9 de junio de 2013
La Ciudad de Vera de las Siete Corrientes fue fundada el 3 de abril de 1588 por el adelantado Juan Torres de Vera y Aragón con el auxilio de Alonso de Vera y Aragón, llamado el Tupí, y Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias).
La decimosexta calle de nuestro recorrido conserva su nombre primigenio desde 1879. Se la denominó Corrientes en reconocimiento a la provincia litoraleña que tuviera un papel importante en la unificación nacional como así también en la posterior organización del Estado. Por Eduardo Agüero Mielhuerry
El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La decimosexta calle desde el sur, paralela a Tucumán (hoy Dr. Palmiro Bogliano) y perpendicular al arroyo, era la que llevaba el número romano XVI y fue llamada Corrientes, en reconocimiento a la provincia litoraleña (y su capital homónima), cuyo devenir histórico se constituyó en un pilar clave para el desarrollo del Estado argentino.
En el año 1953, el Intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N°18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera calle paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Corrientes le correspondió el número 20.
Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.
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Ciudad de Vera de las Siete Corrientes
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Sebastián Gaboto (1476-1557), navegante veneciano al servicio de la Corona de España, descubrió en diciembre de 1527 el río Paraná, siendo por ende, el primero que avistó la costa oeste de Corrientes. Sin embargo, la ciudad fue fundada el 3 de abril de 1588 por el adelantado Juan Torres de Vera y Aragón con el auxilio de Alonso de Vera y Aragón, llamado el Tupí, y Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias).
El acta de la fundación del pueblo registra simplemente el nombre de Ciudad de Vera de las Siete Corrientes, ampliado con el tiempo a San Juan de Vera de las Siete Corrientes para honrar al patrono del fundador y luego apocopado en su forma actual. El nombre de las Siete Corrientes se debía a las siete "puntas" o salientes de tierra sobre el río Paraná que poseía su asiento al ser fundada la ciudad, las que generaban correntadas dentro del río mencionado.
En idioma guaraní se conoce a Corrientes, y por extensión a la provincia, con el nombre Taragüí. El origen etimológico proviene de la unión de dos voces: tava (pueblo o ciudad) y agüi (cercano o vecino). Conforme a la documentación de la época jesuítica, los guaraníes discriminaban con el término Taragüí a toda población cercana a la suya que no fuese guaraní y le sumaban un calificativo distintivo en referencia a plantas, árboles o animales. De esta manera, el asentamiento español que luego sería la ciudad de Corrientes fue denominado por los guaraníes como Teyú Taragüí, siendo entonces equivalente a pueblo vecino de las lagartijas. Otros asentamientos fueron llamados oportunamente Iví (agua) Taragüí, Itá (piedra) Taragüí. Las poblaciones pequeñas se llamaban por su parte Taragüí Miní y aquellas que parecían muy grandes Taragüí Guazú, de las cuales se cuidaban, pues eran coincidentes en realidad con los campamentos militares de los colonizadores y no con las poblaciones.
La grafía de Taragüí procede de los documentos de los primeros españoles, que intentaron dar un registro escrito a cuanto escuchaban de boca de los guaraníes. No todos estos documentos son coincidentes y pueden encontrarse versiones distintas: Tavagüí, Taragüy, Taraguy o Taaguy, siendo todas ellas referentes a lo mismo. Por convención, uso y costumbre, se asume que la grafía correcta en la actualidad es la de "Taragüí".
Los primitivos habitantes de los suelos correntinos se establecieron a lo largo de la costa del Paraná, formando comunidades semi-nómadas, que perduraron hasta bien entrada la época colonial. Asimismo, mantuvieron relaciones hostiles con sus coterráneos, los belicosos charrúas, que habitaron en las que hoy son la provincia de Entre Ríos y la República Oriental del Uruguay.
Los pobladores iniciales de la Ciudad de Vera de las Siete Corrientes, fueron poco más de sesenta criollos y españoles procedentes de Asunción, a los que se sumaron otros llegados de la ciudad de Concepción de Buena Esperanza. El mismo movimiento dio origen a Santa Ana de los Huácaras, Itatí y Santa Lucía, que fueron organizados como pueblos de indios cuyos pobladores se tomaron en su gran mayoría de la población amerindia local.
Como estación de paso entre Asunción del Paraguay y Buenos Aires, el crecimiento de la región se vio favorecido. Numerosas misiones jesuíticas se instalaron en el actual noreste de la provincia (entonces parte de Misiones), donde desarrollaron una intensa y peculiar labor evangelizadora. Esto fue el verdadero catalizador de la sociedad guaraní en la región, ya que la alianza de sus dirigentes políticos con la Compañía de Jesús les granjeó la protección temporal de la Corona de España frente a las presiones de los hacendados coloniales, interesados en someterlos a un régimen de encomiendas, y los saqueos de los brasileños. Mientras un gran número se asentó en las misiones, otros permanecieron hostiles y se retrajeron a las áreas más aisladas y remotas de la región. La población guaraní dio lugar a buena parte del tejido social que fue la base para la organización de la provincia actual, pese a que la expulsión de los jesuitas provocó el despoblamiento y la pérdida del territorio de las Misiones Orientales, que cayeron eventualmente en manos de los brasileños.
Cuando, por Cédula Real del 16 de diciembre de 1617, la gobernación -inicialmente asignada a Pedro de Mendoza- fue dividida en dos, la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, quedó, junto con otras, en jurisdicción de la Gobernación del Río de la Plata.
En el siglo XVIII, los conflictos entre los naturales de Corrientes y la gobernación de Buenos Aires, de la que dependían, fueron intensos y se debieron principalmente a la negativa a prestar servicio militar. Las represalias del gobierno central incluyeron el traslado al río Uruguay del transporte comercial que se desarrollaba en el Paraná, lo que fue un duro golpe a la economía local, basada en la construcción naval -proveyendo de carpintería naval a todo el Virreinato- y los tejidos destinados al autoabastecimiento y la provisión de los mercados vecinos.
La Real Ordenanza de Intendentes del 28 de enero de 1782, que modificó la organización administrativa del Virreinato del Río de la Plata creando las Gobernaciones Intendencias, hizo que Corrientes quedara asignada a la Intendencia de Buenos Aires.
Tiempo más tarde, se organizó un cuerpo propio de milicias conocido como los Cazadores Correntinos, que durante las invasiones inglesas (1806 y 1807), colaboraron en la defensa de Buenos Aires bajo el mando de Juan José Fernández Blanco, adjuntos al Tercio de Vizcaínos. El cuerpo fue suprimido tras la asonada del 1 de enero de 1809 encabezada por Martín de Álzaga.
Dotada de una clara identidad para la época de la independencia argentina, ya como provincia, Corrientes se alió con los criollos y españoles de Buenos Aires, pasando a formar parte de la alianza de provincias que formarían posteriormente la República Argentina. El pueblo correntino adhirió decididamente a la Revolución de Mayo enviando a José Simón García de Cossio como primer diputado en la Primera Junta de Buenos Aires, casi al mismo tiempo fueron recibidas las escasas tropas libertadoras al mando del General Manuel Belgrano pasando a revistar voluntariamente en ellas muchos jóvenes correntinos.
Un Cabildo abierto reunido en Corrientes el 11 de marzo de 1814 eligió a Juan Bautista Méndez como gobernador de la provincia. El 20 de abril de ese año, el Cabildo declaró la Independencia de la provincia bajo el sistema federativo reconociendo al General José Gervasio Artigas como Protector de los Pueblos Libres.
Establecida ya como una provincia autónoma de hecho, el Director Supremo del Estado Gervasio Antonio de Posadas, por Decreto del 10 de septiembre de 1814, dispuso formar las provincias de Entre Ríos y de Corrientes (ésta también con los pueblos de Misiones incluyendo teóricamente parte del actual Brasil) separándolas de la Gobernación Intendencia de Buenos Aires y fijando sus respectivas jurisdicciones.
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La Liga de los Pueblos Libres
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La Liga Federal, también conocida como Liga de los Pueblos Libres o Unión de los Pueblos Libres, fue una confederación de provincias aliadas dentro de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Fue liderada por José Gervasio Artigas, gobernador de la Provincia Oriental (parte de la cual es hoy la República Oriental del Uruguay), quien asumió el título de Protector de los Pueblos Libres.
La Liga Federal fue establecida en el marco de las guerras civiles entre los partidarios del federalismo agrupados en torno de Artigas, y los partidarios del gobierno central unitario del Director Supremo basado en Buenos Aires. Tal liga, fue constituida por las provincias de Corrientes, Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, la Provincia Oriental y los pueblos de Misiones bajo el control de Andrés Guazurary, quien intentó incluir a las Misiones Orientales ocupadas por Portugal en 1801. Contra la Liga Federal se oponía el gobierno nacional centralista y unitario, instalado en la ciudad de Buenos Aires pero con partidarios en las demás provincias, incluyendo a Montevideo, que buscaba uniformar el sistema de gobierno empeñado en la guerra de independencia.
La Liga Federal se conformó entre 1814 y 1815, alcanzando su apogeo luego de la caída del director supremo Carlos María de Alvear. Careció de instituciones centrales, aglutinándose los caudillos federales en torno del mando militar y al prestigio de Artigas. Para tratar de sus relaciones con Buenos Aires, el 29 de junio de 1815 Artigas reunió el Congreso de Oriente en Concepción del Uruguay, en el que las provincias de la Banda Oriental, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe se declararon independientes de España y de toda otra potencia extranjera.
Entre 1818 y 1819, el gobierno de la provincia estuvo a cargo de Andrés Guazurary, lugarteniente de Artigas; rechazado de plano por el patriciado local por su origen guaraní, Guazurary fue sin embargo un gobernador prudente e ilustrado. Al ser derrotado Artigas por luso-brasileños en la batalla de Tacuarembó (1820), el gobierno provincial quedó en manos del Supremo Entrerriano, Francisco Ramírez, que poco después proclamaría la República de Entre Ríos, que comprendía también el territorio correntino. Evaristo Carriego sería el comandante militar del Departamento de Corrientes durante la efímera República, período en el cual se fundaron no menos de 12 escuelas y se realizó el primer censo de la época postcolonial. En julio de 1821, el santafesino Estanislao López se alió con el Directorio porteño para enfrentarse a Ramírez debido a sucesivas desavenencias. A su vez, una sublevación depuso a Carriego.
En Cabildo abierto se nombró gobernador a Ramón de Atienza, quien convocó a un nuevo Congreso Provincial. Éste dictó -el 11 de diciembre 1821- el Reglamento Provisorio, primera Constitución correntina. El Congreso Provincial nombró gobernador a Juan José Fernández Blanco a fines de ese año.
Tras Fernández Blanco ocuparía el sillón del gobierno provincial una de sus figuras más decisivas, el Brigadier General Pedro Ferré, quien aseguró la región oriental de la provincia en anarquía por el conflicto con los brasileños, con lo que dio forma definitiva al territorio provincial; firmó también la paz con los caciques chaqueños, dando fin al sistema de reducciones y fomentando la economía de la región.
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La Liga del Litoral y el Pacto Federal
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Hacia 1830, estaban enfrentadas la Liga del Litoral, constituida por Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires, provincias federales, y la Liga del Interior, constituida por Córdoba, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, San Juan, Mendoza, San Luis y Salta, provincias unitarias.
Al caer prisionero José María Paz a manos de las tropas del gobernador de Santa Fe, Estanislao López, la Liga del Interior quedó reducida a Tucumán, que cayó poco después, tras la derrota de Gregorio Aráoz de Lamadrid por Facundo Quiroga en la Ciudadela.
El 4 de enero de 1831 firmaron en la ciudad de Santa Fe los representantes de las provincias de Buenos Aires (José María Rojas y Patrón), Santa Fe (Domingo Cullen) y Entre Ríos (Antonio Crespo), el Pacto Federal, Ley fundamental de la Nación, según la designación que se le dio años más tarde, en mayo de 1852, en el Acuerdo de San Nicolás.
La firma del Pacto provocó ciertas repercusiones entre las provincias y se establecieron mandatos que debían cumplirse. Entre las firmantes se obligaban a resistir cualquier invasión extranjera al territorio de alguna de las contratantes, o de cualquiera de las otras que componían el Estado argentino. Además, constituían una alianza ofensiva y defensiva contra toda agresión por parte de las demás provincias de la República, que amenazara la integridad e independencia de sus territorios.
Asimismo, quedaban sujetos a la previa aceptación de las demás provincias para celebrar tratados particulares, siempre que no perjudicara al interés general. Permitían la libre entrada y salida de las personas o frutos de una provincia a otra por vía fluvial o terrestre sin que se aplicasen impuestos de ninguna índole.
En cada provincia todos los ciudadanos de las demás poseían los mismos privilegios, salvo desempeñar la gobernación, en cuyo caso deberían ser nacidos en la provincia en la cual ejerciesen como gobernador.
Durante el mismo año y a lo largo de 1832, se fueron produciendo las adhesiones de las demás provincias argentinas, bajo las mismas condiciones de las primeras y con previa aceptación de éstas, en el siguiente orden: Corrientes, Córdoba, Santiago del Estero, Mendoza, La Rioja, San Luis, San Juan, Salta, Tucumán y, finalmente, en septiembre de 1832, Catamarca.
Años más tarde, en 1862, el por entonces Presidente de la Nación, General Bartolomé Mitre escribió:
Ese tratado es la única Ley Fundamental de la República, el único vínculo que ata a las provincias argentinas, el único fanal que ha ardido constantemente en medio de la horrible borrasca en que nos hemos agitado, azotados por el viento furibundo y nadando en un mar de sangre. Todas las constituciones nacionales, todos los tratados interprovinciales, todo ha naufragado, menos esa ley, ese pacto social federativo que es la piedra angular sobre la cual se quiere hoy construir el edificio de la organización nacional.
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El Pacto Federal como Constitución
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A su vez, el Pacto Federal funcionó en los hechos como constitución de Argentina hasta la sanción de la Constitución Nacional en 1853. Si bien estaba planeada la formación de un congreso constituyente, la iniciativa se fue postergando por la negativa de Juan Manuel de Rosas, hombre fuerte del pacto, gobernador de Buenos Aires y representante de las Relaciones Exteriores de la entonces Confederación Argentina.
La relación de Corrientes con Rosas fue conflictiva. En 1839, el gobernador correntino, Genaro Berón de Astrada, se alió al oriental Fructuoso Rivera contra el gobernador bonaerense. La derrota en la Batalla de Pago Largo puso fin a la alianza, pero dio pie a un continuado conflicto con Buenos Aires, que se prolongó en la campaña de José María Paz y luego en la adscripción del gobernador Benjamín Virasoro.
Al pronunciamiento de Justo José de Urquiza, los correntinos se batieron contra Rosas en Caseros y fueron una facción de peso en la Confederación Argentina. Habiendo triunfado el Ejército Grande, comandado por el entrerriano, éste convocó al Congreso General Constituyente que reafirmó la forma de gobierno "republicana, representativa y federal", a la cual Corrientes adhería fervientemente.
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Corrientes como rehén en la Guerra de la Triple Alianza
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Así como el presidente de la Nación, Bartolomé Mitre, creía su deber exportar el liberalismo a las provincias, también creyó necesario imponerlo en los países vecinos. En primer lugar, quiso imponer el liberalismo en el Uruguay, pero también en el Paraguay, país que resaltaba en toda Latinoamérica por su sistema político y económico, fuertemente estatista y aislacionista.
Los colorados refugiados en Buenos Aires ansiaban volver a tomar el poder en el Uruguay, y Mitre les dio la oportunidad. En abril de 1863 partió desde Buenos Aires una invasión a aquél país bajo el mando del ex presidente Venancio Flores, organizada, trasladada y armada con apoyo de los ministros de Mitre, que además promovieron conflictos diplomáticos con el gobierno del presidente Bernardo Berro. Como el gobierno uruguayo tardó en caer en manos de los revolucionarios, un ejército del Imperio del Brasil invadió ese país; tras la destrucción de Paysandú y el bloqueo de Montevideo, finalmente el gobierno blanco entregó el país al General Flores.
El conflicto se desencadenó cuando el Mariscal Francisco Solano López, presidente del Paraguay, decidió acudir en ayuda del gobierno ejercido por el Partido Blanco (o Nacional) del Uruguay, en guerra civil contra el Partido Colorado, apoyado militarmente por Brasil. López solicitó a su par argentino Bartolomé Mitre, el permiso para que sus tropas atravesaran la provincia de Corrientes rumbo al Uruguay para colaborar en la Defensa de Paysandú. Mitre negó tal permiso, puesto que permitir que tropas beligerantes atravesaran por su territorio hubiese constituido un abandono de la posición hasta entonces neutral de la Argentina (pero además no lo autorizó porque simpatizaba con el Partido Colorado del Uruguay).
En mayo de 1865, el Ejército paraguayo invadió la provincia de Corrientes. Al llegar la noticia a Buenos Aires, el gobierno estaba perfectamente al tanto de que López le había declarado la guerra, pero ocultó ese dato para exaltar el sentimiento patriótico contra la invasión, acusando al Presidente paraguayo de no haber declarado previamente la guerra. Al día siguiente, el gobierno argentino le declaró la guerra al Paraguay.
Poco después, Brasil, Uruguay y Argentina, firmaron el Tratado de la Triple Alianza, con el objetivo público de deponer a Francisco Solano López, y el oculto de saldarse en su favor todos los conflictos limítrofes. El General Mitre fue nombrado comandante de los ejércitos aliados y a su vez ordenó la movilización de todas las provincias, que debían enviar contingentes de tropas en proporción a sus habitantes.
La guerra era para los paraguayos una causa nacional. Todo el pueblo participaba activamente de una guerra defensiva, mientras que los soldados de la Triple Alianza peleaban por plata o por obligación. Esto llevó a los paraguayos a concretar verdaderas hazañas militares, como el triunfo de Curupaytí, donde contando con un armamento claramente inferior, tuvieron sólo 50 muertos frente a los 9.000 de los aliados, entre ellos Dominguito, el hijo de Domingo Faustino Sarmiento.
En nuestro país, la oposición a la guerra se manifestaba de las maneras más diversas, entre ellas, la actitud de los trabajadores correntinos, que se negaron a construir embarcaciones para las tropas aliadas y en la prédica de pensadores que, como Juan Bautista Alberdi y José Hernández (autor del Martín Fierro), apoyaban al Paraguay. La oposición de intelectuales y periodistas a la guerra llevó a Mitre a decretar el Estado de sitio en todo el país, lo que le permitió perseguir a quienes se manifestaban contrarios e imponer una dura censura sobre los periódicos opositores.
Una serie de derrotas obligaron a los paraguayos a retirarse a su país, que los aliados invadieron en abril de 1866. Durante los dos años siguientes, la campaña consistió exclusivamente en una continua lucha de posiciones; las sangrientas batallas de Tuyutí y Curupaytí fueron seguidas de un período de inactividad, causado principalmente por una epidemia de cólera que provocó miles de bajas en ambos bandos.
Poco antes de Curupaytí, Mitre se había entrevistado con López, que le propuso un acuerdo honorable que permitiera terminar la guerra; pero Mitre había quedado obligado con el Brasil por un Tratado secreto, por lo que no pudo aceptar. Tras la muerte del vicepresidente Paz, víctima del cólera, Mitre regresó a Buenos Aires.
En 1870, durante la presidencia de Sarmiento las tropas aliadas lograron tomar Asunción poniendo fin a la guerra. El Paraguay había quedado destrozado, diezmada su población y arrasado su territorio.
Mitre había hecho un pronóstico demasiado optimista sobre la guerra: ¡En 24 horas en los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses en Asunción!. Pero lo cierto es que la guerra duró casi cinco años, le costó a la Argentina más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Sin embargo, benefició a comerciantes y ganaderos porteños y entrerrianos cercanos al poder, que hicieron grandes negocios abasteciendo a las tropas aliadas.
La guerra terminó -en el combate de Cerro Corá- con una derrota total de Paraguay, que conllevó incluso un desastre demográfico: la población del país, aproximadamente 1.525.000 personas antes de la guerra, fue reducida a unos 221.000, de los que solamente unos 28.000 eran hombres. Inclusive, Paraguay perdió gran parte de su territorio (169.174 km²) y fue obligado a pagar una abultada indemnización de guerra.
Brasil obtuvo todos los territorios que deseaba y Paraguay quedó transformado en un estado satélite del Brasil, hasta el punto que el brasileño barón de Río Branco era llamado casi oficialmente en Brasil «virrey del Paraguay» (o Virrei do Paraguaí). La ocupación brasileña perduró hasta 1876, tras la firma del Tratado de Cotegipe.
Por su parte, en la República Oriental del Uruguay, el único beneficiario fue Venancio Flores y sus allegados del Partido Colorado uruguayo.
En cuanto a las cuestiones limítrofes con la Argentina, estas fueron más complicadas: en 1870, ante lo que parecía una anexión de Paraguay al Brasil, la Argentina reclamó todo el Chaco Boreal. Aunque, poco tiempo después, las pretensiones se redujeron al territorio al sur del río Verde, zona que tenía por capital a Villa Occidental (La antigua Nueva Burdeos, la actual Villa Hayes) ocupada por el hermano de Bartolomé Mitre, Emilio Mitre. Pero más tarde, también renunció a este territorio al serle desfavorable el laudo arbitral solicitado al presidente de los Estados Unidos, Rutherford Hayes. Por el este, Paraguay debió devolver a la Argentina la provincia de Misiones que, aprovechando la guerra civil, el Estado paraguayo regido por el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia había ocupado.
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Para culminar
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Sin dudas, todo lo expresado fue tenido en cuenta al denominar a una calle de nuestra ciudad con el nombre de tan destacada y honorable provincia, que se constituyó, como dijimos, en un bastión para la organización de la República Argentina.
El próximo domingo nos ocuparemos de una calle que durante noventa y cinco años llevó el nombre de Santa Fe, la provincia que fuera cuna de nuestra Bandera y de la Constitución Nacional. La misma arteria, desde la década del 70, pasó a denominarse Amado Diab, como permanente homenaje y reconocimiento a un amigo del pueblo, un hombre de la calle, quien desde su función como Intendente Municipal supo cosechar un sinfín de progresos para Azul.
AGRADECIMIENTOS Y FUENTES
Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
Hemeroteca de Azul Juan Miguel Oyhanarte.
José Florencio Mantilla. Crónica histórica de la Provincia de Corrientes. (1972). Banco de la Provincia de Corrientes.
Alberto Sarramone. Historia del antiguo pago del Azul. (1997). Biblos. Azul.
SAN MARTÍN Y CABRAL, DOS CÉLEBRES CORRENTINOS
El general José Francisco de San Martín y Matorras nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, ubicado en la Gobernación de las Misiones Guaraníes del Virreinato del Río de la Plata, actual provincia de Corrientes, donde se conservan las ruinas de su casa natal y un museo en su memoria.
También el sargento Juan Bautista Cabral, de quien la leyenda afirma que en la batalla de San Lorenzo dio su vida por el general San Martín, era correntino; Cabral nació en 1789, en un pueblo llamado Saladas, ubicado a poco más de cien kilómetros al sudeste de la capital.
LAS CAUTIVAS DE CORRIENTES

Durante unos cinco meses, en pleno desarrollo de la Guerra de la Triple Alianza, la capital correntina debió sufrir en carne propia todo tipo de injusticias y desmanes por parte de los invasores paraguayos. En su retirada, el ejército del Mariscal Francisco Solano López se llevó miles de cabezas de ganado y secuestró un número nunca determinado de mujeres. Un símbolo provincial son Las Cautivas, que fueron esposas de ministros y funcionarios provinciales o mujeres de cualquier clase social tomadas como rehenes durante años, en las condiciones más miserables.
En la actualidad, un monumento las recuerda al pie del que homenajea a Bartolomé Mitre, considerado como el Libertador provincial. Se trata de una obra de 1905 realizada en bronce por el escultor argentino Luis Perlotti.

Un Cabildo abierto reunido en Corrientes, el 20 de abril de 1814, declaró la Independencia de la provincia bajo el sistema federativo reconociendo al General José Gervasio Artigas como Protector de los Pueblos Libres.

En mayo de 1865, el Ejército paraguayo, siguiendo las órdenes del Mariscal Francisco Solano López invadió la provincia de Corrientes. Poco después, Brasil, Uruguay y Argentina, firmaron el Tratado de la Triple Alianza, con el objetivo público de deponer a Francisco Solano López, y el oculto de saldarse en su favor todos los conflictos limítrofes.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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