26 de marzo de 2017
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Protagonista de esta iniciativa es Lorena Alzamendi, quien será sometida el próximo martes en el Hospital Alemán de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a una donación de células madres. En diálogo con EL TIEMPO, la mujer sostuvo que con esto intenta dar un mensaje de esperanza para que haya más donantes. “Cada día que me despierto a la mañana, pienso si soy consciente de lo que voy a hacer”, expresó Alzamendi, quien se desempeña como empleada municipal en el área de maestranza y acarrea una historia familiar vinculada con la importancia del trasplante efectuado a tiempo.
Una azuleña será protagonista el próximo martes de una historia donde la solidaridad y el amor por el prójimo, se entrelazan ni más ni menos que para dar vida.
Es que Lorena Alzamendi, con la donación de médula ósea que hará en el Hospital Alemán de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, le salvará la vida a un joven radicado en Noruega que afronta un terrible cuadro de leucemia.
La mujer no conoce al receptor de las células madres que ella donará. Es una de las condiciones que establecen de antemano las pautas para la realización de este tipo de prácticas, pero además se da la particularidad que, quien reciba la sangre, a raíz del cuadro que padece ha tenido que someterse a fuertes sesiones de quimioterapia.
Para conocer detalles de este gesto de solidaridad y de amor por el prójimo, EL TIEMPO tomó contacto con Alzamendi, quien además acarrea una historia familiar con final feliz en materia de trasplantes efectuados a tiempo.
Durante la entrevista quedó en claro la ansiedad y el nerviosismo que afronta esta valiente mujer a horas de ingresar en el quirófano del centro de salud porteño –uno de los de mayor prestigio del país-, de la misma manera que queda en evidencia su compromiso real y concreto por tender una mano a quien necesita.
La decisión inicial de ir a donar sangre -
La decisión de Alzamendi de ofrecerse como donante de médula ósea comenzó cuando, al igual que muchos otros, se presentó a la colecta de sangre que se realizó en Azul y en otras localidades a favor de Eva Elverdín, una nena que peleó la mitad de su vida contra una leucemia. A la pequeña, nacida en La Plata y de tan sólo 4 años, en abril de 2012 le diagnosticaron la enfermedad. El caso tuvo trascendencia nacional, tras ingresar en la lista de espera del INCUCAI. Sus papás impulsaron una campaña buscando un donante de médula ósea, pero la solución nunca llegó y se debieron buscar otras opciones paliativas. Los familiares viajaron a Estados Unidos para someter a la niña a un tratamiento para paliar los efectos de la enfermedad. Sin embargo, las bajas defensas producto del cuadro oncológico hicieron que la esperanza se diluyera y debieron regresar a la Argentina con las manos vacías y el corazón estrujado.
En los últimos meses de vida de Eva, su familia se dedicó a estar con ella, ya alejada de las terapias más invasivas, pero su corazón no dio más abasto y la lucha se desvaneció.
“En el año 2014, gente del INCUCAI vino a Azul. Tomé la decisión de ir a donar sangre. Ahí me preguntaron si me gustaría ser donante de médula ósea, me explicaron en qué consistía y qué posibilidades le podía dar al receptor de mi sangre y dije que sí, que me gustaría”, explicó.
“En el 2016 –agregó- me llamaron del INCUCAI y me puse re contenta. Me dijeron que me iban a realizar estudios de sangre y de eso resultó que era ciento por ciento compatible con una persona que vive en el exterior y que padece de leucemia. Este año me volvieron a llamar y me dijeron que, si seguía convencida, necesitaban hacerme nuevamente los estudios. Yo dije ‘obviamente que sí’. Una lo hace para salvar una vida…”.
Un trajín que no incomoda
Para llegar a ser la donante de células madres a un joven radicado en Noruega, Alzamendi debió pasar por rigurosos análisis de sangre y pre quirúrgicos. Nada importó para ella. El hecho de salvar una vida podía más que cualquier situación de desgaste que pudiera surgir. No sólo aceptó gustosa cada viaje que tuvo que realizar a la CABA -con los viáticos cubiertos por el organismo interviniente- sino que en su trabajo siempre contó con los días de licencia que la situación ameritaba. Y en ese trajín de viajes y de estudios médicos, ahí estaba la familia de Lorena: acompañando y, por sobre todas las cosas, apoyando y alentando.
“Acá estoy; ansiosa pero preparada para viajar y el día 28 de marzo hacer la donación de células madre”, expresó la mujer que es madre de dos chicos de 4 y 15 años.
Feliz coincidencia -
Lorena Alzamendi no es una donante más. Eso hace que reciba a diario llamados desde el INCUCAI para saber de su estado de cara a la intervención del próximo martes. Es que ella tiene compatibilidad del ciento por ciento con el receptor, algo que según aseguran desde el propio registro nacional de donantes, es poco común.
“Estuvieron analizando el caso de otras cinco personas que dieron compatibilidad de entre el 85 y el 90 por ciento. De ahí que hayan insistido de convocarme a mí por el hecho de que tengo una compatibilidad total con el receptor”, expresó la entrevistada.
Para hacer la donación debe necesariamente pasar por el quirófano, pero según le dijeron, al día siguiente de la donación estará siendo dada de alta para poder regresar a Azul, más allá de los estudios complementarios que le deban realizar para saber cómo quedó con sus defensas luego de la extracción de células madres.
Existe, en el seno familiar de Alzamendi, una circunstancia que terminó de alimentar las ganas de Lorena por acceder al trasplante.
“Algo sabía yo de lo que implica donar médula ósea por el caso del mayor de mis hijos (Iván Miskiewicz), que es autotrasplantado de células madres. Desde que me hicieron la propuesta me interesó muchísimo la posibilidad de ser donante, pero nunca me hubiera imaginado que se llegara a dar esto. Estoy contenta, feliz y creo en un Dios y que Dios actúe”, manifestó y recalcó la “garantía” que le dan en cuanto al éxito que vaya a tener la donación.
“Tanto los médicos como los psicólogos del Hospital Alemán me recalcaron que, con esto que hago, salvo una vida. Más adelante esa persona que lleve mis células madres –un chico de 20 años- quizás me va a querer conocer; eso se verá. Pero sí está claro que tengo la posibilidad de salvarle la vida a una persona que está pasando por una leucemia terrible, que está con unas sesiones de quimioterapia impresionantes. Si, como me aseguran, al recibir mis células madre esa persona quedará curada, eso me alegrará muchísimo el corazón. Estoy feliz, la verdad es que estoy feliz”, sentenció.
Otro cristal para mirar --
Aun cuando tuvo que pasar por momentos familiares difíciles por el autotrasplante que debió realizarse su hijo, hoy adolescente, Alzamendi asegura que esta donación de médula ósea significará para ella un cambio en la forma de ver ciertas cosas.
“En lo personal estoy segura que esto me va a permitir ver las cosas de la vida de otra forma. En mi familia, cuando les comenté la decisión que tomé en el 2014, me dijeron ‘qué raro, qué bueno’, nada más. Cuando les comenté que me habían llamado (en 2016), mi marido (Diego Miskiewicz) me preguntó si estaba segura de lo que iba a hacer, que él me apoyaba pero que no sabía cuáles eran los pasos a seguir. Le dije ‘vos solamente apóyame, que yo voy a seguir adelante con esta decisión’. Mi esposo me dice ‘sigamos adelante con esto, ahí estaré yo; sabés que estaré al lado tuyo y que te voy a acompañar’. Lo mismo mis demás familiares. Mi hermana se va a quedar al cuidado del nene chiquito, de 8 años, y mi cuñada se queda con el grande. Tuvimos una charla con mi esposo con toda la junta médica, más allá de los estudios que me hicieron, y la verdad es que estoy re confiada y tranquila”, indicó.
Mencionó que el apoyo trasciende lo estrictamente familiar.
“Tengo una compañera de trabajo que fue donante con su hermana, también del ciento por ciento compatible y le fue bárbaro. Lo charlé con ella y me dijo que ‘es una gran cosa; yo salvé a mi hermana’. Mis amigos me felicitan, no pueden creer lo que voy a hacer ni de que seamos el ciento por ciento compatibles. En lo laboral, ni un drama. Me dieron los días y mi jefa, Silvina Daulerio, me dijo que me tomara los días que me correspondan y que me felicitaba de corazón por lo que iba a hacer, porque ella no sabía si podría hacer lo que hago yo”, afirmó.
Los cuidados y la ansiedad --
Lorena se está cuidando en las comidas, hace más actividad física y permanece en constante comunicación con la gente del INCUCAI, “que me dicen qué es lo que tengo que hacer”.
“Me piden que haga una vida normal pero me cuide en las comidas, que no coma muchas grasas. Más allá de todo, tengo fe que por tener una compatibilidad del ciento por ciento, esto va a ser un éxito tanto para el receptor de las células madre como para mí”, expresó.
“Espero que esto sea un mensaje positivo que haga que surjan más donantes. En el caso de médula ósea hay desconocimiento de la gente en general. Yo me imagino la desesperación de los padres de este chico (por el receptor); es algo que yo viví en carne propia. Hay que tener coraje y tomar la decisión”, amplió.
“Cada día que me despierto a la mañana pienso si soy consciente de lo que voy a hacer. Los psicólogos del Hospital Alemán me anticiparon que iba a ser normal que estuviera ansiosa y nerviosa, y que había que ‘sacar todo afuera’. Estoy esperando el día 28 y, por lo demás, espero poder conocer algún día al receptor. Sería un hijo más. Saber que alguien que no conocés tenga algo tuyo, es medio loco, fuerte, y me enorgullece. Lo hablé con mi hijo de 15 años y me dijo que lo que iba a hacer ‘es algo hermoso’. Que me lo diga él, con todo lo que pasó, me pone muy feliz”, concluyó Alzamendi.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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