21 de julio de 2013

. LAS CALLES DEL AZUL: Del último pueblo de la tierra a la calle de los trabajadores


La vigesimosegunda calle de nuestro recorrido llevó durante cincuenta y seis años el nombre Patagones, en reconocimiento al pueblo de Carmen de Patagones, el más austral de la provincia de Buenos Aires. En 1935, la arteria pasó a denominarse 1° de Mayo, siendo de alguna manera una reivindicación y un homenaje a todos los trabajadores.
Por Eduardo Agüero Mielhuerry

El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La cuarta calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XXII" y fue llamada Patagones, en reconocimiento a la localidad de Carmen de Patagones, ubicada en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires, la cual supo constituirse en un verdadero punto de defensa de los intereses nacionales sobre los territorios patagónicos.
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera, Jujuy la segunda, Las Flores la tercera y Patagones la cuarta calle desde el Arroyo.
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Carmen de Patagones, el último pueblo de la tierra
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En los límites entre la pampa bonaerense y la Patagonia vivían los "aoniken" (tehuelches) o patagones, quienes estaban dedicados principalmente a la caza de guanacos y ñandúes. Además, en las pampas vivían, los mapuches, de origen araucano, que habían llegado atraídos por la presencia de miles y miles de vacas y caballos que vagaban libremente por la llanura.
Sin embargo, algunos españoles o extranjeros al servicio de España se atrevieron a cruzar o penetrar esas regiones inexploradas.
En el año 1759 ascendió al trono de España el rey Carlos III. Dos años después firmaba con el rey de Francia un "pacto" para defenderse del enemigo común de ese entonces: Inglaterra. Ésta buscaba extender sus dominios a cualquier costo, por lo tanto ponía en peligro los dominios y la soberanía de España y Francia en América.
El Conde de Floridablanca, Ministro de Indias del Rey, propuso fundar dos poblaciones y dos fuertes subordinados a ellas en la costa atlántica patagónica, una población en la Bahía Sin Fondo y otra en la Bahía San Julián. Poco después de aquella orden, se cursó nota al virrey Juan José de Vértiz y Salcedo, enterándolo del proyecto de la Corona e instándolo a que se realizaran aquellas fundaciones. Se designó también jefe de la expedición pobladora a don Juan de la Piedra, con el título de comisario superintendente de San Julián, y a Francisco de Viedma, que fue nombrado comisario superintendente del Río Negro.
El Día de Reyes de 1779, una corriente marina llevó a las naves -que habían emprendido la misión desde España- hacia un golfo que no estaba señalado en ningún mapa de la época. Allí fundaron el Fuerte y Puerto de San José de la Candelaria en el actual Chubut y luego Juan de la Piedra partió a Montevideo dejando como comisario superintendente a Francisco de Viedma, quien decidió trasladar su campamento hacia el Río Negro, dejando a su hermano Antonio a cargo del campamento de la Bahía San José.
El 22 de abril de 1779, Francisco de Viedma fundó el Fuerte de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, en la margen derecha (sur) del Río Negro en tierras que debió adquirir al cacique Chanel, alias el Negro, que habitaba en las proximidades.
Viedma, excelente agricultor andaluz, frente al hermoso valle, no dudó en la elección de la margen que debía ser asiento de la futura población: sería la orilla derecha, baja y fértil, fácil de regar y de trabajar.
El primer nombre con el que se designó a la fundación no hay dudas de que fue el geográfico, es decir, Fuerte del Río Negro, o sea el natural para una población aún no bautizada. Pero bien pronto se pensó, como era lógico, levantar una capilla y con ello comenzó también la tarea de elegir la Virgen que se pondría en su altar. Dicha Virgen daría origen al nombre bautismal de la fundación.
El 4 de junio de 1779 el propio fundador, escribiéndole al virrey de Vértiz y Salcedo, expresó: "A este Fuerte y población se le denomina de Nuestra Señora del Carmen por haberla elegido de Patrona. Sírvase Vuestra Excelencia dar disposición para que se haga una efigie de esta Señora y se la remita con la mayor brevedad para colocarla en la Capilla".
También se le llamó Patagones, por los pobladores originarios de la región: En consecuencia, podemos afirmar que fueron tres los nombres con los cuales se reconoció al establecimiento.
Antes de fundar el fuerte, Viedma consultó a los aborígenes sobre las crecientes del río. De la información recogida surgió, a su entender, que las aguas jamás llegarían al paraje elegido, por lo que no previó un solo instante la catástrofe que se le avecindaba.
En plena noche, el 9 de junio del año de la fundación, comenzó a soplar un fuerte viento que embraveció las olas provocadas por la marea. El agua lo inundó todo.
Si bien la inundación duró poco, Viedma comprendió que el río sería su constante enemigo, por lo que, con dolor, determinó mudar la población.
Viedma encargó al comandante de la tropa, oficial de infantería José Martí, que inspeccionara la banda norte a fin de proceder al traslado del fuerte y la población. El día 15 de junio, acompañado por el piloto Manuel Bruñel, el sargento José Michán y un conocedor de la zona llamado José Puche, buscaron un lugar apropiado para levantar definitivamente el establecimiento.
Ese mismo día, en horas de la tarde, se inició el trabajo de echar abajo las estacadas de la fortificación del sur y el 16 se construyeron balsas de madera; el día 19 se empezó el traslado de los materiales de una orilla a otra. Al día siguiente ya se estaba en condiciones de iniciar la tarea de levantar el fuerte en la banda norte. La soledad y el peligro aconsejaron a Viedma la construcción de un fuerte más sólido aprovechando la piedra hallada en una cantera situada a pocas cuadras del lugar elegido. El ingeniero José Pérez Brito fue el encargado de la obra. Una muralla en cuadro de 66 metros con 80 centímetros de lado por 3 metros de alto y casi un metro de ancho limitaba el recinto fortificado.
España había dispuesto proteger a las pampas y la Patagonia de una invasión extranjera; pero no lo haría sólo con guarniciones militares, sino enviando familias al sur para que levantaran en él su hogar, labraran la tierra, criaran ganado e industrializaran los productos de tan dilatadas regiones.
Los primeros colonos llegaron al Río Negro el 2 de octubre de 1779. Todas esas familias venían por cuenta del Rey. En teoría, se les daba pasaje, útiles de labranza, una o dos yuntas de bueyes, semillas, tierras en propiedad, casas habitaciones dignas y un año de manutención. En la práctica, la situación era un tanto diferente.
Como es lógico, con esas familias llegaron a las márgenes rionegrinas las primeras mujeres blancas. La presencia de estas familias salvó la Patagonia para España primero, para Argentina después. Pero el lugar era demasiado pequeño para tantos brazos, por lo que los labradores se dedicaron entonces al laboreo de las tierras ubicadas en la margen sur, donde estaba el verdadero valle.
En 1782 Francisco de Viedma fundó un fuerte en cada orilla del río Negro para resguardar a Carmen de Patagones, el Fuerte San Javier al sur y el Fuerte Invencible al norte. Más tarde, perdido el miedo al indígena, algunas familias comenzaron a asentarse definitivamente en la orilla sur o derecha. En esa margen se instalaron, además algunas tribus amigas, entre ellas las del famoso cacique Churlaquín, al que Viedma, más de una vez, sentó a su mesa. Los patagones o tehuelches (aoniken), debido a esta circunstancia, se transformaron en grandes amigos de los españoles y sus protectores frente a las pretensiones de arrasamiento de la población por parte de los araucanos.
Blancos e indios fueron hacedores de un espacio cultural concertado, donde la convivencia y la negociación estaban cimentadas por el comercio.
La población fundada por don Francisco de Viedma comenzó a extenderse en ambas márgenes del río, es decir, tenía dos barrios o bandas, como se estilaba decir en aquella época. Sin embargo, pese a la importancia del emplazamiento de Carmen de Patagones, los virreyes poco a poco fueron desentendiéndose, por lo que comenzó un largo período de estancamiento para las márgenes rionegrinas.
Así sorprendió a Patagones la Revolución de Mayo. Este hecho pasó poco menos que inadvertido para el pueblo, tal era su lejanía del escenario en el que tuvo lugar; pero cuando llego a su conocimiento sólo pudo originar en él sentimientos de rechazo, ya que un movimiento de esa naturaleza constituía para un pueblo como el de Patagones, respetuoso de su origen y amante profundo de sus tradiciones, un acto de indisciplina hacia el Rey, hacia sus costumbres, hacia su fe religiosa.
El 23 de junio de 1810 la Primera Junta de Gobierno, designó al capitán de Dragones Francisco Xavier de Sancho como Comandante Militar y Subdelegado de Real Hacienda de Patagones. El 21 de julio, la Junta acordó a la localidad de Patagones el privilegio exclusivo de abastecer de sal a la ciudad de Buenos Aires y su provincia y por declaratoria del Cabildo de Buenos Aires y el Real Tribunal del Consulado de Buenos Aires fue habilitado el puerto sobre el río Negro para las operaciones comerciales como puerto menor.
El 9 de agosto el gobierno decretó que todos los barcos negreros arribasen a Patagones para la revisión sanitaria y posterior cuarentena. Paralelamente a los cambios políticos y económicos, a raíz de un castigo a un grupo de indígenas en Patagones, se produjo un ataque tehuelche sobre el Fuerte San José y el Destacamento de Villarino (fuente de agua dulce) a los que destruyeron por completo, mientras que la escasa guarnición debió huir, quedando algunos cautivos y otros muertos.
El 21 de abril de 1812 tres distinguidos españoles, Faustino Ansay, Domingo Torres Arrieta y Joaquín Gómez de Liaño, prisioneros en Patagones, con la complicidad de la guarnición, se apoderaron de la fortaleza, y dejando un comandante militar que respondía a sus aspiraciones, el sargento Domingo Fernández, emprendieron viaje a Montevideo.
A raíz de la victoria de la escuadra de Guillermo Brown sobre la española en las aguas rioplatenses (17 de mayo de 1814) y la rendición de Montevideo (23 de junio de ese mismo año), Carmen de Patagones pasó nuevamente a formar parte de la escuadrilla al mando de Oliver Russell. Las tropas nacionales desembarcaron y tomaron la fortaleza en forma pacífica, ya que Fernández comprendió que toda resistencia sería inútil.
Así fue como en aquel 23 de diciembre, la bandera albiceleste de Belgrano flameó por primera vez en el mástil del Fuerte y los ojos de la población rionegrina conocieron por primera vez los colores que lentamente les ganaron el corazón.
El 4 de diciembre de 1818 el prisionero Luis Villada encabezó una sublevación en Carmen de Patagones, se autonombró comandante, izó la bandera española y cometió saqueos en la población, fusilando a varios. Los sublevados fueron reprimidos y Villada murió "misteriosamente" apuñalado dos días después.
El 16 de febrero de 1820 surgió la Provincia de Buenos Aires como entidad política autónoma, incorporando a Patagones en su jurisdicción. El 29 de marzo del año siguiente, el gobernador Martín Rodríguez nombró nuevo comandante al teniente coronel José Gabriel de la Oyuela. En ese año Carmen de Patagones envió a José María Roxas y Patrón como su primer representante en la Legislatura de Buenos Aires y fue elegido Juan José Rial como primer alcalde a cargo del mando civil que hasta entonces desempeñaba el comandante.
El Carmen de Patagones, asentado sobre la gran corriente fluvial rionegrina, vivió largos años en plena soledad. Pero a pesar de ello tuvo momentos de grandes urgencias, de tremendas responsabilidades, como los sucesos acaecidos desde diciembre de 1825, cuando la Argentina entró en guerra con el Imperio del Brasil.
A raíz del bloqueo del puerto de Buenos Aires por la escuadra imperial, el apostadero naval rionegrino se había transformado en el seguro refugio de nuestros corsarios que atacaban valientemente el poderío naval enemigo.
El botín de guerra, los negros esclavos arrancados a los veleros que se dedicaban a tan infame tráfico, los prisioneros, todo era desembarcado en Patagones, lo que dio origen a una activación inusitada en el "último pueblo de la tierra", como alguna vez se le llamó a Carmen de Patagones.
Brasil se sintió herido profundamente en sus intereses por el éxito del ataque de los corsarios a su comercio marítimo y con el fin de arrasar batería y población del punto que había alcanzado a asumir tan importante papel en la guerra, resolvió enviar una poderosa escuadra al Río Negro.
El 27 de febrero de 1827 cuatro buques de guerra del Brasil al mando del capitán de fragata James Shepherd llegaron a Patagones. Una de ellas varó y se hundió pocos días después. Durante seis días los imperiales actuaron con demora y desorientación, dando tiempo a Patagones a organizarse y a poner al Fuerte en estado de defensa. Carmen de Patagones esperaba a pie firme al invasor. En el monte, el subteniente mendocino don Sebastián Olivera y sus ochenta milicianos (chacareros, hacendados, artesanos y comerciantes, más los gauchos del baquiano José Luis Molina); en el río, los corsarios Jaime Harris, Soulin y Dautant y sus tripulaciones bajo las órdenes del comandante Santiago Jorge Bynon y en el Fuerte las mujeres, los niños y los viejos junto a la infantería negra del coronel Pereyra, dispuestos todos a defender el honor de la Nación.
La invasión fue rechazada con éxito en la llamada Batalla de Carmen de Patagones.
En 1828 el coronel Ramón Estomba fundó la Fortaleza Protectora Argentina, (hoy Bahía Blanca), ubicada al norte de Patagones. Poco después, Charles Darwin transitó por aquellas regiones, mientras se producía la Campaña al Desierto de Juan Manuel de Rosas.
En 1856, el comandante militar de Patagones, coronel Benito Villar, erigió en la banda sur -muy cerca de donde había sido fundado originalmente Carmen de Patagones antes de la inundación- una capillita de palo a pique bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced. De allí que esa margen comenzó a denominarse Mercedes de Patagones (desde 1859) aunque más comúnmente se usaba decir Patagones Sur. Por la Ley 954 del 11 de octubre de 1878, se creó la Gobernación de la Patagonia, con un extenso territorio (disputado por Chile) y con capital en Mercedes de Patagones (hoy Viedma), que se separó definitivamente de Carmen de Patagones.
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De Patagones a 1° de Mayo
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El intendente municipal de Azul, Pedro Guiraut, decidió, a través del Decreto N° 70 del lunes 29 de abril de 1935, rendirle un merecido reconocimiento a todos los trabajadores imponiéndole el nombre de 1° de Mayo a la otrora calle Patagones.
En 1938, el intendente interino Luis Hugo Mauri, en ocasión de celebrarse un nuevo "Día Internacional de los Trabajadores", junto a miembros de su gabinete y representantes del Concejo Deliberante, descubrió una placa en la esquina Este de 1° de Mayo y San Martín que reza: "HOMENAJE DE LA COMUNA DE AZUL EN EL "DÍA DEL TRABAJO" - 1° DE MAYO - 29-IV-935 - 1-V-938".
En el año 1953, el intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N°18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle 1° de Mayo le correspondió el número 90. Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.
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El Día de los Trabajadores
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En Haymarket Square, Chicago, Estados Unidos, el 1 de mayo de 1886 comenzó un movimiento de trabajadores que reclamaban por una jornada laboral de ocho horas. Los manifestantes fueron brutalmente reprimidos y cuatro trabajadores anarquistas fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887 tras un proceso judicial viciado de irregularidades. Dos años después, se decidió instituir el Primero de Mayo como jornada de lucha y como homenaje a aquellos trabajadores que entregaron su vida pretendiendo condiciones dignas de trabajo.
Frente a las inquietudes del Club de Trabajadores alemanes "Worwaerts", se constituyó un comité para que éste resultara el convocante a un mitin al que concurriesen todos los asalariados. En la oportunidad, los participantes se mostraron ofuscados por las decadentes condiciones laborales, reclamando asimismo la limitación a ocho horas de todas las jornadas laborales. Al mismo tiempo redactaron un manifiesto en el que expresaban que "reunidos en el Congreso de París los representantes de los trabajadores de diversos países, resolvieron fijar el 1° de mayo de 1890 como fiesta universal de obreros, con el objeto de iniciar la propaganda en pro de la emancipación social".
En nuestro país, la primera vez que se celebró el "Día de los Trabajadores" fue el 1 de mayo de 1890. Paradójicamente a lo que hoy podríamos suponer, el encuentro de las masas de trabajadores se concretó en la sede del Prado Español, ubicado en pleno corazón de la Recoleta. Durante la tarde se reunieron unas dos mil personas, número el cual era más que significativo en aquel momento. Mas como no podía ser de otra manera, para completar el cuadro de las contradicciones argentinas, al día siguiente los trabajadores fueron notificados de que habían perdido su jornal.
Pasaron varios años para que los obreros se volvieran a reunir para conmemorar el 1° de Mayo. Recién entrado el siglo XX, las celebraciones se reanudaron cuando cada fracción del movimiento de trabajadores organizó actos en forma independiente.
Hacia 1909, durante la presidencia de José Figueroa Alcorta, al celebrarse un nuevo aniversario de los trabajadores, se sucedieron hechos de violencia en la Plaza Lorea, frente al ataque de la policía contra la concentración de la F.O.R.A. (Federación Obrera Regional Argentina, anarquista). Fueron catorce las víctimas fatales y más de ochenta los heridos (algunos de gravedad).
Por aquellos años, una figura había cobrado relevancia a partir de la severidad de su conducta y accionar. El coronel Ramón Lorenzo Falcón, como jefe de la Policía de la Capital, fue quien comandó la durísima represión. El lunes 3 de mayo, los trabajadores concretaron una huelga general. Durante el entierro de las víctimas se produjeron nuevos conflictos con las fuerzas policiales e inclusive hubo enfrentamientos armados. Anarquistas y socialistas, durante ocho días (que posteriormente la historia recordaría como la "Semana Roja"), detuvieron por completo la vida industrial y comercial de Buenos Aires en una de las actitudes más enérgicas y duraderas que registra el movimiento obrero argentino.
Los conflictos no amainaron y tuvieron su punto de inflexión entrado el mes de noviembre. El anarquista Simón Radowitzky arrojó una bomba contra el carruaje que conducía al coronel Falcón y su secretario. Ambos resultaron víctimas fatales. La represalia fue inmediata y llegó a extremos "impensados", concretándose la expulsión del país de los militantes obreros extranjeros. Inclusive, cientos de trabajadores argentinos fueron encarcelados.
Después del centenario de la Revolución de Mayo, conducida por Manuel Carlés, hizo su entrada en escena la Liga Patriótica, impartiendo a los obreros lecciones de "amor al país", premiando a los trabajadores no agremiados y hasta solventando obras de beneficencia por intermedio de las damas de clase alta. Sin embargo, aunque en menor cuantía, se siguieron suscitando episodios de violencia.
A pesar de todos los inconvenientes, la fecha obrera se fue afirmando paulatinamente, hasta que el 28 de abril de 1930, el presidente Hipólito Yrigoyen decidió instituir el 1° de Mayo como "Fiesta del Trabajo en todo el territorio de la Nación", porque según las consideraciones contempladas en el decreto la fecha se había constituido en un emblema universal de la lucha obrera.
Tras el derrocamiento de Yrigoyen (acaecido el 6 de septiembre de 1930), al año siguiente, grupos socialistas hicieron múltiples e insistentes gestiones para lograr que el Presidente de facto general Félix Uriburu permitiera los actos del 1° de mayo de 1931. Las concentraciones fueron numerosas y afortunadamente no se registraron episodios de violencia.
Durante la década del "30, las condiciones fueron difíciles para la tradicional recordación y las manifestaciones obreras que desfilaban por las calles, solían pasar por casas con puertas atrancadas y ventanas cerradas. Es que seguía imperando el miedo tradicional, nutrido por los graves sucesos de la época, temiéndose que algo imprevisto y terrible fuera a suceder. Hacia 1940, en un gran acto del 1° de Mayo, millares de trabajadores argentinos repudiaron desde Buenos Aires el avance del nazismo europeo y reclamaron medidas progresistas en el país.
En los festejos del 1° de mayo de 1944, durante el gobierno de facto del general Edelmiro Julián Farrel, un sector comunista se enfrentó con la policía en plaza Once, registrándose un gran número de heridos. Al año siguiente, esa celebración coincidió con la caída de Berlín y con los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, lo que motivó una severa vigilancia por parte del Ejército para evitar que se realizaran manifestaciones en favor de los países aliados.
Los años "40 trajeron un sinfín de cambios estructurales, dando un vuelco drástico hacia una nueva concepción socioeconómica que devino en la elección del coronel Juan Domingo Perón como presidente de la República Argentina. Las reformas suscitadas fueron sumamente profundas, despertando tantas pasiones como odios exacerbados.
El Presidente supo capitalizar con velocidad y astucia aquella celebración de los trabajadores, sin embargo, supo también dividir las aguas. En consecuencia, los socialistas y comunistas, entre otros, que conformaban "la oposición", debían recordar y celebrar la fecha en días anteriores y en actos que sólo eran permitidos en las afueras de la ciudad, reservando el centro porteño (y de otras localidades) para "la masa peronista".
A partir del 1° de Mayo de 1947 las características de las celebraciones variaron drásticamente. El programa de festejos comenzaba con un discurso del Secretario general de la C.G.T., otro de la primera dama, Eva Duarte de Perón, y finalmente los actos culminaban con un discurso del Presidente de la República. Como corolario, se presentaban variados números artísticos en los que intervenían figuras populares y vinculadas directamente con el peronismo como Hugo del Carril, Antonio Tormo y los Ábalos.
El "Día de los Trabajadores" fue convertido, indiscutiblemente, en una celebración del Peronismo. Empero, el 1° de Mayo de 1955, tendría una connotación especial a partir de las palabras del Secretario general de la C.G.T., Eduardo Vuletich, quien arengó a los convocados en la Plaza y se manifestó duramente contra la Iglesia Católica, afirmando la necesidad de separarla del Estado e inclusive eliminar la educación religiosa. Como si aquello hubiese sido poco, el mismo Perón sentenció: "Si el pueblo decide que han de irse, se irán".
Tras la irrupción en el poder de la autoproclamada "Revolución Libertadora" y el consecuente derrocamiento del general Perón, los opositores recobraron el derecho de hacer "propio" el "Día del Trabajador". En 1956 el Partido Socialista realizó una gran manifestación concentrándose en la destruida Casa Rosada (la cual había sido bombardeada para intentar asesinar al presidente Perón) y llegó hasta el monumento en homenaje a Sáenz Peña.
Ocho años después, durante el mandato del presidente electo Arturo Illia, los actos se desarrollaron sin mayores incidentes. En la oportunidad, la C.G.T. se limitó a depositar una ofrenda floral a los pies del monumento del general José de San Martín. Al año siguiente, los actos se llevaron a cabo en la Plaza Once. Tras el discurso de José Alonso, secretario general, se produjo un gran desorden y fue "echado" del palco por peronistas que se hallaban en total desacuerdo con su conducción. Lo que debía ser una fiesta terminó en un cruce de amenazas de todo tipo.
La nefasta "Revolución argentina", encabezada por el general Juan Carlos Onganía prohibió la conmemoración del 1° de Mayo con actos públicos. Sin embargo, en momentos en que el Cardenal Antonio Caggiano celebraba la Misa del Trabajador en la Catedral metropolitana, fue interrumpido por un grupo de jóvenes dirigido por Juan García Elorrio, quien intentó leer esta oración: "En este día doloroso no pueden expresar libremente las angustias de sus familias y sindicatos frente a la acción devastadora de un plan económico al servicio del capitalismo". El mismo día, el Obispo de Avellaneda, Jerónimo Podestá, afirmaba que la misión sacerdotal "no consiste tanto en hacer algunas obras para mitigar el mal, cuanto en denunciar la injusticia de una estructura social basada en algunos principios que poco tienen de evangélicos".
El 1° de mayo de 1974, durante su tercera presidencia, otro Perón, ya no aquel de 1955 sabedor de su inminente caída, sino un Perón consciente de su muerte cercana, pronunció otra dura declaración. Fue contra Montoneros, que le disputaban en vida la herencia de su movimiento. Desencajado por los insultos que le llegaban desde la Plaza de Mayo, dirigidos a su mujer, María Estela Martínez, Perón lanzó dos mensajes dirigidos a sus otrora "formaciones especiales": "No me equivoqué (...) en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de 20 años, pese a estos estúpidos que gritan(…). Hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon 20 años.". Cuando escuchó esas palabras, el coronel Jorge Sosa Molina, jefe del Regimiento de Granaderos, ordenó cerrar las puertas de la Casa de Gobierno y emplazar ametralladoras detrás de la entrada de Balcarce. Temió una embestida que se produjo, pero para el otro lado: Montoneros y la JP abandonaron la Plaza de Mayo.
Sin Perón y con una endeble "Isabelita", el destructivo "Proceso de Reorganización Nacional" no hizo más que abrir una enorme brecha en la sociedad argentina y, no sólo se enfrentó a todo lo "subversivo" sino que hasta destrozó todo aquello que tuviese siquiera "apariencia" de peronismo. Y de nuevo, otro 1° de Mayo, el viento de la historia sopló para otro lado.
Con el retorno de la democracia de la mano de Raúl Alfonsín, el 1° de Mayo volvió a constituirse en una "excusa" para poner sobre el tapete las complejas relaciones laborales que muchas veces desgranaban a la Argentina en conflictos tan profundos y extensos que atravesaron por completo el siglo XX. Sin embargo, los reclamos comenzaron a hacerse por la senda de la paz en busca del entendimiento, dejando de lado la violencia…
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Para culminar…
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Entre 1986 y 1989, el Poder Ejecutivo Nacional intentó establecer la Capital de la República en la conurbación formada por Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre, creando el Distrito Federal de Viedma - Carmen de Patagones, para lo cual el 27 de mayo de 1987, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 23.512. Al finalizar el mandato presidencial de Raúl Alfonsín y tras la situación económica del país, el proyecto nunca se llevó a cabo, ya que fue ignorado por el presidente Carlos Saúl Menem. Aunque la Ley nunca fue derogada…
Por su parte, el "Día de los Trabajadores" o "1° de Mayo" dejó de ser la celebración de un grupo de rebeldes, para convertirse en una jornada de afirmación política, de lucha social, de reivindicación y homenaje.
El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Maipú, la cual conserva su nombre primigenio desde 1879.


El 22 de abril de 1779, Francisco de Viedma fundó el Fuerte de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, en la margen derecha (sur) del Río Negro en tierras que debió adquirir al cacique Chanel, alias el Negro, que habitaba en las proximidades.


Francisco de Viedma expresó: "A este Fuerte y población se le denomina de Nuestra Señora del Carmen por haberla elegido de Patrona. Sírvase Vuestra Excelencia dar disposición para que se haga una efigie de esta Señora y se la remita con la mayor brevedad para colocarla en la Capilla". La actual iglesia de Patagones se levanta en el mismo solar donde se erigió la primera capilla-rancho.


Francisco de Viedma, quien era un excelente agricultor andaluz, encomendado por la Corona española, frente al hermoso valle, no dudó en la elección de la margen que debía ser asiento de la futura población de Carmen de Patagones.


La obra del pintor argentino Benito Quinquela Martín, "Día de sol", es una de las tantas empleadas como símbolo del trabajo, pues muestra con peculiaridad las labores realizadas en los puertos.


En 1938, el intendente interino Luis Hugo Mauri, en ocasión de celebrarse un nuevo "Día Internacional de los Trabajadores", junto a miembros de su gabinete y representantes del Concejo Deliberante, descubrió una placa en la esquina Este de 1° de Mayo y San Martín que reza: "HOMENAJE DE LA COMUNA DE AZUL EN EL "DÍA DEL TRABAJO" - 1° DE MAYO - 29-IV-935 - 1-V-938".
Como dato curioso, podemos agregar que en la actualidad, en la esquina de 1° de Mayo y Bolívar, aún subsiste una vieja placa enlozada que indicaba el antiguo nombre de la arteria: Patagones.

AGRADECIMIENTOS Y FUENTES

" Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
" Gracias a Chelita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
" Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
" Martín Heredia "Patagones, historia viva". (1989). Saavedra. Patagones.
" Felipe Pigna. "Mitos de la historia argentina 3". (2006). Ed. Planeta. Bs. As.
" Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.

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El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.

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