FOTO NACHO CORREA
Por Silvio Randazzo, de la
Redacción de EL TIEMPO
Cuanto menos curioso el escenario que tomó forma definitivamente en la Liga de Fútbol de Azul anoche. A las 22 horas quedó clausurado un periplo de 120 minutos que, en determinados momentos, mostró a algunos de los propios protagonistas bastante agobiados y con un sentimiento algo vergonzante.
La entidad madre del fútbol vernáculo tiene nuevo presidente: es Alejandro Ponce. Pero el ex dirigente cementista no se impuso a Pablo Zasali, su contrincante en esta elección. ¿Cómo? No: nadie sacó más votos que nadie, pues la segunda elección pautada para ayer a las 20 culminó con idéntico resultado que la llevada a cabo el lunes: 7 a 7. Un empate que podría signar el futuro inmediato de muchas instancias institucionales que puedan ir surgiendo en el seno de la entidad. Un empate que quizá vaya a cristalizarse.
Una vez iniciada la asamblea en la sede de calle Yrigoyen, ambos postulantes tomaron la palabra y explicaron por qué se replicaba la elección que ya había tenido una primera versión 48 horas antes. Reconocieron una reunión previa a través de la cual pugnaron por agotar instancias para plasmar una lista de integración, y reconocieron también que había algunas diferencias insalvables que no podían revertirse.
Los catorce representantes de los clubes afiliados emitieron su sufragio y cuando Raúl Suñé encabezó el recuento de votos, esa cantidad se dividió perfectamente a la mitad y no hubo un ganador. En ese punto Ponce dio a conocer una decisión compartida con Zasali: ambos se bajaban de la elección y ofrecían a los clubes la posibilidad de testear otro candidato que acaparase el consenso colectivo de manera mayoritaria. Se optó por llevar a cabo una reunión que parecía convencer a unos poquitos dirigentes: un cara a cara entre los representantes de los clubes y sendos postulantes en pos de definir una situación que decantaba hacia una tercera votación (algunos referían, con bastante tino, que aquello que no se había podido consensuar en tantos días –con mayor énfasis entre lunes y miércoles–, cómo iba a poder resolverse en algunas decenas de minutos).
El patio de la liga se transformó en una antesala donde una veintena de personas opinaban y reopinaban de lo que acontecía en el salón (con el correr de los minutos, la temática fue perdiendo vigor), en una escenografía de pequeños grupos y mucho cigarrillo. Una hora después, cuando ya algunos presidentes se habían retirado de la sede, el “humo blanco” señaló una buena nueva.
Los 60 minutos dejaron como saldo un acuerdo impensando un rato antes: las listas 1 y 2 pasaban a ser una lista de unidad, de negociación, que administrará la LFA al menos durante un año. Hasta final de mandato, 31 de diciembre de 2018, Ponce será el presidente de la liga; este período seguramente se extenderá durante los primeros meses de 2019, mientras el balance queda establecido y se presenta. En definitiva, el ex presidente de Cemento estará (desde hoy a la tarde) al frente de la LFA por unos doce meses, momento a partir del cual asumirá la presidencia Pablo Zasali por idéntico lapso.