecer la invariabilidad del presente respecto al pasado reciente (hasta quince minutos antes), el comienzo del complemento mostró una de las mejores jugadas alumnistas hasta entonces: Rodríguez soltó amarras y halló en Canelo un socio sensible y despierto que le devolvió la pared lo suficientemente acertada para ingresar con ventaja al área mayor tapalquense; desborde corto del “zurdo” hacia Pouyannes, control del “loco” y media vuelta que mandó el esférico a dar contra el palo diestro de Toledo.
Alumni conseguía sostener la inercia de la primera etapa; la iniciativa, la identidad del juego, los riesgos, todo corría por cuenta de la visita. Sarmiento seguía encallado muy atrás, sin poder airear una defensa que pese a las falencias, llevaba la exposición que sufría con guapeza.
Tras haber mantenido un arbitraje sin conflictos, acertando mayoritariamente no sólo con los fallos, sino con su idea de no reparar en detalles habituales de este juego, en el segundo tiempo Elichiri perdió ese manejo y erró en ciertas apreciaciones. Una muy notoria fue el penal no sancionado en favor del conjunto de Lambusta: un pelotazo frontal que Hoursouripé no supo administrar posibilitó que Morales cabeceará directamente contra Ibáñez, a la altura del punto penal; en su alocado intento, el arquero llegó tarde a interceptar al delantero y lo golpeó con dureza una vez que éste había impactado el balón.
Esas jugadas aisladas no terminan de mellar la superioridad albinegra. Gau (que de no tratarse de una final, quizá no hubiera jugado) era una opción disminuida por la marcación nutrida que le efectuaba el rival y por sus condiciones físicas. En parte esto explica por qué los delanteros de la estrellita permanecían tan ajenos a la posibilidad real de vulnerar el arco visitante. Tampoco conseguían prosperar Svarycheski (caso similar al de Gau) y Cufré, que por momentos estaba más pendiente de intentar auxiliar a Peredo.
El demorado y merecido gol de Alumni llegó a los 29’: Rodríguez recibió con facilidades en el ingreso al área por izquierda, cruzó un recio disparo a media altura que Toledo atajó en vuelo, y el rebote corto fue receptado por Mazzante, que sólo tuvo que hacer chocar la pelota en su pierna izquierda para convertir.
El partido (que siempre resultó atractivo) fue cubriéndose con un halo turbio en, podríamos decir, las relaciones humanas. Se acrecentaron las protestas, las infracciones e incluso algunas agresiones con el juego detenido.
El local mantuvo su intención de buscar profundidad de manera frontal, centralizando la avanzada contra los centrales. Pero les resultaba muy complicado a los puntas albicelestes no quedar de espaldas a Ibáñez, poder hallar alguien en quien descargar el esférico y generar sociedades que muevan a la defensa.
La anécdota final que contó esta ida decisoria fue el notorio penal que le convirtió Covello a Bossi, un agarrón que impidió que el juvenil patease mano a mano ante Toledo. Sanción del juez y la definición de Mazzante (que pateó como juega, con un aplomo que parece excesivo por momentos) que rebotó en el –ya para entonces– cómplice palo derecho del 1.
Ahora todo es posibilidad, replanteos, esperanzas y, como dijimos, preguntas. Sarmiento espera recuperar algunos jugadores (por sanciones y desde lo físico) y siente (Lambusta lo dijo después) que el resultado chico les deja muchas ilusiones que alimentar. Las ilusiones de Alumni nacen en la superioridad lograda ayer, que de repetirse en el Emilio S. Puente es garantía de alegrías tan esperadas. La espina que actuará durante toda la semana tal vez surja de preguntarse si tuvo o no una involuntaria clemencia con su rival.
LA FIGURA
Enzo Boggi
Ese ataque vertiginoso que por momentos arrasa con cualquier retroceso defensivo (y que tanto gravitó ayer) parece no incluir a Boggi, por su posición y sus características. Pero al menos ayer, el volante central de Alumni fue pieza clave y constante como punto de partida. Los caminos ofensivos nacieron –muchos– de sus decisiones, y la alta presión en la salida lo tuvo como punto de apoyo. Y cuando la pelota era propiedad de los volantes de Sarmiento, fue fundamental en la marca.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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