1 de mayo de 2013
ENFOQUE

Vínculos entre la sustentabilidad y la jerarquía de la organización agroproductiva.
Con el afán de continuar con la difusión de diferentes actividades y resultados que se desarrollan en el ámbito de la Facultad de Agronomía, continuamos con esta serie de divulgación basada en un texto que oportunamente fue elaborado por distintos docentes de la institución; el mismo se denomina "Bases agroambientales para un desarrollo sustentable del Partido de Azul". Por Eduardo Requesens
Simplificación de los agroecosistemas
Cuando no son intervenidos, los ecosistemas naturales se desarrollan hasta alcanzar un estado de madurez en equilibrio con el medio ambiente y caracterizado por una máxima biodiversidad, compatible con las condiciones ambientales del lugar, asociada a una alta complejidad estructural y funcional. Dicho de modo más simple, en el estado maduro los ecosistemas mantienen un sinnúmero de interacciones entre organismos que cumplen diferentes roles como las plantas (organismos fotosintéticos), depredadores, parásitos, competidores, polinizadores, microorganismos descomponedores de materia orgánica muerta, microorganismos fijadores de nitrógeno, etc. Esto último conduce, a su vez, a una mayor estabilidad en tanto disminuye la sensibilidad del sistema a la variabilidad ambiental. Pero, contrariamente, la productividad de los ecosistemas naturales es máxima al comienzo de su desarrollo y muy baja o prácticamente nula en su estado de madurez.
Esto último es la razón fundamental por la que el hombre ha diseñado los sistemas productivos siguiendo una estrategia totalmente opuesta a la de la naturaleza. El hombre ha priorizado el aumento de la productividad ante la necesidad de que, cada año, una parte de la biomasa producida pueda extraerse del sistema como cosecha. Sin embargo, para ello debe pagar los costos de sobresimplificar los sistemas productivos y operar lejos del equilibrio. El mantenimiento de este estado juvenil o inmaduro a contramano de la tendencia natural requiere invertir energía en forma de trabajo y tecnologías de insumos (semillas, herbicidas, plaguicidas, fertilizantes, etc.). Mientras más alejado esté nuestro sistema de la madurez, mayor será la cantidad de energía que debe subsidiarse para mantener ese estado. Y mayores los riesgos que se deben enfrentar en términos de degradación de los recursos naturales y pérdida de sustentabilidad.
En función del análisis realizado, y con vistas a conservar la base ambiental que sustenta la producción agrícola, resulta indispensable limitar el avance de la soja y al mismo tiempo incrementar la diversificación de actividades en los establecimientos de la región. Ello requiere una planificación estructural y funcional, tanto a nivel regional como de unidades productivas, que permita compatibilizar la búsqueda de beneficios económicos inmediatos con los requisitos ecológicos necesarios para alcanzar un adecuado nivel de sustentabilidad.
Para ello, el enfoque productivista de corto plazo debe ser reemplazado por una perspectiva agroecológica de largo plazo que permita proyectar a la empresa agropecuaria más allá de las coyunturas del mercado. El surgimiento de nuevos criterios para evaluar el funcionamiento de los sistemas agrícolas que no solamente tienen en cuenta la productividad actual, sino también la conservación de la capacidad productiva en forma indefinida, ayudará al logro de este objetivo.
Tradicionalmente, la productividad ha sido el principal indicador del comportamiento de los sistemas productivos. Se trata de una medida puntual que relaciona la cantidad de un cierto producto biológico (grano, carne, leche, etc.) generado por el sistema en una unidad de tiempo (generalmente año) y en relación a un factor de producción (tierra, capital, insumos, mano de obra, etc.). En los agroecosistemas pampeanos, donde la
tierra es el principal factor de producción, la expresión más difundida es el rendimiento expresado en kilogramos por hectárea (kg.ha-1), el cual se puede aplicar tanto a sistemas agrícolas como ganaderos.
Desde una perspectiva agroecológica, interesan fundamentalmente las tendencias de la productividad a lo largo del tiempo, tanto en el corto como en el largo plazo. Para ello se requieren indicadores complementarios, como aquellos que permiten estimar el grado de estabilidad, resiliencia y sustentabilidad. La estabilidad puede ser analizada a través de las variaciones interanuales en la productividad que resultan de las fluctuaciones climáticas normales. La resiliencia del sistema depende de su capacidad para absorber cambios traumáticos, es decir, de sus posibilidades de recuperación luego de haber sido afectado por un disturbio de cierta envergadura. La sustentabilidad, en sentido estricto, es una medida de la capacidad del sistema para mantener la potencialidad productiva indefinidamente, y puede ser analizada a partir de la tendencia de la productividad media en el largo plazo.
Integración de lo ecológico, lo económico y lo social
La idea más abstracta de sustentabilidad incluye otros criterios además del mantenimiento de la potencialidad productiva. Así, una agricultura sustentable se basa en sistemas productivos integrados, conservadores de los recursos naturales, rentables y equitativos. Es decir, la sustentabilidad en un sentido amplio integra tres dimensiones: la ecológica, la económica y la social. Todas son interdependientes, pero la ecológica es fundamental por cuanto no puede haber sustentabilidad económica ni social si no se garantiza la conservación de la base ambiental sobre la que se asienta el funcionamiento de los agroecosistemas.
En este contexto, cualquier propuesta para el desarrollo agropecuario regional con base agroecológica deberá ser capaz de:
a) Compatibilizar los legítimos intereses socio-económicos del productor agropecuario con el respeto a los límites que impone el medio ambiente.
b) Proyectar instancias de integración interinstitucionales para el análisis de problemas complejos con una visión holística.
c) Promover el reemplazo de paquetes tecnológicos universales por estrategias adaptadas a situaciones agroecológicas particulares.
d) Articular acciones para que los ámbitos de generación, transferencia y adopción de conocimientos se constituyan en partes inseparables de un proceso único.
Cuando se analiza la sustentabilidad, también es necesario especificar la escala de interés dentro de un ordenamiento jerárquico que incluya los distintos niveles de la organización agroproductiva (Figura 1). Ello facilita la planificación basada en principios agroecológicos y la articulación de alternativas tecnológicas para cada nivel.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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