10 de septiembre de 2018

SOCIEDAD

SOCIEDAD. Lucha y compromiso social más allá de una vocación religiosa


AMOR DE “MADRE”

La Madre Superiora Covadonga se va de Azul a misionar a España, aunque afirma desconocer el sitio específico. Viaja con muchas satisfacciones. Esta mujer que tantos actos caritativos hizo, que ha generado trabajos, ingresos para familias carenciadas, para mujeres solas con hijos y hasta ex presidiarios, se llegó hasta EL TIEMPO para recuperar en la entrevista estos seis años de misión.   

Una mirada colmada de felicidad, una sonrisa que se va a extrañar. NACHO CORREA

Por Laura Méndez, de la

Redacción de EL TIEMPO

Dicen que “madre hay una sola”. Yo creo que hay dos, y como ella ninguna: la Madre Superiora Covadonga. Una persona que ha hecho infinidad de cosas por esta ciudad desde que llegó de Toledo, España (su región natal es Extremadura). Desde conseguir alimentos, ropa o demás recursos en provecho de quienes más lo necesitan hasta la reinserción laboral de ex presidiarios, ayudar a personas con complejas problemáticas como alcoholismo y demás adicciones. Pero sobre todas las cosas, esta mujer brindó muchísimo, pero muchísimo afecto y contención.

De hecho ella misma lo reconoce en la entrevista con EL TIEMPO. Hace unos días le informaron a Covadonga de su traslado. “Sospecho que voy a misionar a Toledo, aunque no estoy segura, pero a Azul voy a volver”, aseguró Covadonga.

Una persona con un fuerte temperamento, con una alta sensibilidad, con un compromiso social que la caracterizó toda vez en Azul, si bien no tengo dudas que este compromiso lo lleva arraigado en su alma.

Seguro que la voy a extrañar y mucho, al igual que un sinfín de personas que tuvieron la suerte de haberla conocido, de tratarla, de palpar su amabilidad, sus palabras. Pero no quiero explayarme hablando de ella, es más fructífero saber qué dice, qué dice que se lleva de Azul, de Argentina. Su cara de felicidad y satisfacción lo dicen todo, se lleva mucho de acá, si hasta incorporó términos propios del lunfardo (y no me sorprendió en absoluto).

El 25 de diciembre del pasado año Covadonga y su grupo realizó un recorrido por toda la ciudad llevando juguetes y golosinas a quien más lo necesitan. ARCHIVO NACHO CORREA

“Cuesta irse porque uno deja mucha gente, ilusiones, trabajos y muchas necesidades”

La Madre Superiora Covadonga hace 6 años y 8 meses que llegó a Azul con el fin de misionar. Durante algunos años estuvo en la Parroquia de Lourdes y posteriormente en el Convento de las Carmelitas Descalzas.

“En realidad, si bien trabajábamos en la Parroquia de Lourdes, abarcábamos casi toda la ciudad porque iba gente de todas las partes, nos venían a pedir ayuda de todo tipo. No sólo económica sino de escucha y además, de todas las edades: niños, jóvenes, adultos y ancianos”, rememoró en un principio.

Respecto a las motivaciones de su traslado, explicó que obedece a una normativa que tiene el Vaticano para todas las congregaciones: misionar durante 6 años y después cambiar de lugar. “Ya en diciembre del pasado año me tocaba irme, así que estaba a la expectativa”, expresó.

“No sé dónde voy, sospecho que voy a misionar a Toledo, aunque no estoy segura, pero a Azul voy a volver. La Madre Superiora que viene que se llama Rafaela Pacheco y estuvo en la Fundación ya en Azul y ahora está en Toledo, donde yo misioné durante 6 años. Es un trabajo muy bonito pero muy arduo. Así que cuando llegue a España me dejan descansar un poquito y después me informan dónde voy”.

Sobre qué sensaciones disparó en ella la confirmación de tener que dejar Azul, precisó que “ya estoy como muy hecha, es parte de nuestra vida, ya uno sabe que pasa un tiempo y se va a otro lugar. Claro que tiene su encanto porque es conocer nuevos mundos, es como que termina un ciclo y empieza otro, cuesta irse porque uno deja mucha gente, ilusiones, trabajos y muchas necesidades. ¡Si vieras mi teléfono! Arde con que ¿´antes de irse no puede arreglar mi casa?`. Hoy una mujer grande me dijo ‘¡a mi nunca me dieron nada!’ y yo: ´ya le voy a mandar a alguien que la cuide`. Quedan muchas cosas para hacer, pero la Madre que viene lo hace con el mismo espíritu, así que esto va a seguir”.

Con respecto a la sensación de irse de la ciudad que la albergó los últimos 6 años, Covadonga reflexionó: “No sé si llega a ser tristeza lo que siento, porque todo lo que ocurrió en estos 6 años no es una obra mía, sino de la comunidad, me han acompañado siempre. Además he gozado mucho, mis experiencias han sido…”. Covadonga se imagina el momento cuando esté en España: “Cuando comience a contar lo que he vivido en Azul no me van a creer, me van a decir que estoy inventando (risas). Estos últimos tiempos fueron de muchos recuerdos, con los chicos, con todos, he pasado tantas cosas…”, expresó.

“Me tocó viajar a España viviendo en Azul y allá una de las hermanas decía algo así como: ‘¿ésta no estará chamuyando?’.  ¡Y no! Ahora me doy cuenta que sí, que Argentina da para eso y mucho más”.

Ya hay dos familias viviendo en las casas que impulsó la Madre Superiora. La idea es construir cuatro más. ARCHIVO NICOLÁS MURCIA

“He visto mucha pobreza, pero al nivel de Azul, no”

También fue consultada sobre las necesidades y satisfacciones que vió y vivió en Azul, respectivamente. “He estado en México y he visto mucha pobreza, pero al nivel de Azul, no. Nunca vi tanta pobreza como acá”, aseguró al respecto.

Además, “igual, aunque haya visto muchas cosas, haya pasado por muchas otras, soy bastante dura”. Y ejemplificó que “hace poco tuvimos una citación de unos niños cuyas cabezas estaban destrozadas por la abundancia de piojos, con heridas y demás. Los fuimos curando y las novicias se me desmayaban, no aguantaron la situación, yo ya en ese sentido estoy muy hecha”.

Continuó “he tenido que vivir cosas muy fuertes, una de las angustiosas fue la muerte de un joven que lo asesinó su papá.  Me queda la satisfacción que su hermana está ´liberada`, de alguna manera, de esa tragedia. Tuve que ver morir a un hijo porque para mí era un hijo, y luego otras situaciones que no puedo ni contar porque hay muchas familias de Azul implicadas. Pero ha habido mucho dolor, tragedias aunque estar cerca y que esa gente pueda contar, desahogarse, liberarse del ambiente donde estaba, es satisfactorio. A veces esas situaciones eran violaciones, maltratos, mujeres embarazadas que han llegado completamente golpeadas, con la panza morada de los golpes y yo tener llamar a la policía, es decir fueron situaciones fuertes, pero a su vez muy reconfortantes porque pude estar ahí para ayudar, ser partícipes de muchas alegrías también”.

Con respecto a esto último, Covadonga precisó que “hoy (por el viernes) una de las chicas a las que le hicimos las casa Yami, tomó su bicicleta y se fue hasta el seminario a estar con nosotras y es gratificante ver cómo te extrañan, como te sienten su propia madre”.        

“Uno nunca termina su misión”

Otra de las cuestiones sobre las cuales fue consultada Covadonga, es sobre su misión y si siente que la misma está concluida en Azul. “La verdad es que uno nunca termina su misión, siempre hay cosas para hacer. El hecho de la solidaridad que hay en Azul es producto de una situación que no debe haberse generado sola. Esta ciudad tiene tanta necesidad que cuando uno mueve un poquito para hacer algo, te salen 50.000 casos más. Hicimos 2 casas y tuvimos peticiones de hacer 600 más”, reconoció.

“Creo que por contagio se ha generado un ambiente de querer ayudar. Con la movida que hubo del aborto, hubo mucha gente que me dijo ´yo estoy en contra del aborto pero vamos a ver qué se puede hacer para ayudar a estas chicas`. Entonces les fui dando casos concretos”, sostuvo.

¿Qué tipo de necesidades encontró más?

En la charla con EL TIEMPO, Covadonga describió el escenario que habitualmente se vislumbra en el convento, adonde llega gente de todos los barrios de Azul. “La diferencia que hemos marcado, de alguna manera, es que nosotros siempre hemos estado con las puertas abiertas y sin la necesidad de un examen sobre si la necesidad era verdadera o no. Si podíamos ayudábamos y si no podíamos, no”, señaló. “Yo cobro 4000 pesos para 4 hermanas, el resto nos ayudan del Obispado de España con lo que pueden, o sea que no es que hemos tenido una fortuna, hemos hecho lo que hemos podido. Es decir, a lo que voy es que con muy pocos recursos hemos hecho mucho y esos recursos vinieron de la gente”, dijo.

Destacó que “quiero hacer un profundo agradecimiento a la solidaridad de Azul. No pude haber hecho nada por la gente, nada. Todo ha venido de la gente, todo lo que hemos dado ha venido de la gente”. Aseguró que “esto último tampoco me ha pasado en otros lugares como aquí, ni en ningún sitio, la gente de Azul es muy solidaria. Antes hasta me aturdían ´¿en qué puedo ayudar, en qué puedo?` y a veces uno no sabía cómo derivar. Mientras uno es honesto y mueve, la gente responde muy bien”.



Al hablar de las principales necesidades de la población más vulnerable de la ciudad, Covandonga habló de “mucha falta de cuna, de madre y padre en la familia, sobre todo de madre y la gente necesita de mucha contención afectiva y psicológica. Azul me ha permitido ofrecer la maternidad con chicos grandes o medianos. Mucha gente llegó a llamarme mamá. Me llené de hijos. A veces resultaba con que había gente que llegaba a pedir, pero en realidad no se llevaba nada material, era simplemente esa charlita y tenía que salir yo a atenderlos, porque en realidad lo que querían era contar lo mismo de siempre pero estaba esa necesidad de contar. Esa labor de escucha resultó ser muy importante”.

Posteriormente, la Madre volvió a referirse a las necesidades económicas: “El último tiempo se nos complicó con el tema de alimentos a diario, cualquier cantidad, porque la gente de clase media está como muy asustada y no venía a traer como siempre. Pero cada vez llegaba más gente al convento desde diferentes barrios. Una familia de San Martín de Porres se tenía que llevar colchones y yo los regresé en mi auto y me llevó tres cuartos de hora; se iban a ir caminando con sus cosas. Esa es la necesidad de la gente”.

“Al no tener alimentos generamos la feria americana. Cuando las hermanas vinieron de España no tenían ropa para darle a la gente, de hecho yo cuando vine también traje ropa y les tuve que decir que no manden más por la cantidad de donaciones que llegaban. Además de los talleres que se hicieron que en el convento, por ejemplo del de cocina vendemos los fines de semana elaboraciones”, acotó.

Sin dudas, una mujer que ha hecho más de lo que uno imagina. La comunidad conoció su labor, incluso la ayudó a desarrollarla, pero ella, aunque no lo admita, también realizó trabajos de manera silenciosa que pocos llegamos a conocer.

Año 2014. Los reyes Magos pasaron por la Parroquia de Lourdes. ARCHIVO NACHO CORREA

 “En Azul es difícil trabajar en equipo”

En la parte final de la entrevista con este medio, Covadonga fue consultada sobre si tiene conciencia de lo que generó en Azul durante este tiempo. Ella duda sobre si fueron logros personales: “No sé si lo generé yo como persona o se fue dando. Lo único que hice fue no cerrar la puerta, sino que, de alguna manera, me involucré”.

Pero esta Madre Superiora se involucró al punto de que el 25 de diciembre pasado, al igual que todos los años, recorrió la ciudad regalando 3.000 juguetes y 2.000 kilos de caramelos. Al rayo del sol, casa por casa. “Ahora, para el Día del Niño lo mismo. De todos los barrios nos llamaron para colaborar, no pude estar en algunos por falta de tiempo, al de Pedro Burgos no pudimos ir”, puntualizó. Con algo de sorna comentó: “Ayer me dieron la triste noticia que tengo que cambiarle los neumáticos a mi camioneta. Le hice 45.000 Km. en 1 año y  casi exclusivamente Azul, me llevo todos los pozos (risas)”.

También se le consultó si alguna vez le cerraron las puertas. A lo que respondió con un rotundo “no”, si bien advirtió que “en Azul es difícil trabajar en equipo, hay envidia, todos nos conocemos y se hace medio arduo, cansador, hay celos, temas de protagonismos, malentendidos, entre colegas o la misma gente, pobre, ricos, clase media, lo que sea. El último disgusto lo tuve entre mi grupo de jóvenes. Creo que también es propio de la vida y lo he pagado y pido disculpas si alguna vez sido un poco brava, aunque no me arrepiento demasiado. Es mi carácter y a veces por tener demasiada prisa no he podido dedicar el tiempo que cada uno necesitaba, pero cada uno da lo mejor de sí y yo se que tengo mis limitaciones y son grandes”.

El último requerimiento de la nota fue sobre cuál sería su referencia si de aquí en más le preguntarán cómo es Azul: “Si me preguntan en cualquier parte voy a responder que nunca lo olvidaré en la vida, que he disfrutado muchísimo y que la gente de Argentina es ´requete` cariñosa. Me va a costar dejar de hablar con la tonada argentina, así que si no me quieren que pongan una compuerta en la entrada de Azul (risas)”.

“Azul tiene muchas necesidades, estamos como muy quedados, nos gusta la comodidad, me ha costado mucho que la gente carenciada trabaje. En algunos casos he disfrutado de generar ese cambio. Por ejemplo de una joven cocainómana, alcohólica y que llevaba 30 años de su vida robando, es decir con su vida destruida. Llegó a mi puerta y ya está caminando sola, tiene un trabajo y hoy puede seguir adelante. También agradezco a los medios, mis grandes amigos, ellos fueron mis ángeles de la guarda. La repercusión ha sido mucha culpa de ustedes”.        

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